¿Las ambiciones poblanas nublarían el proyecto sucesorio oaxaqueño?

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+ Disyuntiva: detener a Diódoro o dejarlo operar comicios en adversidad


En memoria de mi padre, don

 Ismael Humberto Ortiz Romero.

Puebla sigue resonando en Oaxaca, y si no detienen la crisis que generó el gobernador Rafael Moreno Valle con la ruptura de la alianza PAN-PRD, la gangrena de esa desastrosa operación política sí podría llegar hasta territorio oaxaqueño. En Puebla, las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle rompieron la alianza que le permitiría heredar el gobierno a uno de su grupo. Y aunque tal no es el caso de Oaxaca, los efectos poblanos sí podrían llegar a contaminar la versión oaxaqueña de la alianza PAN-PRD al grado de cancelarla.

En efecto, en Puebla siempre fueron conocidas las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle. Todo su gobierno, de hecho, giró en torno a la construcción de una candidatura presidencial. En el PAN, el Mandatario poblano creó su feudo y trató de manejarlo a tal grado de generar fricciones con la dirigencia nacional de ese partido, y también con el Partido de la Revolución Democrática. Finalmente, ese manejo desmedido de su menguante fuerza y capital político, de cara a líderes nacionales nuevos en ambos partidos (Ricardo Anaya y Agustín Basave), rompieron toda posibilidad de una coalición electoral.

Tal parece que ni Anaya y mucho menos Basave, estuvieron dispuestos a aguantarle al gobernador Moreno Valle su intención de dominar completamente a las dirigencias panista y perredista de su entidad, de hacer entrar a su juego a consejeros nacionales de ambos partidos, y de que fuera el poblano quien estableciera la agenda político electoral de las dirigencias nacionales panista y perredista.

Pareciera que Moreno Valle —con la operación política del ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco— quiso montarse sobre esos partidos para tratar de ubicarse como uno de sus capataces nacionales. Esas fueron algunas de las razones por las que Agustín Basave anunció que aceptaba la ruptura de la coalición PAN-PRD en Puebla, y por las que Anaya tampoco hizo nada para evitarlo. Así, en Puebla no habrá coalición y seguramente Moreno Valle no tendrá seguro dejar a un sucesor de su grupo en la gubernatura.

Ahora bien, ¿qué pasa en Oaxaca? Aquí, el gobernador Gabino Cué Monteagudo sí ha manejado su relación tanto con el PAN como con el PRD, con la ortodoxia que marcan los cánones mejor aceptados de la práctica política. Desde el inicio de su gobierno, y durante todo su mandato, ha respetado las parcelas políticas que le entregó a cada uno de los partidos, y ha tratado de no confrontarse con las dirigencias nacionales de ambos partidos. Él sabe que la prioridad de todo su proyecto político es que se consolide la alianza electoral, y que logre heredarle el cargo a un sucesor afín que continúe con el proyecto político sin conflictos.

De hecho, esa parece ser la razón por la que, incluso, cuando asaltó la dirigencia estatal del PRD para imponer como dirigente a Carol Antonio Altamirano, lo hizo con el consenso de la dirigencia nacional perredista, que nunca puso en tela de juicio el proceso, y tampoco metió las manos para involucrarse en un asunto que, según pareció, no les correspondía porque era tema del régimen gobernante local.

Así, ni en aquel momento, y en ninguno, ha pensado en romper los equilibrios por una ambición, e incluso por eso ha sido tan cuidadoso en el impulso que el propio Mandatario le está dando hoy en día al diputado federal José Antonio Estefan Garfias, para que se convierta en su sucesor.

El problema, como suele ocurrir, radica en el hecho de que el mismo diodorismo que echó a perder la coalición en Puebla y Tlaxcala, es quien seguramente va a venir a encabezar los trabajos electorales en la entidad. Y si no se tienen los cuidados adecuados entonces ese podría ser el principio de una crisis generada por los resabios de Puebla.

AMBICIONES DESMEDIDAS

Hay diferencias sustanciales entre la figura política de Rafael Moreno Valle, y la del gobernador de Oaxaca. El primero hizo su gestión soñando en convertirse en candidato presidencial, mientras que el segundo ha venido sorteando todo tipo de crisis y problemas públicos que nunca le permitieron la vanidad de sentirse como un posible integrante del escaparate de candidatos presidenciales. Eso, sumado a la ortodoxia con la que Cué manejó siempre su relación con los partidos, explica por qué en Oaxaca sí habrá coalición y en Puebla, no.

