Lo que nos provocó la muerte de Luke Perry


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Siempre he dicho que el gran negocio de estos días es la nostalgia. La repetición de varios programas o la compra de los derechos de los mismos en las plataformas en streaming siendo además, los que más vistas tienen es una prueba. Otra es el ‘revival’ de los materiales en formato de vinil que los artistas de la nueva generación y las reediciones de materiales emblemáticos de la era dorada del disco compacto a ese formato, es otro de los grandes éxitos y estrategias más redituables de las compañías disqueras. Y es que justamente es en esta época que todos quienes fuimos integrantes de la generación X, tenemos poder adquisitivo y nos encanta recordar todo aquello que nos hizo felices en nuestra etapa de adolescentes.

Y la semana pasada, uno de los golpes más bajos fue enterarnos del repentino derrame cerebral que sufrió Luke Perry y dos días después, de su deceso. Se fue uno de los galanes más emblemáticos de la generación X y símbolo del estilo, pues él fue uno de los protagonistas de una de las series insignia de aquellos gloriosos años 90: “Beverly Hills 902010”, ese culebrón con una súper producción que contaba la historia de unos adolescentes que vivían de la manera más acomodada y sofisticada en uno de los barrios más exclusivos de California. Así, es. Nos hacían soñar y fantasear con aquellas chicas con vestuarios tan sexys y vanguardistas como Brenda (Shannen Doherty), Valery (Tiffany-Amber Thiessen) o Donna (Tori Spelling), y soñábamos con ser tan populares como Brandon (Jason Priestley) y obviamente como Dylan McKay (Luke Perry). La serie además, trataba temas desde los más triviales, hasta complicados como adicciones, divorcios, sexualidad y violaciones. “Beverly Hills 902010”, se mantuvo a aire por una década, siendo una de las producciones más redituables para la cadena Fox y se transmitió en prácticamente todo el mundo.

Creo que no me equivocó cuando digo que estos actores se convirtieron en ídolos de casi todos los adolescentes noventeros, pues aunque en nuestro país y me atrevo a decir que incluso en nuestro continente, el contexto en el que se desarrollaba la historia era prácticamente inexistente, fue tal el impacto de los personajes y de las historias tan actuales para la época, que no tardaron en apoderarse de la audiencia juvenil y de algunas ya mayores. Fue en 1991, cuando “Beverly Hills 90210” adquirió muchísima popularidad, siendo Priestley y Perry dos de los grandes responsables de ese éxito, pues creo no existía en aquellos años por lo menos un cuaderno forrado de ninguna jovencita que no tuviera algún recorte con la imagen de cualquiera de estos dos actores que aparecía en la revista rosa juvenil de esos años llamada “Eres”. Jason y Luke además, llevaron una amistad que sobrepasó los sets de grabación y que conservaron de manera muy cercana por casi 30 años; por eso, la despedida de Priestley en su cuenta de Instagram a Perry es un texto que le rompe el corazón a cualquiera.

Pero ya sin tanto rollo con los recuentos de lo que pasó, la muerte de Perry nos impactó a todos quienes nos consideramos de aquella generación, porque no solo fue uno de los más grandes ídolos de la época; Perry marcó todo un estilo de vivir la juventud, impuso moda y fue el equivalente de popularidad y personalidad que todo adolescente busca en esa etapa de vida; se convirtió en una especie de ‘héroe de acción’ de carne y hueso, pues incluso los chicos no temían decir que lo admiraban por la fuerza del personaje que interpretaba o por el estilo que el mismo actor manejaba ante los medios, algo así como cuando nos enorgullecía decir que nos gustaba Kurt Cobain o Axl Rose. Fue lo más parecido a lo que cualquier chico quería ser, incluso por la euforia que causaba en las jovencitas; porque representaba el sueño, ideales y quizá algunas metas de muchos muchachos de todo el mundo de esa década. Incluso, muchos actores que comenzaban su carrera en aquellos años como Ryan Phililppe, Mark Wahlberg, Brendan Fraser o el mismísimo DiCaprio no tenían empacho en copiar el estilo único de Perry.

