CONTRAFUEGO || Andy, ¿incauto o cómplice?

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Aurelio Ramos Méndez

Va de anécdota. En tiempos de Ruiz Cortines hizo carrera una historia elocuente sobre los beneficios que, sin necesidad de cargo público alguno, puede reportarles a inescrupulosos o vivales la simple cercanía con los hombres del poder, en particular los integrantes del gobierno, en la cual encastra perfecto la situación que atraviesan Andy López Beltrán y su amigazo Amilcar Olán.

Historia elocuente también sobre la demagogia política, si se considera que aquel presidente veracruzano alcanzó fama no sólo de cuidadoso sino aun de avaro en el ejercicio del gasto público, la austeridad republicana de aquel tiempo.

Recordaban la anécdota hace ya algunos años, entre desaprobatorios y envidiosos, periodistas veteranos que en su momento conocieron el real o supuesto episodio de manera directa o de oídas.

Narraban que, tras su triunfo en las urnas, el mandatario electo buscó tener un gesto de gratitud con uno de los periodistas que de manera más decidida lo había apoyado en su carrera política, en especial durante la campaña electoral.

“Bueno, mi amigo, ya ganamos… Ahora estoy en la posibilidad de agradecerte tu respaldo y compromiso con mi candidatura. Dime, entre estas opciones, cual puesto te interesa para arreglar de inmediato tu nombramiento”, contaban que le dijo al periodista el candidato triunfante cuyo lema de campaña había sido “Austeridad y trabajo”. 

La respuesta sorprendió a más de uno. “Señor presidente, de verdad le agradezco esta deferencia, pero comprendo que usted tiene muchos compromisos políticos pendientes con quienes lo respaldaron y no quiero ser elemento que le impida disponer de los cargos para atender esos compromisos.

“Yo no aspiro a cargo alguno, mi apoyo ha sido incondicional, me basta contar con su amistad y me daré por bien servido con su saludo, cada vez que se dé la ocasión de encontrarnos. Su amistad y saludo es lo único que aspiro a conservar”.

A partir de entonces Ruiz Cortines comenzó a derrochar efusividad en su saludo, cada vez que entre las multitudes avistaba a su amigo el periodista. Diestra en alto mostrando el dorso y agitándola levemente para decir “gracias”, expresiones de camaradería que no dejaban lugar a dudas: amigo, lo que se llama amigo. Como Amilcar y Andy.

Hasta los menos perspicaces pudieron percatarse de la estrecha cercanía, de la aparente relación sin restricciones. 

Y, entre la alta burocracia, tal vínculo amical se tradujo en la certeza de que incluso la más leve sugerencia o recomendación del comunicador provenía del Jefe del Estado y merecía ser atendida sin discusión ni dilaciones.

El señor periodista devino coyote y empezó a capitalizar la amistad y el público saludo presidencial, vía el tráfico de influencias. Por consecuencia, empezó a cortejarlo una legión de logreros y chanchulleros.

Empresarios interesados en abreviar trámites, políticos tras alguna candidatura, constructores en busca de contratos, proveedores ansiosos por venderle al gobierno bienes y servicios, y hasta gobernadores y funcionarios estatales y municipales urgidos de concretar el flujo de recursos federales para obras públicas…

Tal como, con toda certeza le ocurrió al segundo vástago del expresidente López Obrador, uno de cuyos reales o aparentes beneficiarios fue el empresario Jorge Amilcar Olán Aparicio.

Y tal como Raúl Salinas de Gortari –Mr. ten per cent— procuró que le sucediese masivamente a lo largo del sexenio 1988-94.

De Olán Aparicio se afirma que amasó una fortuna colosal, real o supuestamente gracias a negocios turbios con el Estado, vía contratos asignados de modo directo o mediante licitaciones amañadas, costos inflados y toda suerte de trácalas.

¿Intercedió Andy para favorecer las trapacerías de Amilcar, y de haber sido así lo habría hecho tajada o comisión de por medio o sólo por amor al arte? Enigma.

La oposición, faltaba más, sostiene –sin pruebas convincentes, aparte de la cantaleta de que no hay quien lo dude — que el nene del Peje fue valedor y cómplice no sólo amigo l empresario.

¿Puede, sin embargo, esperarse algo distinto de adversarios políticos en cuyo fuero interno late la convicción de que han sido vilipendiados por el tabasqueño y, por lo mismo, destilan odio cerval hacia éste y toda su dinastía?

Las reacciones de Amilcar ante el aluvión de acusaciones por la prensa “independiente” no han contribuido a eximir de responsabilidad en presuntos cochupos al hijo del expresidente. 

Huyó a Europa con paradero desconocido para los mexicanos del común, excepto para un puñado de políticos, empresarios y mercenarios que, calladitos y con estrategias de inteligencia, le han seguido la huella con la intención de acosarlo, hacerle la vida imposible y asociarlo con Andy como la uña y la mugre.

Y volvió a huir en cuanto la audacia reporteril de Ricardo Salinas Pliego lo “descubrió” –se lo dijeron sus soldados de fortuna– dándose vida de jeque, en Lugano, Suiza.

El “hallazgo” del concesionario de TV Azteca trastornado por el odio a la 4T fue hecho aparecer como producto de la viveza del reportero Irving Pineda, quien gracias a “un telefonema anónimo” se habría enterado del punto exacto de residencia del ¿amigo? ¿cómplice? de Andy.

El reportero logró autorización y viáticos de su empresa, viajó a aquella ciudad y, ¡bingo!, logró captar imágenes exclusivas de Amilcar en short y desasosegado.

Se necesita desconocer cómo fluye la información en las redacciones para tragarse el cuento de que los golpes informativos son todos producto de la audacia, sagacidad y olfato de los reporteros para la noticia, no entregas de datos interesados vía manos perversas a dueños y directivos de medios.

Desconocer, por ejemplo, que durante el proceso electoral de 2006 –cuya pulcritud Felipe Calderón defiende con pasión por estos días– algunas de esas manos aviesas fueron las de Juan Molinar Horcasitas, quien con ello se habría ganado la dirección del IMSS y la secretaria de Comunicaciones con Calderón.

Molinar es recordado llegando a las redacciones de “medios amigos” del candidato panista llevando gruesos legajos con información negra sobre el oponente López Obrador, presentada luego como ejemplo de periodismo de investigación.

La primicia de Irving no incluyó ni una sola prueba atendible por la justicia, pero aportó insumos para el escándalo mediático. Y pasó al olvido tan pronto Amilcar volvió a escabullirse.

Hasta la próxima develación de Salinas Pliego.

RESCOLDOS

Por cierto que el concesionario de TV Azteca continúa labrando su candidatura presidencial por la ultraderecha, a imagen y semejanza del argentino Javier Milei: a punta de exabruptos y leperadas. La presentación por el expresidente López Obrador de su libro Pueblo le dio oportunidad al empresario de lanzar, echando espuma verde por la boca, una catarata de improperios. Rapto de cólera que dice mucho de su salud mental…

Un empleado del PRI fue detenido en flagrancia mientras robaba dinero –decenas de fajos de billetes, la mayoría de 500 pesos– de una de dos cajas fuertes instaladas en el área del despacho de Alito Moreno. La noticia circuló con profusión, pero la dirigencia priista desmintió que el hecho hubiese ocurrido en oficinas de este dirigente. El desmentido resultó verosímil. Se antojaba increíble que en el PRI aún quedase algo atractivo para los ladrones. Y más increíble que aún quedase dinero cercano de las oficinas de Alito. Las autoridades ya investigan el caso…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

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