El problema que, sin embargo, sigue viniendo de Puebla, radica en la cancelación de la alianza electoral, y la incertidumbre que podría generar un trabajo poco profesional en el manejo de la coalición de partidos en Oaxaca. Sectores del panismo no ven con buenos ojos la maniobra del PRD para evitar la alianza sólo para cobrarle la afrenta al gobernador Moreno Valle, y se siguen preguntando si no ahora ellos le deben pagar con la misma moneda al gobernador Cué, con su alianza en nuestra entidad.

La diferencia entre Oaxaca y Puebla, es que allá están tratando de evitar que un gobernador embriagado de poder continúe en su idea de aspirar a la Presidencia incluso lastimando a los partidos por los que quiere competir, y aquí en Oaxaca lo que estaría en riesgo es una alianza construida con pragmatismo político y con una visión simple de no perder el poder. Ahí, por eso, buena parte del manejo tendrá que pasar por no darle demasiados elementos de decisión a los mismos personajes que en Puebla contribuyeron a romper la alianza.

Al final, esta será una cuestión de tacto y de inteligencia para sobrellevar una situación en la que hay identidad de personajes. Varios de quienes soñaron con ver a Moreno Valle como candidato presidencial del PAN, son los mismos que en Oaxaca pretenden encabezar el proyecto sucesorio de Gabino Cué. De él, y de quien resulte candidato de la coalición PAN PRD, dependerá que las fricciones poblanas no causen daño de más en la ruta que tienen trazada para tratar de retener el poder.

¿QUÉ SIGUE?

Sin restarle trabajo y méritos al senador Benjamín Robles Montoya, parece que por la sola coyuntura política la posibilidad de que se convierta en candidato de la coalición, se aleja. Lo que llama la atención es que él siga convencido de la ruta perredista y que haya claudicado en su vieja promesa de “aparecer en la boleta electoral”, sea como sea. ¿Qué negoció? ¿Cómo lo convencieron de ir a una competencia que, por lo que parece, no tiene posibilidades de ganar?

PRI: la definición de candidato a Gobernador puede no ser de unidad

PRI

+ La convocatoria abre la posibilidad de los apoyos; reniega del control


En la reunión de hace ocho días, los siete aspirantes a la candidatura a Gobernador por el PRI, se adhirieron a un pacto de unidad en el que se comprometían a mantener la cohesión en torno a un solo abanderado. Aunque dicho acuerdo fue público, y sus términos expresos, bien puede ocurrir que no haya candidato de unidad. A pesar del acuerdo, la convocatoria deja sueltos muchos de los términos de la participación. Y por esa razón nada garantiza que haya un registro único, como se ha venido previendo.

En efecto, según el comunicado emitido por el Comité Ejecutivo Nacional luego de la reunión de aspirantes con el presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones, los siete aspirantes “expresaron (…) que están conscientes de la necesidad de mantener la unidad de los priistas de Oaxaca como paso indispensable para recuperar el gobierno del estado, en un momento en que la situación exige que todos aporten lo mejor de sí en beneficio de su tierra y del proyecto transformador que se impulsa desde el PRI”.

Luego de dicho reconocimiento, el boletín de prensa señala expresamente los términos del acuerdo alcanzado por los aspirantes con el líder Beltrones Rivera: “La parte sustantiva del acuerdo —dice el comunicado— consiste en apoyar el registro de un solo aspirante a la candidatura al gobierno del estado, en el momento en que el CEN defina los términos de la convocatoria para seleccionarlo”. ¿De verdad puede ocurrir algo como esto?

La clave está, por un lado, en la fortaleza del acuerdo; pero, en el otro extremo, eso también depende de los términos en que se emitió la convocatoria respectiva. Pues la única certeza que puede tener la dirigencia nacional del PRI de que, en efecto, se va a registrar un solo candidato de unidad, y de que todos los demás aspirantes se abstendrán de enturbiar el proceso en virtud del acuerdo alcanzado, radica en que dicho compromiso sea un dictado expreso —algo así como un acuerdo-advertencia— del Presidente de la República de que eso debe ocurrir, pues de lo contrario la supuesta “palabra de honor” de cualquiera de los adversarios puede ser tan voluble como su ánimo frente a la decisión que tome el CEN. Si el Pacto de Unidad no fue un requerimiento presidencial, entonces cualquiera podría separarse del mismo en cualquier momento.

El segundo aspecto es todavía más grave. Pues según el PRI, el supuesto “candidato de unidad” sólo sería anunciado luego de que el CEN definiera los términos de la convocatoria para seleccionarlo. La duda, frente a esto, surge del hecho mismo de que la convocatoria, presentada el sábado 23 de enero, deja muchos cabos sueltos para que se registren varios aspirantes al proceso interno. Vale la pena leer, por ejemplo, la Base Quinta de la convocatoria.

