El manejo de la frontera sur de México sigue siendo un misterio

Frontera Sur

 

+ ¿“Blindar la frontera” es controlar la migración o esconderla?


 

Parece muy fácil decir que, ante los actos terroristas de la semana pasada en París, y las amenazas que ISIS lanzó en contra de Estados Unidos, México ha “blindado las fronteras” para evitar ataques. Tanta simpleza contrasta con el hecho de que tanto la frontera sur de México, como los límites con Estados Unidos son por naturaleza porosos, y que por ahí diariamente cruzan cientos, o miles de personas, al margen de la situación migratoria de cada uno. Por eso la pregunta no es si las fronteras se blindan, sino qué tratamiento se le da a la migración.

En efecto, en el contexto de los ataques terroristas del viernes 13 en París, el titular de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS), Renato Sales, informó que las fronteras de México y zonas estratégicas fueron “blindadas· para evitar ataques terroristas como los de la semana pasada en el continente europeo. Las áreas de inteligencia, dijo, activaron un protocolo de blindaje en esas áreas; no existe ningún temor sobre posibles actos terroristas en México, sin embargo, dijo, se han tomado todas las previsiones para evitar que se presenten hechos “lamentabilísimos”.

Frente a esas afirmaciones, es necesario ubicar un contexto equilibrado de lo que ocurre en la frontera: muchos parecen tener “miedo” de que por alguna de las fronteras mexicanas puedan pasar terroristas que intenten llegar a los Estados Unidos de Norteamérica. La cuestión a diferenciar, sin embargo, no radica en si la frontera mexicana es porosa o no, o si los yihadistas podrían pasar por ella o no para llegar a la Unión Americana.

Más bien, la pregunta clave sería si los posibles terroristas estarían en la posibilidad, y en la necesidad, de cruzar a los Estados Unidos desde México para poder cumplir sus objetivos y, desde el lado mexicano, qué acciones está tomando la autoridad para “blindar” las fronteras, en un contexto en el que toda la demás inmigración es irrelevante para las autoridades de nuestro país.

Pues resulta que México sigue siendo el infierno de la migración, pero nada de eso le resulta importante a la autoridad migratoria mexicana, que ha continuado con su política de cerrarle todos los pasos conocidos a la inmigración “tradicional” que viene desde Centroamérica, y la ha obligado a utilizar mecanismos de transporte todavía más riesgosos y clandestinos que los que ya eran conocidos.

Es evidente que dicho plan federal dice tener el objetivo de evitar que los migrantes crucen a nuestro país en su afán de llegar a la frontera con Estados Unidos. Pero lo único cierto es que han terminado alimentando la incertidumbre sobre la situación de quienes cruzan, y ha alimentado grandemente el negocio del tráfico de personas, con todas las ilegalidades y los riesgos que eso conlleva.

En ese sentido, no es de extrañarse que por esa razón desde hace meses el gobierno federal decidió impedir por completo que los migrantes centroamericanos cruzaran el país a bordo del tren conocido como “La Bestia”. Hay una idea de que esta ruta inicia en la frontera sur del país, y que esa es la razón por la que los migrantes la preferían. En realidad, el punto de partida del tren es en la comunidad chiapaneca de Arriaga, que ya es limítrofe con el estado de Oaxaca, y que se encuentra a escasos minutos por carretera de la primera comunidad en territorio oaxaqueño, que es Chahuites.

Esto significa que, en sí mismo, que el tren no era la atracción principal de cruzar la frontera; que ésta es lo suficientemente amplia como para permitir el tránsito fluido de personas al margen de los cruces fronterizos; y que finalmente el mecanismo de tránsito ya en territorio mexicano era un punto importante de control de la migración, que es el que, más que blindando, se tendría que estar vigilando escrupulosamente para saber quién y para qué se cruza la frontera sur, hacia los Estados Unidos.

 

¿UNA FRONTERA ATRACTIVA?

Los fanáticos de las teorías fatalistas y xenófobas sostienen que el terrorismo podría entrar a los Estados Unidos a través de la frontera sur con México, y ese es el argumento que les sirve para insistir en el argumento de que la frontera entre México y la Unión Americana debe ser sellada. Es, de hecho, una forma de evolución coyuntural de las promesas del republicano Donald Trump como aspirante a la presidencia de los Estados Unidos, de cerrar completamente la frontera e instalarle un muro más amplio del que ya existe.

En esas condiciones, ¿sería atractiva una frontera como la que comparten México y Estados Unidos? Por varias razones, la respuesta es negativa, y vale la pena repasar por qué lo decimos. Una razón inicial es que los posibles terroristas que pudieran amenazar la seguridad o a la ciudadanía norteamericana, no necesitan cruzar ilegalmente la frontera.

Los integrantes de esos grupos pueden ser extremistas o fundamentalistas, pero no son marginados ni subsisten en la pobreza como para no poder ingresar a ese país legalmente. Tienen todos los recursos, el tiempo y los documentos migratorios para hacerlo, porque la razón de su lucha no es un asunto de clases sino de motivaciones religiosas. Al Qaeda, y ahora ISIS, están respaldados por fuertes capitales que financian sus operaciones y una forma de vida en la que el dinero no es su principal preocupación.

Ahora bien, ¿arriesgarían terroristas una operación del tamaño de las que hemos visto en los últimos años, a una cuestión tan fuera de su alcance como lograr cruzar una frontera dominada por tratantes, coyotes y bandas criminales? Evidentemente no es la mejor opción. Tampoco están en condiciones de cruzar de una manera totalmente clandestina, ya que todas las rutas de migración entre México y Estados Unidos están controladas o por la delincuencia organizada, o por los coyotes, o por las propias autoridades que toleran cierta cantidad de migración bajo la idea de que es imposible sellar completamente la frontera entre ambos países.

 

PROBLEMA DOMÉSTICO

Finalmente, una cosa más que queda claro es que el terrorismo no necesita tener pasaporte extranjero. En el caso de los atentados de la semana pasada, éstos fueron perpetrados por una mayoría dominante de europeos, varios de ellos nacionales franceses. Es decir, que el argumento de la migración y las fronteras sólo está sirviendo para legitimar otras intenciones más relacionadas con la criminalidad y las políticas extraviadas del gobierno federal, que con una determinación real por tener un control preciso sobre la frontera.