Apuesta a inestabilidad 驴y desmovilizaci贸n social?

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+ Zozobra proporciona m谩rgenes de gobernabilidad

Se equivoca cualquiera que suponga que la lucha contra el crimen organizado, anunciada y emprendida por el gobierno federal en los 煤ltimos d铆as de diciembre de 2006, fue una simple estrategia policiaca y militar que no ten铆a m谩s objetivos que los visibles. Se equivoca, tambi茅n, quien pretenda asumir hoy los primeros signos de inestabilidad social en Oaxaca, como parte de una estrategia emprendida por los grupos opositores 鈥攐 beligerantes鈥 ante el proceso electoral que se avecina. Ante este escenario, es necesario comprender qu茅 efectos tiene la inestabilidad social, y a qui茅n beneficia en realidad.

En el 谩mbito federal, el gobierno del presidente Felipe Calder贸n Hinojosa, comenz贸 en un riesgoso marco de inestabilidad, y con una falta indiscutible de legitimidad frente a amplios sectores de la poblaci贸n. Si bien se recuerda, despu茅s de los comicios federales de julio de 2006, el gobierno del entonces presidente Vicente Fox vio desdibujadas todas sus posibilidades de di谩logo y concertaci贸n con los partidos de oposici贸n, y la transmisi贸n de poderes 鈥攐currida el 1 de diciembre de ese a帽o鈥 se dio en un contexto excepcional de incertidumbre, en el que nadie pod铆a asegurar si quiera que el Mandatario entrante podr铆a rendir la protesta constitucional correspondiente ante el pleno de la C谩mara de Diputados.

Aunque en esos momentos la inestabilidad parec铆a encontrarse en la sede de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, en realidad los riesgos se hallaban en otros lados. La toma de la tribuna de la C谩mara baja, la manifestaci贸n y el plant贸n emprendido por Andr茅s Manuel L贸pez Obrador durante varias semanas en el Paseo de la Reforma, y los llamados a la resistencia civil, eran apenas un reflejo de la inestabilidad social que sufr铆a el pa铆s. 驴De qu茅 hablamos?

De que, entonces, como nunca antes en las 煤ltimas d茅cadas, se vivi贸 un riesgo inminente de estallido social por conflictos pol铆tico-electorales. Exist铆a una percepci贸n, no del todo errada, de que el entonces reci茅n ungido 鈥済obierno leg铆timo鈥 de L贸pez Obrador, los grupos m谩s radicales que daban fuerza a dicho movimiento, y amplios sectores de la poblaci贸n civil inconformes con el resultado de la elecci贸n, pudieran en cualquier momento transformar la lucha pol铆tica en inestabilidad, o confrontaci贸n armada, para tratar de deponer por la v铆a de la fuerza al gobierno reci茅n instituido.

Exist铆an razones fundadas para considerarlo. Fueron los grupos m谩s representativos de la izquierda nacional, un importante sector de la ciudadan铆a, e integrantes de los grupos de lucha social m谩s duros, los que apoyaban la causa del derrotado candidato presidencial tabasque帽o del PRD-PT y Convergencia. Hab铆a, por esa y otras razones, posibilidad de que la efervescencia social se desbordara, y entonces se generara un caos pol铆tico en el pa铆s.

Esa fue una de las razones de fondo por la que el gobierno federal emprendi贸 la lucha contra el crimen organizado. Si se revisa el discurso y las promesas del entonces candidato presidencial del PAN, Felipe Calder贸n, 茅ste nunca sostuvo como uno de sus ejes de campa帽a, o sus propuestas de gobierno, la de la seguridad p煤blica y el combate al crimen organizado.

驴Para qu茅, entonces, asumir una tarea que no figuraba entre sus planteamientos iniciales? La respuesta est谩 en la desmovilizaci贸n ciudadana que esto cre贸: a partir del lanzamiento de la lucha anticrimen, el Ej茅rcito sali贸 a las calles, la fuerza policiaca se increment贸, y se torn贸 en un riesgo la posibilidad, en amplias regiones del pa铆s, de erigirse en grupos ciudadanos inconformes con el gobierno.

Es cierto que, en todo esto, a la distancia el gobierno parece estar perdiendo m谩s de lo que gan贸. Su victoria consisti贸 en desmantelar un riesgo de inestabilidad social que lo aquejaba y que cuestionaba su legitimidad en los momentos de mayor debilidad. Su derrota, en que esa guerra se torn贸 en una carnicer铆a que hoy le ha cobrado facturas electorales. Aunque en realidad, lo 鈥渋mportante鈥 radica en que la poblaci贸n sigue aterrorizada, y contin煤a prefiriendo la v铆a pol铆tica o electoral, que salir a las calles.

CASO OAXACA

Existe la posibilidad de que en la entidad pudiera estar ocurriendo algo equiparable. Con el inicio del proceso electoral, comenz贸 tambi茅n un oleaje de zozobra e intentos de atemorizaci贸n de la ciudadan铆a, a trav茅s de la extorsi贸n, las amenazas de bomba, e incluso la colocaci贸n calculada de artefactos explosivos para que la autoridad los localice antes de provocar alg煤n da帽o.

La lectura corta de los hechos, ha pretendido achacar este asunto a los opositores que, en 2006, incendiaron Oaxaca. Es posible que esto pueda ser as铆. Sin embargo, m谩s all谩 de las especulaciones sin sustento, lo que es evidente es que si esta es una estrategia pol铆tica o electoral de las fuerzas opositoras o de grupos beligerantes, que buscan lastimar las posibilidades de triunfo del partido y el grupo en el poder, tal estrategia ser铆a no s贸lo equivocada sino incluso contraproducente.

驴Por qu茅? Porque en una entidad en la que el voto la determinan las estructuras electorales disciplinadas, por encima del voto ciudadano (llamado 鈥渧oto vol谩til鈥 o 鈥溍簍il鈥, seg煤n sea el caso), lo que m谩s conviene al partido que maneja esas estructuras, es precisamente que quienes representan el voto vol谩til, no salgan a votar. As铆, en una l贸gica sencilla, las estructuras aseguran m谩rgenes de votaci贸n superiores, que no encuentran competencia o equilibrios frente al sufragio com煤n, y as铆 pueden obtener ventajas irreversibles en los procesos electorales.

No tiene l贸gica alguna, como estrategia, que sean los opositores quienes se aventuren a generar la inestabilidad como un factor electoral ben茅fico a su causa. M谩s bien, en la mayor铆a de los periodos de incertidumbre, ganan los que la saben manejar a su favor. Y es evidente que hoy no es el momento excepcional para la oposici贸n que fue 2006, en el que arrasaron electoralmente Oaxaca. M谩s bien, esta posible estrategia de inestabilidad, parece estar ligada con una intenci贸n de lograr la desmovilizaci贸n ciudadana.

驴MANO DURA?

Como ocurre cada que las manifestaciones, el cierre de calles y las marchas se desbordan en la capital, la IP exige al gobierno que atienda los problemas y que, de ser necesario, aplique la mano dura en contra de quienes lastiman los derechos de la mayor铆a. La primera exigencia tendr铆a que ser a la Secretar铆a General de Gobierno para que busque los mecanismos efectivos de concertaci贸n. Evencio Mart铆nez, en este sentido, comenz贸 mal su gesti贸n. Lo cual, frente a sus antecedentes en la PGJE, no es una novedad.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com

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