Control de confianza: qué hacer con “no confiables”

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+ Oaxaca: ¿qué alcances ha tenido “limpia” policial?

 

Hace unos días, en una reunión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, el gobernador Gabino Cué Monteagudo hizo hincapié en un asunto del que todos hablan, pero del que nadie parece haber asumido las consecuencias: ¿qué hacer con los elementos policiacos que no aprueban los exámenes de control de confianza, y que por tanto deben abandonar las instituciones o corporaciones relacionadas con la seguridad pública, para las que trabajan? El asunto, del cual este gobierno —y casi todos los del país— apenas están reparando, no es menor, pero tampoco ha sido considerado con seriedad.

Al menos en Oaxaca, era común que los funcionarios encargados de la seguridad pública, comentaran “off the record”, que aún habiendo realizado todos los exámenes de control de confianza, a todos los elementos de las corporaciones policiacas estatales, sería casi imposible darlos de baja a todos. “A esos —decían los funcionarios— hay que tenerlos bien detectados y bien vigilados, para cerciorarnos que no sigan estando, o que no se vayan a poner al servicio de los malos. Pero correrlos a todos, es imposible”, decían.

¿Por qué aseguraban lo anterior? Esencialmente, por dos razones. Primera, porque aprobar los exámenes de control de confianza no es sencillo, incluso ni siquiera para los elementos que en realidad sí tienen un compromiso real con su trabajo y con la institución para la que trabajan. Esas pruebas establecen una serie de elementos objetivos, cuyo resultado posiblemente negativo, no siempre tiene que ver con deslealtades al servicio público, o con una eventual colusión con criminales.

La segunda razón es no menos importante. Echar a la calle, en calidad de desempleados, a un grupo importante de personas que mal que bien tienen entrenamiento y conocen las tareas de seguridad, y que además son sospechosas de pertenecer o tener relación con algún grupo criminal, o que son proclives a ello, es tanto como dar alimento a las organizaciones criminales que justamente pretenden tener bajo su control a la comunidad.

Si esos agentes no confiables, dicen, de repente son sacados a la calle como desempleados, lo que se hace es ponerlos inmediatamente en las manos de los criminales —a quienes verán como su principal y casi única opción de “trabajo”, ante el desempleo y ante la ruptura violenta con la institución—. Y con ello lo único que se lograría es reforzar a los grupos criminales y agravar el problema de criminalidad que azota al país, y del que no es ajeno Oaxaca.

A partir de eso, podía entenderse de la decisión de detectar a los agentes no confiables, pero no decretar su cese inmediato. Era, pues, una razón cargada de elementos subjetivos y ponderaciones que, sin embargo, quedaba claro que no eran del todo equivocadas; y que debían combinarse con el trabajo, también fino, de seguimiento y vigilancia interna de esos agentes para evitar que fortalecieran sus lazos con los criminales, o les pudieran brindar información que los pusiera en situación de ventaja sobre la policía, o que incluso pudiera poner a ésta en peligro inminente de un ataque.

No obstante, queda claro que esa ruta de la ponderación no es la que quiere la sociedad, porque lo que los mismos gobernantes les han vendido —justamente por razones de rentabilidad política— es que todo agente de una corporación policiaca que fuere detectado como “no confiable” por los exámenes de control de confianza, debía ser separado inmediatamente de sus funciones, y cesado en el empleo que desempeñaba.

¿Qué hacer, sin embargo, ante la disyuntiva de alimentar a las filas criminales con un aluvión de elementos sospechosos para cumplir con las promesas, o tomar decisiones más serenas que permitieran tener un control más específico y de largo plazo justamente para construir y no destruir a la sociedad?

 

TODOS REPROBADOS

Ayer miércoles, una nota difundida por el periódico Excelsior, en la Ciudad de México, daba cuenta de lo siguiente: “El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) reveló que 77 altos mandos encargados de aplicar las estrategias y políticas de seguridad en las entidades del país reprobaron los exámenes de confianza que les fueron practicados en centros de evaluación del gobierno federal.

“Entre los reprobados se encuentran procuradores, secretarios de Gobierno, secretarios de Seguridad Pública, subprocuradores, entre otros. En la sesión número 31 del Consejo Nacional de Seguridad Pública, Juan Miguel Alcántara Soria dio a conocer que de los 376 mandos a evaluar, sólo 177, es decir, 47 por ciento, ha aprobado sus exámenes de control de confianza, 79 se encuentran pendientes de que se brinde el resultado, mientras que 77 más no aprobaron las evaluaciones.”

Imaginémonos la gravedad del asunto: un Gobernador, por ejemplo, nombra a sus secretarios de Seguridad, Gobierno y Procurador bajo dos premisas fundamentales: la confianza que de antemano le brinda a su buen desempeño, y la certeza que tiene de que el funcionario tiene los conocimientos y las capacidades suficientes como para llevar a cabo las tareas que le fueron encomendadas con profesionalismo, eficiencia, honestidad y responsabilidad.

Y si esto —el reprobar un examen de control de confianza— pasa con los funcionarios de alto nivel, sobre los que recae una responsabilidad en buena medida por razón de confianza, qué no ocurrirá entonces con elementos policiacos que desempeñan esa labor como un trabajo simple y llano, y que, sin justificarlo, por sus bajos salarios o complejas condiciones de trabajo, pudieran llegar a ser considerados como “no confiables” para quienes evalúan su desempeño.

Por eso, pensar en las alternativas de trabajo para quienes no aprueban un examen de control de confianza, no es ni demagogia ni un asunto de reconocimiento de la incapacidad de limpiar de un solo tajo las instituciones. Más bien, es resultado de alguien que empieza a conocer las instituciones bajo su responsabilidad, y comienza a actuar más allá de la dinámica electorera o politizada que lleva a plantear soluciones equivocadas.

 

MUERTOS, PERPETUOS

Ojalá que la fiesta por el Día de Muertos no terminara nunca. Además de la alegría de encontrarnos, aquí mismo, con nuestros seres queridos que se nos adelantaron, alienta y nutre el colorido, misticismo y trascendencia de la celebración. Por eso, ojalá nunca se acabara esta fecha exacta del mole, del incienso, del altar y de la flor de cempasúchil. Ojalá…

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