Actualmente, Luke Perry tenía uno de los papeles principales en la serie “Riverdale” de la cadena Warner Bros., misma que ha tenido que suspender su rodaje por su repentina muerte. Esta serie, está basada en los personajes de “Archie Comics”, pero en un contexto mucho más oscuro. La serie ha tenido buenas críticas y aceptación del público. La muerte de Perry sucedió cuando prácticamente habían terminado de filmar la cuarta temporada próxima a estrenarse. En “Riverdale” Luke Perry interpretaba a Fred Andrews, padre de Archie (K. J. Apa), protagonista de la serie, siendo uno de los personajes principales. Así, Perry había atravesado la barrera de ser un ídolo adolescente de la generación X para ahora, conquistar a los extraños ‘millenials” que también aceptaron su personaje de forma inmediata, pues su carisma y calidad histriónica hizo que sufriéramos demasiado el final de la primer temporada donde supuestamente matan al personaje. También seamos honestos, así como Henry Thomas atrajo a un público más maduro a “La maldición de Hill House”, Perry hizo lo propio en “Riverdale”, pues muchos aplaudimos la decisión de que un ídolo adolescente de hace dos décadas, pasara la estafeta a nuevos chicos haciendo actuando a su lado.

Muchos comentarios en redes tanto de compañeros actores como de fanáticos, hablaron de la gran persona que fue Perry en vida. Todos tenían una palabra de aliento a su familia, incluso para su pareja, la actriz Wendy Bauer, que actuó con él en “Beverly Hills 90210”, relación que se mantuvo en secreto, hasta el día de su muerte. Así, queridos lectores, permítanme cerrar este Paréntesis de hoy con una frase que le dedicó su amigo, casi hermano, Jason Priesteley en su despedida, cuatro días después y según el mismo Jason, aún con su corazón destrozado: “Tu luz fue tan brillante, que la vela de tu vida se agotó demasiado pronto”.  

Entre avances nos veamos


Ismael Ortiz Romero Cuevas

El pasado fin de semana, hubo dos sorpresas del agrado de muchos. Sin demasiado alarde, el sábado Marvel nos sorprendió con el primer tráiler de “Avengers: Endgame” y la gente, bueno, realmente todos nos emocionamos de ver el épico avance que nos hace suponer que las cosas van mucho más complicadas después de lo sucedido en “Avengers: Infinity War”. Vemos a un Tony Stark desolado y quizá grabando su último mensaje perdido en el espacio, a una Black Widow portando un querido artefacto de Steve Rogers, o sea, Capitán América y a ambos quizá tramando un plan; a Thor prisionero; a Hawkeye convertido en el sanguinario Ronin con una espada en vez de su característico arco y a Scott Lang, es decir, Ant-Man, que no sabemos cómo pero ha salido del reino cuántico y siendo algo así como la última esperanza para la destrucción de Thanos, aquél poseedor de las gemas del infinito y que con un chasquido de sus dedos, destruyó a la mitad de los seres vivos en la Tierra. Por cierto, al menos a mí me quedó la duda de cuál será el papel que Capitana Marvel jugará en esta entrega; sé que no pueden adelantar mucho, pero ni una pista nos dieron. Será porque sus dos avances no han causado el impacto que se esperaba.

El teaser de este juego final, de verdad que resultó una sorpresa inesperada y rompió récords de vistas en YouTube, pues superó los 289 millones de reproducciones el día de su estreno, superando al de “El rey León” en su versión live action de la misma casa Disney, que el día de su estreno reportó 225 millones de reproducciones, incluso superó al de “Avengers: Infinity War” que el día de su liberación obtuvo 230 millones de vistas. La gran esperanza de Marvel-Disney es que la película supere los dos mil millones de dólares que obtuvo “Infinity War”, pues el tráiler tuvo una mejor acogida que el de “Capitana Marvel”, el avance anterior de su próximo estreno que más bien pasó desapercibido y fue superado por “Shazam” de DC-WB que fue exhibido esa misma semana.

No es por nada, pero “Avengers: Endgame” pinta para ser algo más que épico a estrenarse en abril de 2019, aunque como lo he mencionado en entregas anteriores, siempre hay que tomar los trailers de estas películas con mucha reserva, pues hemos aprendido a lo largo del tiempo, que eso no necesariamente significa una gran historia y Marvel también lo sabe, como ejemplo citemos a “Venom” o “Thor: Ragnarok”, cintas donde las historias fueron algo desastrozas pese al derroche de producción y efectos especiales.

