Candidatos de “las izquierdas”: un revoltijo

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Si en algún sector de la política partidista en Oaxaca, existen problemas independientes a las definiciones ya habidas en el ámbito nacional, es en los partidos que integran las llamadas “fuerzas de izquierda”. En ellos, la unificación habida entre sus dos principales aspirantes presidenciales, en ningún modo significa que dicho acuerdo pudiese reproducirse en las entidades federativas respecto a las candidaturas para integrar el Congreso de la Unión. Eso, además de las calenturas de algunas, y de las decisiones intempestivas de otros, hará de las definiciones un auténtico dolor de cabeza para los dirigentes y líderes de esas fuerzas políticas.
La disputa está, como es obvio, entre el ala moderada del PRD y Morena. Ambos pretenden presentarse a la ciudadanía como un solo bloque, agrupado alrededor del virtual candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Y sin embargo, fuera de esa primera definición, queda claro que en los círculos inferiores no existe un solo consenso respecto a las candidaturas, e incluso ni siquiera existe la concordia y el compañerismo que tratan de aparentar. La disputa en cada entidad federativa por el Senado de la República y las diputaciones federales, así lo está dejando ver con toda claridad.
En Oaxaca esa disputa se dejó ver desde el primer momento, en la discordia pública habida entre los aspirantes a senadores, Alberto Esteva Salinas y Benjamín Robles Montoya. Éstos, tratando de asumirse como “herederos” de los respectivos grupos políticos a los que pertenecen, y ambos exigiendo (en algunos casos con decoro, y en otros descaradamente) el respaldo del gobernador Gabino Cué Monteagudo en sus aspiraciones, han tratado de usar todos los recursos a su alcance para tratar de aparentar que, por algún tipo de “necesidad” de las izquierdas, ellos son los elegidos. Veamos si no.
Por un lado, Esteva Salinas ha tratado de capitalizar su ascendencia con el jefe de Gobierno del Distrito Federal —y ex aspirante a la candidatura presidencial de las izquierdas—, Marcelo Ebrard Casaubón. Aquí en Oaxaca ha tratado de alimentar la percepción de que, al menos en la entidad, él será el factor de negociación de su jefe con las tribus perredistas, con el Gobernador del Estado, y con los partidos que integran esa coalición, para brindar un apoyo efectivo a la causa de López Obrador.
En el fondo, el amague disimulado que deja ver Esteva Salinas, es que si no es él el elegido, entonces ningún aspirante a cargos de elección popular —incluido López Obrador, y los abanderados al Senado y las diputaciones federales— será apoyado el próximo año con los recursos y las “bendiciones políticas” que puedan salir desde el Gobierno del Distrito Federal.
¿Cuál es el problema en todo esto? Que todos esos son dichos de Esteva, y no de Ebrard. Es decir, que más allá de las percepciones que ha tratado de alimentar el ex Líder Estatal del antiguo Partido Convergencia, nadie sabe en realidad si él tiene la ascendencia política que dice sobre Marcelo Ebrard; del mismo modo, nadie sabe si él será —o si al menos podría ser—, el factor de negociación del ebrardismo con el lópezobradorismo para las definiciones en nuestra entidad, o si incluso tiene la popularidad con la que asegura que ganará el Senado.
Nadie más que él sabe si en realidad todo eso está tan a su favor como lo hace creer. Y queda claro que si eso —todo o en parte— no está seguro, su aspiración al Senado podría quedarse sólo en eso: en un deseo personal, que no está respaldado por elementos objetivos que le den certidumbre a lo que él quiere.

EL CASO ROBLES
Es posible que cuando se presente la iniciativa de ley para modificar la estructura del Gobierno del Estado, más de uno se vaya de espaldas con la noticia de que, en efecto, los Módulos de Desarrollo Sustentable habrían de convertirse en la plataforma de creación de las ocho subsecretarías regionales que planteó al tomar posesión el secretario General de Gobierno, Jesús Martínez Álvarez. Más de uno podría estarse dando de topes en la pared. Y uno de ellos podría ser justamente Benjamín Robles Montoya.
Robles nunca ha ocultado no sólo que quiere ser senador, sino que tampoco ha tenido rubor alguno en aceptar que él quiere ser una especie de “Gabino Cué II”. Por eso, públicamente ha sostenido cuestiones como que él quiere ser “el segundo oaxaqueño en recorrer los 570 municipios” (tomando en cuenta que el primero fue el hoy Mandatario); que él pretende continuar con el proyecto de cambio. O incluso, como lo hizo hace apenas unos días, asegurar que tiene derecho a aspirar a los más elevados cargos de elección popular por Oaxaca, debido a que, aún no siendo oriundo de esta tierra, en sus venas corre sangre oaxaqueña.
Para Robles Montoya los Módulos de Desarrollo (antiguas Delegaciones de Gobierno del Estado) serían su plataforma electoral. Y de hecho, lo fueron mientras estuvo al frente de la dependencia. En los meses que tuvo el encargo, se dedicó a hacer presencia en municipios, pactar con autoridades municipales, ofrecer apoyo, y estar presente en cada momento en que se hablaba de recursos y beneficios sociales para las comunidades. A partir de ello se atrevió a asegurar que era el mejor posicionado como aspirante al Senado —y casi casi, como próximo Gobernador del Estado.
El problema es que su idea es la del escalafón tradicional. Del mismo modo, no termina de quedar claro si él tiene todo el apoyo del Gobernador para ser primero Senador, y luego Gobernador; pero lo que parece, es que se soltó antes de tiempo del trampolín político, y que —en el caso que se convirtiera en Senador— tendría que romper cuando menos cinco años de inercias, en los cuales puede pasar de todo en el gobierno estatal.

SALTO AL VACÍO
Su primera gran derrota está en la posible absorción de las delegaciones por parte de la Segego. No sólo por la pérdida del trampolín electoral, sino por lo simbólico que resultaría el hecho de ya no tener el espacio al cual podría regresar ante un posible fracaso en su carrera (interna y externa) por el Senado. Robles, queda claro, con pocas certezas y con mucha prisa se está jugando todo, sin entender que hoy la de la política es una carrera de largo aliento. Y de entrada debe entender algo: que él no es Gabino Cué, ni tiene la historia política del Mandatario en Oaxaca (incluso tampoco tiene su imagen y carisma); y que por tanto creer que, por puro linaje, puede ser su émulo, es simplemente una ingenuidad.

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