Educación: la Federación da el primer zarpazo

+ Examen docente, razón de la virulencia de S-22

 

El lunes Oaxaca vivió un día de locos, aparentemente por el radicalismo de una facción de la Sección 22 del SNTE que, en contra de los acuerdos alcanzados por su Asamblea Estatal, decidió ir a tratar de boicotear la Octava del Lunes del Cerro, en el Auditorio Guelaguetza. ¿Esta fue una acción fortuita de un grupo que simplemente desatendió las disposiciones magisteriales? No. En realidad, ese grupo de radicales apenas si alcanzó a reaccionar, sin ningún efecto, frente a la primera acción concreta que aplica la SEP en Oaxaca en el marco de la reforma educativa.

En efecto, ayer el periódico Reforma de la Ciudad de México informaba que a Secretaría de Educación Pública había “roto” el bloqueo que la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación mantenía a sobre el examen docente en Oaxaca y Michoacán. “La dependencia —abundaba la información— logró que ayer [justo el lunes] 176 aspirantes a maestros aplicaran los exámenes de ingreso al Servicio Profesional Docente (SPD), sin embargo no logró que cientos más se quedaran en sus estados por intervención de la CNTE. En total secrecía, la SEP armó un operativo y envió a Michoacán y Oaxaca camiones para que casi 5 mil aspirantes pudieran presentar su examen en la Ciudad de México”.

Según la nota, la CNTE impidió que los camiones con los egresados de las escuelas normales salieran de sus estados. “Sólo pudieron salir quienes estaban registrados de otras universidades. De Michoacán llegaron 55 y de Oaxaca 121 aspirantes, quienes presentaron los exámenes de ingreso”. ¿Qué significa todo esto? En concreto, que el gobierno federal está comenzando no sólo a aplicar las nuevas disposiciones legales en materia educativa, sino también a echar a andar el proceso de desmantelamiento del corporativismo sindical del magisterio, que tiene como base la alimentación continua —en los normalistas— de nuevos agremiados.

Este es un punto toral para la Sección 22, que aún en el marco de su intolerancia conocida puede tolerar muchas cosas, menos que de fondo le corten la alimentación de sus bases. Históricamente, los normalistas han sido parte esencial del gremio, al ser siempre integrantes de sus bases más radicales y de sus grupos de choque.

Desde hace años y hasta ahora, la Sección 22 encontró una oscura relación de “ganar-ganar” con los normalistas, que desde que el sindicato magisterial tiene el control de la mayoría de los procesos administrativos de la educación en la entidad, es quien por un lado ha ocupado la presencia y radicalidad de los normalistas para llevar a cabo la gran mayoría de sus acciones políticas y de presión a la ciudadanía; y por el otro, que en aras de agradar al sindicato al que consideran que le deben el trabajo, los normalistas se han ofrecido a ser la parte más frontal de la lucha magisterial, llevando a cabo todas las acciones que los propios profesores de base se rehúsan a hacer por considerarlas riesgosas, violentas o radicales.

Así, unos han buscado agradar al sindicato para después ser parte de sus beneficios; y el sindicato ha sabido siempre que el normalismo es —era hasta ahora— la base inagotable de militantes nuevos e incondicionales, que estaban dispuestos a hacer todo con tal de demostrar que son dignos representantes de la democracia sindical.

 

EL ZARPAZO

La decisión de la SEP de llevar a cabo el proceso de evaluación tiene por lo menos tres efectos: el primero, demostrar que aún en el radicalizado marco de oposición de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el gobierno federal tuvo capacidad de aplicar un examen; el segundo, enviar el mensaje devastador de que por responsabilidad de la propia CNTE el gobierno federal ni siquiera pudo considerar a los estudiantes de las escuelas normales como prospectos para obtener una plaza de maestro, dejando el espacio a egresados de instituciones no controladas por el sindicato magisterial; y tercero, demostrar que de todos modos ninguna de sus protestas tuvo efecto alguno más que en sus propios agremiados.

Al final, todo queda en la propia cancha de los profesores democráticos. Pues aún frente a toda la presión que han aplicado al Gobierno del Estado para tratar de someterlo, el Gobernador del Estado reiteró el mismo lunes que uno de los temas que no estaban sujetos a negociación es el de la asignación de más de novecientas plazas de maestro que exige la Sección 22 para los normalistas.

Luego, aún en el marco de las protestas realizadas en Oaxaca por el magisterio (y esto hay que subrayarlo), de todos modos la SEP llevó a cabo su examen sin problemas en la Ciudad de México. Y aunque el lunes los profesores intentaron boicotear la Guelaguetza, de nuevo parecieron llevar a cabo esa acción únicamente para que quedara constancia de su enojo y oposición a la decisión ejecutada en la Ciudad de México, pero no para verdaderamente tratar de impedir o de incidir en la decisión tomada por la SEP.

En el fondo, también queda en entredicho la capacidad operativa y de movilización del magisterio, de la que tanto han alertado hasta sus propias bases. Si otra hubiera sido la situación y los tiempos, la Sección 22 habría dispuesto trasladarse en pleno a la Ciudad de México para tratar de boicotear las decisiones de la SEP e impedir el examen aplicado a los aspirantes. No lo hicieron. Y no fue así porque por un lado su protesta parece más bien testimonial, pero también porque parecen no tener una capacidad suficiente de movilización como para tratar de lograr un traslado masivo a la capital del país para una protesta como las de otros tiempos.

Por todo ello, aunque no es justificable, sí es “comprensible” que un contingente de profesores intentara boicotear fallidamente la fiesta de los Lunes del Cerro. Lo hicieron porque no hubo forma de parar el examen, que los afecta porque comienza el proceso de minar sus bases de apoyo. Pero también porque están en un estado de desmovilización e incapacidad que hoy debería alarmarlos más a ellos, que a nosotros como ciudadanos afectados.

 

MÁS BLOQUEOS

Alguien debe parar la anarquía y violencia de los transportistas: hace unos meses ya hubo un muerto y camiones quemados. Varias veces han ocurrido enfrentamientos a balazos. Ayer de nuevo la ciudad fue un caos gracias a ellos. ¿Qué necesita la autoridad para poner un remedio de fondo? ¿Más muertos? ¿Más violencia? ¿Que terminen incendiando Oaxaca? Es lo único que podría faltarnos.