UABJO: tragedia de la que nadie se responsabiliza

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Autoridad y gremios: soluciones, sólo de corto plazo

La Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca es, en sí, un problema de grandes dimensiones que a nadie parece interesarle. Como cada año, la Máxima Casa de Estudios entró nuevamente en su dinámica de negociaciones, huelgas y arreglos parciales, aunque hasta el momento ninguno de sus problemas de fondo ha sido, cuando menos, parcialmente resuelto. Parece que, a la Universidad, todos pretenden dar por desahuciada, antes que intentar corregir cualquiera de sus males.

El panorama actual de la UABJO no es distinto al de todos los años. Como siempre, al comenzar el año, la administración universitaria inició también los procesos de negociación con cada una de las organizaciones gremiales que integran sus trabajadores. Al igual que cada año, esas negociaciones implicaron peticiones, ofrecimientos, rechazos y reiteraciones, que luego devinieron en amagos, llamados a la conciencia, y finalmente en huelgas y posteriores arreglos económicos parciales.

Esta es, sin embargo, apenas una de las aristas del lamentable círculo vicioso en el que se encuentra inmersa la vida académica de la Universidad. A todo esto, debemos de sumar las discordancias propias que se generan por la actuación de la autoridad universitaria, los problemas propios de las facultades, y la mancha indeleble que, reiteradamente, deja el porrismo en el rostro de la UABJO. ¿Cómo resolver todo esto?

Sin duda, en la primera línea de la responsabilidad se encuentra la administración universitaria. Sin embargo, sería corto y limitativo considerar que todos los males de la Máxima Casa de Estudios son deber de atender de un solo grupo, o que éste tiene todas las potencialidades para resolver los problemas que la aquejan. Junto a la autoridad universitaria se encuentran los propios trabajadores, los académicos, los alumnos y, sin duda, las autoridades del orden estatal y federal. Así, la UABJO lleva un rumbo bien definido —que, sin duda, es nocivo—, ante la indolencia y el desinterés de todos los involucrados, que sólo se cruzan de brazos ante las circunstancias.

¿Cuál ha sido el sello de la actual administración universitaria? Si hubiera que resumirlo en unas cuantas palabras, éstas serían dos: “pasividad” y “derrotismo”. En los casi dos años que lleva de gestión el rector Rafael Torres Valdez, él y sus colaboradores se han caracterizado por el inmediatismo y por las soluciones de corto plazo que, de antemano lo afirman, no resuelven los problemas de la Universidad.

¿De qué hablamos? De que, no sólo ante las presiones sindicales, sino frente el mar de problemas que significa la Universidad, sus autoridades asumen como una realidad infranqueable el hecho de que la Máxima Casa de Estudios implica inestabilidad y controversias, y que todo esto es “propio” y natural de una institución educativa como la UABJO.

Con ese argumento —que de antemano denota su derrotismo—, el rector Torres y su administración, han tratado de justificar sus escasísimos arrestos para atender hasta las vicisitudes menos álgidas de la Universidad, y sólo se aprestan a intervenir cuando los problemas ya rebasaron, o agotaron, todos los canales de diálogo, y trascienden a los muros de Ciudad Universitaria para convertirse en huelgas, marchas o bloqueos viales que no sólo los presionan a ellos, sino que sobre todo afectan a miles de ciudadanos que nada tienen que ver con los líos de la Universidad.

PROBLEMA COMÚN

Sin embargo, los malos resultados de la administración universitaria se ven aderezados por una comunidad universitaria y gubernamental a la que tampoco parece interesarle la Universidad. Vayamos a ejemplos tangibles de ello.

Prácticamente desde que comenzó el año, el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Universidad emplazó a huelga, y detuvo las labores en varios momentos, como una muestra de presión a la autoridad para que cumpliera con planteamientos desbordantes. Sabían, de antemano, que la mayoría de sus exigencias son imposibles de cumplir.

Sin embargo, el problema no radica en lo desproporcionado de sus exigencias, sino en el hecho de que tanto los trabajadores como la autoridad, se encuentran en una dinámica de llevar, siempre, cualquier negociación, al punto de la huelga. La autoridad, en ello, se queja por la intransigencia de los trabajadores, y éstos por los incumplimientos de la autoridad. Al final, ¿quién hace algo para hacer cambiar esta situación? Nadie.

En esa misma lógica, hoy, por ejemplo, es el Sindicato de Trabajadores Académicos el que mantiene paralizadas las actividades de la UABJO. Acusan incumplimientos por parte de la Universidad, de los cuales dicen tener conocimiento las autoridades laborales. Los catedráticos universitarios exigen un programa de retabulación salarial que los equipare a los profesores de las demás instituciones públicas de educación superior del país. Pero no parecen terminar de comprender que entorpeciendo la vida académica en el modo en que lo hacen, también se boicotean ellos mismos. La autoridad debe ser presionada hasta sus últimas consecuencias. Pero si ellos son académicos, cancelando la educación debía ser menos viable de sus estrategias.

Y mientras, el gobierno estatal ve con paciencia todo lo que ocurre en la Máxima Casa de Estudios. En esa instancia tan parecen haber dado por desahuciada a la UABJO, que por eso año con año impulsan la creación de más universidades estatales. No está mal que lo hagan. Sin embargo, parecería que el avance del Sistema de Universidades Estatales es inversamente proporcional al hundimiento de la Universidad, a la que la administración estatal atiende sólo en lo indispensable, pero nunca con un interés genuino por promover su rescate.

Así, ¿cómo hablar de un futuro mejor para la Universidad? Todas las señales, y todas las actitudes indican, hasta ahora, que la solución real a los conflictos no está cerca.

¿DESTAPE “PLURI”?

La memoria no es la mejor aliada del autor de este espacio. Sin embargo, llama la atención que al director de la Comisión Estatal de la Juventud, Moisés Molina, lo estén “destapando” para ocupar una candidatura a diputado ¡por la vía de representación proporcional! Eso, normalmente, no ocurre. Dos son las particularidades: para esos cargos no hay “tapados”, sino designaciones favorables al grupo en el poder. Y segundo, si las “juventudes priistas” hablan tanto de fortaleza, lo mejor sería buscar una candidatura por mayoría relativa, y ganarla. Así sí, todos, demostrarían el trabajo político entre los cuadros jóvenes del priismo. ¿Entonces?

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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