Ésta dice, a la letra, lo siguiente: Los militantes que deseen registrarse como precandidatos a Gobernador del Estado, deberán cumplir con los requisitos (…); además, contar cada uno de los aspirantes con alguno de los siguientes apoyos: I. 25% de la estructura territorial, identificada a través de los comités municipales de los municipios del Estado y/o; II. Tres de entre los sectores y las organizaciones nacionales: el Movimiento Territorial, la Organización Nacional de Mujeres Priistas; el Frente Juvenil Revolucionario y la Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria A.C y/o; III. El 25 por ciento del total de los consejeros políticos vigentes que residan en la entidad federativa, y/o; IV. El 10 por ciento de los afiliados inscritos en el registro partidario con residencia en el estado”.

INCERTIDUMBRE

Tradicionalmente, el PRI mantenía la disciplina y el control de sus procesos internos mediante “candados” establecidos en sus convocatorias para la designación de candidatos a cargos de elección popular. Eso es algo tan conocido que pareciera una costumbre también identificada con la “cargada priista”.

¿Qué ocurría? Que, por ejemplo, el partido establecía que para poder participar en un proceso como este, era necesario contar con el aval de las dirigencias nacionales o locales respectivas de los sectores y organizaciones adherentes. Mientras ocurría la simulación del proceso interno, el partido mantenía el control de esos apoyos por escrito.

Y sólo cuando había una definición, entonces el mismo partido ordenaba que sus sectores expidieran únicamente una carta para quien era el “tapado”. Al ser el único que contaba con dicho apoyo, se convertía también en el único que cumplía los requisitos, y por ende en el elegido. A prácticas como esa se les conocía como “las expresiones mayoritarias de la militancia” que según definían a un candidato, pero que en realidad eran la viva manifestación de los acuerdos cupulares que se tomaban para aparentar la democracia cuando en realidad eran decisiones verticales las que se tomaban.

Estos rasgos no se ven en la convocatoria, y es lo que no asegura que haya un solo candidato. Cualquiera de los apoyos descritos en la base quinta de la convocatoria puede ser conseguido prácticamente por cualquier aspirante, pues la misma convocatoria establece que pueden cumplirse indistintamente y sin ningún tipo de prelación. Por eso mismo, la posibilidad de que se cumpla el acuerdo de unidad, y que en verdad haya un solo candidato registrado, en realidad depende de la fuerza y la magnitud del acuerdo alcanzado pero no de la convocatoria porque, según se ve, ésta es tan ambigua que no ofrece ninguna certeza de que en todo momento el tricolor tenga el control de lo que ocurra.

Ello se combina con el hecho de que más de un aspirante cree tener un respaldo popular mayoritario y que por ende puede convertirse en el candidato en una competencia abierta. Siendo así, y obteniendo esos apoyos, cabe la posibilidad de que el acuerdo de unidad no sea suficiente para que haya un solo candidato, y que finalmente dos o más decidan registrarse al proceso interno rompiendo con ello la intención de la candidatura de unidad.

¿Y NIEVES?

En la foto publicada el pasado jueves en el comunicado del PRI sobre el acuerdo de unidad de los aspirantes a la candidatura a Gobernador, llama la atención la presencia de la doctora María de las Nieves García Fernández, quien no es mencionada entre los aspirantes y, hasta donde se sabe, tampoco es integrante del CEN del PRI. ¿En calidad de qué asistió, en días y horas hábiles, si su empleo actual se encuentra en la Comisión Nacional de Salud?

Para “consolidar democracia”, la alianza PAN-PRD debe tener agenda

GabinoCue

+ Todos, determinados a continuar en el desgaste de la lucha por el poder


En una democracia hasta la continuidad debe tener agenda. Eso es algo que, sin embargo, parece no preocuparles a todos los que, al final de la lucha fratricida en la coalición PAN-PRD, irán a buscar que la ciudadanía los refrende con su voto. Nadie habla de eso, y todos prefieren continuar alentando la crisis que genera la disputa por la candidatura a Gobernador, aunque ello sea el alimento de su propio descrédito.

En efecto, uno de los temas fundamentales que dejó pendiente el gobierno que está en vías de terminar, es la de establecer una verdadera agenda de gobierno de coalición, y pasar del discurso a los hechos. Como bien sabemos, con Gabino Cué llegó al poder una amalgama de partidos, grupos y fuerzas políticas que decidieron optar por el camino fácil de disfrutar el poder, sin asumir las responsabilidades que ello debió traer aparejado. Como a nadie le preocupó eso, y los partidos decidieron medrar con su poder desde el Congreso local, el anhelo de transición pronto quedó cancelado. Y lo que fue una gran expectativa se convirtió en un escollo que ahora tendrían que comenzar a remediar las fuerzas involucradas… aunque sigue sin preocuparles.

