Oaxaca: aquí victoria política es huérfana

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+ Ningún grupo se responsabiliza del poder

 

Dice la sabiduría popular, que en política la victoria tiene muchos padres, pero que la derrota es huérfana, porque nadie se hace responsable de ella. En Oaxaca, con el régimen de la alternancia, la victoria electoral tuvo muchos padres que, sin embargo, hoy no se hacen responsables de ese poder y, al contrario, lo desconocen para continuar medrando con las redituables banderas de la oposición iracunda.

Este caso raro lo vemos ahora, en un ambiente inédito de supuesta transición democrática y cogobierno de un grupo mayoritario de fuerzas políticas, pero que contrasta con una cada vez más desbordada gobernabilidad que se va de las manos de quienes tienen en sus manos la responsabilidad del gobierno.

Si se supone que el Gobierno del Estado se encuentra integrado por una administración de coalición; si se supone también que en el Congreso el conjunto mayoritario de fuerzas son las mismas que integran el gobierno; y si se supone que los principales grupos que en otros tiempos fueron oposición, son los que colonizaron los partidos para acceder al poder, ¿entonces por qué crece todos los días la percepción de que el Gobernador se encuentra solo, en medio de un mar plagado de enemigos reales, pero también de aliados que hacen más daño que los propios adversarios?

Esta situación es ampliamente perceptible: la administración del gobernador Gabino Cué asumió el mando estatal respaldado no sólo por la fuerza de los votos, sino también de un amplísimo movimiento ciudadano que se manifestó a su favor quizá no tanto asumiendo su proyecto, sino como una forma de repudiar a los regímenes anteriores. Sólo así puede explicarse el amplio margen de ventaja, y las inmejorables condiciones de aceptación y credibilidad ciudadana en las que asumió el poder.

Sin embargo, queda claro que el problema no ha sido ese —e incluso tampoco sus adversarios— sino más bien el control de sus propios aliados. Por una razón de mera atracción natural, en los largos años en que el ahora Gobernador del Estado creó las condiciones de su candidatura, se rodeó de otros adversarios naturales de los regímenes priistas.

Por eso, más por coincidencia que por convicción, unos y otros se convirtieron en aliados y llegaron juntos a una batalla electoral formidable, en la que se tuvieron que valer de todos los medios (legales e ilegales) posibles para ganarle a adversarios priistas que usaban bien esos mismos métodos. Hoy puede verse, sin embargo, que los aliados electorales no tenían los intereses genuinos por el gobierno, que sí tenía el ahora Gobernador, en relación no a los beneficios sino a las responsabilidades.

Quedó claro que la gran mayoría de los grupos que apoyaron en campaña al Gobernador, lo hicieron viendo el triunfo electoral como el fin, y no como el medio para abonar la democratización de la sociedad oaxaqueña. Al ver la victoria electoral como meta, inmediatamente después decidieron comenzar a cobrar los dividendos de un gobierno que ni siquiera conocían, y al que tampoco querían.

Fue por eso que los aliados paulatinamente pasaron a ser un lastre, para finalmente convertirse en el dolor de cabeza del Gobernador del Estado. Éste, a pesar de todo, se encuentra efectivamente solo; y hoy ni siquiera parece posible que dentro del gabinete de gobierno tenga muchos aliados. Cuando mucho son dos o tres, pero todos los demás se encuentran, como los demás grupos que se convirtieron en satélite de los beneficios de las arcas y las potestades gubernamentales.

 

EL PODER ES HUÉRFANO

Cuando mucho, son dos grupos bien definidos los que se pelean el control del poder estatal en Oaxaca. Uno de ellos, es el llamado Grupo Oaxaca, y el otro es el de los “aliados” más recientes del Gobernador, quienes aún pujan dentro del mismo gobierno por adquirir más espacios de administración o gobierno, o de arrebatar a sus contrapartes los cotos que unos y otros conservan.

Sin embargo, fuera de ellos nadie parece preocupado por el poder… pero todos se encuentran ávidos por medrar con el presupuesto, por seguir obteniendo espacios de impunidad, o simplemente porque el gobierno no se meta con los feudos territoriales o sectoriales que ellos han creado. Tal parece, pues, que en Oaxaca el poder sí es huérfano, y que todos pretenden seguir apadrinando la oposición y la derrota.

Y es que no se necesita ser un gran conocedor, para poder darse cuenta que en Oaxaca ahí radica buena parte de todos los conflictos que enfrenta el gobierno con sus propios aliados. La gran mayoría de éstos, salieron justamente de la lucha social, gremial, política o de choque. La gran mayoría de ellos conseguía que el gobierno les hiciera caso sólo a través de la vía radical. Y hoy, cuando tienen el poder, se dieron cuenta que la vía institucional es, económicamente, mucho menos redituable que sus vías “tradicionales” de lucha.

Sólo así se puede entender que hoy el gobierno se cuide más de sus aliados que de sus enemigos. Los aliados se convirtieron en ellos, hermanados en una lucha en la que no les quedaba de otra. Mientras tanto (y afortunadamente para el gobierno, que tiene menos conflictos, y para Oaxaca que enfrenta menos calamidades), los supuestos adversarios (la oposición priista) no terminan siquiera de organizarse para asumirse como una oposición y tratar de luchar por el poder.

El resultado de todo esto, es que de todos modos no hay certidumbre en la gobernabilidad. Tampoco la hay en quiénes son los aliados reales del Gobernador, que sí buscan abonar a la gobernabilidad y a la paz social de la entidad. Mucho menos se tiene claro quién puede tener la convicción partidista para asumir posiciones claras. Y no parece haber forma de atajar la posibilidad de que sean los mismos funcionarios estatales, o sus enviados, los que sigan enloqueciendo a esta triste sociedad, que pareciera que por creer en “el cambio”, ahora por culpa de un mal entendimiento de la alianza y la responsabilidad, está pagando consecuencias nefastas de ello.

 

BOMBA DE TIEMPO

Las autoridades estatales y federales se resisten a reconocer que el Hospital Civil “doctor Aurelio Valdivieso” es una auténtica bomba de tiempo. El temblor del pasado 20 de marzo le provocó daños importantes a su estructura, que ahora se minimizan. ¿Y a poco, por ejemplo, nadie ha visto las gravísimas deficiencias que presenta en cuanto a salidas de emergencia y demás medidas de protección civil? ¿Esperarán a una tragedia para reconocer lo evidente? Aguas.

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