¿Llegó la hora de la transición en la UABJO?

Adrián Ortiz Romero Cuevas

Existen indicios claros de que se avecina un cambio de circunstancias políticas en la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. En ese contexto, vale la pena considerar algunas claves determinantes para entender su situación actual, así como la posibilidad de un acuerdo político que logre garantizar la viabilidad de la Máxima Casa de Estudios en el mediano y largo plazo.

En efecto, el repentino cambio de medida cautelar —que pasó de prisión preventiva justificada, a prisión domiciliaria— impuesta al ex rector, Eduardo Martínez Helmes, respecto a la acusación penal que le formuló la hacienda pública oaxaqueña por la presunta comisión del delito de defraudación fiscal equiparada, pareció ser el banderazo de salida para un intento de transición en la conducción académica, política y administrativa de la UABJO. A la par de la excarcelación de Martínez Helmes, comenzaron a sonar nombres y expresiones tanto universitarias como gubernamentales, que abren la posibilidad de la construcción de un acuerdo político para el cambio en la Rectoría. Al respecto, estas son algunas de las claves que es necesario considerar:

  1. La UABJO vive una crisis líquida y de liquidez. Presupuestalmente, la Universidad está ahogada y en ese aspecto su capacidad de maniobra actual no sólo es nula: es deficitaria. Esa circunstancia no le genera mayor preocupación a los ámbitos de gobierno federal y estatal sino hasta el momento en que esa circunstancia le genera una crisis política. Y por eso, paralelamente al ahogo presupuestal, la UABJO vive una crisis de dilución, porque sus condiciones sociales y políticas están marcadas por lo inestable y dúctil que siempre resulta el interés gubernamental ante ella. Sólo se le voltea a ver en la crisis, pero se le desatiende en todas las circunstancias que no resultan de su interés o ganancia política.
  2. La llamada “Familia Real” —los Martínez Helmes, comandados por su patriarca Abraham Martínez Alavez— llegó al límite de su poder, y se convirtió en un elemento pernicioso para la sostenibilidad de la vida universitaria. Tuvieron tanto poder que, igual que como le ocurre a los virus más letales, terminaron matando al organismo huésped antes de poderse replicar, por lo que hoy ya les resulta imposible transmitir su linaje. 
  3. El cambio de medida cautelar al ex rector Eduardo Martínez Helmes, sí constituye el campanazo de salida para la búsqueda de un arreglo consensado entre los universitarios. Los delitos por los que se le persigue actualmente, nada tienen que ver con su actuación —también escandalosa, a decir de los propios universitarios— como Rector de la UABJO. Lo bueno o lo malo, que haya hecho durante los cuatro años de su rectorado, no son la razón por la que hoy enfrenta procesos judiciales. Y ese no es un elemento menor, frente a todo lo que está ocurriendo alrededor de la UABJO.
  4. La renovación de la Rectoría por la vía de la elección universal —en la que participan normalmente trabajadores administrativos, personal académico, y alumnos universitarios—, está anclada a un regreso a actividades presenciales que luce imposible, al menos en todo lo que resta del presente año. ¿Cómo, quién, y a qué costo, podrían generar un consenso entre la diversidad de sindicatos para reabrir la Universidad? Y por ende, es indispensable reactivar la vida presencial universitaria para que primero haya clases, e inmediatamente después pueda organizarse y realizarse el proceso electoral. Todo esto, claro, tendría que lograrse dentro de los 80 días siguientes, porque de acuerdo con la determinación actual del Consejo Universitario, debe haber un nuevo rector antes de que concluya la primera quincena de mayo próximo.
  5. Ante la imposibilidad de una elección definida por votación universal —los tiempos simplemente no dan—, queda claro que el proceso de designación de un nuevo Rector está en manos del Consejo Universitario. Éste es el único órgano colegiado con la posibilidad y la legitimidad para impulsar y afianzar un gran acuerdo político a favor de la Universidad, antes que terminar reaccionando a una injerencia abierta —un manotazo, pues— de factores externos.
  6. Lo que está en juego no es sólo la academia, también la gobernabilidad de la Universidad. A ese último, no sólo deben abonar los actores universitarios, sino también los gobiernos estatal y federal. El problema es que todos han guardado silencio. Los únicos que han hecho manifestaciones, con más candidez que convencimiento, son dos de los seis sindicatos universitarios, que están más preocupados por sus intereses que por respaldar al rector Eduardo Bautista en sus cada vez más complicados esfuerzos por mantener a flote la institucionalidad universitaria. No habrá arreglo alguno si no hay manifestaciones políticas claras tanto de los ámbitos de gobierno en la aportación —económica y política— a la gobernabilidad universitaria, pero en el marco del respeto a su autonomía académica y presupuestal. 
  7. Existen antecedentes concretos de que los consensos a favor de la Universidad sí son posibles. En 1978 fue impulsado como Rector el hoy extinto Ildefonso Zorrilla Cuevas, a través de un acuerdo político impulsado desde el gobierno federal, y avalado por el Gobierno del Estado y los grupos universitarios. De aquel momento de crisis, ocurrido en el contexto del conflicto y la ruptura entre universitarios ocurrida en 1977, surgió un rectorado de consenso —que llegó a buen término en 1983— en el que pesó más el reencauzamiento de la Universidad que los recelos entre los grupos y sindicatos de la Máxima Casa de Estudios.
  8. ¿Héctor Anuar Mafud sería un elemento de consenso? Él ha asumido sus limitantes frente a lo que dicta la Ley Orgánica de la Universidad, pero no se ha descartado. Parece entender con toda claridad que la decisión final sobre el futuro de la Universidad está en las manos del Consejo Universitario, y así lo ha manifestado al tiempo de remarcar que han sido voces dentro y fuera de la Universidad las que lo han mencionado como un posible elemento de transición, pero que él sólo exploraría la posibilidad de asumir esa responsabilidad, de existir una definición pacífica y civilizada para la UABJO, y para Oaxaca.
  9. Lamentablemente, todos los que representan facciones de poder al interior de la Universidad, han sido parte de su panorama actual. Para los propios universitarios es difícil hallar un liderazgo al interior de la UABJO que genere consenso. La larga lucha entre los mismos factores universitarios hace que unos y otros se descarten y descalifiquen recíprocamente. Lograr unidad entre ellos, que han sido aliados y adversarios crónicos en los acomodos de cada cuatrienio, parece una labor imposible dado que todos han sido parte del mismo juego. 

