Gabino: con su gabinete dará pautas sobre la administración

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+ Integración de funcionarios: que aproveche bono democrático

Reiteradamente, el gobernador electo, Gabino Cué Monteagudo, ha asegurado que integrará a su gabinete de trabajo a mujeres y hombres confiables, eficaces y honestos. Para ello, ha fijado algunas reglas que, dice, se cumplirán de modo estricto. Más allá de los anuncios y la retórica, es evidente que con la sola integración del gabinete, el nuevo gobierno marcará su rumbo, y definirá si subsisten o se erradican ciertas prácticas y decisiones que, en buena medida, fueron las que, en las urnas, reprobaron los ciudadanos al gobierno saliente, el pasado 4 de julio.

En las últimas semanas, el Gobernador Electo ha dicho, por ejemplo, que toda aquella persona que se integre a su gabinete, deberá demostrar capacidades, preparación profesional y experiencia, pero que además deberá pasar por la prueba del detector de mentiras, el antidoping, y la entrega de su declaración patrimonial. Eso fue lo que él mismo hizo cuando era candidato a Gobernador, para demostrar a la sociedad su confiabilidad, su salud, y su paso honesto por los diversos cargos que ha ocupado en la administración pública municipal, estatal y federal.

En principio, es claro que estas medidas iniciales fueron bien tomadas por la sociedad, y que, en la reproducción de la misma respecto a los funcionarios del nuevo gobierno, significarían también un avance sustancial, frente a la completa discrecionalidad que hoy priva en la designación de servidores públicos estatales. No obstante, si Gabino Cué de verdad pretende legitimar la integración de su gabinete, debería tener expectativas algo más elevadas. Quienes lo favorecieron con su voto, esperan mucho de él.

Pero vayamos por partes. Por mandato de la Constitución local, el Titular del Poder Ejecutivo del Estado tiene la facultad de nombrar y remover libremente a los titulares de las dependencias de la administración pública estatal. A reserva del Secretario General de Gobierno (a quien el Gobernador nombra y destituye libremente, pero que necesita la autorización del Congreso para entrar en funciones, según los artículos 79 fracc. V, y 59 fracc. XXXIV), y del Procurador de Justicia (que es electo por el Legislativo de la terna que presenta el Ejecutivo, de acuerdo con el artículo 59, fracc. XXXIII), el Mandatario estatal tiene la facultad de integrar su gabinete del modo que mejor le parezca.

Hasta ahora, ese criterio de libertad ha sido utilizado en toda la dimensión de la palabra. La posibilidad que brinda el artículo 79 de la Constitución del Estado, sin embargo, ha sido utilizada no sólo con el criterio de la libertad absoluta para la conformación del gabinete de gobierno, sino también con un dejo permanente de discrecionalidad, e incluso de abusos en el nombramiento de personas no preparadas para los cargos (es decir, lo que comúnmente se conoce como cuatismo, compadrazgo, etcétera), que tienen conflictos de interés en cuanto a las funciones públicas que le fueron encomendadas y sus actividades como particular, o que su designación no responde más que al solo criterio del pago de las cuotas de poder que —casi con normalidad— ocurre entre los grupos políticos afines a la gubernatura.

Ejemplos de esto, en la administración actual, existen en abundancia. Pero también, y eso lo debe tomar en cuenta el gobernador electo Cué Monteagudo, entre quienes lo apoyaron para acceder al cargo que asumirá el próximo 1 de diciembre. Un gobierno verdaderamente de avanzada, por citar un ejemplo, no podría tener como encargado del transporte a una persona que pertenece a esa actividad como particular. Del mismo modo, no podría fungir como secretario de obras alguien que profesionalmente no está calificado para tal encargo. Y mucho menos podría nombrar a su secretario de Finanzas o al titular de Coplade, simplemente porque son sus amigos de confianza, por ser socios, o por ser simplemente “cuates”.

CAMBIO EFECTIVO

Por la sola referencia, y por el solo cambio de actitud que tanto se ha prometido, cuestiones como las antes descritas, simplemente serían inadmisibles por parte de la sociedad, y de muy alto costo para el nuevo gobierno. Sin embargo, alejándonos de esas posibilidades pedestres, es evidente que una verdadera actitud democrática, y con visión de evolución y cambio, debería llevar al gobierno de Cué Monteagudo a establecer criterios más claros y abundantes respecto a los requisitos y formas que deberán cumplir quienes aspiran a integrar su equipo de gobierno.

En el futuro, el gobernador Cué debería evitar dar señales contradictorias. Una de esas señales fue la que dio en la integración del comité de vigilancia del proceso de entrega-recepción entre las dos administraciones. Independientemente de que cada uno de los integrantes de ese órgano tiene cierta ascendencia y respecto por sus actividades y preparación profesional y política, es claro que nadie supo cómo llegaron hasta ahí. Es decir, que para un observador agudo, esas fueron designaciones estrictamente discrecionales, como las que dice el próximo Gobernador que no ocurrirán durante su sexenio.

Transparentar el proceso de selección, los requisitos y los pasos que deben seguir quienes integren el nuevo gobierno, daría una muestra de visión de avanzada, y de una verdadera voluntad política de cambio. Es cierto que la Constitución local dice que es facultad del gobernador nombrar y remover libremente a sus colaboradores. Pero esa, debe ser entendida como una facultad enunciativa, que puede ser ampliada por otros mecanismos de voluntad, más democráticos y transparentes. No necesita cambiar la ley, para que cambien para bien ciertas actitudes y decisiones que, además, legitimarían enormemente al nuevo gobierno. Y no sólo eso, sino que también darían pautas importantes para el futuro.

ENVIAR SEÑALES

Esa será una de las señales fundamentales que enviará el gobierno entrante, desde el primer día de su gestión. Si asegura tener una vocación auténtica de cambio, pero decide sostener ciertas prácticas tradicionales de la administración pública, entonces pronto comenzará a tener cuestionamientos. No se trata de revivir a los llamados “head hunters”, sino en que todos los que rodearán al gobernador Cué demuestren que están ahí no sólo porque son sus “cuates”, sino porque tienen capacidades probadas para desempeñar cargos públicos. No sólo hay que ser: también hay que parecer.

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