IEEPC: del escollo inicial, a la vicisitud real

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+ Replantear trabajo y política del Legislativo

 

Ahora que la Sala Superior del Poder Judicial de la Federación ya confirmó la legalidad de la elección del Consejero Presidente, y los Consejeros Ciudadanos del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPC), es momento de que, ahora sí y con urgencia, tanto éstos como el Poder Legislativo de Oaxaca hagan un verdadero replanteamiento tanto de las formas políticas con las que toman decisiones, como de la eficacia que demuestran. Queda claro que aún con los visos de legalidad, nada bueno les traerá continuar con sendas rutas de trabajo y acuerdo, como las que han demostrado hasta ahora.

En el caso del IEEPC, de algún modo quedó claro que tanto el titular, Alberto Alonso Criollo, como los consejeros, comprendieron desde el primer momento que habían llegado al órgano electoral afectados por un cuestionamiento de origen. Posiblemente por eso, han tratado en todo momento de mantener el perfil más bajo posible en cuanto a sus actuaciones personales, aunque eso no ha sido coronado con algo que se pueda considerar como un trabajo verdaderamente eficiente en cuanto a la resolución de los conflictos postelectorales, que tanta inestabilidad le han traído a nuestra entidad.

Y es que en realidad, esa vicisitud de origen parece nada respecto a otros asuntos de los que sí son responsables, y que en modo alguno alcanzan justificación en otras cuestiones que no sean su propio y real desempeño, y los alcances y la fuerza que puedan tener sus determinaciones como órgano electoral. En los haberes del Instituto en estos últimos meses respecto a conflictos políticos entre comunidades derivados de asuntos postelectorales, se cuentan ya varios temas que han dejado no sólo una estela de inestabilidad, sino también personas muertas y heridas.

Esto porque, aun cuando es cierto que hechos como el de Santiago Choapam (una emboscada que dejó alrededor de una decena de muertos, ocurrida en mayo pasado en esa comunidad) en cuanto a su resultado no son sólo responsabilidad del IEEPC, sino también del gobierno estatal que no procuró las condiciones de seguridad necesarias —y tampoco ha hecho justicia—, lo cierto es que sí debe ser labor urgente del órgano electoral, por ejemplo, dar la viabilidad necesaria al sistema electoral por usos y costumbres, que se ve de por sí amenazado por la voracidad de los partidos políticos, y que recientemente ha sido duramente torpedeado por quienes, codiciosamente, desean que los pueblos y comunidades indígenas de Oaxaca abandonen ese sistema y se adhieran al régimen de partidos políticos para elegir a sus autoridades.

Del mismo modo, si el cuestionamiento inicial lastimó de fondo al Instituto y sus integrantes, éstos debieron haber demostrado desde el primer momento la prestancia y eficacia necesaria para demostrar, en base a hechos, que tenían la capacidad y la experiencia suficiente como para enfrentar los retos que tenían enfrente.

Lamentablemente, hoy sus propios errores y deficiencias los han lastimado tanto o más que todo aquel cuestionamiento que inicialmente se les hizo por la legalidad de su elección. Eso debiera preocuparles más, ya que independientemente de cualquier argumento respecto a su legalidad, queda claro que en una democracia real, un órgano como el electoral basa su fuerza y autoridad precisamente en la legitimidad que ostentan. Y aunque la legitimidad inicial ya la demostraron con el fallo del Tribunal Electoral, lo cierto es que les falta, y mucho, por demostrar que tienen la capacidad para desempeñar la responsabilidad conferida, y con ello hacerse de la legitimidad que tanta falta les hace.

 

PODER DESLEGITIMADO

Pero además, queda claro que independientemente del sentido en que hubiera fallado el TEPJF, de todos modos el Congreso del Estado debía bajar de las alturas, y dedicarse a hacer un examen autocrítico de los embrollos en que mete a la ya de por sí incipiente y endeble democracia de Oaxaca. ¿Por qué?

Porque si sigue tomando decisiones del modo en que trató de integrar al IEEPC, y finalmente lo logró, queda claro que hará mucho, y servirá muy bien a sus intereses, pero no hará absolutamente nada a favor de la democracia.

Esto porque aun teniendo en las manos el fallo sobre la legalidad de la elección de Consejeros de ese Instituto, de todos modos queda como telón de fondo el auténtico desastre que, todos juntos, provocaron los diputados por aferrarse a satisfacer sus intereses (y los del Gobierno del Estado, de los partidos políticos representados, e incluso de los grupos de poder que controlan a las fracciones), antes que verdaderamente velar porque la democracia electoral de la entidad tuviera un verdadero árbitro, legitimado y fuerte, que por esas solas razones tuviera la capacidad para hacer valer firmemente sus determinaciones.

En este sentido, aún con la victoria en tribunales, quedará para la historia que tanto el gobierno como los partidos y las fracciones parlamentarias “del cambio”, eligieron a los Consejeros del IEE a través de un manotazo; que lo hicieron avasallando a sus competidores; que agentes del gobierno estatal estaban prestos en el Recinto Legislativo para entregar camionetas Toyota de lujo a los legisladores a cambio de su voto.

Y que finalmente todos los factores negativos (el entreguismo de unos, el abuso de los otros, y la apariencia de “democracia” que hicieron todos) se conjuntaron para dar como resultado una elección polémica y cuestionada, que en el fondo les significó una ganancia pírrica porque los grandes perdedores fueron el propio Instituto Estatal Electoral con los cuestionamientos, y la democracia ante la falta de un árbitro fuerte.

Sería deseable que, al menos en privado, los legisladores tuvieran este momento de autocrítica. Es poco o nada probable, porque para ellos la política y el acuerdo son sinónimo de cochupo y torcimiento de la ley, si es que con ello se logra un acuerdo o se satisface el interés del Jefe Político. Sin embargo, de seguir como van, seguramente pasarán a la historia pero no como la Legislatura reformista, sino como la que desmoronó lo que tanto hicieron por construir los ciudadanos con su voto.

 

POLÍTICA HUECA

Todos aquellos que ya se proclaman candidatos a senadores, lo hacen en base a un simple trabajo de estructuras electorales, en una elección que estaba previamente definida. Más allá de eso, ¿qué proyecto tienen o qué buscarían para Oaxaca desde la Cámara alta? Que expliquen. Abundaremos.

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