Desastre: que “sociedad y gobierno” no sean sólo una pose

+ Estos son momentos para despertar como sociedad

El terremoto ocurrido en la Ciudad de México hace exactamente 28 años, no sólo cimbró a la sociedad por la magnitud del desastre o por el altísimo número de pérdidas humanas y materiales, sino también porque —en el ámbito de la vida pública— corroboraron que el gobierno era mucho más débil, lejano y soberbio de lo que todos suponían. Hoy, México atraviesa por una contingencia que si bien no es ni cercana en costo de vidas humanas, sí está considerado como el peor desastre de las últimas décadas. ¿Servirá esto para que volvamos a “despertar” como sociedad?
En efecto, se dice que el régimen de partido hegemónico tuvo sus primeras —pero irremediables— fracturas (que lo llevarían a perder definitivamente el control político del Distrito Federal, y luego la Presidencia en el año 2000) el 19 de septiembre de 1985, cuando el gobierno del presidente Miguel de la Madrid Hurtado no fue capaz de responder a la crisis derivada del terremoto.
Ese día, ante el desastre, el gobierno priista del presidente De la Madrid no fue capaz de coordinar el apoyo a los damnificados. Tampoco tuvo capacidad para articular las tareas de rescate de las personas que habían quedado atrapadas entre las edificaciones derrumbadas. Rechazó la ayuda que ofreció la comunidad internacional. Y, desde el primer momento, fue rebasado por la sociedad que, organizada de forma espontánea pero contundente, tomó las riendas de la situación y fue quien finalmente se tendió la mano entre sí y tomó conciencia de que podía hacer mucho más que sólo sentarse a esperar a un gobierno que, según vieron, no llegaría en su rescate.
Ese fue uno de los elementos determinantes que dieron pie al desmantelamiento paulatino del llamado régimen de partido hegemónico que fue el PRI hasta 1997. En los comicios presidenciales de 1988 el Distrito Federal, y el centro de la República, le cobró fuerte la factura al presidente de la Madrid, y al PRI (y por eso casi pierde Carlos Salinas de Gortari como abanderado presidencial del PRI frente a Cuauhtémoc Cárdenas, postulado por los partidos integrantes del Frente Democrático Nacional), no sólo por la larguísima ola de crisis económicas y devaluaciones de la moneda que habían ocurrido en la última década, sino también por el descuido y el olvido oficial de sus deberes frente a la ciudadanía, los cuales habían quedado claramente constatados en momentos como el terremoto de 1985.
En buena medida, el surgimiento de una oposición partidista fuerte surgió del desencanto ciudadano por seguir siendo clientela de un partido, y un régimen que no tenía capacidad de responderle en los momentos de crisis. De ahí se entiende que si el primer “despertar” se dio en 1968, y el segundo en la década de los ochentas, hoy en día —ante una crisis de magnitudes comparables— la sociedad debería nuevamente retomar su papel de preponderancia ya no para hacer ganar o perder a un partido y premiarlo o castigarlo con el poder, sino más bien para exigir condiciones distintas de atención a la ciudadanía, y para obligarlo a ser un poder menos basado en los intereses cupulares y más cercano a lo que necesita la gente.

GOBERNAR CON TODOS
¿Qué podríamos esperar del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto en una condición como la actual, y ante una emergencia como la que vive gran parte del territorio nacional en estos momentos? Seguramente, debíamos esperar, y exigir, que el Presidente y su partido (el Revolucionario Institucional) dejen de creer que todo México es el Pacto por México o los radicales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Uno es un pacto partidista que representa de forma muy relativa al interés nacional, y el segundo es una minoría que protesta no por el respeto a un derecho, sino por el inminente fin de sus privilegios.
Lo que el gobierno federal debía asumir en estos momentos —y los ciudadanos exigírselo— es que México es la gente que necesita atención, la gente que está clamando por la atención y las respuestas federales que están llegando a cuentagotas frente a una crisis de gran escala. La ciudadanía está exigiendo que el gobierno no se olvide que se gobierna con todos y no sólo con el PAN y el PRD, y que asuma que son tan legítimas las demandas de la gente que se encuentra aislada, varada, o sin posibilidad de acceso a satisfactores básicos como comida, agua o atención médica, que las de los trabajadores que ruidosamente protestan en la capital de la República. El ciudadano, pues, exige —o debería estarlo haciendo— que el Presidente se acuerde que México es todo, y que no todo se reduce a las victorias y derrotas políticas que suma su gobierno en estos primeros meses de gestión.
El caso de Oaxaca es similar. Es difícil de creer que ante un momento de tal crisis, en la que decenas de miles necesitan de la atención urgente, de todos, el gobierno deba distraer su atención en un conflicto político con el magisterio que, según podemos ver, tiene una perspectiva estéril casi de principio a fin. Mientras eso pasa, y los profesores democráticos obligan al gobernador Gabino Cué a sentarse a mesas de negociación predestinadas al fracaso, miles de oaxaqueños esperan que llegue su Mandatario, al que ellos eligieron, a darles una respuesta y a solidarizarse personalmente (como lo demandan los principios básicos de la democracia) con ellos que posiblemente lo perdieron todo.
Por eso este debía ser un momento propicio para despertar y no para tirarnos al desánimo como ciudadanía. Lo peor que puede ocurrir es que a todos nos gane la indolencia y tomemos como algo natural el ensanchamiento de la brecha que ya existe entre el pueblo y el gobierno. Sí, se trata de organizarnos e ir a hacer la parte que no puede o no ha querido hacer el gobierno. Pero también se trata de exigirle una visión más incluyente, más cercana a la gente y más demostrativa de que se gobierna para todos, y que no sólo se hace con quienes presionan o con quienes conviene.

AYUDA A LA COSTA
Damas rotarias encabezadas por por la empresaria Martha Alicia Escamilla y la profesora Laura García Gómez (ambas ex presidentas del Club Rotario Guelaguetza) se organizaron desde el fin de semana y, con la heroica ayuda de un puñado de personas, hasta ayer habían juntado tres toneladas de víveres para los damnificados de la Costa y la Sierra Sur. Ojalá haya más ciudadanos organizados para esas tareas, y ojalá que los tres ámbitos de gobierno den la ayuda necesaria para garantizar que esa comida llegue a quienes la necesitan.