Nuevo IEEPO: los empleados de base no tenían por qué ser “notificados”

IEEPO

+ Al aducir incertidumbre, ellos mismos ponen en entredicho su tipo de plaza


Ayer que se reabrieron las instalaciones centrales del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), un grupo de trabajadores pretendió ofrecer un foco más de resistencia al señalar que se encontraban en un estado de incertidumbre “al no haber sido notificados” sobre la reapertura y, según ellos, al no tener las garantías suficientes sobre sus derechos laborales. Con esa posición, inopinada y poco clara, pareciera que la Sección 22 intenta poner a sus propios agremiados en una situación riesgosa.

En efecto, el día de ayer se anunció la apertura de las instalaciones educativas bajo el nuevo régimen que gobernará la educación en la entidad. Desde el martes, directivos del IEEPO y de varias dependencias estatales y federales como la Secretaría de la Contraloría, la de la Función Pública, la Procuraduría Estatal y algunas otras, ingresaron a las oficinas centrales resguardadas desde la semana pasada por la Policía Federal, para certificar el estado físico en que se encontraban archivos e instalaciones, y para iniciar el proceso de entrega-recepción.

Ayer fueron reabiertas las instalaciones, pero un grupo de trabajadores —no todos los que laboran ahí— se negó a ingresar argumentando incertidumbre jurídica y falta de notificación sobre una posible nueva relación laboral. Teniendo al frente al secretario de Organización de la Sección 22, Francisco Villalobos, y a la activista magisterial Carmen López Vásquez, dicho grupo argumentaba que “no hay condiciones para reanudar sus labores, por la presencia de la Policía Federal y Estatal en las afueras de la dependencia”; además, sostenían que no habían sido notificados de la reapertura del IEEPO y que exigían respeto a sus garantías laborales. Bajo ese argumento se opusieron al ingreso de los mil 200 trabajadores a sus centros de trabajo y les pidieron a retirarse del lugar.

Esta situación solamente generó confusión y dividió más a los trabajadores de las tres delegaciones sindicales, lo que provocó que algunos se retiraran del lugar y otros insistieron en ingresar a sus áreas de trabajo, previo pase de lista e identificación correspondiente. Sin embargo, como refieren diversos medios informativos locales, horas después, previa consulta entre los inconformes y sus delegados sindicales, éstos finalmente accedieron a respetar el acuerdo tomado la noche anterior en su asamblea general e iniciaron masivamente su ingreso a su centro de trabajo de manera normal.

De esta manera, las delegaciones sindicales D-III-1, D-III-4 Y D-III-5, ya laboran desde este miércoles de manera normal en sus respectivos centros de trabajo, al igual que en la Dirección general del Instituto, directores, coordinadores, jefaturas de departamento y los demás mandos medios. Ya en las primeras horas de la tarde, se reportaba que salvo algunas resistencias, la gran mayoría de los trabajadores de base del IEEPO había ingresado al centro de trabajo y se encontraba a la espera de que se giraran instrucciones respecto a las funciones que a partir de ahora realizaría o que, en su defecto, continuara desempeñando sus mismas actividades cotidianas.

Evidentemente, con esto queda claro que, una vez más, deliberadamente la Sección 22 intenta manipular una situación para crear la percepción de que hay un problema jurídico y de derechos donde en realidad no lo existe, para abrir un foco de resistencia de índole política.

EMPLEADOS DE BASE

El instituto educativo ha sido enfático en qué trabajadores son a los que se les desconoció el nombramiento respectivo. El IEEPO, se dijo, sólo recuperaría las plazas que deben ser de naturaleza “de confianza”. Esta calidad de empleo de confianza, según la Ley del Servicio Civil para los Empleados del Gobierno del Estado (que no es la que propiamente regiría las relaciones laborales de los empleados magisteriales con el Estado, pero que nos sirve de referencia en las definiciones), la tienen en general todos los que desempeñan funciones de dirección, vigilancia y trabajos personales al servicio de funcionarios y los empleados cuyos sueldos se cubran con cargo a partidas globales del presupuesto de egresos. “Los empleados no incluidos en la enumeración anterior —dice la Ley referida en el párrafo anterior, en su artículo 4—, serán de base y por ello inamovibles. Los de nuevo ingreso serán de base, después de seis meses de servicios sin nota desfavorable…”.

Estas definiciones nos sirven como una referencia bastante cercana para entender el tratamiento que el propio IEEPO intenta darle a los trabajadores, incluso a los que tenían un nombramiento y desempeñaban funciones como empleados de confianza, y que ahora serán devueltos a actividades docentes.

El IEEPO, en términos sencillos, está asumiendo que esos trabajadores son de base y por ello inamovibles respecto a su plaza y salario, pero que deben quedar supeditados a los funcionarios de confianza que se nombren para encabezar las distintas tareas que desempeña el Instituto. Lo paradójico es que son los propios trabajadores quienes, influenciados por la Sección 22, intentan desconocer esa calidad de inamovibles que el Instituto les reconoce, con tal de asumir su nueva realidad laboral.

En el gobierno estatal, por ejemplo, a los empleados de base no se les notifica ningún cambio en la estructura gubernamental; no se consensa con ellos el nombramiento o la destitución de un empleado de confianza; pero en contraparte, no se les puede trastocar la estabilidad que les concede su plaza laboral, a menos que se les llegara a iniciar un procedimiento por responsabilidad administrativa, o alguno similar al haber cometido una falta.

Nada de eso parecen —o quieren— entender los trabajadores del IEEPO, que se resisten a reconocer la nueva realidad del Instituto. Nada los está separando de su función ni de su salario. A menos que ellos decidan poner a prueba el mecanismo de destitución recientemente avalado como constitucional por la Suprema Corte.

CONTRASTES

Los que se ven entre los elementos de las policías Federal y Estatal. Los primeros vienen bien vestidos, armados y pertrechados. Los segundos, con el respeto que merecen, dan lástima. Afuera del IEEPO, los primeros tienen escudos, cascos y equipos antimotín —se nota— de reciente adquisición. Los segundos llevan equipos y pertrechos que por lo menos deben datar del conflicto magisterial de 2006. ¿No que la invisible SSP, y su invisible nuevo Titular, ya había atendido esos rezagos básicos?