Ismael Ortiz Romero Cuevas
El escándalo actual y del que es protagonista Guadalupe Taddei Zavala, presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), es algo de lo que al menos yo, no tengo memoria. Esto vuelve una bagatela aquel estrépito de cuando Lorenzo Córdova remedó la forma de hablar de un líder indígena y que, por cierto, quienes vociferaron de forma escandalosa ese hecho, fueron los simpatizantes del expresidente López Obrador, que eran oposición en esos días. La vida de frivolidad y lujo de Taddei, la relación con su “asistente especializado”, el desvío de millones de pesos y tener a Paris a los pies de sus hijos, colocan al INE y a su presidenta en el ojo público, porque hasta que fue tocado por López Obrador y su partido, era uno de los institutos que gozaba de mayor confianza entre los mexicanos.
Los mexicanos tenemos que hacer conciencia de eso. ¿Por qué todo lo que toca o crea Morena y sus servidores públicos lo convierten en corrupto?, instituciones como el INE, o el ejército, la marina, el sistema de salud, el poder judicial, la mayoría de las secretarías, el cacaraqueado Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado (Indep), que por congruencia debería ser el Instituto para robarle al pueblo lo devuelto, Seguridad Alimentaria de México (Segalmex), el tren interoceánico, el tren Maya, Dos Bocas, el AIFA, Mexicana de Aviacion y algún otro que se me pase, son realmente emblemas de lo que tanto prometieron combatir: la corrupción. No hablemos de los estados gobernados por ese partido en donde la violencia, la injusticia, la persecución a periodistas, el saqueo y la desconfianza es el común denominador. La salida de Taddei del INE debe ser inminente y con ello, esperamos que ahora sí, realmente el instituto, que tanto trabajo costó levantar, garantice elecciones limpias y transparentes, para poder tener algo de certeza de que comenzará un cambio. Aunque su renuncia, seguramente, también vendrá acompañada de un pacto de impunidad, muy al estilo del partido en el poder.