EPITAFIO 

La transición en la Universidad es necesaria y, muy probablemente, impostergable. El primer paso, obligado, en cualquier transición, será eliminar el voto universal y empujar con toda la fuerza del Estado una nueva Ley Orgánica para la Universidad. ¿Serán capaces los universitarios de ponderar el interés general por encima de sus posiciones particulares? En el corto plazo, lo comprobaremos.

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Martínez Alavés cosecha en la UABJO los frutos de su soberbia

Helmes

+ Atropelló a todos; centralizó el poder; hoy, la mayoría lo rechaza


 

La crisis política por la que atraviesa la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca (UABJO) no radica en un conflicto de orden laboral y, de hecho, ni siquiera en el solo hecho de la sucesión en la rectoría. El problema, en realidad, tiene como tema de fondo la purga que diversas expresiones universitarias pretenden hacer del clan Martínez Helmes, que a fuerza pretende retener el poder que no supieron mantener con base en el liderazgo. Hoy, por eso, la Universidad enfrenta un problema que sólo se resolverá en la medida en que se resuelva esta medición de fuerzas.

En efecto, desde la semana pasada el rector Eduardo Martínez Helmes ha dado claras muestras de desesperación frente a sus adversarios. La semana pasada cesó de forma fulminante al titular de la Contraloría universitaria, Pedro Rafael Martínez Martínez. Lo hizo sin ninguna justificación y —como se apuntó en este espacio la semana pasada— más bien como una revancha por las maniobras que comenzaba a realizar el Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca (STAUO) para abordar la carrera por la sucesión universitaria. Esa fue la primera escaramuza en una contienda que esta semana ha escrito nuevos capítulos. ¿De qué hablamos?

