Mesas directivas en reclusorios: secreto a voces

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+ ¿Por qué autoridad simula que “pone orden”?

 

Aunque es la tercera vez en alrededor de dos años, que la Secretaría de Seguridad Pública del Estado catea, “limpia” y “desmantela” las organizaciones internas en centros penitenciarios estatales, ahí la existencia de vicios, contubernios y corrupción siguen siendo la moneda de cambio. Por eso, lejos de celebrar los resultados del cateo realizado la madrugada del pasado lunes al Cereso de Ixcotel, debemos preguntarnos por qué la autoridad tardó tanto en, nuevamente, en “descubrir” y desmantelar la viciada “mesa directiva” que ahí existía.

Queda claro que la SSPE no descubrió el hilo negro. De hecho, durante la anterior administración, en el mes de noviembre de 2008, se realizó un cateo a ese mismo centro penitenciario, luego de alrededor de una década en la que no incursionaba la fuerza pública a corroborar el cumplimiento de las reglas mínimas de orden y legalidad. El resultado de dicho cateo fue exactamente el mismo que el del lunes pasado. Ese fue un primer llamado de alerta, que aparentemente fue atendido —aunque hoy corroboramos lo contrario.

Luego, ya estando Marco Tulio López Escamilla al frente de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, en enero de este año, ocurrió un motín en el centro penitenciario regional de San Juan Bautista, Tuxtepec, en el que uno de los hallazgos hechos por la autoridad, una vez que tuvo el control del penal, fue la existencia de otra organización de autogobierno entre los internos.

Entonces se supo, como también ocurrió el año previo en Ixcotel, que la “mesa directiva” de internos, era la que controlaba la gran mayoría del “comercio común” que ocurría entre los internos y el exterior (a través de ello, podían comprar todo tipo de productos y enseres de uso diario, que eran auténticamente “traficados” al interior del penal).

También, en ambos casos, se tuvo conocimiento de que esa organización interna era la que controlaba una larguísima lista de actividades ilícitas, tales como la prostitución, la introducción y venta de drogas, e incluso la “comercialización” de armas de fuego y punzocortantes.

Algo similar ocurría con la venta de protección y de espacios físicos a los internos, dentro del centro penitenciario. Y en ambos casos, se sabía con toda precisión que, o la autoridad penitenciaria (directivos, celadores y demás) habían sido rebasados por la corrupción de esos grupos, o simplemente eran cómplices de ellos, y por tanto integrantes “de facto” de las mesas directivas.

Sobre el tema, ya nos habíamos referido ampliamente en otros momentos. Por ejemplo, en nuestra entrega del 7 de enero pasado dijimos, a propósito del motín en el penal de Tuxtepec, que “en las cárceles estatales, existen una serie de vicios, desde hace tiempo, respecto a los cuales las diversas autoridades encargadas de la seguridad pública se han negado a ver o atender, e incluso existe la posibilidad de que se hayan convertido en sus cómplices. En centros de reclusión como el de Santa María Ixcotel, y también en el de San Juan Bautista Tuxtepec, existen organizaciones internas de reos que son quienes han ejercido el autogobierno dentro de las instalaciones, solapados por las autoridades penitenciarias. Todos los vicios que esto conlleva, aún con los amotinamientos, con los cateos e incluso con las posibles “soluciones” que dizque le han dado las autoridades penitenciarias, ha sobrevivido e incluso, con decisiones como las del secretario López Escamilla, se han fortalecido…”

Y es que desde un año antes, también en enero pero del año 2009, apuntamos en este espacio que la existencia de “mesas directivas”, u órganos de autogobierno dentro de los centros penitenciarios, eran un vicio difícil de corregir, comenzando justamente porque la autoridad se negaba sistemáticamente a reconocer y atender de fondo estas cuestiones. Y por eso, tanto en el primer cateo al Penal de Ixcotel, como el ocurrido en la región de la Cuenca, advertimos sobre los riesgos de hacer operativos de maquillaje, que no atacaran de fondo la corrupción existente entre internos y autoridades penitenciarias.

 

FÓRMULA REPETIDA

Hoy, la SSPE debe reconsiderar, con toda seriedad, si la solución que aplicó al penal de Ixcotel es no sólo la correcta, sino si es también suficiente para acabar con el autogobierno, con las complicidades y con la corrupción que impera en ese reclusorio.

A la luz de los hechos, el remedio aplicado a éste último cateo, es exactamente el mismo que se instrumentó en las dos ocasiones anteriores. Y queda claro que tanto el cateo de noviembre de 2008 ahí mismo a Ixcotel, como el motín y “saneamiento” del reclusorio de Tuxtepec, un año después, sólo consiguieron reconfigurar el orden interno y las jerarquías entre reclusos, pero no terminar con los vicios existentes.

Veamos si no. Producto del cateo al penal de Ixcotel, realizado en noviembre de 2008, se incautaron armas de fuego, navajas, drogas, teléfonos celulares, y electrodomésticos, entre muchos otros enseres, y se ordenó el traslado a penales federales de 23 reos considerados como de alta peligrosidad. Entre ellos, se trasladó a quien era líder de la “mesa directiva”, de nombre José Armando Pressuel Mex. Y con ello se consideró que esa organización de autogobierno había quedado desmantelada.

Luego, en enero de este año, los presos lograron amotinarse gracias a la existencia de otra mesa directiva dentro de su reclusorio. Y en ese caso, lejos de que la autoridad se preocupara por resolver integralmente el problema que se presentaba, decidió entregar a los reclusos la renuncia de quien fungía como director del reclusorio, el mayor Manuel José Láscares Lustre.

Hoy, nuevamente aplican a Ixcotel la misma receta que en el pasado, para dizque desaparecer a la “Mesa Directiva”. Ya catearon, ya incautaron bienes y artefactos prohibidos, e incluso ya cesaron al director en funciones. Pero, ¿eso garantizará que, ahora sí, se acabará la corrupción? Y no, no es pesimismo. Pero tal parece que con esas soluciones, sólo le siguen dando vueltas al asunto, pero sin querer, o poder, darle aún un remedio de fondo.

 

EL BIEN, SILENCIOSO

El rescate del convento de San Pablo, realizado por la Fundación Alfredo Harp Helú, es una obra sin precedentes, que debiera ser valorada y conocida por todos los oaxaqueños. Ahí se encuentra un pedazo más, tan visible y tan oculto, de nuestra historia. Qué bien que, aunque en silencio, sigan pasando cosas buenas en nuestra ciudad.

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