Y el domingo todo corría de maravilla hasta la media tarde. No sé cómo recibieron la noticia, pero a mí me llegó un mensaje en Facebook que decía “En 1985, la aventura continúa”. Y se trataba nada menos que del segundo anuncio de la tercera temporada de “Stranger Things”. No sabemos con exactitud si algún monstruo nuevo aparecerá en la tercera entrega de la que ahora se ha vuelto una de las series emblema de Netflix.

El avance a diferencia del anterior (que tampoco revela gran cosa), no contiene ninguna imagen, solo descubre algo sumamente importante: el número de episodios y el título de cada uno de ellos:

  1. “¿Me copias, Suzie?”
  2. “Ratas de centro comercial”
  3. “El caso de la guardavidas perdida”
  4. “La prueba del sauna”
  5. “La fuente”
  6. “Día de la independencia”
  7. “La picadura”
  8. “La batalla de Starcourt”

Nuevamente contendrá ocho episodios al igual que la primer temporada y aunque no presenta ni una sola imagen, más que la música de identificación y la tipografía propia, fue suficiente para que quienes hemos seguido la serie nos emocionáramos al por mayor. No se estableció fecha de estreno, pero se sabe que será en el verano de 2019.

Así, este fin de semana fue de emociones extremas con dos avances llenos de emociones y esperanzas para millones de fanáticos.

De verdad, ¡no necesitamos una película de Breaking Bad!

Ismael Ortiz Romero Cuevas


A muchos les emocionó la idea de la continuación de “Breaking Bad”. Casi todos, aplaudieron la idea de saber qué pasaría con Jesse Pinkman después de que Walter White le salva el pellejo por última vez en el electrizante episodio final de la serie; la mejor que se haya proyectado y de que se tenga memoria. Una verdadera obra maestra. Con la pena para los fanáticos de “Game Of Thrones” o “The Sopranos”, ninguna está la altura de la destreza con que está escrita e interpretada “Breaking Bad”; ninguna otra serie en la historia de la televisión.

Hace unos días, Vince Gilligan, autor de la teleserie, afirmó a varios medios de comunicación que se prepara una película basada en esa historia. Hasta esta fecha se sabe, que será una ficción que nos cuente qué fue lo que sucedió con Jesse Pinkman después del glorioso final, en ese capítulo que nos tuvo a más de uno, mordiéndonos las uñas y hasta la yema de los dedos. También, Gilligan afirmó que será de nueva cuenta Aaron Paul quien interprete al personaje. Pero, ¿qué pasa con los vehementes seguidores?, las opiniones se dividieron en las redes y aunque la mayoría de usuarios celebraron la idea de que AMC volviera a poner la mira en los personajes del aclamado drama televisivo, los más apasionados fanáticos de Walter y Pinkman, no estuvieron para nada de acuerdo con eso; aunque sea prácticamente el mismo equipo el que se encuentre trabajando en la historia de cine. Y es que, después de que “Breakin Bad” es considerada la mejor serie de todos los tiempos, pienso que una secuela, precuela o lo que sea que se les ocurra, no es necesaria.

Los prosélitos de la historia de Walter White y su delirante transformación en Heisenberg, se han pronunciado en que si se hace una película, tendría qué ser una producción mucho más inteligente y diez mil veces más fascinante que la serie de televisión para que se considere una secuela digna de algo que es ahora tan insigne. También porque se sabe que el nominado al premio Oscar, Bryan Cranston, el prodigioso actor que dio vida a Walter White / Heisenberg, al parecer no formará parte del elenco de la película; al menos no hasta ahora. Sin embargo, quienes seguimos la serie ya sea en televisión o en Netflix, percibimos que sin Walter White, la ficción no podría tener la misma perfección, pues el personaje es prácticamente el alma de todo el drama.  Otro punto importante es la duda de saber ¿por qué continuar algo que fue perfecto, que tuvo una historia perfecta, que tuvo personajes perfectos, que tuvo actuaciones memorables, que tuvo a los mejores protagonistas y que tuvo el episodio final más electrizante del que se tenga memoria en una serie de televisión? De verdad, ¿por qué?, en serio, no es necesario continuar algo que terminó como el suceso televisivo más grande de todos los tiempos. Los fanáticos lo saben y argumentan con ello que no; pero quizá siga representando un gran negocio para la cadena AMC.

