¿Estará preparado el gobierno de Oaxaca para cuando pase la crisis por los sismos?

Los sismos que azotaron la entidad oaxaqueña el pasado mes de septiembre cambiaron las más importantes variables de la dinámica gubernamental y social en Oaxaca, y sin embargo es muy importante reconocer que cuando pase la contingencia, los mismos problemas de antes —y de siempre— seguirán ahí. Dada la dimensión de la crisis por los sismos, todo el gobierno se volcó a su atención principalmente en la zona siniestrada del Istmo de Tehuantepec. Sin embargo, una vez que pase la emergencia, el gobierno tendrá que adaptarse y amoldarse a los problemas derivados de los sismos, pero también a los que ya tenía antes de ellos. Y esa no será una tarea fácil.

En efecto, en la agenda pública oaxaqueña había una cantidad ya bastante abultada y compleja de asuntos, antes de los sismos. De entre todos ellos, destacaba por mucho la atención al conflicto magisterial y la relación del gobierno con las organizaciones sociales, que intentaban medir la capacidad y la tolerancia gubernamental a través de acciones violentas. A la par de ello, había problemas propios de las zonas urbanas como el manejo de los desechos, la inseguridad, el desarrollo descontrolado de las zonas habitadas; y con a esos, estaban los problemas que siguen ahí como la pobreza y la marginación, que son por mucho de los temas más sensibles de la agenda gubernamental en la entidad.

Los sismos del mes de septiembre cambiaron drásticamente las coordenadas gubernamentales. Desde el primer momento de la tragedia, el gobernador Alejandro Murat se enfocó permanentemente en la atención a los damnificados, y algunos sectores de su gabinete se involucraron en la coordinación de acciones con autoridades municipales y federales, a favor de quienes habían perdido todo por los movimientos sísmicos.

A la par de ello, en la sociedad oaxaqueña mostró un importante sentido de solidaridad no sólo en el aspecto material (en la donación de víveres, enseres y materiales de primera necesidad) sino también en el hecho de que, durante las poco más de cuatro semanas que han pasado desde la primera contingencia, la entidad oaxaqueña ha vivido en relativa calma —relativa, al fin— respecto a su ya de por sí muy compleja agenda política y social, en la que las manifestaciones, la resistencia y a veces la intolerancia de grupos y organizaciones frente al gobierno, era cosa de todos los días. La propia sociedad, además, ha intentado mostrar su sentido de civilidad y solidaridad frente a la circunstancia, y por eso mismo pareciera que la agenda común se ha visto dominada por la prudencia en casi todos sus aspectos.

Incluso, dentro de las pocas acciones que ha realizado la Sección 22 del SNTE de principios del mes de septiembre a la fecha, han sido mínimas. Pues nadie habría imaginado que la Sección 22 se quedaría completamente desmovilizada durante varias semanas, luego de un episodio social y político tan trascendente como la visita del presidente Enrique Peña Nieto a la capital oaxaqueña y las acciones que el mismo día del primer terremoto, había desplegado el magisterio democrático para desestabilizar durante la visita presidencial.

Ese mismo día —el siete de septiembre— el magisterio democrático de la Sección 22 ya tenía listos a sus reprimidos, sus consignas, sus actos de represión, y todo lo que implica para ellos una visita —una “afrenta”, decían— presidencial en su agenda de mediano plazo; y resulta que contra todos los pronósticos, por la circunstancia tuvieron que dejar de lado esa agenda, y olvidarla por completo —como ha sido hasta ahora, que ni siquiera han intentado revivirla—, para tratar de aparejar su trabajo a las acciones de solidaridad que emprendió todo el pueblo mexicano, con la gente que había caído en desgracia por los sismos.

EL DINOSAURIO SEGUIRÁ AHÍ…

Lo que todos deben calcular, es que en cierto tiempo la crisis por los sismos pasará y entonces todos regresarán a enfrentar problemas que quizá estén ahora apaciguados. Particularmente, las áreas encargadas de la atención a la política interna tendrán que regresar a enfrentar la acumulación de cuestionamientos por los problemas que ahora parecen desaparecidos de la corteza política y social de la entidad.

Del mismo modo, dentro de no mucho tiempo aflorará la urgencia de atender con diligencia el aspecto político electoral del conflicto magisterial. Pues a pesar de los sismos y de la tragedia que viven miles de oaxaqueños en las regiones azotadas por los movimientos telúricos, hay cuestiones que no se detienen. Una de ellas, fundamental, es el proceso electoral que ya está en marcha, y que dentro de no mucho tiempo tendrá que entrar en la ruta de las definiciones para todos los cargos que estarán en disputa en los comicios del año próximo.

Oaxaca tendrá una agenda muy importante en ese aspecto porque aquí se renovará el Congreso del Estado y las presidencias municipales que se rigen por el sistema de partidos políticos, además de todos los cargos federales que también estarán en disputa, y la elección presidencial. En todos esos casos, además de los partidos políticos, la Sección 22 del SNTE intentará influir y lo hará de la forma en que siempre ha incidido en los procesos electorales. Es decir, presionando, marchando, irrumpiendo y tratando de involucrarse por sus propias vías en las definiciones ciudadanas. Ahí debería estar ya una parte del gobierno, y si no lo está ahora, dentro de poco encontrará ese problema pero agravado por la desatención ante el sismo.

Incluso, a estas alturas queda claro que han sido pocos quienes han logrado comprender a cabalidad el momento tan complejo que vive Oaxaca. Uno de ellos ha sido el secretario de Desarrollo Social y Humano, Raúl Bolaños Cacho Cué, que con discreción y cautela, se ha dedicado a atender temas que de otro modo estarían sueltos ante la dimensión de la crisis que vive Oaxaca, y que son parte de los temas que debe atender la dependencia que encabeza pero que también son factores de gobernabilidad para la entidad, tales como la dotación de servicios gubernamentales, la atención a las organizaciones de defraudados y otros temas que, igual que los relacionados directamente con la política interna, en este momento pueden estar apaciguados pero que pronto reaparecerán porque no son parte de la agenda de las contingencias, sino de la agenda de prioridades para la política estatal.

NO SE DISTRAIGAN

En el fondo, todo el gobierno debía estar preparándose para cuando ello ocurra. Temas como el turismo, la cultura, la economía y demás, que ahora se encuentran semi paralizados, deben reactivarse de inmediato porque éstos serán algunos de los pivotes que le permitan a Oaxaca ir recuperando paulatinamente su normalidad.