De que en aquel momento el rector Martínez Helmes cesó al contralor Martínez Martínez como una forma de amagar al grupo que, desde el STAUO, pretende apuntalar al secretario de Administración universitario, Silviano Cabrera Gómez, como la alternativa al clan de los Martínez en la carrera sucesoria. La respuesta no sólo del STAUO, sino de diversos grupos, fue la del cierre de la Universidad, decretado desde el lunes pasado y que no tiene para cuándo terminar. La demanda central que plantean es la restitución de los trabajadores despedidos, cuestión en la que evidentemente no cederá el Rector.

En esa lógica, ayer ocurrió un episodio de violencia que vale la pena analizar. Antes del mediodía, un grupo de porros intentó reventar el plantón que mantenían trabajadores afiliados al STAUO en la Escuela de Arquitectura de Cinco de Mayo. En las imágenes de la refriega, se pueden observar no sólo a porros a sueldo como “el Chente con lentes” o “el sonrics”, sino también al mismo secretario General del Sindicato Universitario de Maestros —reducto sindical de los Martínez Helmes—; en las imágenes, al lado de éste se encontraba Gabriel Pizarro Castillo, caudillo de la Preparatoria Uno.

¿Por qué todos esos personajes —no todos porros— participaron en los actos de violencia con los que se pretendía reventar el paro decretado por el STAUO? En el fondo, todo apunta a que el ex rector, y líder moral del clan Martínez, Abraham Martínez Alavés, está desesperado porque diversos grupos que hoy están generando oposición, antes eran parte de los que le daban fuerza. Específicamente, una parte importante del STAUO —que hoy está en paro— era uno de los que principalmente proporcionaba estabilidad al rectorado de Martínez Helmes. Hoy, lo evidente es que dejaron de comulgar con su causa, y que por ende no los van a apoyar para continuar detentando el poder.

Frente a este escenario, habría que preguntarse ¿qué pasó, y por qué el distanciamiento de los grupos con el clan Martínez? La respuesta, apuntan quienes conocen la política universitaria, de entrada se encuentra en el hecho de que hoy los Martínez Helmes pretenden retener a golpes lo que paulatinamente fueron alejando y enconando con sus actitudes soberbias.

Señalan que, por ejemplo, desde hace tiempo son bien conocidas las vociferaciones del propio Abraham Martínez Alavés, que en público y en privado reprendía a los líderes de las expresiones universitarias afines, exigiéndoles incondicionalidad a ciegas sin ofrecerles alternativas o espacios dentro de la Universidad. Los mismos hechos han dejado en claro que lejos de generar un liderazgo horizontal e incluyente, los Martínez Helmes privilegiaron al clan familiar, y a los verdaderos e incondicionalmente sometidos, en todos los espacios de relevancia dentro de la UABJO desplazando a quienes les habrían permitido mantener los equilibrios.

Sólo de esa forma se explica que, ni siquiera por la decisión del Rector, sino de Abraham Martínez Alavés, hoy el liderazgo de SUMA se encuentre en manos de Héctor López; que en la Facultad de Contaduría y Administración esté Abel Morales; que la Facultad de Derecho esté en manos de Reynel Vásquez Zarate; en Idiomas su sobrina Keila… y así, una lista interminable de personajes que lo único que tienen en común es la incondicionalidad con los Martínez Alavés.

EL TOTALITARISMO

Apuntan los propios universitarios que, ya metidos en esa dinámica, en los últimos años los Martínez Helmes —y particularmente el patriarca Abraham Martínez Alavés, que nunca tuvo pudor en demostrar su ejercicio de poder tras la silla del Rector— no tenían ningún empacho en ejercer un totalitarismo escalofriante. A los que señalaban errores y hacían críticas al interior, eran señalados como desleales. En sus palabras, sostienen, los que se atrevieron a ser críticos fueron calificados como “chuecos”.

