Ley electoral: no hay avanzada, sólo repartos

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+ TIEMPO, 11años de vanguardia informativa

 

Con la aprobación del nuevo Código de de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales para el Estado de Oaxaca, se reiteró la práctica de pregonar reformas de avanzada, pero haciendo sólo cambios cosméticos a la norma y consumando los repartos de poder entre facciones y partidos. De nuevo, la gran oportunidad de una reforma integral quedó postergada, porque desde el inicio se apreciaba que esta propuesta tenía más intención de venganza política, que de verdadera democratización de los procesos electorales en la entidad.

En efecto, de nuevo la reforma real se quedó corta frente a las expectativas generadas. Y es que desde hace meses se hablaba de la posibilidad de una gran reforma al sistema electoral oaxaqueño, que tuviera la capacidad de plantear nuevas reglas de funcionamiento del árbitro electoral, de la convivencia y trabajo de los partidos políticos en cuanto a la promoción de la vida democrática, de las reglas en los procesos electorales para hacerlos más equitativos, y de la armonización de los usos y costumbres a las condiciones actuales. Todo eso podía ocurrir. Y sin embargo todo se quedó en un tibio intento. ¿Por qué?

Porque como ha ocurrido en otros procesos de reforma, todo se encuentra finalmente determinado por la práctica política pura, por las conveniencias de quienes hacen y votan las modificaciones legales, e incluso por las afrentas que existen entre ellos. Aunque los diputados de la LXI Legislatura tenían la posibilidad de hacer una gran reforma, todo se quedó en el intento porque éstos, en conjunto, antepusieron sus propias afrentas a la posibilidad de ponerse de acuerdo en los temas sustantivos para sacarlos adelante.

A partir de eso podemos explicarnos que esta pretendida “gran reforma” haya tenido como uno de sus puntos centrales la reorganización del IEEPC; y que la otra parte de la discusión, sobre lo que finalmente no fue incluido en la reforma, tuviera que ver específicamente con el establecimiento de reglas que pudieran beneficiar a las coaliciones electorales (que representan apenas el primer peldaño en el ascenso a las coaliciones de gobierno, que aquí ni las conocemos), en detrimento de un priismo, al que se pretendía terminar de sepultar en los siguientes procesos electorales estatales.

En todo esto, el tema sensible era el IEEPC, aunque no por las razones objetivas que pudieran suponerse. Pues aún cuando en los últimos 16 meses, ha sido muy poco eficaz el trabajo del Consejo General, que encabeza Alberto Alonso Criollo (y que en ese lapso, Alonso fue incapaz de construir un acuerdo que permitiera tener una Junta General Ejecutiva verdaderamente profesional y operante), lo cierto es que lo que a los diputados les interesa son otras cosas. En realidad, todos buscan saldar sus propias cuentas derivadas de la forma en cómo se integró ese Consejo General, en abril del año pasado.

Y es que, si bien se recuerda, en el acuerdo legislativo por el que Alonso resultó consejero Presidente del IEEPC, la fracción parlamentaria del PRI calculó mal sus posibilidades y se quedó fuera del reparto. Meses después, vino la integración de la Junta General Ejecutiva (que, se supone, es el órgano técnico del IEEPC, que debiera estar integrado no por “ciudadanos”, sino por profesionales de los asuntos electorales que pudieran enfrentar y desahogar los temas del Instituto) y con ello otra oportunidad perdida.

De nuevo, los partidos integrantes de la coalición se repartieron las Direcciones, acotaron el margen de Alonso Criollo a casi nada, y trataron de hacer que el Instituto funcionara correctamente casi por decreto. Ante ese panorama, los tumbos electorales que ha dado el Estado son perfectamente explicables.

Pero al final, con esta nueva reforma el PRI y las fuerzas coaligadas no hicieron sino construir el acuerdo sobre un nuevo reparto, sin entrar verdaderamente en el fondo de las necesidades democráticas que tiene la ley y la vida pública de Oaxaca.

 

OPORTUNIDAD PERDIDA ­

El pasado jueves, en declaraciones a TIEMPO, el diputado perredista Francisco Martínez Neri reconocía, respecto a la reforma electoral, que “faltó dureza, faltó carácter; no hay puntos trascendentes en la Reforma Electoral (…) En lo personal, no estamos tan a gusto con lo que se manejó, me hubiera gustado que hubiese recorte presupuestal, mayor equidad en el reparto del dinero y la gobernabilidad se hubiera planteado en otras circunstancias (…) se cumple lo dicho de que las cosas están al alcance de quienes las hacen y las reformas están ahí; lamento que el beneficiario sea el PRI, cuando había la manera de que los diputados de la coalición actuarán de distinta manera (…)En la coalición no hemos entendido que teniendo el poder hay que ejercerlo, y quien tiene el poder lo ejerce, impone condiciones como han actuado, pero a nosotros nos faltó”. ¿Qué trataba de decir el Diputado?

En términos llanos, lo que hizo Neri fue reconocer que la intención inicial de esta reforma era acotar los alcances del priismo en los procesos electorales, y que fracasaron. ¿Por qué fue así? Porque, por afanes políticos bien definidos, desde el inicio se quiso que esta reforma fuera votada favorablemente por todos los partidos. Pero el PRI nunca estuvo de acuerdo en que se reformaran ciertos términos de la ley relacionados con las coaliciones parciales, con las nuevas formas de fiscalización, y con temas como la paridad hombre/mujer de candidatos.

Esta reforma tenía intención de terminar de imponer las condiciones no de la vida democrática, sino del desmantelamiento de cualquier tipo de hegemonía priista, para imponer una nueva preponderancia ahora en favor de coaliciones como la que ahora gobierna y mantiene el control del Congreso.

Por esta arista dicen que la reforma fracasó. Pero fue así porque aún cuando eso se hubiera concretado, de todos modos no se tocaron otros puntos que sí eran esenciales para la democracia oaxaqueña. Ahí lo que arreglaron los partidos fueron sus repartos. La democracia puede seguir esperando.

 

FELICES 11 AÑOS

Desde este espacio enviamos un caluroso abrazo de felicitación a todos nuestros compañeros, que con esfuerzo conjunto hacen posible la edición diaria de TIEMPO. Hoy se cumplen sus primeros 11 años de vida. Felicitamos a nuestro director, Wenceslao Añorve Martínez, y a todos los que con tesón y talento han forjado esta historia de éxitos continuos dentro del periodismo oaxaqueño. ¡Enhorabuena!

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