EPN apuesta a la pudrici贸n del movimiento popular

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Gobierno evade y espera que la soluci贸n llegue sola

Una pregunta que sigue latente en el panorama local y nacional, es qu茅 rumbo lleva el movimiento popular que, se supone, encabeza 鈥攜 debiera encauzar鈥 la inconformidad nacional. A diferencia del pasado, la apuesta del gobierno federal es 煤nicamente la de apostar a que la crisis se diluya por el solo paso del tiempo, y que al final sea la din谩mica y los problemas cotidianos los que permitan 鈥渟uperar鈥 la crisis de los desaparecidos. Esta es una apuesta tibia frente a un pa铆s en el que s贸lo el gobierno no entiende que Ayotzinapa no fue la causa de fondo, sino el detonante de un conjunto de situaciones que ya estaban ah铆.
En efecto, en los 煤ltimos meses hemos visto c贸mo el gobierno federal comienza a claudicar en todas sus posiciones pol铆ticas. El Pacto por M茅xico, por ejemplo, fue ideado como un instrumento pol铆tico que le diera cauce a las reformas. Era, en esencia, un pacto entre partidos para hacer funcionar al Poder Legislativo en ciertos temas. Y una vez que el acuerdo fue firme, entonces se le dot贸 de contenido pol铆tico, intelectual y hasta ideol贸gico. El producto del Pacto fueron las reformas educativa, pol铆tica, de telecomunicaciones, fiscal, energ茅tica y de transparencia. Todo eso sali贸 a pedir de boca. Sin embargo, esa misma situaci贸n habr铆a que verla hoy a la luz de la crisis.
El resultado de esa visi贸n nos llevar铆a irremediablemente a corroborar que el gobierno hizo muy bien su trabajo en esa primera parte de las reformas, pero que lo est谩 haciendo mal en el proceso de la implementaci贸n. La muestra de ese fracaso es la puesta en marcha de las nuevas reglas en materia de educaci贸n. El gobierno federal anunci贸 que se acabar铆an todos los vicios y cuestionamientos sobre el manejo administrativo de la educaci贸n. Pero a la vuelta de un a帽o (y teniendo como marco la crisis de los desaparecidos, su p茅rdida de legitimidad, y la intensificaci贸n de las movilizaciones magisteriales) termin贸 pactando con sus adversarios para inaplicar la reforma en varios estados de la rep煤blica.
驴Qu茅 significa esto? En t茅rminos sencillos, es la claudicaci贸n de la reforma educativa, pero en medio de un escenario que es mucho m谩s complejo. El gobierno federal, en realidad, intent贸 quitarse de en medio a uno de los principales protagonistas de las protestas por los desaparecidos en Iguala. El problema es que el costo que pagar谩 el gobierno por equivocarse de grupo y de soluci贸n, ser谩 particularmente alto no s贸lo para ellos sino para el pa铆s.
Las razones est谩n a la vista: pactar con la CNTE la inaplicaci贸n de la reforma educativa no resuelve las demandas del magisterio disidente del sureste del pa铆s; del mismo modo, ese pacto no va a generar desmovilizaci贸n porque las causas de los maestros de la CNTE y la de los desaparecidos formalmente no son las mismas; este fue un pacto a favor de la nada porque pactar con la CNTE no significa que 茅sta se convierta en aliada del gobierno federal, o que vaya a generar un ambiente de concordia entre el gobierno y los grupos que protestan en su contra.
A lo mucho, lo que va a pasar es que habr谩 un periodo relativamente corto de paz, y que despu茅s todo regresar谩 a la misma situaci贸n de siempre: un magisterio pujante, eternamente inconforme, exigente de respuestas y soluciones que el gobierno no le podr谩 dar, y dispuesto a continuar eternamente en la movilizaci贸n como forma de presi贸n 鈥攜 de evasi贸n鈥 para no cumplir con las responsabilidades para las que fueron contratados.

LA CRISIS DE FONDO
El gobierno federal no conseguir谩 nada pactando con la CNTE, porque la Coordinadora no es representativa de un sector amplio de la poblaci贸n, sino que junto con sus causas leg铆timas tienen tambi茅n muchos intereses econ贸micos, pol铆ticos y gremiales que los hacen ser frontales en sus m茅todos de lucha. Son, en buena medida, oportunistas que est谩n aprovechando una crisis que tiene mucho m谩s de fondo. 驴Cu谩l es?
La crisis de fondo no tiene que ver s贸lo con los desaparecidos. De hecho, Ayotzinapa no constituye el fondo de la inconformidad nacional, sino m谩s bien fue el detonante de una inconformidad que no solamente incluye el rechazo a los excesos de la fuerza p煤blica o a su responsabilidad por la violencia en el pa铆s, sino que tambi茅n pasa por el prolongado periodo de crisis econ贸mica que ha padecido la poblaci贸n, aderezado por la pobreza y marginaci贸n crecientes, y las pocas expectativas de que algo distinto ocurra en los pr贸ximos meses, o a帽os, para aliviar esa situaci贸n.
El problema es que la inconformidad corre en dos bandas que parecen ser paralelas y distantes, pero que f谩cilmente pueden confundirse. En una de las bandas est谩 la inconformidad liderada por la CNTE y otras organizaciones, que envueltos en la bandera de los desaparecidos y la violencia en el pa铆s, est谩n yendo a negociar con Gobernaci贸n la satisfacci贸n de sus propias demandas. El ejemplo perfecto de ello es la Coordinadora, que ya fue a pactar sus necesidades a cambio de desmovilizarse, como si ellos aglutinaran a la conciencia nacional o fueran representantes genuinos del movimiento popular.
En la otra banda se encuentra la gente, que est谩 leg铆timamente indignada, y que exige cambios. A ra铆z de los desaparecidos ha habido todo tipo de manifestaciones de rechazo a la violencia, y de exigencia de justicia, y la presentaci贸n con vida de los desaparecidos. El problema es que esa gente inconforme se diluye frente a los grupos organizados, e incluso rechaza ser confundida como simpatizante de la Coordinadora o alguno de los otros grupos que est谩n abrazando la protesta para satisfacer sus propios intereses.
Al final, el gobierno se est谩 equivocando porque apuesta a pactar con los primeros, y deso铆r a los segundos. Esto significa que el gobierno federal pactar谩 lo que sea necesario con todos los grupos que le est谩n haciendo presi贸n hoy en d铆a, y resolver谩 sus problemas de corto plazo, aunque en la perspectiva amplia esto constituya la claudicaci贸n en la voluntad de cambio. Lo preocupante es que con esta soluci贸n los problemas seguir谩n ah铆, latentes, y quiz谩 haya que esperar un nuevo detonante para ver si entonces las cosas cambian.

LOS DISTRACTORES
El gobierno federal le apuesta a que la gente olvide. S铆, por eso el Presidente no anunci贸 grandes cambios y tampoco pretende ir a fondo para combatir la corrupci贸n y los excesos institucionales. M谩s bien esperan que las elecciones y los problemas cotidianos diluyan la inconformidad y hagan que la poblaci贸n regrese a donde estaba antes de Ayotzinapa. Se equivocan. Pero esa es su apuesta.

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