Crayones para votar: polémica, innecesaria

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+ Desacreditar al IFE es descalificarnos todos

 

Desde hace varios días, circula en redes sociales una supuesta denuncia de ciudadanos, para que estemos alertas al momento de votar y “no permitamos” que el Instituto Federal Electoral nos imponga el uso de un “lápiz” para votar, pues la marca que deje este objeto en la boleta electoral es fácilmente borrable, y por tanto, ello facilitaría la perpetuación del fraude que, según ellos, se avecina en esta jornada para elegir Presidente e integrantes del Congreso de la Unión. Quien inventó esa patraña, y quienes la creen, no sólo están en un error, sino que de un plumazo intentan ningunear las luchas ciudadanas que dieron origen al IFE.

En efecto, desde hace varios días circulan principalmente en redes sociales, imágenes de las cajas de lápices que habrán de proporcionar los funcionarios de casilla a los electores el próximo domingo, para que con ellos marquen las boletas electorales. Quienes han subido las imágenes a la red, dicen que al ser lápices con los que se marcarán las papeletas, esto será fácilmente borrable y que por tanto será sencillo que “el IFE” cambie (es decir, borre y corrija) algunos votos, con el objeto de favorecer a algún candidato en específico.

Esas imágenes se reprodujeron rápidamente en la última semana, provocando incluso que desde ayer todos los consejeros electorales y funcionarios del Instituto, salieran a los medios de información a desmentir el rumor y a decir que, en efecto, los marcadores tienen forma de lápiz, pero que de ninguna manera son eso, que tampoco son “borrables” y que las medidas de seguridad establecidas en todos los elementos necesarios para emitir el sufragio son lo suficientemente fuertes como para inhibir la posibilidad de que los votos sean alterados o “corregidos”.

De hecho, en entrevistas radiofónicas, varios funcionarios y consejeros del IFE recalcaron el hecho de que las boletas electorales están elaboradas con un papel imposible —así lo dijeron, “imposible”— de falsificar, y que el material con el que están hechos los lápices electorales es cera, no grafito, y que por esa razón la posibilidad de que la marca dejada por esos lápices en las boletas electorales no podría ser alterable, ya que además el papel de las boletas deja huellas claras de manchas, tachones o borrones. Es decir, que a través de ello reiteraron la seguridad de que los comicios del domingo no tendrán puntos cuestionables como ese, y que los ciudadanos pueden acudir tranquilamente a votar, con la seguridad de que su voto contará y que nadie hará uso indebido de él.

En todo este asunto (que incluso hasta raya en lo ingenuo, para quien lo creyó), lo primero que salta a la vista es que, de haber cambiado crayones por lápices, el IFE estaría cometiendo un error de ingenuidad propio de alguien que nunca ha organizado elecciones, y que además no cuenta con los recursos económicos suficientes como para proveerse de los elementos que le son indispensables para garantizar el cumplimiento de los principios que rigen los procesos electorales.

Esto, sin embargo, podría pasarle a cualquier otro órgano electoral, pero no al IFE. De hecho, el Instituto es un referente mundial por lo avanzado de sus métodos y el perfeccionamiento de los mecanismos para garantizar que las elecciones se realizan conforme lo marca la Constitución, y que nadie puede alterar el resultado ni la voluntad de los ciudadanos.

Y si dudar de eso es grave (porque si hay un especialista reconocido en el mundo en la realización de procesos electorales, ese es el IFE), lo es todavía más que en ese intento de descalificación, seamos los mismos ciudadanos quienes nos descalifiquemos y sembremos dudas sobre lo que nosotros mismos estamos encargados de hacer en cada jornada electoral, como ciudadanos o como funcionarios de casilla.

 

IRRESPONSABILIDAD

¿Por qué es un acto de profunda irresponsabilidad, y hasta de ofensa a la ciudadanía, el creer que “el IFE” puede “borrar y corregir” ciertos votos para quitárselos a un candidato o partido y dárselos a otro? Porque, en esencia, es el IFE quien organiza las elecciones, pero somos los ciudadanos los que las materializamos. Usted, o el autor de este espacio, o quien sea. Es decir, cualquier mexicano.

Quizá algunos lo hayamos olvidado. Pero la esencia de la confiabilidad de las jornadas electorales en México, radica en gran medida en que somos los ciudadanos quienes participamos directamente en ellas. Es decir, somos nosotros —usted, yo— quienes somos susceptibles de recibir la responsabilidad de participar como funcionarios de casilla, con el deber, la responsabilidad, y hasta el privilegio de atender a los ciudadanos que acuden a sufragar, corroborar su identidad ante el padrón electoral, proporcionarles la boleta y recibir su voto, además de vigilar que las elecciones se lleven a cabo conforme deseamos todos los ciudadanos.

Es decir, que no hay manipulación, que los votos se cuenten correctamente, que no haya injerencia de los partidos o de sus representantes, que no haya compra o coacción del voto, y que en la misma casilla no haya personas con intereses ajenos al verdaderamente ciudadano, que pretenda alterar el resultado de la votación para favorecer a algún partido o candidato en específico.

Por si eso fuera poco, existen garantías de que quien cuenta los votos y entrega al IFE informe de ello son los mismos ciudadanos. Las boletas, pues, quedan guardadas en la paquetería electoral cerrada y sellada, y sólo podrían ser reabiertas y recontadas por un mandato del propio IFE o, en su caso, del Tribunal Electoral correspondiente.

Ante todo eso debemos preguntarnos de nuevo: ¿quién es “el IFE”? Somos nosotros los ciudadanos, evidentemente. ¿Y a poco nosotros mismos, los que sí estamos convencidos de la democracia y del valor de cada voto, nos haremos “chanchullo” para favorecer a algún partido o candidato?

 

PROPAGANDISMO

La verdad es que la sola duda ofende. Y ofende también el hecho de que haya ciudadanos incrédulos que aún sigan ateniendo a las llamativas teorías propagandistas (o a los candidatos populistas) que siguen alimentando la sospecha de que, de algún modo, puede ocurrir el fraude electoral, o que “algo” pasará para evitar que se cumpla lo que dicte la mayoría de los ciudadanos. La coacción electoral sólo ocurre en quien se deja. Y suponer que por los lápices ocurra el fraude es una patraña inaceptable que sólo puede ser creíble por quienes no conocen las luchas ciudadana por la legalidad de los comicios.

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