Eso, señalan, le dio al traste a un proyecto que hace doce años decía tener como proyecto universitario, acabar con el porrismo y construir la prosperidad académica. Finalmente, todo apunta a que el clan de los Martínez Helmes sucumbió por completo ante las tentaciones del dinero, del poder y del caudillismo, como en los tiempos de Niño de Rivera, de Nahúm Carreño, de Leticia Mendoza Toro. En el fondo, todo apunta a que este rectorado terminará siendo un émulo de aquellos viejos caudillos.

DÍA CLAVE

Ayer, con toda la parafernalia priista de una operación cicatriz que está cumpliendo su cometido, Alejandro Murat fue ungido formalmente como el candidato priista a la gubernatura de Oaxaca. La gran incógnita está en el PRD, que hoy se juega su futuro en un escenario que de alguna forma parece un perder-perder. Si finalmente el PRD le apuesta a la decisión basada en las reglas que ellos mismos fijaron, perderán el apoyo del Estado en Oaxaca; si apuestan por respaldar al grupo gobernante, provocarán un cisma histórico de ese partido que, además, tendrá como destino o la nada, o la contra. En la Asamblea de este día, el PRD tiene dos escenarios: o revientan el quórum, o revientan la sesión. El fantasma, en todos los escenarios, es la violencia. Nubarrones por todos lados, sea cual sea la decisión.

Eduardo Martínez Helmes enloquece por control de la UABJO

Familia Real

+ Comienzan las acciones desesperadas; crecen grupos opositores


Es sintomático el cese fulminante del Contralor General de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca. El rector, Eduardo Martínez Helmes, enfrenta no sólo las últimas semanas de su rectorado sino también la supervivencia de su grupo político que, básicamente, incluye a toda su familia nuclear y extendida. Por eso, el Rector comienza a tomar decisiones desesperadas ante la imposibilidad de seguir protegiendo sus más importantes herramientas de control político, y ante el surgimiento de varias fuerzas opositoras a su grupo.

En efecto, ayer TIEMPO daba cuenta del cese fulminante, ocurrido el martes, de Pedro Rafael Martínez Martínez —hermano de Enrique Martínez Martínez, competidor de Martínez Helmes en la carrera por la rectoría hace cuatro años— quien ostentaba el cargo de Contralor General. El ahora cesado llegó al cargo gracias a la negociación de posiciones políticas ocurrida entre los aspirantes luego de la elección universitaria de 2012.

El problema es que como esa fue una de las posiciones que el Rector le entregó —en apariencia— al Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca (STAUO), y ahora ante la situación actual —en la que el STAUO es punta de lanza de quienes pueden arrebatarle el poder— constituía un botón de riesgo para la estabilidad del grupo que controla la universidad, fue cesado incluso sin el mínimo respeto a su garantía de audiencia, y sin ofrecerle alguna explicación sobre la decisión tomada en la oficina de la Rectoría.

¿Qué quería preservar el Rector? En términos simples quiso asegurar la inexistencia de huecos por los que se pudiera seguir “filtrando” —aunque en esos aspectos la Universidad, con toda su pluralidad, es altamente permeable— información, cifras y datos, de las bases en las que está anclado el control que mantiene el grupo de su padre, Abraham Martínez Alavés, sobre escuelas y facultades clave en la política electoral universitaria. El STAUO ha sido enfático en el cuestionamiento a esas herramientas de control, y por esa razón el Rector quiso cortar de fondo la gangrena cesando al funcionario que —según él— podría tener el acceso completo a esa información.

El problema es que luego de tres periodos gozando del control universitario, todas las herramientas del grupo son ampliamente conocidas. En la Facultad de Derecho, por ejemplo, hay un problema de porrismo, pero sobre todo de tráfico de calificaciones. ¿Cómo controlan la universidad? Lo hacen a través de agentes externos (los que antes eran conocidos como “fósiles”) que aun cuando formalmente ya no tienen matrícula como universitarios, sí fungen como “gestores” o como “coyotes” para el tráfico de calificaciones con los alumnos.

