Aurelio Ramos Méndez
Menos de cien horas bastaron para que los aficionados al futbol y el sector comercial y de servicios nos demostraran a todos los mexicanos, en particular al gobierno federal, que sí es posible sacudirnos el humillante colonialismo lingüístico, reflejado en el uso y abuso del idioma inglés, que ha copado todos los ámbitos de la vida nacional.
Al despejarse el miércoles la incógnita de que Inglaterra sería el rival de México en el partido de ayer domingo, octavos de final del Mundial 2026, en las redes cundió una iniciativa identificada como #noinglés, orientada a dejar de emplear al menos por unos días el idioma de Shakespeare como señal de apoyo al seleccionado mexicano.
Parece obvio que la idea fue iniciada con intención jocosa, sin más propósito que ganar vistas y “me gusta”, o tratar de hacer de la rivalidad deportiva una oportunidad de negocio. En horas prendió como chispa en prado seco y adquirió visos de seriedad.
Decenas, o quizá centenares de empresas grandes y pequeñas, nacionales y extranjeras, se sumaron a la campaña y anunciaron la modificación de la denominación de sus productos y hasta de su nombre o razón social, y el asunto se viralizó y pasó del humor digital al genuino reclamo social.
“En América Eagle informamos que de aquí al lunes nos unimos al operativo “noinglés”. Por ello hemos decidido actualizar temporalmente nuestro vocabulario. Los outfits, serán atuendos. El denim, mezclilla. Y los jeans, pantalones vaqueros. Vamos México”, publicó la famosa tienda de ropa.
La cafetería de origen canadiense, hoy estadunidense, Tim Hortons, avisó a sus clientes: “Nos unimos al movimiento noinglés por apoyar a Team Mexico. A partir de este momento nos pueden llamar Timoteo Hortiz, evitando el uso de palabras en inglés. Atentamente, Timoteo Hortiz (la H es muda)
Lo propio hizo la transnacional 7-Eleven, que invitó a acudir por “una Grande Dona, una Gran Mordida, un seis de cerveza, un Café Selección”, y otros productos hasta horas antes denominados en inglés. E invitó a ser referida como 7 Once.
El restaurante Buffalo Wild Wings pidió ser llamado Búfalo Alitas Salvajes y Pastes Kiko’s notificó: “Sabemos que nuestro amado producto tiene herencia británica, pero ante el próximo encuentro futbolístico Pastes Kiko’s ha tomado una decisión contundente para apoyar a los nuestros y sumarnos al “noinglés”.
“A partir de este comunicado y hasta finalizar el partido, suspendemos el uso del apóstrofe y la “s” final, ya que responden a una estructura gramatical del idioma inglés; oficialmente los esperamos en nuestras sucursales de “Los pastes de Francisco” para disfrutar de cada jugada.
“¡Porque el verdadero sazón se grita en español!”, exclamaron, con escasa fortuna, los publicitas de la firma comercializadora de pastes. Se entiende el desatino, a la luz del lejano origen británico de las sabrosas empanadas; pero si “sazón” es sustantivo femenino, le corresponde el artículo del mismo género: La sazón.
El caso es que contra el avasallamiento del inglés se manifestó hasta el changarro Simipet Care, el cual informó que “mientras juegue México”, en esos establecimientos “sólo les hablaremos en español a todas las razas inglesas. Aquí no es “woof” ni “sit”, aquí es guau y sentado.
No se requiere de una percepción aguda para percatarse de que, en no pocos casos, se trata de mensajes festivos cuya única finalidad consiste en sumarse a las tendencias de las redes para tratar de aumentar ventas.
En el lance chusco, sin embargo, quedó claro que es perfectamente posible y de manera ultra rápida la traducción al español del lenguaje comercial infestado de inglés, que muchas veces resulta incomprensible aun para empleados y hasta propietarios de establecimientos mercantiles.
Del gobierno federal –las secretarías de Gobernación, Educación, Economía, el IMPI y otros entes oficiales—, así como de los organismos empresariales, las instituciones de educación superior, las asociaciones de profesionales –publicistas, locutores, periodistas– la Academia de la Lengua, y otras instancias depende que esta campaña sea permanente. ¡Sí se puede!
El abuso en el empleo del inglés está la vista de todos, propiciado por empresarios, publicitas y locutores que absurdamente suponen que venderán más si nombran en inglés los productos y servicios que anuncian, aun cuando existen palabras en español que pueden describir con mayor precisión tales productos.
Autoridades de Gobernación y otras dependencias han consentido el uso abusivo de extranjerismos con la peregrina justificación de que las grandes y poderosas firmas transnacionales abanarían el país, con graves perjuicios en el empleo y la economía en general, si se las obligara a emplear el castellano no sólo en sus catálogos de productos sino en sus nombres comerciales, tal como se ha hecho en otras latitudes. Quebec y Montreal, en Canadá; en Barcelona, España, y en Italia, Francia, Chile, y otras naciones, por ejemplo.
En el Este de Canadá se vende Pollo Frito Kentucky, no Kentucky Fried Chicken, y se puede comprar café no en Starbucks Coffe, sino en la Cafetería Starbuck, y ningún corporativo global ha abandonado esas ciudades o países, a pesar de que se trata de mercados infinitamente menores en valor y dimensión que el mexicano.
