La crispación innecesaria, puede llevar los ánimos políticos al límite

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+ Confrontación entre Ulises y Gabino, ya parece innecesaria

Hoy en Oaxaca, parece innecesaria una confrontación abierta entre adversarios políticos, cuando la más importante de las batallas, la electoral, está prácticamente definida, y los riesgos de la violencia, asimismo conjurados. En efecto, una vez que pasó lo más álgido del proceso electoral para renovar la gubernatura del Estado, parecen estar resurgiendo y avivándose los ánimos de confrontación entre el gobernador Ulises Ruiz, y el mandatario electo, Gabino Cué Monteagudo. En ambos grupos, y en ambos personajes, debe caber la mesura y el entendimiento, porque si antes no lo fue, éste tampoco debe ser momento para la riña.

El proceso electoral actual, comenzó no sólo entre signos claros de inestabilidad entre las fuerzas políticas, sino que, sobre todo, éste arrancó amenazado por el fantasma de la inconformidad y la violencia. Desde el inicio, entre los grupos de oposición, se alinearon diversos factores que en otro momento encarnaron la violencia, y se hicieron de un discurso en el que aseguraban que en esta ocasión no permitirían “un nuevo robo” del triunfo que les pertenecería; y que, por tanto, habrían de defenderlo no sólo a través de las vías institucionales, sino también de la movilización social.

Por el lado del oficialismo, el fantasma de la violencia también parecía latente. No por sí, sino a través de otros grupos paralelos, en más de una ocasión se amagó con la siembra de la incertidumbre entre la población, a partir de métodos como la colocación de artefactos explosivos que eran hallados antes de detonar, o las amenazas de que si resurgían grupos como la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, se contrarrestarían sus acciones a través de los mismos métodos que ellos ocuparan.

Era también común escuchar entre los oficialistas, la versión de que ante una inminente derrota, buscarían “reventar” la elección. Es decir, provocar un conflicto violento que hiciera imposible la celebración de los comicios. En aquella lógica, esto daría más tiempo al priismo para replantear su estrategia y buscar conseguir un triunfo que no habría logrado en el primer intento.

Como esas, versiones corrieron en grandes cantidades en el escenario político local, antes y durante los meses de campañas proselitistas. En algunos momentos, ocurrieron confrontaciones violentas entre grupos de militantes de fuerzas políticas distintas, o en ámbitos paralelos al del proceso electoral formal. Finalmente, ninguno de los vaticinios achacados a la oposición y el oficialismo en Oaxaca se cumplió, y ocurrió una contienda electoral marcada por una civilidad que por momentos parecía hasta increíble.

El ánimo violento que se esperaba de ciertos grupos de oposición, nunca ocurrió. Del mismo modo, aquellos vaticinios que aseguraban que el priismo buscaría reventar la elección, también resultaron ser falsos. Incluso, el día de la jornada electoral hubo un clima predominante de calma, que permitió que los votantes tuvieran la confianza de acudir a las urnas.

Lo más increíble de todo, y para bien de Oaxaca, es que una vez conocido el resultado de los comicios, el candidato ganador, es decir, Gabino Cué Monteagudo, remarcó una actitud de prudencia frente a la tendencia que le era favorable; en esa misma lógica, fue ejemplar el modo en cómo Eviel Pérez Magaña demostró su vocación democrática y de civilidad, al reconocer, pocas horas después de los comicios, que sus posibilidades de triunfo eran inalcanzables.

Había, incluso para el día y la noche de la jornada electoral, temores por una posible explosión de la violencia, generada por una inconformidad en los resultados. Pero los mismos números conjuraron cualquier posibilidad de confrontación. Pero hoy, cuando todos los riesgos importantes de inestabilidad habrían sido superados con éxito, los grupos de poder parecen estar elevando, innecesariamente, su nivel de confrontación.

RIESGO INNECESARIO

Apenas unos días después de haber ocurrido la jornada electoral, el candidato ganador, Gabino Cué Monteagudo, comenzó a lanzar dardos, que quizá habrían sido innecesarios, a la administración estatal. En uno de sus mensajes, aseguró que su gobierno no se hará cargo de ninguna obra que no esté concluida y que presente irregularidades; en otra, aseguró que el gobierno estatal preparaba una basificación masiva de unos cinco mil trabajadores de confianza, para provocar un daño a las finanzas estatales futuras; la cuestión más compleja —más allá de los nombres de los integrantes y las tareas encomendadas a cada uno de ellos— tiene que ver con la conformación de su llamado “equipo de transición”, con el que pretendía comenzar con el proceso de entrega-recepción de la administración gubernamental estatal.

El problema, en este asunto, no está en la enumeración de errores, en la denuncia, o en los intentos por comenzar la “mudanza” entre administraciones. No. El problema está en que esos puntos han sido puestos con poca mesura en la escena local, y están sirviendo para generar confrontación en donde no debería existir. Veamos dos de los tres casos que mencionamos en líneas anteriores.

La denuncia sobre la basificación masiva de trabajadores de confianza, generó ya un foco de inestabilidad, que lo mismo puede ser genuino que inventado. Anteayer mismo, unos doscientos trabajadores de las Unidades Móviles para el Desarrollo, bloquearon los accesos al estado Benito Juárez, en demanda del otorgamiento de 200 bases, a través de las cuales ellos tuvieran estabilidad laboral.

Aseguramos que lo mismo es una protesta real, que algo orquestado desde el oficialismo, porque tal protesta resulta de un señalamiento vertido por quienes están tratando de tomar acciones sobre una administración que, les guste o no, aún no está en sus manos. Tal protesta, en esa lógica, podría ser una “constatación” al público de que la imprudencia genera una inestabilidad social, y protestas, que ya nadie desea.

TRANSICIÓN RETARDADA

En esa lógica, está también generando fricciones los llamados a iniciar el proceso de entrega-recepción. Independientemente de que cualquiera de las partes tenga o no razón, lo que parece claro es que cada una, por su lado, debe comenzar los preparativos para las tareas que les corresponde. Esa cuestión, no debe ser motivo para la trifulca. El gobierno saliente debe poner en orden la entrega; y el entrante, establecer las prioridades, el plan de desarrollo, sus políticas públicas y mucho, mucho, antes de la entrega-recepción.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

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