En ese sentido, debemos distinguir las expectativas incumplidas en el terreno de los hechos, de las expectativas no cumplidas en el terreno de lo programático. Pues para muchas personas, la coalición que hoy gobierna no cumplió porque no fue capaz de generar la gobernabilidad, o las obras, o la atención a los problemas de los oaxaqueños o de la operatividad del gobierno. En esa vertiente, parece que confunden el incumplimiento de las expectativas con los errores evidentes de operatividad gubernamental, y con la ineptitud de muchos funcionarios que nunca pudieron estar a la altura de las circunstancias que demandaba el cambio de régimen.

Más bien, nos referimos al incumplimiento de la expectativa democrática que no precisamente tiene que ver con eficiencia o con la construcción de grandes obras. Esas son cuestiones importantes, pero que palidecen ante el hecho de que la verdadera agenda de la transición debió traer consigo un cambio del paradigma democrático o con el replanteamiento de la función pública. Es decir, debió traer consigo una verdadera intención de reformar el poder, de ofrecer alternativas a la ciudadanía y de erradicar prácticas corruptas por las que justamente los ciudadanos decidieron no continuar votando por el PRI. ¿De qué hablamos?

De que, por ejemplo, una verdadera agenda de transición debió arrancar por el replanteamiento de los alcances del poder público, y no de reformas cosméticas como las que finalmente ocurrieron en Oaxaca. Algunos ejemplos simples nos permiten ver la magnitud de lo que afirmamos.

Por ejemplo, la ratificación de todos los integrantes del gabinete de gobierno por parte del Congreso del Estado, fue presentada como una reforma democrática que, sin embargo, está lejos de serlo: en este gobierno han pasado lo mismo funcionarios brillantes que verdaderos pelmazos, que han denigrado no sólo a quien los propuso sino a toda la función pública, por su incapacidad o su falta evidente de preparación.

En más de un caso, esas cuestiones se vieron desde el momento mismo de su nombramiento. Y sin embargo, el Congreso decidió no utilizar su facultad (entendida ésta como una corresponsabilidad) de objetar o de plano rechazar el nombramiento de un funcionario, y en lugar de eso optaron siempre por convalidar, y por negociar las ratificaciones, como un ejercicio perverso para ver qué beneficio podían obtener de la negociación de sus votos.

NO HUBO TRANSICIÓN

Del mismo modo, podríamos ir revisando otros ejemplos de cómo las reformas, en el ámbito público, no se tradujeron en una mejor democracia, en un mejor gobierno, o en una mejor relación entre poderes. Esto, por si algo hacía falta, se trasladó también hacia la democracia: no tuvimos una mejor democracia representativa, ya que los diputados siguieron ejerciendo las mismas prácticas; el gobierno siguió toreando los señalamientos de corrupción; y el poder judicial sigue siendo el ente inerte y burocrático de siempre. Pero hay más.

En el terreno de la democracia participativa hubo también un fiasco. Los mecanismos de participación ciudadana que se aprobaron, y que se presumieron como la médula de la transición democrática en Oaxaca, son imposibles de utilizar dada la complejidad de los requisitos exigidos para su ejercicio. Hoy por eso ya nadie considera que dicho avance democrático pueda significar alguna mejora o herramienta alternativa para la vida de las personas. Y más bien todo eso lo ve como un fracaso más de los muchos que se han venido acumulando.

En esas condiciones, ¿de qué van a hablar quienes abanderen los esfuerzos de la coalición PAN-PRD en este proceso electoral? Evidentemente, no tienen una agenda de continuidad, que sería lo coherente y lógico para quien ya ejerció el poder (cogobernó, de hecho) durante seis años y ahora está buscando la convalidación de la ciudadanía.

¿Qué le van a decir a la gente? ¿Que después de seis años ya tienen un “diagnóstico” de la transición democrática que no se ha hecho, pero que ahora necesitan otros seis para conseguirla? ¿Se atreverán a echarle la culpa al gobernador Gabino Cué —a quien todos los partidos integrantes de la coalición dejaron solo, y le cargaron el costo de las responsabilidades que no asumieron— de lo que hasta ahora ha ocurrido, y dirán que van a cambiar?

En este sentido, una de las apuestas más temerarias es la del senador Benjamín Robles Montoya, que hoy trae como bandera el combate a la corrupción del régimen que él mismo ayudó a construir. Y no es que esté mal el discurso. Lo que ocurre es que nadie en su sano juicio puede dar por cierta su intención cuando todo lo anunció por una motivación eminentemente electoral y sólo por buscar la gracia de la gente.