Debemos recordar también que a más de uno, el mismo equipo de producción nos tapó la boca cuando nos enteramos del estreno de “Better Call Saul”, una precuela que muchos (y me incluyo) supusimos se trataba de una especie de idea avariciosa para Gilligan y ahora Netflix, que fue quien produjo esa historia. La sorpresa es que, de forma muy modesta, la historia se ha ido colocando en el gusto de los seguidores de “Breaking Bad” y aclamando a la producción.


Altas expectativas

Si ya no hay marcha atrás, los fanáticos lo único que consideran y con lo que además, estarían muy contentos, es que se tratara de una historia tan sublime como la serie, que no pierda el alma ni el ingenio con la que fue escrita la historia original y que nos conquistó a prácticamente todos los habitantes del planeta. Por cierto, al momento que terminé de escribir estas líneas queridos lectores, la única declaración de Bryan Cranston al respecto fue que: “si Vince Gilligan me pide que esté en esa película, sin pensarlo diría que sí”. Tampoco se saben muchos detalles de la película, no sabemos si saldrá al cine o será para la televisión. Tampoco sabemos si se trate de algo que conecte a “Breaking Bad” con “The Walking Dead”, porque ¿anunciar películas de ambas series que se supone se desarrollan en el mismo universo en la misma semana? Es como mucha coincidencia ¿a poco no? Actualmente, “Breakin Bad” está disponible completa en Netflix.

The Walking Dead: Y sigue… Y sigue… Y sigue

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Me imagino en el año 2038. Han pasado 20 años desde éste. Yo, a punto de llegar a la sexta década de vida, me dispongo a sentarme y disfrutar la emisión en el aparato de proyección de imágenes que sea popular en ese futuro. Sintonizo uno de los canales y se encuentran transmitiendo “Los Simpson” que están estrenando su temporada 50, es increíble que Bart aún sea un niño y Homero no haya podido valorar a Flanders ni un poquito. Se anuncia que al terminar el episodio de la familia amarilla, continuaremos viendo “The Walking Dead” que está a un año de llegar a la temporada 30. Los protagonistas han cambiado y la historia, cada vez se torna más aburrida y bizarra. Pero la fuerza de la costumbre, nos hace que sigamos viendo las aventuras  de la zaga zombi aunque ya nada tenga qué ver con lo que comenzamos a ver en su primer temporada en el lejano 2010. Maldita nostalgia; nos sigue apresando al paso de los años.

Aunque parezca algo inverosímil, creo que no estamos muy lejos de ver algo así. El pasado 07 de octubre en los Estados Unidos y 08 en México y América Latina, se estrenó la novena temporada de “The Walking Dead”, la serie original de AMC que retrata un supuesto apocalipsis zombi y las peripecias de sus protagonistas para salvar su vida, inmersos en una desquiciada sociedad al borde la extinción. Sin embargo, el lanzamiento de la actual temporada en su país de origen registró el más bajo nivel de audiencia desde que fue estrenada la serie, ya que diversos medios reportan que solo fue vista por 6.01 millones de telespectadores; una recepción realmente baja si recordamos que el estreno de las sexta y séptima temporadas, reportaron casi 20 millones de televidentes. Aún así, los números no son nada malos en comparación al promedio de las historias que emiten las diferentes cadenas de televisión de paga.

