Oaxaca: el drama de un PRI extraviado

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+ Lucha intestina: la guerra es fratricida

El mismo día, casi a la misma hora que Gabino Cué Monteagudo asumía la gubernatura del Estado, el senador Adolfo Toledo Infanzón escribía en su cuenta de Twitter (@SenAdolfoToledo) que, palabras más, palabras menos, “ahora sí”, en el PRI de Oaxaca, se vería “de qué cuero salen más correas”. Eso es lo que se anticipa en el Revolucionario Institucional, una vez que los priistas oaxaqueños formalmente se quedaron sin Jefe Político: una auténtica guerra por ver quién se queda con los despojos de lo que, hasta hace no mucho, era el “partidazo” en Oaxaca.

De algún modo, podría parecer hasta natural lo que ocurre en el priismo. Por un lado, la estructura política del tricolor en Oaxaca, sólo había existido a la par de la detentación del poder gubernamental estatal. Y por el otro, en los años recientes esas mismas estructuras político-administrativo-partidistas, fueron sometidas a uno de los más intensos procesos de desgaste interno, que hoy lo tienen al borde de la crisis y el desmembramiento. Frente a esas dos circunstancias, hoy el priismo oaxaqueño se aparece como una jugosa y atractiva presa para los grupos carroñeros que pretenden obtener ganancias de oportunidad a partir de ellos. Vayamos por partes.

Hoy, es evidente que buena parte de esa aparente rebelión y efervescencia interna que vive el priismo, no parte ni de la falta de liderazgos ni mucho menos de las posibilidades de “regreso” o “reconquista” que tengan unos u otros. Hasta el 30 de noviembre pasado, el PRI oaxaqueño funcionó como tradicionalmente lo había hecho en las últimas décadas, alejado de cuestionamiento alguno: es decir, con toda la estructura política a las órdenes y disposición plena de su Jefe Político (el Gobernador del Estado) en turno.

Era siempre el Mandatario estatal —en su calidad de “Primer Priista del Estado”— quien daba las órdenes respecto a los relevos y rotación en la dirigencia estatal; era el Gobernador del Estado en turno quien decidía qué tipos de operación electoral se llevaban a cabo; era quien decía cómo se repartían los recursos del partido; y era quien ordenaba que desde las arcas estatales se enviaran recursos para la buena operación de la estructura partidaria.

Nunca nadie cuestionó que la aparente “democracia” del priismo, en realidad siempre emanara del más inconfesable de los verticalismos y las imposiciones que se decidían en la oficina del Gobernador, y cuyos beneficios no siempre recaían ni en el mejor militante, ni en el más experimentado, mucho menos en el más inteligente, y qué decir respecto a la posibilidad de que el líder tricolor fuera el más honesto.

Esas facultades políticas fueron las que usó a plenitud, como todos sus antecesores, el ahora ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz, en su calidad de Jefe Político del PRI. En realidad, él no tenía por qué cambiar, pues de hecho el priismo siempre —hasta hoy, con todo y sus disputas— ha sido y seguirá siendo el mismo proclive a los verticalismos. En todo caso, lo que habían variado, irremediablemente, eran los tiempos y las exigencias de democracia de la sociedad. Por eso, aún con la fuerza política y la estructura electoral que acumulaban y aceitaban todos los días en base a carretadas de dinero y prebendas, de todos modos fueron derrotados en las urnas el pasado cuatro de julio.

Sólo de ese modo puede entenderse que aún cuando habían sufrido la más dolorosa de sus derrotas electorales en Oaxaca, de todos modos fue el Gobernador del Estado quien dispuso que el nuevo líder tricolor fuera el candidato derrotado; por esa misma razón, aún frente a la rebelión, ninguno de los adversarios internos tanto del líder del Comité Estatal priista, como del Jefe Político del Partido, tuvieron el valor para enfrentarse frontalmente y disputar, por la vía de la movilización o de los recursos legales, unas disposiciones que genéticamente todos asumen como incuestionables.

Por eso mismo, hoy ocupan algunas trincheras periodísticas, algunos espacios o grupos de presión, e incluso algunos amagues sobre la disputa que viene, aunque formalmente ninguno se ha animado a enfrentar no sólo a un grupo o a un personaje en particular, sino a las tradiciones políticas que finalmente habrán de prevalecer independientemente de que cambie o se sostenga el grupo que hoy comanda al priismo.

CUEROS Y CORREAS

El pasado 1 de diciembre, cuando el autor de este espacio cuestionó vía Twitter (@aortizromero) al senador Toledo Infanzón respecto a lo que parecía un amague sobre los cueros y las correas en el priismo oaxaqueño, él respondió —no citando textualmente, porque luego borró de su cuenta los mensajes que aquí se mencionan, aunque fueron vistos por docenas de usuarios de esa red social— que a partir de ahora ya no serían las circunstancias, sino los perfiles y liderazgos reales los que contarían al interior de ese partido.

Eso es lo que, ilusamente, podría creer alguien que no conoce lo que de verdad ocurre en el priismo. Todos los grupos, propios y extraños, hoy no dudan en cuestionar el liderazgo del diputado federal Eviel Pérez Magaña como líder priista. Todos sus detractores, argumentan que él sólo es un líder aparente, pues todo le es dictado y dispuesto desde la oficina del ex gobernador Ruiz.

Quienes dicen eso, no están equivocados. ¿Pero a poco alguno de los supuestos “salvadores” de la dirigencia estatal priista, lo están haciendo por la democracia, o por la simple supervivencia de su partido? No. Si verdaderamente el diputado Pérez Magaña es una simple marioneta del ex gobernador Ruiz, lo que sus enemigos quieren es el cargo por las posibilidades que esto representa. Es decir, las postulaciones de la elección federal de 2012.

¿No es eso lo que desea el grupo del detestable Jorge Franco? ¿Y no es lo mismo que quiere el senador Toledo, el faltista diputado Héctor Pablo Ramírez, el grupo del ex gobernador Heladio Ramírez, y todos los que hoy están dentro de esa disputa? Nadie está preocupado por la democracia. Sus cueros y sus correas se llaman poder. Aunque eso los haga pelearse como buitres por carroña.

CARRETONERO

Por cierto, quién sabe si alguien intervino la cuenta de Twitter del senador Toledo Infanzón, o si de verdad ese es su lenguaje y tono habitual. En su Tweet List, aparecen varios mensajes cargados de rencor, burla y ataque. En uno de ellos, por ejemplo, llama al ahora Secretario de Salud del Gobierno del Estado “Enclocha Germán” y en otro dice que Gustavo Madero es “kriptonito Maderito”. ¡Vaya nivel de político!

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