PERDIDOS

Al final, los demás aspirantes ni siquiera han demostrado tener una agenda. Menos, una agenda que tenga contenido o que al menos esboce lo que se supone que le van a ofrecer a la gente para un segundo periodo de gobierno, independientemente de quién sea el candidato. Al final, parece que van a optar por el viejo truco de la ingeniería electoral, para evitar meterse en el enjambre de hablar de lo que no van a cumplir.

¿Por qué el PRI le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos?

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+ ¿Regresan a ortodoxia política, para reacreditar el partidismo?


Una de las cuestiones que es más trascendente de las decisiones que está tomando el priismo en Oaxaca, es que tajantemente le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos. Esto ocurre cuando la moda, y lo políticamente correcto, son los llamados “candidatos ciudadanos” y, más aún, los candidatos independientes. ¿Qué intenta el priismo con esta maniobra de aparente ortodoxia política, pero que también puede ser un doble filo por la demostración que faltaba de que la democracia interna de los partidos es una falacia, y con ello reflejar la crisis actual de la democracia representativa?

En efecto, una de las noticias más relevantes de la emisión de la convocatoria del PRI a su proceso interno de selección de Candidato a Gobernador, fue justamente que en ella no consideró la posibilidad de recibir candidatos externos, para competir con los militantes priistas, por la candidatura. La nota, en un primer momento, radicó en que con esa decisión quien quedaba fuera era el empresario Gerardo Gutiérrez Candiani. Sin embargo, es evidente que más allá de los nombres o los proyectos políticos, en el fondo el PRI le cerró la puerta a Gutiérrez y a cualquier otra persona interesada en competir por una postulación no desde la vía independiente, sino dentro del sistema de partidos.

Esto es por demás interesante, porque este parece ser una de las primeras escaramuzas entre el sistema de partidos y la vía independiente, en un momento en el que a pesar de las trabas que los mismos partidos le han puesto a las candidaturas de ciudadanos sin partido, ya hay un Gobernador (el de Nuevo León) surgido de este nuevo modelo de acceso al poder público.

En el caso de Oaxaca, en otros momentos hemos apuntado algunas de las razones por la que las candidaturas ciudadanas son aún poco probables de materializarse en nuestra entidad. Pero junto a eso resalta el hecho de que el mismo Gutiérrez Candiani tenía claro, y así lo dijo públicamente, que en un estado como el nuestro un candidato ciudadano tendría que ser de todos modos postulado por un partido político. Y según decía, esa era la razón por la que él intentaba participar políticamente buscando el abanderamiento del PRI como candidato a Gobernador.

De hecho, el martes 22 de noviembre pasado, Gutiérrez Candiani dijo en una entrevista con El Universal Televisión que “quien aspire ser gobernador en Oaxaca por la vía independiente lo tendrá que hacer a través de los partidos políticos, pero lo que sí vale es que tenga una posición ciudadana al cien por ciento”.

Lo decía, seguramente considerando que en una entidad con tanta pobreza como Oaxaca es más fácil que gane un candidato respaldado por una estructura, que alguien que verdaderamente pueda involucrar a la ciudadanía en un proyecto político. Pero al recalcar que quien lograra eso, debía tener de todos modos “una posición ciudadana al cien por ciento”, lo que hacía era indicarle al sistema de partidos que al menos él no sería una figura confiable porque no le garantizaría al partido el acatamiento a sus intereses, o la colaboración en los asuntos que son propios de lo que hoy conocemos como la “partidocracia”.

Al tener clara esa brecha, entonces es fácil entender por qué el PRI decidió no invitar a ningún ciudadano a participar, y por qué circunscribió su convocatoria sólo a quienes pueden demostrar que tienen diez años militando en ese partido.

DOBLE FILO

Así, teniendo clara la razón más próxima de por qué el PRI le cerró la puerta a los candidatos ciudadanos que querían una postulación, sin garantizar continuidad o sumisión a los intereses partidistas, lo que queda claro es que con una maniobra como ésta el tricolor intenta demostrar purismo político, para demostrar que no sólo la “moda” de los candidatos independientes está en lo correcto.

Parece que esa es su intención. Sólo que para verdaderamente demostrarlo debe conseguir que haya un candidato priista verdaderamente legitimado, y respaldado por un proceso electivo que al menos tenga la apariencia de democrático, o que cuente con el apoyo de todas las corrientes. Si eso no ocurre entonces sólo abonará al descrédito que de por sí ya pesa sobre el sistema de partidos políticos en México.

Pues al cerrar la puerta a los independientes, pareciera que el PRI está animando a que se concentre el sentido de pertenencia por parte de sus militantes, y a que se demuestre que no necesita agentes externos, porque con sus cuadros políticos tiene posibles abanderados hasta de sobra. Esa parece ser su idea. El problema es que en un estado como Oaxaca hay tantos mini PRI como corrientes políticas existen, y esa pluralidad casi siempre termina en el punto del enfrentamiento y hasta en la mezquindad. Si eso ocurre entonces nada de lo que intentaba demostrar será válido. Y el PRI quedará ahogado en sus propias buenas intenciones.

