Pactando con CNTE, EPN confirma su debilidad

+ El mal ejemplo ahora será la constante de grupos

El arreglo al que llegó —en nombre del gobierno federal— el subsecretario de Gobernación Luis Miranda, con la Sección 22 del SNTE, no sólo implica la claudicación federal respecto a la reforma educativa, sino que constituye una pauta ominosa para que a partir de ahora todos los grupos de presión busquen satisfacer sus intereses por la vía de la movilización, el chantaje y los perjuicios a la sociedad. En esta puja —que perdió el gobierno federal— no tendrán que entregar los salarios, prestaciones y prebendas al magisterio, sino que también entregaron la potestad soberana y el Estado de Derecho a los poderes fácticos.
En efecto, anteayer el gobierno federal informó que la Secretaría de Gobernación había llegado a un arreglo con los profesores de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, que a su vez son cabeza de playa de la CNTE. Éste grupo de presión —que tiene presencia en varias entidades del sureste del país— fue el principal opositor de la reforma educativa, que desde el inicio se propuso su abrogación. Con el arreglo conseguido no lograron la abrogación como término jurídico y constitucional, pero sí lo consiguieron en la vía de los hechos. ¿Por qué?
Porque como lo apuntábamos en nuestra entrega de ayer jueves, la Sección 22 y Gobernación acordaron “normalizar” los pagos atrasados a los más de tres mil profesores afectados por la transferencia de la nómina educativa entre el gobierno estatal y el federal, así como que los integrantes de la 22 cobren de la manera tradicional a través de un comprobante de pago, con talón de cheques y por medio de la nómina de la CNTE.
Otro de los puntos —fundamental en este acuerdo, y que explica en gran medida la derrota y rendición total del gobierno federal ante la Sección 22 y la Coordinadora— es que Gobernación reconoció plenamente la nómina del IEEPO, que aglutina a 81 mil 300 integrantes, lo que contrasta con el censo de docentes que tiene la SEP en Oaxaca, con un total de 67 mil 408 docentes.
La aceptación del gobierno federal de esta parte del acuerdo es importante porque representa el reconocimiento de 13 mil 800 trabajadores de la educación que no existían en el recuento de la SEP, y por tanto implica el otorgamiento fáctico de ese mismo número de plazas al margen de cualquier evaluación, concurso, oposición o demás, que era una de las finalidades de la reforma educativa.
Incluso, un punto más que revela que la intención del gobierno federal por implementar correctamente la reforma educativa no fue sino una mera bravuconada, es el referente a que a pesar de lo que ahora dice la Constitución y la legislación federal en la materia, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Hacienda seguirán pagando los salarios a los maestros paristas y a todos aquellos que falten a clases, mientras no haya una solicitud de los gobiernos de los estados para que esas dependencias procedan a hacer descuentos.
Con la suma de todo esto, no debe ya quedar ninguna duda de que el gobierno federal ya liquidó su reforma laboral, al menos con los estados de la República en los que la CNTE tiene una presencia determinante. Y si tomamos en consideración que una parte de la reforma tenía como destino el desmantelamiento del poder corporativo de Elba Esther Gordillo —a quien metieron en la cárcel incluso antes de que esa norma se consolidara— como dirigente magisterial; pero que el otro extremo de la reforma iba encaminado a tratar de controlar a la Coordinadora, que ejerce un poder verdaderamente hegemónico no sólo en el manejo educativo, sino que también tiene en sus manos la gobernabilidad y la estabilidad política de las entidades federativas en las que tiene sometidos a los gobiernos locales.

LA GOBERNABILIDAD, EN VILO
Antes el gobierno federal había pactado con el Sindicato Mexicano de Electricistas el fin de sus protestas. Ellos, como bien debemos recordar, comenzaron sus jornadas de lucha cuando el gobierno del presidente Felipe Calderón decretó la desaparición de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, en octubre de 2009.
Desde entonces, el SME había realizado todo tipo de jornadas de protesta, pero sorpresivamente el año pasado Martín Esparza, último secretario General de ese organismo, anunció que habían llegado a un acuerdo con el gobierno federal, que la base del acuerdo era la recontratación de todos los trabajadores que se habían negado a su liquidación, y que daban por terminadas sus protestas.
Vista en perspectiva, es exactamente la misma ruta que siguió el gobierno federal con la Coordinadora para tratar de desactivar sus protestas, con el añadido de que la CNTE es un organismo de carácter nacional —mientras el SME tenía base social real sólo en el Distrito Federal y algunas zonas del Estado de México—; que a diferencia del SME, la CNTE es un organismo vivo; y sobre todo, que hay una distancia enorme entre las formas y estrategias de lucha del SME y la CNTE, y que ésta última ha demostrado reiteradamente que sus conquistas son tomadas no como triunfos, sino como “deudas” del Estado parcialmente cumplidas con ellos, que ameritan continuar luchando para conseguir más.
Por todo eso no es un buen ejemplo el que dio el gobierno federal en el arreglo anunciado con la CNTE. No, porque es la pauta clarísima para que todos los demás poderes fácticos —Telmex, Televisa, Telcel, los partidos políticos, etcétera— a los que el gobierno del presidente Peña Nieto anunció que acotaría con sus reformas estructurales, para que en el momento en que lo deseen organicen una turba y con ello sea suficiente para detener los efectos de las modificaciones constitucionales, únicamente para que ellos continúen gozando del estado de cosas a favor que habían tenido históricamente, y que según se terminaría con estas reformas.

LA DICTABLANDA
Incluso, esto tampoco parece una de esas modificaciones graduales que son tan características del sistema político mexicano. Una cosa es una implementación paulatina y otra cosa dar marcha atrás, como en este caso lo está haciendo el gobierno federal frente al poder de la CNTE. Por eso, queda claro que si hoy deciden irse los maestros del plantón en el zócalo, y concluir sus manifestaciones, será únicamente de manera momentánea. Ya los veremos regresando en mayo a sus movilizaciones anuales, y en los próximos meses estallando paros y plantones por las más variadas causas. Con esos antecedentes, sólo será cuestión de tiempo.