Los cambios en el gabinete son indicador de nada

Enrique Pena Nieto

+ EPN, tan acrítico como autista ha sido su gestión


Ayer el presidente Enrique Peña Nieto anunció una serie de cambios en su gabinete de gobierno. En muchos había la expectativa de ver a quién iba a enfilar el Mandatario rumbo a 2016, y qué sorpresas daba con los cambios anunciados. No hubo nada de eso, porque resulta que todos los cambios fueron enroques y no incorporó a nadie a la palestra política de un gobierno que apunta al desastre. Acaso el único que tendría posibilidades reales de crecer es el recién nombrado secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade. Pero falta ver qué perspectiva tiene —y le pintan— rumbo a los tres años siguientes.

En efecto, los cambios han sido esperados desde hace prácticamente un año, pero este fue el momento escogido de cara al tercer informe de gobierno, y no a las circunstancias. Pareciera que el Presidente decidió hacer estos movimientos, pero no como reacción alguna a las circunstancias del país, sino a su proyecto político. Hoy, sin embargo, la duda está en si su proyecto político concuerda con lo que el país necesita; y si la decisión del gobierno de no reaccionar frente a las vicisitudes y omisiones —Ayotzinapa, la Casa Blanca, la fuga del Chapo, etcétera—, sigue siendo una muestra de fortaleza y no una actitud anodina y arrogante frente a la realidad agobiante que enfrenta el país.

Básicamente, estos son los enroques —que no cambios— que ayer anunció Peña Nieto en varias secretarías de Estado y organismos federales: Claudia Ruiz Massieu, en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en sustitución de José Antonio Meade. José Antonio Meade, en la Sedesol, en sustitución de Rosario Robles. Rosario Robles, secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, en sustitución de Jesús Murrillo Karam. José Calzada Rovirosa, titular de Sagarpa, en sustitución de Enrique Martínez y Martínez.

Rafael Pacchiano Alamán, titular de Semarnat, en sustitución de Juan José Guerra Abud, quien a su vez será el próximo embajador de México en Italia. Enrique de la Madrid, secretario de Turismo, en sustitución de Claudia Ruiz Massieu Salinas. Francisco Guzmán, jefe de la Oficina de la Presidencia, en sustitución de Aurelio Nuño. Renato Sales Heredia, comisionado Nacional de Seguridad, en sustitución de Monte Alejandro Rubido. Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública, en sustitución de Emilio Chuayffet. Y José Reyes Baeza, director del ISSSTE, en sustitución de Luis Antonio Godina Herrera.

¿Qué cambios reales hubo? Ninguno. ¿Cuál de esos enroques responde a necesidades concretas del gobierno federal de cara a los últimos tres años de la gestión? Ninguno. Más bien, lo único que parece es una sacudida al gabinete federal para reorganizar trabajo y para permitir que sus funcionarios se “despejen” y se relajen, para asumir tareas que antes les tenía encomendadas a otros que únicamente fueron movidos a otros asuntos.

Todos los que aparentemente se quedaron sin responsabilidad en las áreas federales, o fue porque su proceso de agotamiento político o personal fue extremo (como el caso de Jesús Murillo Karam o Emilio Chuayfett, respectivamente), o porque les fueron concedidos premios en el servicio exterior mexicano. Tal fue el caso del ahora ex secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan José Guerra Abud, que será nombrado representante diplomático en Italia.

Frente a todo esto, cabe una pregunta: ¿Por qué no hubo cambios en las áreas del gobierno federal donde también éstos eran urgentes? Tres botones de muestra, brutales, son Gerardo Ruiz Esparza, de SCT, Luis Videgaray, de Hacienda, o Miguel Ángel Osorio Chong, de Gobernación.

Al primero lo persigue el antecedente de la licitación del Tren rápido México-Querétaro, que fue cancelado por el propio reconocimiento presidencial de que había irregularidades en el mismo. En una democracia madura, ese solo reconocimiento habría sido motivo moral del cese del titular del área responsable. Y bueno, frente a eso ya ni mencionar todo lo referente a Videgaray y Osorio Chong, a quienes los persiguen temas tan sensibles como el conflicto de interés o la fuga del Chapo Guzmán, respectivamente.

¿UN PERFILADO?

José Antonio Meade Kuribreña es el único de todos los funcionarios recién re-ungido, que no es producto de los afectos del Presidente. Meade va por su cuarta Secretaría de Estado al hilo, en dos administraciones federales distintas, emanadas de dos fuerzas políticas distintas, a pesar de tener un perfil técnico complejo pero un perfil político por demás básico. Meade lleva, sin parar, la Secretaría de Energía, de Hacienda y Crédito Público, de Relaciones Exteriores y ahora de Desarrollo Social. Si el Presidente pensara en un hombre académicamente fuerte y experimentado en las lides políticas, tendría que comenzar a voltear a ver al ex Canciller.

Pues resulta que México necesitaría ahora sí un hombre de Estado, formado en la academia pero templado en la vida pública; con roce con la más alta diplomacia del mundo, y con sensibilidad y conocimiento de la realidad social del país. Si ya tiene todos esos elementos, y el que le faltaba era conocer y palpar el país, ahora la oportunidad se encuentra en su nombramiento en Desarrollo Social.

¿Cuál es el riesgo no para el país, sino para el acendrado grupo priista que gobierna actualmente el país? Que Meade no es priista; es, más bien, un técnico, casi un tecnócrata, que además no es priista, y que ha trabajado lo mismo para un gobierno fundamentalista del PAN (el del presidente Felipe Calderón), que para el actual fundamentalismo priista en el que la llamada “sana distancia” quedó eliminada en aras de tener un partido fuerte, y según un presidente fuerte, de cara a 2018. ¿Meade puede ser una opción sucesoria? Si la hacen pensando en el país, es probable. Pero si lo hacen, como siempre, pensando en sus afectos, entonces no pensemos que eso podría suceder.

SOLIDARIDAD

Qué lamentable que mientras en el Nuevo IEEPO están tratando de sortear el vendaval magisterial, haya cretinos que se dediquen a generarle problemas a la administración y al Director para el que trabajan. Es el caso de un empleado de esa institución que, cargado de petulancia y soberbia, tuvo el atrevimiento de amenazar abiertamente a nuestro compañero Juan Carlos Medrano por cumplir con su labor periodística. Mal haría Moisés Robles si mantiene a ese lastre en esa institución, donde pretenden demostrar que las cosas están cambiando pero empleados como ese, demuestran lo contrario.