¿Qué hacen? Que desde fuera de la Universidad, tienen los “contactos” para poder asentar calificaciones fuera de toda norma o control. Esos “contactos” dentro de la Universidad, no son otros que los de la Dirección de Redes y Telecomunicaciones, que permiten que eso ocurra y hasta les facilitan las cosas, y que en muchos casos el trámite se hace a título gratuito, o con cantidades de dinero simbólicas, porque lo que también les interesa es que los jóvenes irregulares —que son cientos, quizá miles dentro de esa Facultad que es deliberadamente masiva— les deban el favor para luego cobrárselos al convertirlos en parte de las estructuras electorales del grupo del Rector.

En gran medida de todo eso se le acusa a Reynel Vásquez Zárate, director de la Facultad de Derecho que, si nada extraordinario ocurre, se convertirá en el candidato del grupo Martínez Helmes a la Rectoría. Sus antecedentes personales se encuentran en el porrismo. Pero como Director de esa Facultad, de lo que más se le acusa es de dejar pasar libremente todas las maniobras relacionadas con la venta o condicionamiento de calificaciones para favorecer a su grupo político.

TERROR A LA DISIDENCIA

Hay una razón más por la que el Rector decidió cesar de manera fulminante al Contralor General: la competencia real que tendrá el grupo de Martínez Helmes en la competencia por la sucesión no será sino con el STAUO. ¿De qué hablamos? De que dentro de la Universidad, y más allá de las apariencias, el Rector se enfrentará a un grupo que se fortalece y que buscará capitalizar la crisis de los Martínez.

Pues resulta que según las apariencias, la competencia se la daría el actual director de la Facultad de Contaduría y Administración, Abel Morales. Éste personaje ha intentado generar la idea de que podría ser la alternativa pero dentro del propio grupo de los Martínez Helmes. Ha querido presentarse como la opción “académica” que se contrapone a los cuestionamientos que pesan sobre Reynel Vásquez Zárate y sus antecedentes de porrismo. El problema es que al interior de ese grupo, Morales se ha evidenciado en diversas mezquindades que lo tienen ampliamente descartado. Y su problema es que fuera del cobijo político-electoral de los Martínez Helmes, Abel Morales y su grupo fueron incapaces de construir las estructuras de voto que son indispensables ya no para ganar, sino para ofrecerle una competencia digna al candidato del Rector.

¿Quién será la competencia real? Todo apunta a que será uno de los líderes históricos del STAUO, en la persona del actual secretario de Administración, Silviano Cabrera Gómez. Éste es quien ha venido abrevando las fracturas que ha sufrido el grupo de los Martínez Helmes, pero además ha mantenido a flote el capital que ha tenido el STAUO, que en las tres últimas elecciones de Rector ha sido el único que verdaderamente le ha ofrecido competencia a los candidatos de Abraham Martínez Alavés.

Al final esa será la forma en que se cierre la competencia: Eduardo Martínez Helmes, asesorado por su padre, enloqueciendo para tratar de no perder el poder, aunque en esas maniobras demuestra todo lo contrario: los ceses fulminantes, los golpes de timón y las acciones desesperadas, sólo demuestran su nivel de nerviosismo por el poder que están a serias posibilidades de perder, luego de casi dos décadas de reinado.

EXHIBIDOS

En uno de los edificios de Ciudad Universitaria colgaron una manta que da cuenta del control que tienen los Martínez: 13 familiares directos, e incondicionales de Abraham Martínez Alavés, ocupan cargos directivos, o plazas de tiempo completo en la UABJO. De ese tamaño es el interés de la “familia real” universitaria por mantener su cacicazgo.

Para sobrevivir, la Sección 22 debía cambiar su estrategia de lucha

SXXII

+ La agenda magisterial está abultada, pero insistían sólo en necedades


Es trascendental la primera reunión formal sostenida entre la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, y funcionarios del IEEPO. Lo es en el ámbito político, porque ello significa el reconocimiento tácito y expreso de la nueva autoridad educativa por parte del ala más dura de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación… pero lo es más porque la agenda magisterial está rebasada de temas que no podían ser abordados por la estéril resistencia magisterial a dialogar, en términos prácticos, con la autoridad educativa.

