Al gobierno federal no le importan los oaxaqueños

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Programas federales, detenidos quién sabe por qué

 

Han pasado casi nueve meses desde que inició la nueva administración del gobierno federal, y ya comienza a provocar alarma que Oaxaca sea la entidad federativa que presenta mayor rezago en todo el país, en el nombramiento de delegados y en la reactivación de los programas federales. En varios momentos hubo razones que justificaban el aplazamiento de dicha decisión. Pero hoy ya no queda claro si las pugnas al interior del priismo han sido más fuertes que la atención federal, o si existe una especie de pacto tácito para mantener estática la presencia federal en Oaxaca. E incluso puede ser que al gobierno federal únicamente no le interese nada relacionado con la entidad.

En efecto, aunque en la mayoría de las entidades de la República el nombramiento de delegados federales ha girado alrededor de varios factores, hoy puede verse que Oaxaca no es prioridad para el gobierno federal, y que a su vez el gobierno de la entidad parece no tener prisa en que se reintegren las delegaciones federales. Mientras en entidades como el Estado de México o Hidalgo (de donde provienen el Presidente y el Secretario de Gobernación) la reintegración de las delegaciones se dio en los primeros meses del año, Oaxaca sigue estando por completo olvidada de la atención federal. Hay razones para afirmarlo.

El primer y más poderoso argumento que sostiene la grave desatención a la entidad, radica en que hasta ahora el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto ha mostrado nulo interés por la entidad, salvo en temas que son prioritarios como la atención de ciertos aspectos relacionados con la gobernabilidad, y la búsqueda de consensos con el grupo gobernante local para el tránsito de las reformas que ha venido realizando el gobierno federal a lo largo del presente año. Fuera de eso, ni el Presidente ni el Secretario de Gobernación, y en realidad muy pocos funcionarios de primer orden del gobierno federal, se han apersonado en Oaxaca para cumplir —como se supone que debe hacer el gobierno federal con todas las entidades que integran la Federación— con la formalidad política del refrendo del Pacto Federal.

El segundo asunto es tanto o más grave. Pues hoy la desatención federal ha provocado una especie de letargo en los programas que ejecuta y en los servicios que el gobierno federal otorga directamente a la ciudadanía en la entidad. En ese sentido, el hecho de que la gran mayoría de las delegaciones federales continúe acéfala ha provocado, en el aspecto más sensible, que muchos de los programas federales presenten hoy retrasos, subejercicios o deficiencias de funcionamiento que al final del día terminarán impactando negativamente en las propias estadísticas y resultados del gobierno federal (si es que los reconoce), pero que sobre todo terminarán reflejándose de forma perjudicial en los beneficios que directamente recibe la ciudadanía.

En este sentido, lo menos importante parece ser el hecho de que las cúpulas priistas en la entidad (no más de tres o cuatro personas) no se pongan de acuerdo en el contenido de la lista de nombres que se encuentran propuestos para ocupar dichos cargos en la entidad. En el fondo, lo más grave de todo esto se encuentra en el hecho de que la entidad se está quedando sin las herramientas indispensables para combatir diversos problemas sociales, que son la razón de la existencia de los programas y las inversiones que realiza el gobierno de la República.

 

PROMOVER LA PARÁLISIS

Todo esto se dimensiona cuando vemos, en temas concretos, todo lo que está en juego, y en riesgo, ante la desatención federal a sus propias dependencias y a los programas que aquí se ejecutan: en primer término, el gobierno federal tiene como eje de todos sus esfuerzos en materia social el programa llamado Cruzada Nacional contra el Hambre, que está destinado a combatir la carencia alimentaria, y una serie de atrasos de primera prioridad, no en todos los municipios pobres del país, sino sólo en los que presentan mayor índice de rezago social.

En este sentido, Oaxaca aglutina a más de 130 de los 400 municipios que son prioridad de atender en el presente año, ya no sólo por la Secretaría de Desarrollo Social y sus organismos desconcentrados y descentralizados, sino por todo el aparato burocrático federal que, según lo anunció el Presidente de la República, aglutinaría todos los esfuerzos juntos para que fueran juntas todas las dependencias las que se encargaran de hacer un trabajo integral en favor de las personas.

Si vemos todo eso a contraluz de lo que ocurre en Oaxaca nos daremos cuenta de la gravedad del problema: ¿Cómo está operando ese conjunto de esfuerzos en una entidad, en la que ni la Sedesol, ni sus programas más importantes, ni otras delegaciones de dependencias federales, tienen representantes en la entidad? Pues más allá de lo que se diga en el ámbito federal para justificarse, lo cierto es que aquí sólo están ocurriendo dos cosas:

O las dependencias están a la deriva, únicamente en manos de encargados que están dedicados a sólo ver el trabajo administrativo ordinario sin involucrarse (lo mismo porque no quieren que porque no los dejan) en temas relevantes que implican responsabilidad y manejo de recursos; o, como saben que tienen un pie afuera del gobierno federal, están aprovechando para hacer los negocios que tuvieron limitados en años anteriores y asegurarse —al menos económicamente— para los años que vienen, en los que ya no detentarán los cargos que —así sea de forma temporal— hoy tienen.

Al final, lo que parece estar atorado en medio de todo esto, es el procesamiento de una decisión compleja que, por eso mismo, el gobierno federal no tiene tiempo —ni interés ni prisa— por tomar. Hay cosas, quizá, más importantes que abrir el consenso entre los “notables” oaxaqueños. Mientras, están administrando lo que se puede, quizá porque eso tiene un costo menor que los enredos que tendrían que deshacerse para llegar a una decisión concreta.

 

PRIORIDADES

¿Tanto urge que los afines de uno u otro grupo tengan chamba en las delegaciones federales de la entidad? ¿De verdad los programas federales caminan solos? ¿Qué no vale atender las las necesidades de la gente? ¿Así cómo podrá refrendar el partido en el gobierno federal, que también le importa la gente que votó a favor de ellos en Oaxaca? Incluso, ¿después de esta demora injustificada, cómo sostener que las delegaciones sí siguen siendo importantes? Van 9 meses y el tiempo sigue corriendo…

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