Cuando la serie se estrenó, muchos caímos rendidos ante la originalidad de la historia y la crudeza con que en televisión se retrataban ciertos temas. Los personajes nos fueron cautivando y poco a poco, comenzamos a tener favoritos y a sufrir o padecer inquietud con cada episodio. Ni decir de los que “murieron”; parece mentira que nos hayamos apegado tanto con gente de ficción, pero así es.  Cada una de las situaciones a las que se enfrentaban parecía más complicada que la anterior; así, “The Walking Dead” tuvo quizá su mejor momento de la temporada tres a la séptima, cuando apareció Negan (Jeffrey Dean Morgan), un villano más sanguinario y aterrador que El Gobernador (David Morrisey) que vimos en las temporadas tres y cuatro. Sin embargo, el éxito de la zaga zombi y las grandes ganancias que representan para la cadena AMC, hicieron que la historia se alargara, y se alargara, y se alargara y se alargara de forma prácticamente innecesaria, además del estreno de un spin off llamado “Fear The Walking Dead”, que no ha reportado las grandes audiencias de su hermana. Y mientras la gran mayoría de fanáticos de la emisión esperábamos una octava temporada grandiosa, los episodios se hacían más aburridos, dejando el conflicto humano y no humano de lado, para inmiscuirse más en la peculiaridad, melodrama y sentimientos de cada personaje. ¡Demonios!, se había vuelto ya una telenovela. Al término de esa temporada, de verdad que esperábamos el anuncio del final de la serie, si no en la temporada actual, sí en la diez. Pero no pasó; al contrario, en septiembre pasado y a dos semanas del estreno de esta entrega, Josh Sapan, Director General (puesto al que ahora los ‘millennials’ le llaman CEO), de la cadena AMC, anunció que este universo podría extenderse por diez años más. ¡Diez años más!

Una década más de “The Walking Dead”, de verdad es que yo no entendía cómo si los argumentos y el interés del público por la serie, en serio que se están agotando. Pero casi a la par de esta declaración, el protagonista, el épico Rick Grimes, el actor Andrew Lincoln anunciaba que el episodio 5/9 sería el último en el que su personaje aparecería; pero ¿cómo? Bastante tuvimos con la muerte de su hijo Carl (Chandler Riggs) la temporada pasada y ¿ahora esto?, ¿por qué? Pues por simple estrategia. Primero, porque los niveles audiencia en este episodio aumentaron de manera considerable, pero muy considerable. Segundo, porque la semana pasada cuando ya se conocía que Lincoln dejaría la serie, se anunció que AMC, planea hacer una trilogía de películas para televisión contando una historia paralela de lo sucedido con Rick después de ser rescatado en la emisión pasada, por Anne (Pollyanna McIntosh) en el helicóptero; y se comunicaba también que Andrew Lincoln seguiría interpretando al héroe en las cintas. Si notaron, en el final del episodio pasado existe un salto en el tiempo considerable y supongo (y recalco el supongo), será en ese inter donde la historia de Rick en las películas, podría tener lugar. Es de figurarse también que ahí se encuentre la década más de ese universo que anunció Sapan.




La decadencia de los caminantes muertos

La emoción por la serie se ha perdido en varios aspectos, la historia ya no es la misma y los personajes que poco a poco se incorporan parecen creados con el único afán de confundir o aburrir a la audiencia, además que es notorio que muchos de ellos, son escritos de manera forzada con el fin de mantener la intriga y dramatismo en el show, pero sin un argumento que los sostenga. Ningún otro personaje ha tomado la fuerza de Michonne (Danai Gurira), quien tuvo la presentación más espectacular dentro de la historia; o el interesante e intenso crecimiento de Carol (Melissa McBride), que pasó de ser un personaje secundario en las primeras dos temporadas, a estelar a partir de la tercera; por cierto, Robert Kirkman ha dicho que el único personaje que no morirá en la serie televisiva es precisamente Carol; o la evolución de Maggie (Lauren Cohan), de valiente a mercenaria.

La cadena AMC y los productores de “The Walking Dead”, deberían ir considerando el final de la serie porque como todo lo grande, debe irse en un gran momento de audiencia para convertirse en un clásico de la televisión; tal y como lo hicieron con “Breaking Bad” (antes de anunciar su innecesaria película); que según Robert Kirkman, Vince Gilligan y la misma cadena AMC, productora de ambas series, las dos historias se conectan. Y deben considerar el final también por respeto a la audiencia que merece un cierre si no monumental, por lo menos sí homérico de la historia, antes que la trama se convierta en una ridiculez difícil de enmendar. Y para eso, ya no les falta mucho.

La maldición de Hill House: ¿en verdad es todo lo que se dice?

Ismael Ortiz Romero Cuevas


No puedo decir que no me dejé llevar por todas las reseñas que había leído a cerca de la nueva serie de Netflix llamada “La maldición de Hill house”. Muchos portales y revistas especializadas escribían de lo grandiosa que es la serie y que le ha arrancado sustos hasta el mismo Stephen King; decían también esas reseñas, que la serie provocaba un miedo sin precedentes y que se habían registrado hasta ataques de ansiedad e insomnio por espectadores. Así que el fin de semana pasado, me di la tarea de disfrutar y revisarla.

