Tener visión de Estado, reto de grupo de alternancia

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Si tanto los diputados electos, como quienes integrarán la próxima administración del Gobierno del Estado, continúan generando expectativas ilusas de que Oaxaca será “un estado nuevo” a partir del 1 de diciembre próximo, pronto pagarán las consecuencias. Más allá de la demagogia y el populismo que conlleva la retórica posterior a la victoria electoral, es evidente que todos los involucrados deben asumir una postura más seria para evitar ser presa, dentro de poco tiempo, de sus propias palabras.

Este defecto de la palabrería —al que también podríamos calificar como fanfarronería— ha sido característica de muchos de los integrantes del nuevo régimen. Según sus propias palabras, a partir del inicio de la nueva gestión, la gran mayoría de los problemas democráticos, y del ejercicio del poder, serán resueltos como por arte de magia. Se engañan solos, o no entienden, que el detentar poder implica una lógica distinta a la de pertenecer a las fuerzas de oposición. Y que, quien tiene el poder en sus manos, en su sano juicio difícilmente estará dispuesto a cederlo para que otros se sirvan de él.

¿Por qué decir lo anterior? Porque hasta ahora, legisladores electos, líderes y militantes de los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, y de otras fuerzas y grupos fácticos de poder, asumen como una verdad a pie juntillas que el próximo será “su” gobierno, que el ahora Gobernador Electo les reconocerá todo el tiempo las cuotas de poder que ellos suponen haber ganado; y que por tanto podrán materializar todos sus ideales para generar un Oaxaca distinto al que ahora vemos y padecemos. Al asumir eso como una verdad inmutable, también incurren en el pecado de hablar de más, y de prometer lo que no podrán cumplir. ¿De qué hablamos?

Los diputados electos, por ejemplo, aseguran que llevarán al Congreso diversas propuestas para reorganizar el poder público, y acotar la influencia que tiene el Gobernador del Estado, sobre los demás poderes gubernamentales. Del mismo modo, aseguran que acuñarán nuevas instituciones, y que reorganizarán las ya existentes, para lograr que los postulados de la rendición de cuentas, la transparencia y el respeto a las garantías de las personas sean un hecho imbatible. No se dan cuenta que en contadísimas ocasiones —si no es que nunca— han triunfado las transformaciones intempestivas y violentas; e incluso que, en la gran mayoría de los casos, éstas se tienen que lograr a través de las relaciones entre los poderes públicos.

Y para muestra un botón gigantesco: luego del triunfo electoral en la elección presidencial, por parte del Partido Acción Nacional en el año 2000, México cambió en poco. A pesar de haber tenido manifestaciones claras de voluntad de cambio y progreso para el país —que luego también resultó ser fanfarronería—, el presidente Vicente Fox durante su gestión se dedicó a administrar su figura de triunfo electoral, y a tratar de sostener el romance con los medios de información que había tenido los dos primeros años de su gobierno. A pesar de las expectativas, los cambios logrados fueron mínimos, y el desencanto ciudadano creció a tal punto que en 2006 estuvo a punto de ocurrir una revuelta derivada del conflicto postelectoral.

En aquel régimen, fue poco lo que se cambió, precisamente porque fue muy poco perceptible la disposición real del Poder Ejecutivo para ceder funciones o preponderancia política a los otros dos poderes; pero también porque los partidos políticos que lo llevaron al poder resultaron tener agendas de trabajo muy poco efectivas o comunes, y sobre todo demostraron no tener ninguna capacidad o posibilidad para ponerse verdaderamente de acuerdo.

 

RIESGO INMINENTE

Algo es claro: aunque los diputados logren materializar, en una sola operación, o en un periodo muy corto de tiempo, todas sus pretensiones legislativas, puede ser que lo logren hacer bien en el papel. Pero nada les garantiza que eso mejorará las relaciones de poder entre los partidos políticos, y mucho menos que eso dotará de credibilidad política a los funcionarios o instancias que han demostrado que no la tienen.

Además, parece imposible que en todo eso, el próximo Gobernador les permita hacer todo, y asumir todas las decisiones que tome el Poder Legislativo, sin antes protestar o presentar algún tipo de oposición. En todo caso, primero tendrá que ocurrir un consenso político, en el que cada uno fije los límites que pueden ser alcanzados y las necesidades que tiene para el desempeño de sus funciones. Si esto no ocurre, entonces comenzarán a darse las rupturas, las confrontaciones e, irremediablemente, la parálisis que nadie desea para una entidad con tantos atrasos como la nuestra.

Por eso, los señores diputados electos, y todos aquellos que hacen creer a la ciudadanía que a partir del 1 de diciembre Oaxaca será otro, mejor, están equivocados. Antes de lograr ese objetivo simplista, oscuro y poco explicable, tienen el reto de emprender la titánica tarea de conseguir acuerdos efectivos que les permita ir cumpliendo paulatinamente las metas que se han propuesto.

Nadie duda que el poder debe ser reformado. Pero para lograrlo, tiene que haber más de una manifestación expresa de voluntad, y sobre todo una idea clara de que debe prevalecer la prudencia y el buen ánimo, por encima de los triunfalismos y las fanfarronerías que no tienen sustento, y que tampoco tienen posibilidad de cumplirse, y qué decir de poder ser exitosas.

En contraparte —y eso no lo hacen, por miedo a quién sabe qué—, aún siendo parte de la misma causa política, ellos deberían estar llamando enérgicamente al nuevo gobierno a que cumpla sus cometidos, y que respete el marco democrático que prometió al ganar las elecciones. En la medida que existan acuerdos, y que éstos sean respetados por todos los involucrados, es que se lograrán cambios. La palabrería no los llevará a nada positivo para Oaxaca.

 

AYUDA

El doctor César Mayoral ha emprendido una tarea importante, que debe ser secundada y apoyada por la ciudadanía: en sus oficinas de la calle de Álamos número 228, esquina con Emilio Carranza, en la colonia Reforma, está recibiendo ayuda para los damnificados por las lluvias en la sierra mixe, particularmente de Santa María Tlahuitoltepec. Además, mañana 15 de octubre, asimismo organiza un concierto a beneficio de esas comunidades en el Centro Cultural Universitario de la UABJO. Ayudemos para esas causas. Son nuestros hermanos.

 

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