Cuesta trabajo creer que una empresa global puede desdeñar y salirse de un mercado de 130 millones de mexicanos, si en el francófono Quebec, de sólo ocho millones de habitantes, acató la exigencia de poner nombres en francés, y en catalán en Barcelona.
En todo caso, el mundo futbolístico mexicano ya puso la muestra de que el cambio es factible. Lo que falta es voluntad de la 4T para defender el idioma nacional, así sea por conveniencia política frente a Estados Unidos, potencia ésta que el Mundial en curso ha podido ver de qué color pinta el verde.
En el inicio del Campeonato, como se recuerda, directivos de la FIFA que suelen asearle el calzado a Donald Trump acataron la orden de prohibir el uso del español en el torneo, a pesar de que se trata de la lengua nacional de uno de los países anfitriones, México. La realidad acabó por imponerse.
Aficionados al fut y comerciantes ansiosos de ganancias han demostrado que, cuando de vender se trata, sí es posible sacudirse el avasallante inglés que –sin hipérbole– ha dejado incomunicados a vastos núcleos de mexicanos.
BRASAS
¿Quiénes son los cinco futbolistas de la selección de Ecuador que habrían sido amenazados por un cartel del narcotráfico mexicano, con el fin de que se dejaran ganar en el partido contra “la verde”, el martes pasado en el Azteca?”.
La “revelación” de tales amenazas fue propalada el jueves (2) con absoluta irresponsabilidad, nulo rigor profesional y por encargo quien sabe de quién, por el periodista argentino de Radio Mitre, Eduardo Feinmann, uno de los más abyectos lacayos del presidente Javier Milei.
La maloliente especie inundó las redes, sin que Feinmann se sintiera con la obligación ética de precisar los datos del chisme que había esparcido, con base en el cual lanzó, a modo de conclusión, un parecer asaz infame:
“Me parece que los narcos quieren a toda costa que México salga campeón del Mundial”.
La versión de las amenazas, según los patiños del comunicador, habría trascendido –vaya uno a saber de dónde– la víspera, el miércoles 1, al día siguiente de la derrota del seleccionado ecuatoriano.
Y fue difundida un día después por Feinmann, justo en el aniversario 32 del asesinato en Medellin, Colombia, del muy querido futbolista Andrés Escobar, dos días después de que éste regresara del Mundial de Estados Unidos, en el cual Colombia se había quedado afuera en la primera ronda.
En el partido contra el anfitrión EU, Escobar había anotado un autogol, el cual marco el fin de la participación colombiana en el campeonato; pero lo que resultó más peligroso, malogró apuestas de narcos que se cobraron con la vida del deportista.
El periodista dio la “noticia” de las amenazas en estos términos:
“El tema del mundial es bastante complicado… porque parece que está confirmado que hubo amenazas por parte de un cartel de México para los jugadores ecuatorianos.
“Se comunicaron con cinco jugadores, con datos específicos sobre su familia en Ecuador y en México. Impresionante…”.
Otro de sus colaboradores hizo la observación de que en México juegan varios ecuatorianos, de quienes puede ser fácil conocer datos tales como “donde viven, donde juegan, donde paran, su familia, sus hijos…”.
Así, a partir de pareceres y vaguedades –“parece que está confirmado”, “me parece que los narcos quieren a toda costa”, “se comunicaron con cinco (quien sabe cuáles)”— soltó el chisme que luego inundó las redes.
Pero de los cinco, nada
Feinmann es, junto con Jonatan Viale, Luis Majul, Antonio Laje, y yutuberos e influenciadores como el Gordo Dan, Nicolás Márquez, y algunos más, uno de los comunicadores más cercanos y favorecidos por Milei, lo cual impone el interrogante de si el ultraderechista y muy corrupto gobierno argentino tiene algo que ver en esta patraña.
Duda que se acrecienta ahora que otro gobierno de la derecha trumpista, el de Ecuador, ya elevó el caso a la FIFA “solicitando una investigación pormenorizada de los hechos ocurridos antes y durante el partido -incluidos todos aquellos que pueden haber comprometido temas de seguridad de nuestra hinchada y jugadores.
RESCOLDOS
No tiene límites la ruindad de la dirigencia del PAN y sus compinches en los medios. Pretenden lucrar políticamente con la muerte de cuatro personas en festejos por el triunfo del equipo mexicano. Un mínimo de decencia debería obligarlos a no montarse en la tragedia; pero ya se sabe que los olmos no dan peras. Y luego se quejan porque no votan por ellos…
Ahora fue el periodista Ciro Gómez Leyva quien mandó al diablo a las instituciones, y sus contlapaches le aplauden. Entrevistó a Israel Vallarta, que pasó veinte años de su vida en la cárcel acusado de secuestrador, pero fue exonerado en el caso Casez. Ciro insiste en llamarlo secuestrador “porque la verdad histórica no siempre coincide con la verdad jurídica”. Algo así como “estas son mis verdades, si no les gustan, tengo otras”.
aurelio.contrafuego@gmail.com
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