Guelaguetza magisterial: ¿rescate cultural, o qué?

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+ Copia de “Guelaguetza oficial” un error recurrente

 

En 2006, ante el boicot a las representaciones de los Lunes del Cerro en el Auditorio Guelaguetza, y ante el conflicto magisterial que para entonces ya se encontraba en una situación grave, los profesores de la Sección 22 del SNTE se inventaron la decisión de realizar su propia representación de la Guelaguetza. Desde entonces la realizan, cada año, el mismo día en que se lleva a cabo la que ellos denominaron como “Guelaguetza oficial”, y más o menos con la misma dinámica. El problema es que, con el paso el tiempo, la representación magisterial terminó siendo una simple copia de las desviaciones que tiene la Guelaguetza organizada por el gobierno estatal.

En efecto, la Guelaguetza magisterial nació casi como un berrinche. Hace seis años, los profesores de la Sección 22, y de la naciente Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, tasaron a todos los oaxaqueños en dos grandes grupos, a los que simplemente denominaron como “priistas”, por un lado, y “el pueblo”, por el otro.

Los primeros eran todos aquellos que coincidían con las acciones del gobierno en turno —o que simplemente no coincidían con sus razones o prácticas—; y los segundos eran aquellos, “pobres” como se autodenominaban, que sí estaban de acuerdo con sus argumentos y formas de lucha, y que, según ellos, por no tener la capacidad económica suficiente, tenían vedada la Guelaguetza y las tradiciones “oficiales” organizadas por “los priistas” del Gobierno del Estado.

Ésta última fue la razón esencial por la que nació la llamada Guelaguetza popular. Con una acción como esa, los profesores entonces paristas de la Sección 22, reforzaron aquella idea de que ellos eran parte del pueblo, y que estaban a favor de él, y por esa razón movilizaron a sus agremiados en todas las regiones del Estado para que organizaran a sus propias delegaciones regionales. Con eso, y con un financiamiento mínimo (que en los años siguientes fue puesto por el propio gobierno estatal) iniciaron la representación de su propia Guelaguetza en los campos deportivos del Instituto Tecnológico de Oaxaca.

Esto, a pesar de todas las condiciones, tuvo buena aceptación. Desde el primer año, miles de personas han acudido cada año a esa representación, y de algún modo han convalidado aquella decisión de la Sección 22 del SNTE. Ésta última, deliberadamente ha minimizado cada vez más, el hecho de que para su organización sí recibe apoyo económico del gobierno estatal, y que para esos mismos fines también recauda aportaciones supuestamente voluntarias de sus más de 70 mil agremiados (con lo que esto se vuelve un lucrativo negocio para “alguien” a quien no es difícil de identificar dentro del propio Comité Ejecutivo Seccional).

Aunque, en el fondo, lo que más ha minimizado la Sección 22 del SNTE, es el hecho de que únicamente se ha dedicado a hacer una suerte de “fiesta espejo” de la celebración de la fiesta de los Lunes del Cerro, que organiza la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico del Gobierno del Estado, y no lo que todos hubiéramos esperado de aquel gremio que dice estar siempre dispuesto a defender, preservar y rescatar las mejores causas de todos los oaxaqueños.

Es decir, que la Sección 22 ha hecho todo, menos un rescate de la tradición y las costumbres relacionadas con el Lunes del Cerro, y con las expresiones folclóricas y culturales de las distintas regiones de la entidad, y únicamente se ha limitado a copiar en todos sus rasgos las celebraciones que el gobierno celebra, según su retórica, “para los ricos”.

 

GUELAGUETZA COPIADA

La Sección 22 hoy realiza su propio desfile de delegaciones regionales, quema su propio castillo con juegos pirotécnicos, lleva a cabo su propia representación del Lunes del Cerro, y hace todo lo necesario para copiar los pasos de la celebración organizada por el gobierno estatal.

Eso no tuviera nada de malo, si no fuera porque, hoy, la misma representación “oficial” de los Lunes del Cerro está llena de cuestionamientos, mutilaciones, agregados inexplicables, y sinrazones, de las que nadie puede dar una explicación racional, y que son motivo de preocupación y señalamientos por parte de aquellos que sí conocen las raíces y el significado de las representaciones, y que dicen que ni el Gobierno del Estado ni el llamado “Comité de autenticidad” de la celebración, están a la altura de las necesidades de preservación cultural que requiere la Guelaguetza.

Y es que, en el caso de la Guelaguetza magisterial, es claro que no tendría ningún problema en ser una fiesta mucho más auténtica que la organizada por el gobierno estatal, por el solo hecho de que los profesores de la 22 sí tienen presencia en todos y cada uno de los rincones del Estado, que la mayoría de ellos sí tienen arraigo en las comunidades de donde provienen y, sobre todo, que sí tienen contacto —y en muchos casos hasta cierta ascendencia y respeto— con las personas que verdaderamente conocen las tradiciones de cada región o comunidad, y pueden dar testimonio válido de la veracidad de las representaciones, o de la forma correcta en que éstas deben realizarse para no tergiversar su contenido y significado.

El problema es que esto no parece ser una preocupación de la Sección 22 del SNTE. Pareciera que su único afán radica en solamente demostrar al gobierno y a la sociedad oaxaqueña que ellos sí son capaces de organizar su propia representación de los Lunes del Cerro, y que además sus festividades también tienen convocatoria y arraigo entre las personas. Nadie está peleado, ni pone en duda, ese hecho. Pero lo importante debiera ser que, además de ello, ellos buscaran hacer aportaciones culturales importantes, y  no solamente una copia de lo oficial para que las personas de baja capacidad económica puedan tener acceso a ello.

 

LA MISMA COSA

Al final, todos pueden continuar con sus respectivas celebraciones. Pero eso no garantizará que la fiesta de la Guelaguetza pueda preservarse como se espera, o que pueda irse afinando y autenticando como también debiera ser. Sería bueno que los profesores dejaran de lado las frivolidades y se preocuparan por rescatar muchas de las tradiciones y representaciones que hoy se están perdiendo por los afanes comerciales, y el descuido, de quienes organizan los Lunes del Cerro desde el sector oficial. Eso sí honraría verdaderamente a Oaxaca. Pues es un hecho que las copias simples, de fondo, no sirven para nada.

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