Samuel Gurrión, muestra de la demagogia que debe desaparecer

Samuel Gurrión

+ Es un diputado sin producción; sus “logros” son sólo faramalla


Muy pocas veces se ha visto en Oaxaca un despliegue tan amplio de recursos para un evento de tan poca importancia, y protagonizado por un personaje que tiene todo menos un compromiso con su estado. Es lo que ocurre con el diputado federal Samuel Gurrión Matías que ha gastado una suma millonaria de recursos para promover un “informe de resultados” tan insustancial como su producción legislativa.

En efecto, ayer TIEMPO daba cuenta en su primera plana de los evidentes actos anticipados de campaña en los que está incurriendo el Legislador federal al promover su informe de actividades, así como del despliegue millonario de recursos y del sospechoso silencio de la autoridad electoral ante esta abusiva muestra de protagonismo y dispendio de recursos. En las últimas dos semanas los oaxaqueños vimos cómo la capital fue verdaderamente tapizada de anuncios espectaculares y todo tipo de publicidad impresa, además de insistentes mensajes transmitidos a través de diversos medios informativos. Hasta donde se recuerda, nunca un diputado federal oaxaqueño había gastado tanto dinero en promover su imagen.

Esto se explica, por el momento político por el que atraviesa Oaxaca, en la intención clarísima de Samuel Gurrión de posicionarse como uno de los aspirantes a la gubernatura en 2016. Sólo a partir de ese afán es que puede entenderse su disposición a gastar cantidades millonarias de dinero en promoción de su imagen, aprovechando como mero pretexto el final de su gestión como legislador federal. Lo más sorprendente de todo, es que Gurrión se presenta como un “diputado de resultados”, en una Legislatura en la que la diputación federal oaxaqueña que debiera quedar inscrita en la historia de las vergüenzas nacionales.

Pues a pesar de que no tuvo ninguna relevancia como legislador, de que no participó en uno solo de los debates e intercambios importantes ocurridos en la Legislatura, y que más bien fue medianamente conocido en el Congreso federal por su interminable cauda de frivolidades y excentricidades personales y políticas —su “informe” mismo de este fin de semana, es muestra de ello— pero nunca por haber presentado alguna iniciativa trascendente o por haber demostrado cualidades políticas o negociadoras, en una Legislatura en la que lo que sobraron fueron temas para participar y lucirse.

Nada de eso importó a Samuel Gurrión, que decidió invertir su dinero pretextando un informe en el que hasta de obras habló, únicamente para conseguir dos cosas: una percepción de fortaleza política que no sabemos si en algún espacio político se la den por buena; y dos, que la gente viera su nombre hasta en la sopa, a pesar de no tener ningún antecedente político, para que eso le permita aparecer en la encuesta que, según, va a definir la candidatura a Gobernador por el PRI, el próximo año.

Evidentemente, Gurrión no tiene ninguna posibilidad de convertirse en el candidato. Pero está utilizando la conocida estrategia de “posicionarse” en las encuestas, para demostrar que —según— representa algún capital político, y después negociar alguna posición de cara al proceso electoral del próximo año, en el que el PRI no tiene ninguna seguridad aún de recuperar la gubernatura.

Samuel Gurrión debía preguntarse cuántas de las personas que fueron a su informe lo hicieron convencidas de su asistencia, o al margen de alguna dádiva. Evidentemente, lo que hubo de por medio fueron diversos mecanismos de clientelismo político que, como suele ocurrir, al final no son más que un espejismo para quien decide invertir en ellos. Pues hubo caminata, acto multitudinario y hasta una especie de verbena. ¿Eso lo hace tener, en automático, el mismo número de votos del total de personas que asistieron a su evento? Evidentemente no.

Pero en el juego de las percepciones entre políticos, esas muestras de apoyo cuentan mucho. Incluso después de su “informe de resultados” —y de las millonarias cantidades de dinero que gastó—, ¿Samuel Gurrión sería capaz de ser competitivo legítimamente en una elección como la que se avecina, en un escenario como el de la capital en el que no tiene ni el arraigo ni los antecedentes de la región por la que es diputado?

La respuesta es tan incierta como sus resultados como legislador.

DIPUTADOS GESTORES

Es un escándalo que los congresos legislativos en México consideren presupuestos anuales millonarios para satisfacer las demandas de recursos para “gestión” de sus diputados. Y es, o cuando menos debiera ser, un escándalo que en nuestro país la gestión se pague con recursos públicos en los poderes legislativos, porque la función de los legisladores no es la gestionar recursos como dádivas para sus representados; porque, además, la gestión de recursos es en sí mismo un símbolo del fracaso institucional del gobierno; y porque nadie debiera aceptar que la gestión fuera uno de los mecanismo más idóneos para construir el recurrente futurismo político de los legisladores.

Pues resulta muy común afirmar, por ejemplo, que se desea llegar a cualquiera de las cámaras legislativas “para seguir contribuyendo al desarrollo de Oaxaca”. Dicha frase es uno de los mayores engaños demagógicos, de los que todos los mexicanos ya debiéramos estar curados.

Frente a esto, debiéramos preguntarnos. ¿De verdad es una promesa sostenible, esa de “seguir contribuyendo al desarrollo de Oaxaca”? ¿De verdad debíamos tomarla como una propuesta seria? Aunque muchos le dan crédito, en realidad debiéramos desconfiar de quienes dicen eso. Pues la función principal de un legislador es la de participar, con su representación popular, en la creación de leyes que rigen al estado o a toda la nación. Todo eso, lamentablemente, parecen no entenderlo quienes inopinadamente se presentan como “diputados de resultados”.

FRAGUAS, OTRA VEZ

Aseguran que finalmente será Miguel Ángel Carballido Díaz, a quien la bancada priista apoye como “su cuota” para ser consejero del nuevo Instituto de Acceso a la Información. La votación es pasado mañana. Y a estas alturas quedan claras dos cosas: primera, que José Antonio Hernández Fraguas no quita el dedo del renglón en los órganos autónomos locales; y segunda, que este es el resultado del berrinche, y el chantaje, con el que hace unas semanas el ex Munícipe citadino anunció que iba por la gubernatura. Es la misma maniobra que ha utilizado en repetidas ocasiones, y que sorprendentemente sigue dando resultados.