En efecto, ayer mediante un comunicado se informaba que la Sección 22 había “cedido” a su postura de presión y reconoció como autoridad educativa en el estado al llamado “nuevo IEEPO”. El gobierno de Oaxaca confirmó la reunión con la autoridad educativa y la dirigencia sindical, en la que entregaron una solicitud formal para la realización de una mesa de trabajo con las autoridades del organismo educativo.

Según el boletín, el director del IEEPO, Moisés Robles Cruz, “recibió en sala José Vasconcelos del edificio central de ese instituto, al secretario general del gremio magisterial, Rubén Núñez Ginez, quien estuvo acompañado por miembros de la comisión política, para entregar al funcionario un proyecto de agenda temática con planteamientos de interés gremial, para ser abordada en una eventual reunión de trabajo”.

El comunicado no se refería a algún planteamiento concreto, pero sí dejaba ver la posibilidad de la normalización paulatina de la relación gobierno-sindicato —al menos en lo que toca al ámbito estatal— y ello sería el preámbulo para la posible reanudación del diálogo con la Secretaría de Educación Pública que, para ello, puso como condiciones fundamentales al magisterio oaxaqueño que no condicionara el diálogo al trabajo en las aulas, y estableciera una agenda de trabajo específica para su desahogo sin que ello implicara la negociación de la implementación de la reforma educativa.

En ese sentido, a lo largo de todo el año 2015 hubo una postura radicalizada por parte de la Sección 22 del SNTE, en el sentido de exigir la abrogación de la reforma educativa federal, así como la inaplicación de todos los preceptos, modelos y evaluaciones relacionadas con el nuevo modelo educativo. Esa fue una de las grandes razones por las que la SEP le cerró completamente la puerta al diálogo con la Coordinadora, pero eso se convirtió en una especie de “olla de presión” que derivó en los enfrentamientos del año pasado ante la aplicación de la primera evaluación a los educadores.

Pues resulta que la aplicación de la primera evaluación requirió el desplazamiento de unos 10 mil elementos federales que vinieron a la capital oaxaqueña a resguardar la aplicación de dicho examen. Desde entonces, apuntábamos en este espacio que no sería posible, ni sostenible, si quiera pensar en la posibilidad de que, ante la falta de canales de diálogo, tuvieran que ser miles de elementos los que resguardaran cada una de las muchas evaluaciones que aún se deben evaluar.

Porque si algo queda claro —apuntábamos en nuestra entrega del 25 de noviembre pasado— es que no habrá posibilidad, ni una sola, de que cada evaluación que se realice en las entidades federativas “problemáticas” como Oaxaca o Michoacán, sea resguardada por miles de elementos policiacos, o amenazadas por profesores iracundos que se oponen a la implementación de la reforma educativa. Evidentemente, tanto el Estado, como los profesores de la CNTE, deberán buscar sus respectivos cauces de entendimiento y lucha, para darle viabilidad de mediano plazo a sus derroteros, y para no anclarse a un escenario que en sí mismo no tiene futuro.

¿De qué hablamos? De que los profesores de la Coordinadora deben asumir, con seriedad, que su lucha tiene mucho más de fondo que el solo rechazo a la evaluación. Deben ver, por ejemplo, qué futuro tienen como organización, cómo podrán mantener la base social que tuvieron hasta hace poco tiempo gracias al terror disciplinario que aplicaban sobre sus agremiados; deben reconocer que mientras más tiempo pierdan en estas luchas parciales, más espacio pierden en los espacios educativos de decisión, en los que hasta hace poco tiempo eran nada menos que los amos y señores”.

AGENDA

En esos espacios educativos de decisión, es donde la Sección 22 ya tenía mucho, muchísimo terreno perdido, y era a lo que se tenía que abocar antes que seguir en su empecinamiento testarudo de exigir la abrogación de toda una reforma que no habría de ocurrir. Básicamente, lo necesario era que el sindicato demostrara que está preocupado por la realidad que enfrentan muchos de sus agremiados a los que, les guste o no, les está llegando el momento de enfrentarse a una evaluación que, por decirlo de algún modo, sigue estando muy lejos de ser el instrumento idóneo para medir las capacidades de los profesores.

