Desplazados regalan el PRI a los acaparadores

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+ Inconformarse, no tendría que equivaler a irse

Enojados por la derrota electoral del cuatro de julio pasado, por el acaparamiento de las principales posiciones en la dirigencia estatal, por los verticalismos y por la pérdida del poder gubernamental, muchos militantes se sienten tan molestos que comienzan, ahora sí, a hacer públicas sus inconformidades con el Partido Revolucionario Institucional en Oaxaca. Emergen ya algunos amagues sobre renuncias y disidencias. Sin embargo, esa militancia desencantada debería comenzar a actuar de modo más prudente. Porque lejos de lograr algo positivo, ese sentimiento mal conducido puede llevarlos a perder su partido, y dejarlo definitivamente en manos de las personas con quienes dicen no estar de acuerdo.

Hasta hoy, han ocurrido dos expresiones que, si bien son aisladas, sí dejan ver que algo no va bien en el priismo. Hace unos días, la diputada local Carmelina Cruz Silva se separó de la bancada tricolor en el Congreso del Estado, por considerar que el coordinador de los diputados del PRI, Herminio Cuevas Chávez, y los dirigentes de su partido, han profesado sistemáticamente la cerrazón, el servilismo y la discriminación en contra de quienes no se ciñen incondicionalmente a sus intereses.

Y ayer, la también diputada local Claudia Silva Fernández renunció a la secretaría de Gestión y Acción Social del Comité Estatal del PRI, al denunciar que desde que el diputado federal Eviel Pérez Magaña asumió la dirigencia del tricolor, ella no ha sido convocada a actividad o diálogo alguno, ni se le han asignado tareas en la cartera partidista que representa.

A pesar de que ninguna de las dos renunció a su militancia partidista, las manifestaciones públicas y la actitud de las diputadas, refleja el desplazamiento y el ninguneo de que están siendo objeto no sólo ellas, sino innumerables cuadros del tricolor, así como el escozor que esto les provoca; pero también son expresión de la posibilidad que, ahora más que nunca, tienen no sólo de asumir posturas críticas, sino de hacerlas públicas y disentir de los verticalismos a los que en el PRI estaban acostumbrados.

Evidentemente, tanto la dirigencia estatal del PRI, como el presidente del Congreso, han dicho nada respecto a dichas inconformidades. Más bien, desde ambas trincheras se han dedicado a minimizar el asunto, han tratado de hacer ver que estas son simples posturas individuales, e incluso se han justificado en el hecho de que las discordancias provienen de personajes con una ascendencia mínima en cuanto su representación en votos.

Lo cierto es que, como lo prevé la dirigencia estatal del tricolor, esas discordancias no provocarán más que un pequeño aspaviento en la “estabilidad” del priismo. Es decir, que según ellos, y con razón, no pierden nada; y tanto la diputada Cruz Silva con su separación de la bancada tricolor, o la dimisión de la diputada Silva a su cargo en la dirigencia estatal del PRI, no habrán logrado sino algo tan simple como un mero ruido momentáneo. Pero con eso no conseguirán que las prácticas políticas cambien entre quienes tienen en sus manos la representación del priismo en el Estado.

ACTUACIÓN INTELIGENTE

Lejos de lo que pudiera pensarse, al todavía grupo gobernante lo que más les conviene es que disidencias de ese tipo comiencen a depurar al priismo. Todos aquellos que desde alguna trinchera legislativa o administrativa se sienten desplazados, menospreciados o ninguneados, y que hoy consideran la posibilidad de renunciar a su militancia o a los cargos políticos que representan, no están haciendo más que fortalecer a quienes ellos consideran como avasalladores, segregadores o acaparadores de las decisiones y las prácticas inmorales en el priismo. ¿Por qué?

Porque la dirigencia material y formal del tricolor, aunque más la material, lo que está haciendo es comenzar a negociar lo que será su arma política de sobrevivencia: el presupuesto público. Ayer mismo, el gobernador electo, Gabino Cué Monteagudo, anunció que ya tuvo un primer encuentro con el coordinador de los diputados federales del PRI por Oaxaca, Héctor Pablo Ramírez Leyva, con quien acordó trabajar conjuntamente por el tema del presupuesto de 2011 para la entidad.

¿Qué significa eso? Que quienes tienen en sus manos la dirigencia del PRI, y que lo habrán de representar por lo menos en los siguientes tres años, ya están buscando sus tablas de salvación. Al interactuar con el nuevo gobierno a través del tema presupuestal, ellos asegurarán seguir teniendo todos los hilos del priismo oaxaqueño, e incluso algunos privilegios económicos y políticos para sobrevivir. Al reconocer a la diputación federal y a la dirigencia priista actual como interlocutoras, Gabino Cué ya legitimó a ese grupo para seguir encabezando el priismo durante los siguientes años.

Y así, frente a esa circunstancia, ¿qué mejor posibilidad para esos personajes (Eviel Pérez Magaña, et al) que sostenerse en su partido, habiendo antes alejado a todos los personajes que les incomodaban, o que no compartían las mismas ideas y prácticas políticas que ellos? Lo que tendrán, así, es un partido para manejarlo a sus anchas en todos los sentidos, y no necesariamente llevarlo al mejor puerto, sino al que mejor les convenga.

Por eso, todos aquellos personajes que sienten algún tipo de molestia o desplazamiento dentro de su mismo partido, flaco favor le hacen con sus berrinches fatuos y dimisiones, a aquellos a quienes responsabilizan de los malos manejos o las prácticas indebidas dentro del PRI. Con sus actitudes no hacen más que allanarles el camino hacia el control total del tricolor; les permiten la consolidación y concentración del poder y las prácticas que ellos mismos dicen que no son constructivas para su partido. Y cancelan toda posibilidad de luchar, desde dentro, para tratar de contener esos avasallamientos.

¿Y LA PRUDENCIA?

No está mal que alguien se separe de cierta situación u opinión cuando no la comparte; la disidencia, la actitud crítica e incluso los señalamientos directos son saludables para cualquier organización que se jacte de ser democrática. El problema es que a quienes tienen hoy al PRI en sus manos lo único que les preocupan son los futurismos electorales, y quienes se asumen como desplazados simplemente optan por irse. Así nadie arreglará nada. Al contrario. Sólo contribuyen, todos juntos, a seguir alimentando las concentraciones de poder, la insensibilidad y los verticalismos que, sin duda, tan daño le han provocado al tricolor en los últimos años.

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