CEN del PRI: sus caminos para Oaxaca, todos de riesgo

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+ Elegir entre competitividad, y caprichos de grupos

 

No ha pasado mucho tiempo desde que el nuevo Delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI se apersonó en Oaxaca, cuando ya comienza a quedar claro que éste no tiene trazada una ruta precisa sobre si sólo hacer “operación cicatriz” entre los grupos confrontados, o si emprender una verdadera labor de reorientación del priismo hacia las posibilidades de triunfo.

En efecto, aunque el delegado del CEN priista, Arturo Osornio Sánchez, dijo traer una línea precisa de establecimiento del orden y las reglas del juego entre todos los priistas, hoy las decisiones del mismo PRI nacional parecen comenzar a ser no sólo contradictorias, sino también peligrosas: la dirigencia nacional que encabeza el ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdés, ha pretendido establecer un doble juego entre los grupos que se dicen representantes legítimos del priismo oaxaqueño.

Veamos si no. Por un lado, el dirigente Moreira Valdés ha respaldado a su homólogo en Oaxaca, el diputado federal Eviel Pérez Magaña, pero sólo de lejos. La mejor prueba de ello, es que el CEN nunca ha objetado a Pérez (en el intento de mantener una especie de “equilibrio” con el ex gobernador Ulises Ruiz Ortiz), pero tampoco ha venido a Oaxaca a hacer una constatación precisa de su respaldo, y a dejar en claro que la dirigencia estatal es la única representación priista reconocida.

Del mismo modo, hoy el doble juego se ve claramente respecto a la disidencia priista. Porque aún cuando el CEN ha negado cualquier tipo de encuentro, y arreglo, con el llamado Frente Renovador, y con otros grupos disidentes de la dirigencia priista (presuntamente financiados desde dependencias del Gobierno del Estado), lo cierto es que la dirigencia nacional del priismo sí ha tenido tratos con ellos. La mejor prueba se encuentra en el hecho de que varios de los priistas disidentes sí siguieron apareciendo en la lista de consejeros nacionales, e incluso participaron en la sesión de Consejo Político ocurrida hace unos días.

Un arreglo, en esas circunstancias, no parece posible. Porque de entrada, lo que sí parece es que la dirigencia nacional no termina de tener clara cuál debe ser la ruta que necesita seguir para componer al priismo. Fue una señal aparentemente positiva, la enviada al priismo oaxaqueño recién ocurrido el arribo del nuevo Delegado Nacional, en el sentido de que el CEN elegiría a sus abanderados en base no a criterios de grupo o de ascendencias, sino que sería a través de mediciones más objetivas, que buscaría localizar a los militantes competitivos para luego hacerlos candidatos.

No obstante, la ruta que está siguiendo en los hechos es exactamente la contraria. Porque independientemente de sus dichos, lo primero que hizo Arturo Osornio Sánchez fue ir a “reconocerse” con ambas dirigencias. Y ocupamos entrecomilladamente el término “reconocerse”, porque hoy más que nunca es por completo subjetiva, y hasta engañosa, la posibilidad de que cualquiera de las dos dirigencias (la de Eviel Pérez Magaña, y la de Javier Mendoza Aroche) pueda ser una verdadera representante del priismo oaxaqueño. Y por eso, aún cuando se dijo que se tomarían en cuenta los aspectos objetivos, lo cierto es que el CEN, a través de su delegado, lo que hizo en los hechos fue, de nuevo, reconocer a las ascendencias políticas, y no los elementos objetivos, como factor determinante de su trabajo de recomposición partidista.

 

JUGAR CON FUEGO

Quién sabe si de verdad el priismo nacional está completamente seguro de que puede ganar la Presidencia de la República sólo con los votos y las simpatías que pueda atraer su candidato presidencial, Enrique Peña Nieto. Sólo así podría aventurarse a seguir cumpliendo caprichos, o experimentando, en zonas donde un priismo bien manejado podría dar excelentes resultados, pero que, al contrario, dominado por un mal manejo, podría ser desastroso para su proyecto político. Una de esas zonas es Oaxaca.

En ese sentido, si el priismo nacional decide dejar de lado las mediciones objetivas para garantizar la competitividad, y se pone a satisfacer caprichos de uno u otro grupo, entonces el resultado será funesto. El primer problema, es que ninguna de las dos dirigencias garantiza un verdadero trabajo y aceptación política entre la militancia. Es decir, ninguno de los dos grupos tiene hoy una verdadera ascendencia o liderazgo sobre el priismo.

El manejo del PRI “legal” —el de Pérez Magaña— en los últimos meses, da cuenta de cuán rápido se puede echar a perder una estructura electoral, cuando no existe idea clara del trabajo, ni se tiene simpatía y buen manejo de la militancia. Empero, en esas mismas circunstancias se encuentra la dirigencia “legítima” del PRI. Ellos pueden jactarse de su disidencia, pero no de un liderazgo real entre la militancia y los potenciales votantes a favor del priismo.

Aún peor, resulta la posibilidad de que el PRI de Pérez Magaña caiga en la disfuncionalidad total (no le falta mucho para eso); pero es tanto o más peligrosa, la posibilidad de que el priismo termine de ser colonizado por emisarios del gobierno estatal (sus adversarios), y éstos ingresen a sus filas para fungir como Caballo de Troya en sus estructuras electorales.

Todo eso es posible que ocurra, si no se corrige el rumbo. Y el riesgo, para todos, no sólo radica en que el PRI no pueda emprender el vuelo de regreso hacia los grandes márgenes de votación, sino sobre todo que la inoperancia coronada del priismo (premiando de forma aplastante a uno de los grupos, o buscando una “unidad” consensada que, en realidad, deje descontentos a todos) habrá de significar más espacios y votos para sus opositores.

Por eso, si el CEN priista no corrige de inmediato el rumbo, si continúa cumpliendo caprichos en aras de una “unidad” ficticia, y si no establece claramente las prioridades de su trabajo de recomposición, entonces aquí volverá a repetirse la dosis de derrota abrumadora, del proceso electoral de julio del año pasado. Y con algo así, sin duda, terminarían perdiendo todos, e incluso poniendo en riesgo el proyecto de su candidato presidencial.

¿PELEA LIMPIA?

Todo esto deja un solo augurio: que la guerra por las candidaturas al Senado y a la Cámara de Diputados serán, si no es que ya son, feroces. ¿Veremos destellos de unidad y de civilidad? Si antes, con Jefe Político, éstas no se ven, ahora menos. ¿Apuestan?

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