De hecho, como lo apuntaba el investigador Ángel Díaz Barriga hace algunos meses (bit.ly/20fKL4h), entre los problemas técnicos se puede mencionar un examen de conocimientos que no necesariamente evalúa el desempeño, unas guías de examen que no reflejan ni los contenidos, ni la bibliografía del plan de estudios de la escuela normal. Un examen que no da elementos para medir el desempeño de los docentes frente a sus alumnos. Una solicitud de evidencias con un lenguaje poco académico. Subir ‘evidencias del mejor alumno y del alumno más deficiente’, cuando la psicopedagogía ha mostrado que cada alumno tiene procesos de desarrollo y de conocimiento particulares.

Esos son sólo algunos de los temas que se supone que la Sección 22 tendría que comenzar a debatir con la autoridad educativa. Ello sería la demostración de una organización gremial que asume su realidad, que pondera los planteamientos a futuro de sus representados, y que tiene interés en seguir adelante sin la perniciosa insistencia de ganar cada una de las batallas para ir a enfrentar las siguientes.

UNIDAD

Hoy se tiene programada la firma de un pacto de unidad entre los aspirantes del PRI a la candidatura a Gobernador que, bien lo sabemos, nadie va a respetar. Lamentablemente los polos dentro de ese partido son tan repelentes entre sí que no hay forma de una operación cicatriz real entre los que no sean los elegidos. A partir de hoy quedarán sólo cuatro o cinco días, máximo, para que se anuncie la decisión final. La moneda está en el aire. Nada más.

Académicos de la UABJO: ¿hay autocrítica?

+ No debía haber baños de pureza en el STAUO

Es cierto que el gobierno estatal, la Rectoría de la UABJO, e incluso la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca, el STAUO, tienen muchas cuentas pendientes respecto a su actuación y pulcritud en el manejo de los recursos públicos. Sin embargo, es claro que junto a ellos también se encuentra un grupo más que, por si fuera poco, también se ha resistido a la autocrítica real sobre su desempeño: los profesores universitarios.

En efecto, es claro que tratar de ver hoy sólo de forma unidireccional, un asunto como el de los dineros destinados al pago de los trabajadores académicos de un centro de estudios de nivel superior como la UABJO, es tan erróneo como tratar de asegurar que todo es un mito. En realidad, asuntos como estos se agravan por la suma de factores. Nadie, en ese sentido, está exento de responsabilidades.

¿Por qué voltear también a ver a los trabajadores académicos? Porque aún cuando algunos son verdaderos universitarios, comprometidos con su labor y con la enseñanza en el nivel superior, también es claro que en diversos sectores se han anidado innumerables vicios que debían ser corregidos, a la par de la retabulación salarial que exige su sindicato, y que ya ha venido otorgando La Federación. ¿De qué hablamos?

De que los mismos académicos de la UABJO deberían hacer una labor autocrítica, para determinar que en su ámbito no todas las cosas son tan perfectas como lo pretenden aparentar, y que tampoco son tan inmaculados como parece.

Todo aquel que conoce la Universidad y sus entresijos, sabe que en diversas escuelas y facultades ocurren groseras prácticas de ausentismo, de acaparamiento, de engaño a la universidad, y de defraudación a la educación superior que dicen impartir los catedráticos. Todo esto ocurre, nada menos que a manos de profesores universitarios.

Veamos algunos casos en específico. Uno de ellos, acaso el más socorrido, tiene que ver con el abierto descontrol y discrecionalidad que existe en el otorgamiento de horas/clase en prácticamente toda la Universidad. En ese sentido, no es raro que muchos catedráticos se resistan a tener plazas de medio tiempo, o de tiempo completo, porque económicamente les resulta más redituable ser beneficiarios de esa aparente anarquía en el control de las horas frente a grupo.

