El Gobierno de Oaxaca, ausente de la discusión sobre el futuro de la industria del mezcal

 

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+ Ampliar la Denominación de Origen revela falta de un proyecto global del producto


El estado de Oaxaca —su gobierno, sus productores, los promotores y todos los involucrados en la cadena productiva del mezcal— deben impulsar una discusión nacional sobre el futuro del mezcal, a partir de un conjunto de circunstancias que hoy están determinando el rumbo de este producto y que, de no ser atendidas, fácilmente podrían poner en riesgo las características y plusvalía de la industria mezcalera de la entidad.

En efecto, este es un problema de varias dimensiones: Por un lado, el gobierno federal ha permitido la ampliación de las zonas protegidas por la Denominación de Origen Mezcal; y por el otro, la cadena de producción (por lo menos en Oaxaca) se enfrenta a retos que van desde la sostenibilidad de la materia prima —el maguey— hasta el cumplimiento de las regulaciones y el pago de impuestos, sin dejar de lado que la principal plusvalía del mezcal oaxaqueño radica en su diversidad y en el respeto a las formas artesanales y ancestrales de elaboración. Por eso, mientras no exista esa discusión, y el gobierno y los productores de Oaxaca sigan en silencio, se seguirán multiplicando los riesgos para esa industria, que es una de las pocas que genera riqueza y empleo para los oaxaqueños. ¿De qué hablamos?

De que, en lo que respecta a la Denominación de Origen Mezcal (DOM), el gobierno federal facilitó el año pasado que el estado de Puebla fuera parte de esa Denominación de Origen. Hasta entonces, las entidades protegidas por la DOM eran Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Guanajuato, Zacatecas, Durango y San Luis Potosí. En el aspecto político, se dijo que Puebla había sido incluida en la DOM como uno más de los mecanismos de su anterior gobernador (Rafael Moreno Valle) por construir su candidatura presidencial a partir de los aparentes logros de su gobierno.

Sin embargo, técnicamente Puebla no tenía muchas dificultades para demostrar su potencial y su tradición mezcalera, ya que buena parte de la mixteca poblana cuenta con agaves silvestres más o menos similares a los que existen en Oaxaca; y también existen productores que tradicionalmente habían producido destilados de agave, y que además se preocuparon por controlar la producción agaves que en Oaxaca son considerados como silvestres. Por eso, sin mayor complicación Puebla se incorporó a la DOM, y lo que faltará ver en los años siguientes es si su industria le apuesta al mezcal de producción artesanal o ancestral, o si se decide por la ruta de la producción industrial.

Junto a esa primera decisión de incluir a Puebla en la DOM, hoy también se dice que Aguascalientes estaría ya en una fase muy avanzada para ser reconocido también como parte de la Denominación de Origen Mezcal. E igual que Puebla, es posible que Aguascalientes tampoco haya tenido problema en demostrar su tradición mezcalera, ya que en al menos 29 estados del país se tienen registros históricos de que se han producido destilados a partir de las distintas variedades de agave que existen en México.

En realidad, el problema no parece radicar en si los nuevos estados que se están incluyendo en la Denominación de Origen Mezcal tienen o no tradición mezcalera, o potencial de producción de dicho destilado, sino más bien en si el gobierno federal, y los de las entidades federativas involucradas —de los cuales Oaxaca debería ser el principal protagonista, por ser la entidad con mayor capacidad de producción de mezcal para México y el extranjero— entienden la necesidad de establecer derroteros concretos para la industria, antes de que las tentaciones o las ganancias de corto plazo terminen por estropear su potencial como una fuente generadora de riqueza, empleos y divisas, y como un producto altamente competitivo en prácticamente cualquier mercado internacional de bebidas alcohólicas.

NO HAY PROYECTO

Para el gobierno federal puede ser muy fácil continuar incluyendo a más estados en la Denominación de Origen Mezcal. Puede serlo, a partir del argumento fácil de que eso estimula la industria, y potencia la producción de destilados de agave que son muy apreciados y valorados económicamente en los mercados internacionales.

No obstante, resulta que en el mediano plazo, una ampliación indiscriminada de la Denominación de Origen Mezcal únicamente traería un intento de homogenización de un producto que, paradójicamente, tiene como uno de sus principales activos intangibles la impronta y las particularidades de la zona en donde fue fabricado. Ese es un rasgo que potencia el valor comercial del mezcal, a partir de sus características sensoriales —de aroma y sabor, principalmente—, de su producción artesanal, y del reflejo de la tradición en la que fue creado. Es justo por esas características, que el gran consumidor —mexicano, estadounidense, europeo o asiático—, paga grandes cantidades de dinero por el mezcal, a partir de que lo aprecia más por esas particularidades, que simplemente como una bebida alcohólica.

De ahí que una apuesta más inteligente y de largo plazo, tendría que estar encaminada a potenciar las denominaciones de origen regionales, antes que optar por la codicia fácil de aprovechar la fama actual de la marca Mezcal. En México, como género, todos los alcoholes destilados del maguey se conocieron históricamente como mezcal. Sin embargo, en diversas regiones del país existen denominaciones tradicionales que distinguen a sus destilados. Por eso, aunque el tequila es un también un mezcal, la región productora de ese producto decidió diferenciarlo del mezcal con una denominación distinta (tequila) y potenciarlo como marca, hasta llevarlo al trono en el que sigue estando el tequila en los mercados nacional e internacionales.

En esa lógica, ¿Por qué no impulsar la discusión de que, en lugar de ampliar indiscriminadamente la DOM, se fortalecieran otras denominaciones que, potencialmente, son tanto o más atractivas que el mezcal? Existen otras denominaciones ya reconocidas, tales como el bacanora y el sotol —y otras que no cuentan con denominación de origen, pero que existen y son reconocidas, tales como la raicilla, el comiteco, la charanda, y otras—, que son de una producción más o menos similar a la del mezcal, y que podrían potenciar no sólo la producción de la bebida, sino toda la economía que está alrededor de ellas.

Oaxaca —gobierno, sociedad, productores, etcétera— debería pensar con más perspectiva en la necesidad de esa discusión, junto con otras que son concomitantes a ella, como la de la diversificación y regionalización de los Consejos Reguladores para romper el monopolio y los abusos actuales del Consejo Regulador del Mezcal; deberían también impulsar una discusión fiscal seria y de altura, para poder estimular esa industria que ha demostrado su capacidad pero que no puede crecer por la enorme carga impositiva que le establece la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Deberían impulsar la discusión no sólo respecto a las formas de fabricación de mezcal que se impulsan en Oaxaca, sino las de todo el país, para equilibrar la producción, y evitar que la avidez por el comercio indiscriminado y de corto plazo, arruine las características de producción orgánica y artesanal que hoy le dan un enorme valor agregado a la bebida.

SILENCIO TOTAL

Todo eso tendría ya que estarse discutiendo integralmente. El problema es que las voces autorizadas, facultadas y responsables para ello siguen en silencio. Es una lástima que la Secretaría de Economía estatal, que encabeza Mario Jesús Rodríguez Socorro, siga desaparecida de esta realidad que afecta a la industria mezcalera de la entidad; y que los propios productores estén distraídos y sujetos a una pugna mezquina e innecesaria con los enseñoreados controladores del Consejo Regulador del Mezcal, que deberían ser los primeros interesados en cuidar y potenciar este producto, y no en querer asumirse —como ocurre actualmente— como la dictadura en la certificación del mezcal.