Priistas: ¿importa más el Senado que la dirigencia estatal?

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+ CEN del PRI, tras ponderación de remedio sano

 

Varios militantes priistas ya iniciaron la carrera rumbo al Senado de la República. A través de sendos pronunciamientos, de campañas publicitarias e incluso de intentos de madruguetes, consideran viables sus posibilidades de obtener la preciada candidatura que, piensan, los enfilaría rumbo a una posible postulación para la gubernatura del Estado en 2016. Todos ellos, acelerados, no alcanzan a ver que primero debe haber un proceso de estabilización y solución respecto a los altibajos del Comité Directivo Estatal, y que será a partir de eso que comiencen las definiciones rumbo a los comicios federales del próximo año.

Desde hace varios meses, no hay día en que varios grupos no envíen a las mesas de redacción, y a listas enormes de destinatarios de correo electrónico, mensajes que refieren pronunciamientos respecto a la urgencia de la renovación de la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional. En sus misivas, enlistas innumerables razones de por qué debe renovarse el Comité Estatal, y de por qué el grupo que hasta hoy lo controla debe ser expulsado

Esas maniobras —que son orquestadas lo mismo por el grupo disidente que encabeza el diputado federal Jorge Franco Vargas, que los respaldados por otras corrientes, e incluso a través mismo del gobierno estatal—, pareciera que lo único que buscan es desacreditar a la dirigencia que encabeza el ex candidato a gobernador, Eviel Pérez Magaña. Sólo que, en realidad, dichos grupos disidentes no buscan gratuitamente la renovación de la dirigencia, sino que más bien pretenden, en sus hipótesis ideales, hacerse de la dirección estatal del partido para desde ahí tomar las decisiones rumbo al Senado.

Pero además —y aunque la dirigencia estatal lo niegue, junto con sus sectores y los actores leales a la causa evielista, que ahora buscan el Senado—, las acciones de la disidencia son apenas un reflejo, opaco, del proceso de descomposición y desorden que sí se vive en dicho partido.

Además de la disidencia franquista, y de los torpedos que les envían desde el gobierno estatal, queda claro que dentro del mismo grupo dominante en la dirigencia sí existe un problema grave de anarquía, falta de liderazgo, e intentos de albazo que, estos sí, deben ocupar a la dirigencia nacional y ser frenados antes de que provoquen un rompimiento real al interior del grupo que controla al PRI en la entidad.

En este sentido, los disidentes del diputado Pérez Magaña y del grupo ulisista, exigen la atención del Comité Ejecutivo Nacional, y claman por la llegada de un delegado especial que venga a renovar la dirigencia estatal, y a poner orden en el partido. Creen, ilusos, que con la posibilidad de que llegue ese delegado del CEN, las cosas podrían ser favorables a su causa en cuanto al proceso de renovación del Comité Directivo Estatal, e incluso podrían ganar algo en espacios, candidaturas o reconocimiento de sus respectivos “liderazgos”.

No entienden, o no quieren entender que aún cuando, en efecto, es urgente la presencia en Oaxaca de un delegado del Comité Nacional, éste tendría que abocarse a la tarea mayor de recomponer las relaciones entre los factores de poder al interior del priismo, antes que ponerse a escuchar las pataletas y los berrinches de las voces disidentes que, financiadas desde quién sabe dónde, pretenden colonizar al priismo para acercarlo al oficialismo oaxaqueño.

En realidad, el Comité Nacional debía estar —y seguramente lo está— preocupadísimo por Oaxaca. Aunque más bien, en su escala de ponderaciones debiera estarlo en cuanto a discernir, y lograr los acuerdos, respecto a la recomposición de la dirigencia y las postulaciones; pero sobre todo, en cómo habrá de tasar sus decisiones para no terminar aplastando sus propias posibilidades electorales, y terminar haciendo eco de aquella vieja frase en la que el remedio resulta ser más costoso que la enfermedad.

 

AQUÍ, ¿DELEGADO

O LÍDER TRICOLOR?

Seguramente, la dirigencia nacional del PRI estará ahora mismo ponderando no sólo si es necesario que llegue ya un delegado especial, o que se definan desde ahora las candidaturas al Senado, sino sobre todo qué pasará con el grupo que hoy tiene en las manos al priismo. Si la intención del líder nacional, Humberto Moreira Valdez, es la de recomponer la estabilidad interna del priismo oaxaqueño, sin defenestrar al dirigente estatal Pérez Magaña, entonces deberá actuar quirúrgicamente para evitar eventos políticamente “trágicos”.

En nuestro sistema político implantado justamente por el priismo, la visita de los líderes nacionales —y del mismo Presidente— a las entidades federativas, siempre equivale a un símbolo de refrendo del poder y la representatividad que se tiene. En esta lógica, ¿qué pasará si antes de que venga a Oaxaca el Líder Nacional, se envía al Delegado Especial? Evidentemente, lo que se estaría haciendo es desacreditar por completo la dirigencia de Pérez Magaña, y prácticamente se le estaría condenando a no continuar como posible contendiente para las candidaturas.

En todo eso, sería lo de menos que Pérez Magaña fuera desacreditado de ese modo. En realidad, terminaría perdiendo el priismo, porque les guste o no a todos, por razones políticamente naturales, Pérez es el priista más conocido en la entidad; por eso, y por simple lógica, es quien tiene una mayor presencia y es más conocido entre el electorado. Y siendo un activo de ese tamaño —que, además de sus aspiraciones, debe aportar votos para la suma por la presidencia de la República— difícilmente sería despreciado por el tricolor en aras de la renovación de la dirigencia estatal.

El reto que tiene la dirigencia nacional es nada sencillo. Deben primero encontrarle la cuadratura al círculo de las intrigas y las ambiciones entre los priistas que buscan aquí el control de la representación, para luego darle forma y estabilidad tanto a la dirigencia como a los factores de poder que, se supone, hacen vigoroso al priismo. Y por eso, queda claro que la lucha por el Senado, que algunos ambiciosos ya iniciaron, aún tiene bastantes capítulos previos que, hasta ahora, nadie tiene claro cómo serán resueltos.

 

¿Y LOS RESULTADOS?

Para efectos prácticos del ciudadano de a pie, el hecho de que algunos priistas oaxaqueños hayan participado en la elección del Estado de México, es irrelevante. Mejor preguntémonos cuál es el resultado del trabajo de cada uno de nuestros representantes populares en las Cámaras federales. ¿Pueden presumir mucho? Que lo hagan.

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