La juventud en México vive tiempos de grandes riesgos

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+ Atajar el arquetipo de la “vida fácil” del narco, el reto


Un arquetipo es un “modelo original” que sirve como pauta para imitarlo, reproducirlo o copiarlo, o puede ser también un prototipo ideal que sirve como ejemplo de perfección de algo. Hoy, en muchísimos jóvenes mexicanos, esa pauta para imitar o ese prototipo ideal de vida, es la del narcotráfico. Al margen de los asuntos de coyuntura política, o de la frivolidad de las campañas y los procesos electorales, vale la pena reflexionar en ese, que es un problema de fondo y de largo plazo para la sociedad mexicana. En sus mensajes, el papa Francisco ha sido insistente en advertirlo. Pero basta con echar un vistazo a los arquetipos actuales de amplios sectores de la sociedad, para comprobar el nivel de peligro que corren las nuevas generaciones.

En efecto, ayer el papa Francisco pronunció el que, a nuestro juicio, es el mensaje más importante de su visita a México. Le dijo a los jóvenes mexicanos que es mentira que el narcotráfico sea la única opción de vida que tienen. Durante un encuentro en el estadio Morelos, de Morelia, el Jefe de la Iglesia católica reiteró que la juventud es la mayor riqueza del país, por lo que los llamó a no dejarse tratar como mercancía. “No me voy a cansar de decirlo, ustedes son la riqueza de México”, decía al tiempo que remarcaba que los jóvenes no son la esperanza de México, sino su riqueza.

“Es mentira que la única forma de vivir, de poder ser joven, es dejando la vida en manos del narcotráfico. Es mentira que la única forma que tienen de vivir los jóvenes aquí es en la pobreza y marginación”, remarcó. Los llamó a evitar las tentaciones del narcotráfico, y dijo que la principal amenaza a la esperanza es cuando los jóvenes sienten que no le importan a nadie o que los han dejado de lado. ¿Está equivocado Francisco?

La realidad dice que no. Hoy en día, quien tiene contacto estrecho con la juventud sabe que ésta se encuentra afectada, en su sentido de porvenir, por al menos dos problemas: el primero de ellos es porque muchos de ellos tienen la idea de que el arquetipo de vida, o modelo a seguir o imitar, es el de la vida fácil, sea a través del narcotráfico o de otras prácticas que tienen como fondo la corrupción. Por eso, no es raro ver que hay mucha gente que está convencida de que ese es el mecanismo no sólo para conseguir riqueza fácil, sino para hacerlo rápido.

Junto a ese, hay un segundo problema que es igual de preocupante: hay muchos otros jóvenes, millones de personas, que ante la realidad decidieron vivir en un mundo de abstracción, en el que son incapaces de voltear a su alrededor y tomar conciencia de los muchos problemas que vivimos como sociedad. Lo hacen como una forma de evitar el agobio. Pero al tomar esa actitud también se sustraen de cualquier posibilidad de participación, en comunidad o en el ámbito personal, para enfrentar esos problemas o al menos para atajarlos.

En ese sentido, no es raro escuchar a jóvenes que, por ejemplo, de forma sincera creen que la pobreza o la marginación son un mito. Lo creen no por alguna mala intención, sino básicamente porque no tienen ninguna referencia de los problemas sociales que existen en este país debido a la falta de oportunidades y de justicia social. Es decir, que como no viven, o no están cerca de la verdadera pobreza, creen que ésta es una pose de quienes lucran con ella. A esto se aúna el hecho de que son incapaces de ver a su alrededor más allá de su primer círculo social o territorial. Por eso no conciben el hecho de que a diario hay millones de personas que amanecen en la total incertidumbre sobre qué van a desayunar, de dónde van a obtener dinero para su subsistencia básica, o cómo van a lograr que sus hijos vayan a la escuela.

MIRAR ALREDEDOR

Las campañas electorales tienen niveles galopantes de demagogia, a partir de que todo el tiempo están hablando del desarrollo, de las oportunidades y de los jóvenes. El problema es que esos discursos están llenos de huecos e imposibilidades de cumplimiento. En el fondo, parece que los políticos y sus mercadólogos ven alrededor para detectar problemas que preocupan a la sociedad, pero únicamente para explotarlos a su favor, pero no para verdaderamente resolverlos. Por eso, a pesar de la prolífica actividad electoral, México sigue siendo un país ajeno a las oportunidades para las nuevas generaciones, y plagado de gente desencantada que busca opciones donde no debería.

Pues no se trata de caer en las mojigaterías de los santiguados que ven en el crimen a satanás. Más bien, de lo que se trata es de poder ser sensibles a esos problemas justamente para desmantelar los arquetipos que llevan a muchos jóvenes a buscar el lado fácil en desdeño de la perseverancia y el trabajo, y que alimentan la idea de que la única forma de triunfar en estos tiempos está en la búsqueda de actividades como el narcotráfico, la delincuencia organizada o los trabajos “fáciles” como todos los que se hacen en detrimento de otras personas.

Por eso mismo, una forma eficaz de combatir, por un lado, la idea de que sólo así es posible salir adelante, y por el otro el desdén por la realidad para mantenerse encerrados en el submundo personal, es a través de la concientización de esas nuevas generaciones sobre el panorama que prevalece en el país, y la necesidad de hacer algo, por mínimo que sea, para contribuir a cambiarlo. No hacerlo significa contribuir silenciosamente a la reproducción de esos problemas, y a arruinarle el futuro no sólo a quienes privilegian esos arquetipos, sino también a quienes en el mediano o largo plazo serán víctimas de la reproducción inopinada de esas ideas.

Así, más allá de lo que viene y dice un hombre que mañana se irá quizá para no volver a poner un pie en México, esta debería ser una preocupación compartida con más personas. México es uno de esos países que no puede seguir disimulando que tiene múltiples y variados problemas, para maquillarse con la idea de que aquí todo es maravilloso sólo para que así nos vean afuera.

LLAMADO INDÍGENA

Parece que Francisco vino con la consigna de hablar de todo lo que no quisiéramos escuchar. La reivindicación indígena es tan profunda y necesaria, como la necesidad de terminar con la segregación y el clasismo que es tan propio de nuestra sociedad, y que hace a quienes pertenecen a alguno de los muchos pueblos y comunidades indígenas, uno de sus principales blancos de forma permanente.