PRI Oaxaca: pleitos internos inhiben política

Ante el tamaño de los problemas y retos que enfrenta el PRI en Oaxaca, es claro que la resolución de su dirigencia es lo de menos. Mientras el escenario estatal se inunda no sólo de temas actuales y polémicos para debatir, sino también de los apenas visibles, pero ya presentes, excesos que se pretenden cometer desde el poder, el priismo oaxaqueño no ha dejado de padecer los efectos de la resaca por la derrota electoral, y tampoco ha podido autodeterminar qué rumbo tomará su dirigencia, sus bases, y los principios políticos e ideológicos que dicen defender.

Hoy, el principal problema visible del tricolor oaxaqueño, parece radicar en el “abaratamiento” de la figura y las funciones que ellos entienden que debe tener su dirigente partidista.

Como todo en política, en antaño las formas eran esencia del fondo, y por esa razón no era raro encontrar entre la lista de líderes formales del priismo, a hombres y mujeres distinguidos, respetados, educados, bien formados como cuadros políticos, y además con conocimientos profundos no sólo de la operación electoral, sino de los temas de fondo que, al menos retóricamente, debía defender y posicionar su partido.

Esa figura, sin embargo, quedó superada ante la inmediatez y el pragmatismo con los que desde hace unos años a la fecha, comenzó a manejarse el priismo. ¿Por qué inmediatez y pragmatismo?

Porque es claro que aquellos dirigentes de amplia formación dejaron de ser necesarios y útiles para los factores de poder del partido, que más bien dieron cabida a personas expertas únicamente en la operación electoral —entiéndase como todas las formas posibles, legales e ilegales, de “ingeniería electoral”—, pero ignorantes del verdadero ejercicio político, de la labor de gobierno, y de la formación de posicionamientos y liderazgos verdaderamente sustentados.

Veamos si no. Al hacer una revisión rápida de la mayoría de los dirigentes políticos del priismo en Oaxaca, podremos ver que ninguno de éstos tiene amplia formación que no sea en otro campo que el de la ingeniería electoral; que hoy, ni siquiera sus principales detractores pueden presumir de otro gran calado que no sean los arrebatos por el poder, los golpes bajos y las operaciones enmarcadas en una especie de “guerra sucia”.

Veamos si no. Hoy, el dirigente estatal formal es el diputado federal Eviel Pérez Magaña. Dentro del PRI, su principal detractor se llama Jorge Franco Vargas, que también ostenta el cargo de legislador federal, y que presume de una amplia carrera política que, sin embargo, fue realizada meteórica y circunstancialmente.

Ajeno a ese grupo, lejos de cualquier pudor y teniendo como punto de apoyo el Gobierno del Estado, se encuentra un gris individuo llamado Germán Espinosa Santibáñez, a quien sus propios rencores personales y una serie de alianzas inconfesables, lo mueven a tratar de asaltar la dirigencia de un partido, que por sí solo tiene perdido el rumbo desde hace bastante tiempo.

¿Qué tienen en común esos tres personajes? Que todos forjaron sus respectivas carreras políticas a la sombra de otros; que nunca figuraron en nada más que no fueran las simples y básicas tareas de la operación electoral; y que, ni siquiera, ganaron algo de respeto o credibilidad por las responsabilidades públicas que ocuparon.

Así, en el caso del diputado Pérez Magaña, éste sólo pudo ser impulsado como candidato a la gubernatura gracias a una onerosísima campaña en medios, que le permitiera construir, a través de la imagen, lo que no pudo hacer con política.

El caso del diputado Franco es aún peor: éste sólo cosechó glorias como operador electoral. Pero ingenuamente “desconoce” que más allá de las estructuras electorales que manejó —pero a las que también aterrorizó—, no tiene los mejores bonos de credibilidad y aceptación por parte del oaxaqueño de a pie.  Por eso, aún hoy no puede salir a la calle sin una fuerte custodia de elementos de seguridad.

El caso de Espinosa no dista de ellos: nunca se caracterizó por dotes de político, ni de administrador eficiente, ni de funcionario con altura de miras. Y es que ellos, y todos los demás que aspiran a la dirigencia priista podrán ser eso o mucho menos. El problema es que ninguno parece estar a la altura de los problemas que hoy enfrenta Oaxaca.

PROBLEMAS SERIOS

Si el cargo de dirigente partidista sirviera sólo para realizar giras de trabajo al interior del Estado, sostener encuentros con la militancia, administrar las prerrogativas económicas que las arcas públicas entregan a los partidos, aparecer en las fotos, encabezar la operación electoral, e incidir en el otorgamiento de candidaturas, ninguno de los antes mencionados tendría problema alguno para ostentar ese cargo. De hecho, aún con su perfil estarían sobrados para encabezar esas responsabilidades.

El problema es que hoy Oaxaca requiere mucho más de sus dirigentes políticos. Esto porque por puro sentido democrático, el PRI tendría que estar ahora mismo generando sus propias iniciativas para la reforma política; debía estar organizando, y encabezando, a las fuerzas de oposición en la entidad. Y debía estar esgrimiendo, todos los días y desde todas las trincheras, los argumentos mínimos necesarios para nutrir el debate sobre las transformaciones institucionales que se avecinan.

El problema es que nadie toma esas banderas, porque ni las entienden ni las conocen ni les interesa. Unos y otros parecen estar esencialmente preocupados por el asalto a los cargos partidistas, por las postulaciones para 2012, y por la satisfacción de sus ambiciones personales.

Pero nadie entiende que más allá de las grillas baratas —de las que son expertos—, se encuentran temas de fondo que debían ser abordados a partir de un verdadero ejercicio de política. Parece mucho pedir para quienes tienen el control del PRI, o lo desean. Y ello equivale a una derrota anticipada para Oaxaca.

MÁS DE LO MISMO

Más de lo mismo, es lo que hay en el Colegio de Bachilleres de Oaxaca, mientras Germán Espinosa ocupa su tiempo en intentar asaltar al PRI de Oaxaca. Y vean si no: en la Dirección Administrativa del Colegio se encuentra Rogelio Cadena Espinosa; y éste, que fue empleado de la Secretaría de Finanzas en la administración anterior, nombró a Carlos Sandoval Habib en el área de adquisiciones. ¿Les suenan los parentescos? ¿Qué compromiso, o lazo familia, existe entre Germán Espinosa y Rogelio Cadena? Y aún peor: ¿qué favor están pagando al tristemente célebre MAO a través de su sobrino? Son preguntas.


Publicado por

Adrián Ortiz Romero Cuevas

Licenciado en Derecho. Maestro en Derecho Constitucional. Periodista. Profesor universitario. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas de Oaxaca y de la Ciudad de México.

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