Ismael Ortiz Romero Cuevas
El pasado jueves, supuestos simpatizantes del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y ex trabajadores de la extinta Luz y Fuerza del Centro, entraron al Complejo Cultural de Los Pinos y vandalizaron la ya caída estatua del ex presidente Felipe Calderón, haciendo una especie de “humillación” pública al golpearla, orinarla y decapitarla, después de su aparición en el foro “América libre” que, entre otras organizaciones, realizó el Partido Acción Nacional (PAN) y donde Calderón afirmó que nuestro país vive la dictadura perfecta con los gobiernos de Morena.
Y como el oficialismo ha declarado a Calderón el enemigo público número uno por haberse robado elección, cosa que hasta este día no se ha probado, no falta quienes quieran proclamarse caudillos y cometer un acto de vandalismo dentro de un recinto oficial, haciendo daño al patrimonio público. Y claro, el Gobierno Federal nada había hecho por restaurar la estatua que tenía más de un año en el suelo después de que un fenómeno natural la derribara; como simbolismo, es como quieren ver a Calderón y a cualquiera que se atreva a discrepar de ellos. Lo preocupante, es que la antigua residencia oficial se encuentra resguardada por el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, por lo que la “espontánea” irrupción al recinto huele a montaje, es decir, alguien autorizó su ingreso y les abrieron la puerta sin ningún problema. La situación es que, parece que el Gobierno Federal, en un afán de legitimar su discurso y su postura, permite que el vandalismo sea un acto sin consecuencias y hasta aplaudido por simpatizantes; sí es de terror. Y lo peor, quisieron humillar a Calderón sin lograrlo; le dieron pantalla, lo victimizaron y si se atontan, en una de esas, le vuelven a dar juego político: “La estatua dice poco de mi y mucho de ellos, son unos miserables” aseguró el ex presidente. Que no se les olvide a los gobiernos de Morena que, mucha gente ya los tilda como uno de los gobiernos más corruptos de la historia moderna de México.


