PRI de Oaxaca: con la derrota pierde también su independencia como partido

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Una de las razones fundamentales por las que, entre la clase política priista de Oaxaca, existe cierta confianza y resignación sobre el futuro, es porque consideran que la lejanía del poder durará sólo dos años. En efecto, es común escuchar entre los líderes y dirigentes del PRI que como en 2012 el tricolor, y el grupo político al que ellos pertenecen, asumirán el poder federal, todos volverán a colocarse en posiciones importantes. Esta, en realidad, es una visión confianzuda y soberbia que, de nuevo, en el futuro cercano los puede llevar a la frustración del fracaso.

Son al menos dos cuestiones las que la cúpula priista no ve, o no quiere ver, respecto a Oaxaca. La primera de ellas, tiene que ver con el hecho de que a partir de diciembre próximo, y seguramente para los próximos años, la dirigencia del PRI oaxaqueño se librará de la hegemonía avasallante del Gobernador en turno, pero que también perderá el margen total de independencia del que hoy goza, para tomar sus propias determinaciones.

La segunda de esas cuestiones, se encuentra en la total despreocupación que hoy existe respecto a la construcción de los liderazgos locales futuros. Lo acepten o no, después del 2012 Oaxaca tendría que seguir siendo para ellos un escenario importante en el que, como partido de oposición, necesitarían seguir construyendo a sus posibilidades de triunfo. Así, las victorias y las derrotas que ocurran para el priismo oaxaqueño después de aquel año, no dependerá más que de los personajes que, instalados en la despreocupación y creyendo que todo culminará en 2012, no alcanzan a establecer sus propias metas para el futuro.

Pero vayamos por partes. Es evidente, en primer término, que aún cuando los priistas aseguran que, con la derrota electoral, ganaron la libertad para establecer el rumbo de ese partido sin continuar anclados a jefes políticos avasallantes o verticalismos, lo cierto es que en los hechos parece ser todo lo contrario.

En este sentido, como contexto, es importante apuntar que después del año 2000, y hasta ahora, en entidades como Oaxaca, el Gobernador en turno —y Jefe de los priistas— gozaba de total independencia para decidir sobre el PRI en su entidad, sobre su proceso sucesorio, y sobre la postura  de su entidad frente a las decisiones nacionales de su partido, del gobierno federal, y de las demás fuerzas políticas. Eso fue lo que, desde entonces, permitió que fuera libremente el Mandatario priista, quien escogiera a su sucesor, lo impusiera como candidato, y lo proveyera de toda la maquinaria y los recursos económicos para afianzar su triunfo.

Al menos en Oaxaca, para el PRI, eso ya se acabó. ¿Por qué? Porque sin la ayuda y la inagotable provisión económica de un “gobierno amigo”, el tricolor se convierte prácticamente en una entelequia. Al menos en la entidad, es improbable que la dirigencia priista, los sectores y algunos puntos importantes de la estructura electoral queden desprotegidos económica y políticamente.

Ello no ocurrirá. Pero será otro gobierno, y otro Gobernador priista (en este caso, seguramente el del Estado de México, y el gobernador Enrique Peña Nieto), quien los provea de lo necesario para sostener sus operaciones. Y por tanto, será aquella entidad y aquel Mandatario, quienes asumirán —o más bien, comprarán— el liderazgo real y la potestad de tener derecho de preferencia en la toma de decisiones al interior de un priismo oaxaqueño, que por sí solo no será solidario ni autosuficiente, ni siquiera para pagar sus cuotas partidistas y sostener el gasto corriente de sus oficinas centrales.

PRI SIN LIDERAZGOS

Es común, reiteramos, escuchar a quienes integran la cúpula del PRI oaxaqueño, tener absoluta confianza en que su mala fortuna terminará en 2012, cuando el gobernador Peña se convierta en Presidente de la República. Para casi todos ellos, su garantía de trabajo, ingresos abundantes y posición política envidiable, se encuentra en la eficiente operación electoral que demostraron en Oaxaca en el proceso electoral reciente. No se dan cuenta, en primer término, que nada garantiza que Peña Nieto sea presidente dentro de dos años; y tampoco que aún cuando ello ocurra, el PRI deje de ser fuerza de oposición en la entidad.

El problema es, como siempre, su falta de autocrítica y su exceso de confianza. Si ellos confían plenamente en sostener sus 600 mil votos en Oaxaca para dentro de dos años, también deberían de tener garantizados los recursos económicos que, en abundancia, se necesitan para hacer trabajar una estructura electoral costosísima. Al menos de las arcas estatales ya no saldrá un solo peso para ello. Si en otras entidades les están garantizando esa manutención del voto local, entonces están vendiendo su fuerza electoral a precio de oro, a alguna entidad federativa que goza, igualmente, de recursos abundantes e inagotables.

La parte más crítica, sin embargo, no se encuentra en quién financiará el sostenimiento de su votación histórica en Oaxaca luego de que se conviertan en fuerza opositora; más bien, el aspecto más grave de todo esto, se encuentra en el hecho de que poco se vislumbra el hecho de que luego de los comicios de 2012 aún quedará Oaxaca, y los priistas necesitarán liderazgos, banderas y acciones reales, para continuar su lucha por recuperar los espacios de poder.

Todos se pelean hoy por lo que queda de la estructura priista en el estado, o por el control de la participación electoral que pudieran tener al interior del tricolor nacional en el 2012. Pero poco han reparado en que sus liderazgos futuros tendrán que construirse a partir de lo que les queda. Es decir, de un puñado de diputados federales que no han demostrado rumbo ni liderazgos, de un grupo de diputados locales electos que se pelea por la coordinación de su bancada pero sin mostrar algo de su proyecto opositor, y de algunos presidentes municipales en municipios de menor importancia. Sin estructura, sin propuesta y sin “voto duro” aplastante, ¿creen que de ellos saldrán sus próximos diputados, senadores y gobernador? Por favor.

IMNUNIDAD EN VENTA

Por cierto, en los círculos priistas se preguntan cuánto costará la firma en la solicitud de licencia al cargo, de la diputada federal Margarita Liborio Aráosla. Dicen que, en las condiciones del priismo, no será por disciplina, sino por conveniencia, que dejará su curul.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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