Pues es evidente que si de algo está cansada la ciudadanía es de los arreglos meramente cupulares que luego son sólo legitimados por la democracia. Hoy la sociedad es incrédula del sistema de partidos luego de ver los interminables enfrentamientos entre cuadros o entre aspirantes a un mismo cargo de elección popular; está cansada de no sentirse representada y de que la mayoría de sus procesos terminen en trifulcas. Por eso fueron empujadas a la ley las candidaturas ciudadanas.

El problema es que si en este caso el PRI, o en general el sistema de partidos, termina haciendo el mismo fiasco de siempre entonces no habrá habido ninguna razón válida para marginar a la ciudadanía para preferir a la militancia. El PRI por ende tiene el reto de postular a un candidato verdaderamente legitimado. Y si no lo hace, le terminará dando la razón a todos aquellos que han empujado las candidaturas independientes y que, al margen de Gutiérrez Candiani, esperan que haya más participación de la gente y menos de las cúpulas del poder.

EFICIENCIA TRICOLOR

La convocatoria priista fue presentada desde el pasado sábado, pero hasta el mediodía de ayer el Comité Directivo Estatal del PRI emitió el comunicado correspondiente a dicho evento. Si algún reportero, o medio de comunicación, hubiera optado por “aguantarse al boletín” con la reseña respectiva, sin dudarlo se habría hecho viejo en la espera…

Convocatoria priista, sin sorpresas; sólo que margina a simpatizantes

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+ Las “terceras vías” también están en tricolor con los Benítez Tiburcio


Tal y como se esperaba, a la “fiesta” del Partido Revolucionario Institucional nunca estuvieron contemplados los simpatizantes, y eso se refrendó al conocerse la convocatoria de ese partido a quienes pretendan competir por su candidatura a Gobernador. El documento, que de entrada estaba dirigido a la militancia tricolor, estableció entre los requisitos para participar en el proceso interno, el demostrar una militancia de 10 años en ese partido. Ello decantó la lista de posibles participantes, y de paso constató que casi todo el proselitismo que hasta ahora se ha hecho, no tendrá utilidad alguna para quien finalmente se alce con la candidatura.

En efecto, el sábado el Comité Directivo Estatal del PRI dio a conocer el documento a través del cual el Comité Ejecutivo Nacional convoca a los priistas al proceso de designación de su candidato. En tal documento no había sorpresas, ya que es una convocatoria expresamente dedicada a la militancia tricolor que no establece condiciones para la adherencia de simpatizantes o no militantes de dicho partido. Lo primero que parece quedar claro es que el PRI decidió no jugar con el garlito de la ciudadanización de los partidos, y que más bien está dispuesto a actuar con la ortodoxia partidaria conocida y esperada.

Pues hasta una semana había aún la idea de que el priismo podría optar por una “tercera vía” que dejara de lado la añeja pugna entre los “liderazgos” (cacicazgos) priistas tradicionales de los últimos treinta años, y decidiera caminar con un candidato ciudadano en la persona de Gerardo Gutiérrez Candiani. Dicha idea fue alimentada por la percepción (porque nunca sabremos quién verdaderamente alentó al empresario a buscar la candidatura priista) de que a Gutiérrez lo había invitado directamente el Presidente de la República a competir en el priismo, aunque finalmente fue desechada el pasado sábado con la emisión de la convocatoria, que establece requisitos específicos de militancia para quien desee participar en la carrera por la candidatura a Gobernador.

En términos estrictamente políticos, lo que hizo el PRI fue atajar el doble filo que podría significar el abrir su proceso interno a la participación directa de la ciudadanía, para luego tomar la decisión cupular que siempre ha estado prevista. En el PRI, el Presidente de la República es quien toma las decisiones trascendentales. Y la única forma de que haya aceptación y disciplina frente a sus decisiones, es que todos los que estén sometidos a ellas se encuentren dentro del círculo de intereses políticos que controla directamente el Presidente.

Al lado de ello, puede haber una segunda posibilidad, que apuntamos hace una semana en este espacio: que el PRI finalmente decidió no explorar esa tercera vía porque ello significaba poner en riesgo el trabajo y capital político del priismo, y dejarlo en manos de intereses panistas. Apuntamos entonces que con Gutiérrez, un sector dentro del grupo gobernante, estaba intentando “caer parado” al margen del resultado de la elección: triunfando la coalición PAN-PRD, dijimos, tendrían un Gobernador de su grupo; pero triunfando el PRI (es decir, supuestamente perdiendo ellos), con Gutiérrez a la cabeza, también saldrían ganando porque éste es también un integrante de su grupo. Y más allá del tema local de Oaxaca (es decir, de la lucha permanente de los últimos treinta años, entre los distintos cacicazgos, por el reparto cíclico del poder político), lo que generaría esto es el dilema de que, en el fondo, en el esquema nacional, el PRI se pusiera involuntariamente al servicio del PAN, todo por tratar de negociar quién sabe qué con los grupos políticos locales.