Antes de continuar, déjenme decirles que sin afán de parecer fanfarrón o alguien súper experto, resulta que el género del horror es uno de mis favoritos tanto en la literatura como en el cine y la televisión, por tanto, he visto materiales en verdad aterradores y otros que provocan mucha risa. Lo que quiero que sepan es que el género no me espanta tan fácilmente. Incluso, a quienes no les gusta o sufren con este tipo de historias, me gusta bromearles diciéndoles que: “nada me relaja más en la noche, que una buena película o serie de horror”. Y no es mentira.

Así que me dispuse a ver la tan comentada serie “La maldición de Hill house” basada en la novela homónima de Shirley Jackson. Al iniciar supe que al menos estaba frente a un material bastante aceptable cuando leí que la serie fue escrita y dirigida por Mike Flanagan, un director de la nueva generación y que se ha consolidado como uno de los ya respetados cineastas en el género del suspenso y horror, pues nos ha entregado cintas bastante dignas como “Hush”; “Ouija: el origen del mal” y “El juego de Gerald” escrita por Stephen King , producida por Netflix y que ha recibido críticas bastante favorables; asimismo, Warner Bros., le ha encargado a él la dirección de “Doctor sueño”, continuación de “El resplandor” también escrita por Stephen King. Con esa presentación, en serio que tuve bastantes esperanzas. Otra de las sorpresas fue encontrarme con que uno de los personajes principales es interpretado por Henry Thomas, para mayores referencias es quien encarna a Elliot en la película clásica “E. T. El extraterrestre”.



Inquietante y emotiva

Al paso de los episodios la serie me fue conquistando no por el horror, sino por la profundidad del guión, la historia pero sobre todo, el desarrollo tan interesante de los personajes, donde se encuentra la verdadera sazón de la historia. Ese progreso de cada uno de los protagonistas y esas historias paralelas a la de los fantasmas de la casa, resulta que se vuelven tan efectivas y certeras que lo que en realidad atrapa y se goza es el conflicto de los hermanos Craig y su padre con respecto a lo ocurrido en el pasado y el motivo por el que pese a sus deseos, tienen que regresar a la casa que tanto los traumó. La serie, con sus protagonistas niños que se ubican en el pasado y los adultos situados en el presente, nos conquista también por la evolución en el comportamiento de los cinco hermanos de forma paulatina, al grado que son ellos mismos quienes se convierten en héroes y villanos, siendo sus inestables personalidades lo que vuelve a “La maldición de Hill house” en una historia más dramática y psicológica que terrorífica. El mismo Flanagan mencionó en su cuenta de Twitter que cada uno de los hermanos Craig, representan en realidad una de las etapas del duelo, describiéndolos de esta forma: “Steven (Michael Huisman) es la negación; Shirley (Elizabeth Reaser) es la ira; Theodora “Theo” (Kate Siegel) representa a la negociación; Luke (Oliver Jackson-Cohen) es la depresión y Eleanor “Nell” (Victoria Pedretti) representa la aceptación”; es decir, las etapas cronológicas del duelo van siendo del mayor al menor de los hermanos protagonistas. La compleja psicología de cada uno de los cinco personajes principales es en verdad, lo que vale más la pena de la serie. Créanme.

Lo que también les digo es que al menos a mí no me provocó ni pánico, ni ansiedad ni insomnio. Lo que vi fue una serie inquietante y en cierto punto hasta emotiva, excelentemente bien fotografiada y con personajes seductores. Si no son fanáticos del género de horror, quizá esta sea una buena opción para comenzar a seguir este tipo de historias pues hay por lo menos dos sustos que hacen saltar del sillón; si lo son, como un servidor, les adelanto que no se asustarán tanto, pero que encontrarán otros elementos que valen mucho la pena.

Apu: la víctima colateral de un problema insulso

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Para estas fechas, seguro que ya estamos más que enterados de la solución que “Los Simpson” darán a una controversia generada hace unos años con el personaje de Apu, cuando el cómico indio Hari Kondabolu criticó al encargado del Kwik-E-Mart, argumentando que la caracterización del dibujo animado era una visión racista y ofensiva para la comunidad india en los Estados Unidos. Ante años de quejas y pleitos, la producción ha decidido que Apu, dejará de aparecer en el programa para evitar reyertas incómodas.

