El “Buen Fin”: Ofertas, sólo a crédito y sin ninguna motivación de dinamismo

¿Usted planeó comprar algún producto en el llamado “fin de semana más barato del año”? Si la respuesta fue positiva, entonces también debe ser correcto completar la respuesta asegurando que finalmente terminó no comprando nada. ¿A qué se debe esto? A que el llamado “buen fin” se ha reducido, a muy pocos años de su implementación, a una abierta estrategia comercial de instituciones bancarias, centros comerciales y compañías telefónicas, para ofertar crédito a consumidores eufóricos. Pues en realidad, durante este periodo de “ofertas” la gente que planea sus gastos, definitivamente no compra nada.

En efecto, este fin de semana largo coincidió con el del llamado “buen fin”. Bajo el eslogan de que es el fin de semana más barato del año, el gobierno federal y los grandes comercios establecieron una estrategia que lo que se supone que buscaba, era generar un mayor consumo interno entre la población para así inyectarle recursos a la economía y al mercado nacional, que desde hace años simplemente está estancado.

Para darle aliento al consumo, el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón decidió implementar el “buen fin” utilizando como primera estrategia que a todos los empleados federales se les adelanta el pago de su primera parte del aguinaldo para esta fecha, y combinándolo con una invitación a que las grandes cadenas comerciales establecieran un programa de ofertas, durante cuatro días, que significaran —se supone— la mejor oportunidad del año para adquirir algún producto, y el mejor periodo de ventas para quienes se dedican a venderlos. Así arrancó el “buen fin” a partir de 2011, y lo único cierto es que ese es un periodo que únicamente alimenta la impulsividad de quienes son fanáticos de los gastos no planeados, y que es un gran negocio para quienes lo que venden es crédito.

¿Por qué? Porque bastaba con darse una vuelta por cualquier zona comercial para darse cuenta que el “buen fin” no es un periodo de oportunidades para gastar. La gran mayoría de los comercios —no centros comerciales o tiendas de cadena, sino negociaciones comunes— se adhirió al “buen fin” ofertando descuentos que, cuando mucho, alcanzaban un 10 por ciento sobre sus etiquetas comunes, o que anunciaban grandes descuentos en productos que, al verlos, eran en realidad verdaderos saldos, o cosas que provenían de sus stocks rezagados. Sólo las cadenas comerciales implementaron promociones, aunque casi ninguna era lo verdaderamente atractiva como para destinar un ahorro a dicho producto o, aún mejor, para comprarlo de contado.

¿Cuál fue el gancho? Como todos los años, éste fue los llamados “meses sin intereses”. Éste, que es un gran negocio de las instituciones bancarias —que le dicen al cliente que pagará su producto en un plazo determinado pero sin aclararle que ese pago no viene incluido en su pago mínimo sino en sus compras del mes—, es el que verdaderamente florece en el “buen fin”. Las estadísticas anuales dicen que los productos que son mayormente adquiridos durante ese periodo, son los electrodomésticos y los artículos electrónicos, tales como pantallas, aparatos de sonido o equipos de cómputo. Todo, claro, a través del crédito.

Incluso, en esta dinámica, la dupla de las cadenas comerciales y las instituciones bancarias, han llegado al extremo de ofrecer al cliente todo tipo de promociones, cupones, tarjetas de regalo y demás, en las compras a crédito. Y abierta y claramente desdeñan al consumidor que planeó y decidió ahorrar su dinero para buscar, en ese periodo, una buena oferta para adquirir un producto de contado. Para ellos, en el mejor de los casos, las tiendas no tuvieron sino magros anuncios de un cinco o diez por ciento de descuento, aunque la intención clara es que el producto se adquiriera a crédito y a plazos de 18 meses, o más, para poder acceder a los “beneficios” que habían sido planeados para el buen fin.

Al final ¿qué queda? Que la gente que tiene algún sentido de prudencia, evita este tipo de mecanismos engañosos que lo que busca es anclar la economía familiar durante meses a un débito con instituciones bancarias; y que para ese tipo de personas, en realidad el buen fin termina boicoteándose solo.

BUEN FIN: AUTOBOICOT

Afirmábamos que el Buen Fin se boicotea solo. ¿Por qué? Porque se supone que la finalidad de este periodo que intentan equiparar al Black Friday estadounidense, es generar movilidad económica para que la gente gaste su dinero, a partir de ofertas atractivas en la gran mayoría de los productos y servicios que se ofertan ese día. Lo paradójico es que en México, a diferencia de Estados Unidos, las ofertas que se ponen a disposición del público casi nunca tienen que ver con las compras de contado. En México el Buen Fin es para las instituciones de crédito, que entonces enganchan a mucha gente con compromisos que incluso rebasan el periodo de un año.

Esto se pone de manifiesto con un ejemplo de la vida real. Una persona ahorró para adquirir un vehículo y desde hace más de un mes ha venido aplazando el momento de la compra, esperando el Buen Fin. Tiene su dinero depositado en una cuenta bancaria, listo y completo para hacer una transferencia. ¿Cuál es el problema? Que esta semana que llegó el Buen Fin se encargó de visitar todas las agencias automotrices de la ciudad buscando una oferta —aunque fuera mínima— para poderla aprovechar en el desembolso de una cantidad considerable de dinero.

¿Cuál es la sorpresa? Que ninguna marca de vehículos, ninguna, ofrece una sola promoción para una compra de contado. Las grandes ofertas son para las compras a crédito. En ellas sí establecieron algunos beneficios como el regalo de un seguro, o la condonación de la comisión por apertura del crédito. Quizá constituyan un ahorro. Pero éste es testimonial, y evidentemente nulo, frente a los intereses que ganarán las instituciones de crédito otorgantes con esta compra “promocional” que encierra un compromiso de mediano plazo, y que incrementará el precio inicial de lo que se quería comprar. Al final, esa persona X decidió hacer una inversión distinta a la que tenía planeada, porque el Buen Fin no le ofreció ninguna opción. De nada.

UN ENGAÑO

Sí, esto es, evidentemente, un engaño. Pues resulta que el Buen Fin ahuyenta en sí mismo a la gente que con un poco de información y reflexión toma la decisión de comprar un producto, o de adquirir una deuda. Porque en el fondo, la oportunidad que dicen que hay este fin de semana, es una engañosa fantasía.