TERCERAS VÍAS

En ese sentido, llama también la atención el abrupto intento de la diputada federal Mariana Benítez Tiburcio, por hacerse de la candidatura a Gobernador del PRI. Pues en el fondo, parece que la Legisladora federal también ha venido jugando como una posible “tercera vía” similar a la de Gutiérrez Candiani, con la única diferencia de que ella sí tiene militancia priista. También tiene cercanía al grupo gobernante. Y parece que fue otra de las cartas con las que algunos tratarían de “caer parados” en la sucesión de Gobernador, lanzándola a ella y paralelamente promoviendo inopinadamente la imagen de su hermano, que es funcionario de la Secretaría de Finanzas.

Frente a ello, habría que preguntarse si Mariana Benítez es diputada federal por el interés del PRI por involucrarla en la política oaxaqueña, o si hay otras razones. Ella ha tratado de presentarse como un activo del priismo oaxaqueño en el país, aunque lo cierto es que su candidatura a la diputación federal fue resultado del interés del ex Titular de la PGR, Jesús Murillo Karam por protegerla frente a hechos como la investigación por los desaparecidos de Ayotzinapa, los errores en la integración de los expedientes en contra de la profesora Elba Esther Gordillo, y otras cuestiones más por las que ella necesitaba protección (Murillo tiene el afecto presidencial, y ella era la segunda a bordo en la PGR) mientras pasaba la turbulencia política por aquellas situaciones.

Por esa razón, su activismo político y su reciente interés por Oaxaca parece tener motivaciones e impulso local. En otras circunstancias, o ella hubiera sido la candidata, o nadie dentro del PRI —ni ella misma— habría tenido el interés de mandarla a ser comparsa de otros en una competencia simulada.

¿Quiénes la promueven, y qué buscan? Parece, pues, que las mismas personas que promueven a Alberto Benítez Tiburcio, son los que también han alentado desde distintas vías a personajes que pudieran incidir en la competencia del partido que para ellos es opositor. Mariana Benítez tiene la ventaja de ser la única mujer participando en dicho proceso (también está la doctora María de las Nieves García Fernández, aunque ella más bien parece que participa de forma honoraria). Aunque ello no le resta importancia al hecho de que su participación en dicho proceso tenga más origen en una motivación local que en el interés del PRI porque haya muchos participantes.

DÍAS DECISIVOS

Pasan los días y hasta los más prudentes pierden el sosiego. Parece intencional la forma en cómo en los partidos alargan los tiempos, primero para evitar el desgaste de ser el primero en tener candidato; y segundo, para que los aspirantes se depuren solos. Eso pasa en todos los partidos.

¿Qué mensajes tiene el pacto de unidad en el PRI?

PactoPRI

+ No buscó un albazo sino apaciguar lo irremediable


El llamado pacto de unidad que firmaron ayer los aspirantes a la candidatura a Gobernador por el Partido Revolucionario Institucional, está lejos de tener como mensaje el madruguete o el adelanto a las formas previamente anunciadas. Más bien, el encuentro pareció ser un llamado a la prudencia entre los aspirantes, luego de que en los últimos dos meses han sido predominantes las descalificaciones entre grupos, el proselitismo de facto sin control, y la utilización de estrategias de “posicionamiento” que nunca estuvieron dentro del radar del verdadero proceso interno.

En efecto, ayer se realizó un encuentro entre el líder nacional del tricolor, Manlio Fabio Beltrones Rivera, y los ocho aspirantes a la candidatura a Gobernador de Oaxaca que el propio PRI reconoce como tales. Al encuentro acudieron Alejandro Murat Hinojosa, Eviel Pérez Magaña, Alfonso Gómez Sandoval Hernández, Mariana Benítez Tiburcio, Martín Vásquez Villanueva, Javier Villacaña Jiménez y Samuel Gurrión Matías. Ahí, se supone, firmaron un pacto de unidad en el que se comprometieron a mantener un clima de respeto y cordialidad, y a que cuando se anuncie la decisión cupular de quién será el candidato, todos se sumarán a él.

