¿Con qué cuento buscarán marearnos quienes quieren otra coalición en Oaxaca?

5° informe de gobierno

+ Los partidos deben dejar de apostar, como estrategia, al fracaso del gobernante


Cada que hay un evento importante, como los informes de gobierno, en Oaxaca se convirtió en una costumbre generalizada criticar a la administración estatal en turno, como si el éxito o fracaso de la tarea pública fuera responsabilidad de una sola persona. Los ciudadanos debemos reconsiderar la conveniencia de subirnos inopinadamente a ese barco de la crítica fácil, máxime cuando estamos en vísperas de ser nuevamente arrollados por la efervescencia electoral, en la que las coaliciones volverán a ser un tema que los partidos políticos buscarán vendernos.

En efecto, en lo que va de la administración, ha sido una característica que con cada informe de gobierno haya un aluvión de críticas y reproches de todos los partidos al Gobernador, y nadie asuma que, al menos en el planteamiento político del actual régimen, éste debía ser un gobierno de coalición. Y si se supone que una coalición es un pacto o unión entre personas, grupos sociales o estados para lograr un fin común, entonces las críticas debieran ser más prudentes porque, en el fondo, la responsabilidad del éxito o fracaso del gobierno debiera ser tomado como un asunto compartido entre el gobierno y los partidos políticos.

No es así. Cuando Gabino Cué asumió la gubernatura del Estado estableció que su gobierno sería una cuestión de responsabilidades compartidas con los partidos con los que ganó los comicios de 2010. Los partidos públicamente lo aceptaron, y hasta establecieron una agenda de trabajo de lo que sería un gobierno de coalición. El problema es que rápido se dieron cuenta que la rentabilidad electoral y política de ser un partido de oposición, se convierte en un asunto de pago de costos políticos cuando se es gobierno. Por eso pronto dejaron solo a Gabino Cué, y a pesar de que cada partido ha tenido su parcela intocada durante todo este tiempo en la administración estatal, todos asumen que el Mandatario gobierna solo, y que por eso las vicisitudes de su gestión son únicamente de él.

Este, en buena medida, es un problema que tiene que ver con la falta de un diseño de gobierno de coalición, pero sobre todo es un asunto de responsabilidades. Desde siempre se sabe que en otras democracias, los gobiernos de coalición están enmarcados en programas específicos en los que cada uno de los integrantes de dicho gobierno de coalición asume responsabilidades, a cambio de tener ciertos privilegios políticos a través del ejercicio del poder público.

Incluso, en los sistemas parlamentarios los gobiernos de coalición funcionan en la medida que los partidos que integran esa alianza convalidan la confianza en sus funcionarios, y que al momento de retirar esa confianza —a través de las mociones de censura, o la cancelación de las coaliciones— el gobierno mismo debe replantearse. Pero el problema es que, cuando menos aquí, la censura de los partidos al gobierno de coalición es un chantaje y no un asunto de preocupación, y por eso todos siguen jugando a la farsa de la coalición sólo en la medida que les beneficia, pero nunca para asumir responsabilidades.

RÉGIMEN SIN FORMA

La forma más cercana a los gobiernos de coalición con los que nos han engañado en Oaxaca —e intentan seguirlo haciendo partidos como el PAN, el PRD y otras fuerzas políticas que ya piensan en una nueva alianza para los comicios de 2016—, es el parlamentarismo.

En ese modelo, la integración del gobierno se da a partir de los acuerdos y división de responsabilidades que se hace desde los partidos políticos que integran la coalición en el Poder Legislativo. Por eso, técnicamente, el gobierno sale del Parlamento, y por esa misma razón el gobierno siempre está sujeto al escrutinio y vigilancia de los legisladores, ya que éstos se asumen como depositarios de la responsabilidad de que el gobierno funcione. Una vez que esto deja de ocurrir, es el propio Parlamento quien retira la confianza al gobierno que ellos mismos crearon, y debe haber una reintegración para que el ejercicio del poder público vuelva a ser funcional y benéfico para la sociedad.

¿Qué pasa en Oaxaca? Que aquí se creó un gobierno de coalición pero éste únicamente se parcelizó sin que nadie asumiera el deber de establecer el marco en el que se desarrollarían las tareas del gobierno, sin ubicar el marco de responsabilidades a las que ellos se comprometían a cumplir voluntariamente, y sin establecer los mecanismos para hacer funcional esa coalición a través de medidas políticas de control entre el gobierno y los partidos. Por eso, lo único que se hizo fue establecer ínsulas para cada fuerza política dentro del gobierno estatal; el propio Mandatario tomó sus espacios exclusivos sobre los que no consensa con nadie; y en ese “equilibrio” oprobioso entre partidos y gobernantes se da esta convivencia en la que nadie asume sus responsabilidades porque todos están seguros que el débito frente a la ciudadanía es de otros.

En una democracia más madura, a los partidos que integran una coalición de gobierno debiera darles vergüenza ser tan descarados en la forma de señalar al gobierno que ellos mismos integran. Y es que no se trata de que vean irregularidades y se las callen, sino que las observaran y asumieran su corrección como parte de un gobierno de coalición y no como agentes externos. No rompen la coalición porque no les conviene perder sus privilegios. Pero sí hacen todas las críticas —hasta las destructivas— porque asumen que lo conseguido o no por el gobierno no es responsabilidad de ello.

Al final, los oaxaqueños debiéramos estar muy expectantes porque es inminente que los partidos intenten vendernos una nueva coalición. Como ciudadanos debemos entender que coaliciones así no sólo no sirven, sino que hasta resultan ser contrarias al interés público. En la medida en que sigan siendo coaliciones superficiales, frívolas y de abierta conveniencia, seguiremos teniendo una sociedad y un ámbito político polarizado, en el que todos prefieren el fracaso del otro para hacer escarnio, sin darse cuenta que ellos son parte de lo mismo que critican.

CAJA DE PANDORA

¿Algún día saldrán a la luz las corruptelas de quienes han manejado el presupuesto legislativo con discrecionalidad y opacidad galopante? Que hasta dentro del Congreso aparezcan pintas al respecto, es señal de que hay una bomba de tiempo que no tarda mucho en explotar.