Si algo nos ha cautivado a muchos seguidores de “Los Simpson” es justamente la sátira que realizan de los problemas políticos y a la sociedad clásica norteamericana, exagerando las actitudes o rasgos de los personajes justamente en aras de que esa crítica sea más ridícula aún. Todos los personajes se han convertido en entrañables a los largo de 30 años que la serie lleva en la televisión. Aunque también es cierto que hace más de 15 temporadas que la familia amarilla perdió su más ácidas situaciones, sigue siendo una serie que es vista por millones de personas todos los días, siendo ya a estas alturas un emblema de la cadena FOX.

La burla a la religión, a la política, a la migración, a la economía, a los medios de comunicación, al racismo, a la segregación y a tantos y tantos temas, han sido la constante en cada episodio, sorprendiendo además a los críticos televisivos y público en general, quienes reconocen que hace unos años, todos los domingos, cuando en Estados Unidos aparece un capítulo estreno, tenían ya la crítica o sátira de los acontecimientos de la semana; eso ha hecho que al paso de los años, cautivaran a más y más público.

A quienes nos tocó crecer viendo “Los Simpson” conocemos de alguna forma las situaciones divertidas que presentaban, quizá sin conocer el trasfondo de las circunstancias presentadas, lo que sí, es que nos fuimos identificando y hasta encariñando con muchos de los personajes; mientras cuando fuimos niños, a Bart lo consideramos una especie de Daniel el travieso en turbo, poco a poco nuestra mentalidad fue cambiando hasta que entendimos que el verdadero héroe y hasta filósofo es Homero, que Marge nos da ternura y los capítulos protagonizados por Lisa nos dieron más pereza que antes. Así, fuimos creando empatía con alguno u otro personaje. Nadie, que yo recuerde en esos 30 años de transmisión del programa, se había sentido ofendido por la aparición o representación de algunas figuras. Y definitivamente, Apu Nahasapeemapetilon se convirtió en uno de los recurrentes más queridos. Lo vimos arruinarle a los vecinos de Springfield el día de San Valentín terminando dándole a su adorada Manjula un concierto privado con Elton John; perdió el Kwik-E-Mart por vender comida podrida y Homero, muy a su estilo lo ayuda a recuperarlo; es padre de octillizos; el ladrón de Springfield llamado “Serpiente” le ha disparado en diversas ocasiones por asaltar el mini súper; es amigo de Paul McCartney, quien dice que él y su esposa, la desaparecida Linda visitan en jardín de Apu cuando van a Springfield ya que al igual que ellos, Apu es vegetariano; le da empleo a Homero cuando le compra el poni a Lisa y nos podemos pasar enumerando los capítulos en los que el tendero cobraba importancia.

Pero ¿qué tan inteligente es retirar a Apu de los capítulos de “Los Simpson?, en mi opinión, creo que nada. Los mexicanos nunca nos hemos quejado (que yo sepa) de la representación del Hombre Abejorro, la feministas de Marge, los “obesos” de Homero o del hombre de la tienda de historietas, los ancianos de Mr. Burns o la comunidad gay de Smithers o de otros tantos personajes creados a partir del estereotipo. Si algo nos ha conquistado de “Los Simpson” es justamente eso, la valentía con que siempre enfrentaban los señalamientos hacia sus críticas, importándoles poco o nada lo que sus adversarios opinaban de cada capítulo como cuando Homero se tira a golpes con George Bush o afirman que Bill Clinton nunca ha tenido una buena idea; esa acidez de la familia amarilla es justamente la que gozábamos, aplaudíamos y nos conquistó.

Y parece que la salida de Apu por los señalamientos de racismo es prácticamente un hecho, también nos pone a pensar que quizá sea ya el principio del fin de “Los Simpson”, que han perdido su astucia y actitud para abordar este tipo de situaciones y que además, era parte sustantiva en sus contenidos. No nos queda más citar a la querida Lisa: “…algo que comenzó hace décadas y fue aplaudido y era inofensivo, ahora es políticamente incorrecto. ¿Qué le vamos a hacer?”.