Todo esto ocurre en un contexto que, según parece, casi nadie toma en cuenta: en el PRI, sí, hay una competencia interna por la candidatura a Gobernador, pero en ella las reglas no necesariamente establecían lo que casi todos los aspirantes hicieron. Es decir, no contemplaba la posibilidad de que hicieran proselitismo; no incluía las encuestas y tampoco era una carrera de fenómenos o percepciones.

Era, más bien, una medición cupular en la que será una sola persona la que tome la decisión, y en la que tenían que considerarse —se supone— otros factores que no eran la de la entrega de despensas, o los recorridos con la militancia, o el trabajo territorial del que algunos presumen. Básicamente, la competencia interna siempre fue sólo en el ánimo presidencial, y en la legitimación que pudiera darle la dirigencia nacional del tricolor, como órgano formal de este tipo de decisiones.

Por esa razón, de entrada, el llamado pacto de unidad más bien pareció ser parte del interés que tiene el Comité Ejecutivo Nacional del PRI por apaciguar a quienes llegaron incluso a posturas irreductibles, y por enviar los mensajes de que todo lo hecho hasta ahora era bienvenido pero no necesario. De hecho, el mensaje de unidad está encaminado a la toma de una decisión cupular y vertical —como es el PRI— y a que frente a ella, todos los factores de poder se sumen y asuman una realidad en la que tienen un Jefe Político, y él es quien manda.

Y es que resulta que frente a todo esto, todavía hay quien insiste en los “mensajes”, en la percepciones y hasta en los albazos. Hubo quien, por ejemplo, ayer frente a la fotografía oficial del encuentro, aseguraba que la posición de cada uno en la imagen era el indicador de por dónde iba la decisión; decían también que era el encuentro previo para “planchar” a los que se quedarían en el camino. Evidentemente, nada de eso tiene sentido cuando las bases para hablar de todo eso se sustentaban en una competencia que nunca existió. Y resultó que, además, hasta en eso perdieron la cordura y continuaron en esa guerra de percepciones y ataques que no beneficia a nadie y, en estos momentos, a ellos más que a nadie.

LA IMPRUDENCIA

¿A quién le beneficiaba, por ejemplo, las bajezas que durante meses estuvieron circulando en redes sociales y en portales de noticias sobre algunos candidatos, si en la capital del país, quien decide, no lee eso y seguramente tampoco le interesa? Todo eso, fue resultado de una guerra intestina en la que pensaban que la decisión se tomaría con base en encuestas de popularidad o con sondeos de opinión. Nada de eso influyó y sí evidenció a quienes hoy no se pueden ni ver porque tal nivel de ataques los hizo perder la noción de que la política no es un asunto personal.

¿Cómo quedarán todos aquellos que gastaron millones de pesos en todo tipo de dádivas y regalos a gente que tampoco estaba involucrada en el “proceso interno” porque así como éste nunca existió, tampoco la militancia o los simpatizantes del PRI fueron invitados y ni siquiera tomados en cuenta? ¿Cómo o con qué tendrán que pagarle a esas personas o corporaciones que intencionalmente entregaron dinero a la nada para ese proselitismo estéril que finalmente no tendrá ningún resultado concreto?

Incluso, ¿cómo podrán hablar ahora de prudencia —que fue uno de los temas en los que el Líder nacional del PRI fue insistente— cuando los únicos que supieron detenerse a tiempo fueron Alejandro Murat y Alfonso Gómez Sandoval; el primero, que desde hace varias semanas detuvo prácticamente todas sus actividades políticas en Oaxaca justamente para dar paso a los tiempos establecidos en el partido tricolor; y el segundo que siempre demostró una gran conciencia sobre el verdadero sentido y fondo de la competencia, y nunca cayó en la tentación de imitar —en lo visible, o en las bajezas— a otros aspirantes que trataban de hacer campaña desprestigiando y sobajando a sus competidores, como si con esto hubiera algún tipo de crecimiento como políticos, o como aspirantes a un cargo público.

Por eso, en el fondo esta “competencia interna”, sólo aparente, es reveladora más en cuanto al temple y el compromiso de los aspirantes a la candidatura del PRI. Sirvió para que demostraran cuál era su nivel real de competencia; cuál su verdadero interés y forma de competencia por la candidatura; y cuáles sus herramientas. Todos, en el fondo, quedaron pintados de cuerpo entero en una competencia que existió sólo en las ideas de algunos pero que no pasa por casi nada de lo que se hizo.

VERTICALISMO

En el fondo, es una sola persona quien tiene la decisión, y no sabemos si está tomada ya o todavía no. Todo lo demás son meras especulaciones y manipulaciones que intentan apaciguar a quienes ya están desesperados por el resultado. Si recuerdan todos quién es el Presidente, de qué partido es, y quién es el que manda, entonces podrán entender la verdadera realidad y el verdadero sentido de todo lo que se ha hecho. Para bien y para mal.