Y es que, en efecto, aunque todo aquel que está, o alguna vez ha estado frente a un grupo impartiendo una materia en instituciones de educación superior, conoce las complejidades de preparar diariamente una clase, y sabe de la inversión de energía física e intelectual que ello requiere, en la UABJO existen profesores universitarios que, se supone, diariamente imparten hasta seis u ocho materias distintas.

De nuevo, un verdadero académico, entiende que eso es materialmente imposible o que, en su defecto, quien tiene la capacidad de impartir esa cantidad de materias todos los días, es porque debe ser un auténtico erudito en su campo de estudio, y que debe tener conocimientos francamente enciclopédicos para lograrlo.

Todo eso, sin embargo, no importa en la UABJO. Ahí, gracias a la posibilidad de obtener beneficios de ese tipo, o de impartir clases de pésima calidad, muchos que son sólo trabajadores académicos de nombre, pero que no se han ganado auténticamente ese calificativo, hoy exigen una retabulación salarial como si de verdad la merecieran.

Junto a ellos se encuentran, además, todos aquellos que imparten cátedra universitaria sin siquiera contar con un título profesional que los avalen; quienes cubren su tiempo completo en ausencia, pero enviando a adjuntos que no tienen ni el perfil profesional, ni la experiencia ni los conocimientos suficientes para hacerlo. O quienes auténticamente defraudan a la Universidad, y a sus alumnos, cobrando por un trabajo que no realizan.

POLÍTICOS-UNIVERSITARIOS

Empero, en un segmento especial habría que analizar hasta qué punto los empleados académicos de la UABJO, que además tienen responsabilidades en la administración pública, cumplen cabalmente con las actividades para las que les paga la Máxima Casa de Estudios.

Ahora mismo, por ejemplo, personajes como el subsecretario de Gobierno, Fausto Díaz Montes, comparten sus responsabilidades públicas con el trabajo académico que se supone que debería estar realizando en la Universidad.

Hasta ahora, él es uno de los que ha dicho nada respecto a la situación en que se encuentra su plaza de tiempo completo en la UABJO, y sería abominable corroborar que sigue cobrando como profesor-investigador, cuando hoy tiene responsabilidades de otro tipo que le deben estar absorbiendo el cien por ciento de su tiempo.

Pero esa situación no es nueva. Profesores universitarios como el doctor Evencio Martínez Ramírez, Pedro Celestino Guzmán, Heriberto Antonio García, y muchos otros personajes que recurrentemente figuran en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UABJO como profesores de medio tiempo, o de tiempo completo, nunca solicitaron licencia a esa responsabilidad, para ocupar los cargos públicos que ostentaron, o que ostentan.

Es a todas luces imposible —e inmoral, y antiético— que un Secretario General de Gobierno, un Procurador General de Justicia, o un Ombudsman estatal, puedan cumplir con todas las obligaciones y responsabilidades que implican sus cargos, y también puedan ser profesores universitarios, como a varios de ellos hoy tiene la UABJO.

Es evidente que esta parte de la crítica no les acomoda a los maestros de la Máxima Casa de Estudios. Aunque hay muchos académicos verdaderamente comprometidos con su labor, también es cierto que en otros se anidan los deseos de aprovecharse de sus momentáneas buenas posiciones políticas, para abusar no solamente de la Universidad, sino también del compromiso académico que claramente no tienen, y que debía ser en ellos el motor para poner siempre el ejemplo de lo bueno, y no de lo malo como recurrentemente hacen.

 

PEDRO Y EL LOBO

Qué mal se ha visto la contralora Perla Woolrich “anunciando” los procesos judiciales que están en puerta para los funcionarios corruptos. Lejos de ayudar, con eso ya les dio el “pitazo” a todos los posibles indiciados para que desaparezcan, o tomen medidas preventivas. A ver si no le termina pasando como a la historia de Pedro y el Lobo. Debería demostrar eficacia, y bajarle cuando menos dos rayitas a su lenguaraz actitud de protagonismo.