PRI: la disputa es una guerra suicida

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+ Franco: un “democrático”… traidor

La situación actual del priismo oaxaqueño es deplorable. Mientras su dirigencia estatal se encuentra perdida en un mar de decisiones erróneas, cortas y testarudas, varios “grupos democratizadores” intentan hacerse del poder partidista pretendiendo desconocer y derrocar al dirigente estatal, Eviel Pérez Magaña. Quienes detentan formalmente la representación partidista en la entidad, se niegan a ir más allá de las endebles pompas de jabón en las que, engañándose solos, aún cohabitan; pero quienes ahora se envuelven en las banderas de la democratización, no son más que oscuros personales cuyo común denominador es la traición, los excesos y los vicios que justamente caracterizaron a ese PRI que ahora pretenden “renovar”.

Hoy, tanto la pugna como vicios propios de quienes se disputan la dirigencia estatal del PRI, se encuentran a la vista plenamente. El Comité Directivo Estatal que encabeza el diputado Pérez, se ha negado a ir más allá de los cuadros y las prácticas que, les guste o no, fueron los responsables de la derrota ocurrida el pasado cuatro de julio.

En ese sentido, es claro que independientemente de las pugnas y los cuestionamientos que les hacen los priistas disidentes, ese es un primer factor que, por sí solo, los tiene en un importante entredicho. Es claramente perceptible el hecho de que el dirigente estatal Pérez Magaña se ha resistido sistemáticamente —o no se lo han permitido— a iniciar un verdadero proceso de inclusión al interior del priismo, en el que la dirigencia de su partido ya no sea sólo espacio para un grupo político, y en el que pudiera haber un verdadero proceso de rotación y renovación de cuadros.

Habría que preguntarse, respecto a lo anterior, por qué la dirigencia estatal del priismo hoy alberga no a los militantes más reconocidos tanto en el gobierno como en el trabajo partidista, sino justamente a los personajes más repudiados, señalados por corruptos o ineficaces, e incluso a los que se les hacen señalamientos directos por su contribución a la derrota electoral.

Aunque diversas voces serenas se han pronunciado, en diversos momentos, en el sentido de que debía iniciar un verdadero proceso de inclusión y apertura a todas las expresiones del priismo que —como la misma dirigencia estatal— hoy se encuentra en estado de orfandad, y en el discurso el dirigente Pérez Magaña dice estar dispuesto y dedicado a emprender ese proceso, lo cierto es que todas sus prácticas los han llevado a reiterar el hecho de que la dirigencia estatal priista continúa siendo como siempre lo ha sido. Es decir, vertical, cerrada, excluyente, soberbia y sorda.

Podríamos preguntarnos: Si la dirigencia priista siempre ha tenido esas características, y no había problema, ¿entonces por qué ahora sí? La diferencia entre el antes y el ahora, radica justamente en que antes el priismo detentaba el poder gubernamental estatal, y ello imponía orden y disciplina a su militancia y grupos de poder; ahora el PRI en Oaxaca es un grupo más, que ya no cuenta con elementos coactivos o disciplinarios para “democratizar” sus decisiones autoritarias.

En gran medida, de ahí surge el problema del priismo: no saben cómo actuar, ni cómo estructurarse, bajo un verdadero esquema democrático, en el que se tenga que convencer e incluir, antes que imponer y avasallar. La dirigencia estatal —con sus actitudes de insensibilidad, voracidad y soberbia, propias de quienes aún creen tener el poder del Estado en las manos— no ha entendido que estos tiempos son distintos a los de hace dos meses, y que el verdadero trabajo político de su partido tendría que iniciar por transformar no los estatutos, sino las reglas no escritas de convivencia política que hoy, a todas luces, son obsoletas.

 

ADVERSARIOS,

SIN CALIDAD MORAL

Jorge Franco Vargas se separó de la dirigencia del PRI estatal hace casi un año, y desde entonces también se alejó tanto del trabajo político, como de la operación electoral de su partido. Su inconformidad surgió del hecho de que él no fue el beneficiario de la candidatura priista a Gobernador.

Desde entonces, se ha esforzado por hacerse de un aura de misterio e intriga al propagar “versiones no confirmadas” (o trascendidos, o rumores, o chismes, o como se le quiera llamar) respecto a que “pronto” vendrá a reclamara la Presidencia del Comité Estatal que todavía dice corresponderle, o respecto a que colabora con el gobierno de Gabino Cué; e incluso, que por su experiencia y compromisos políticos, él es de nueva cuenta el cerebro maquiavélico que está dispuesto a hacer el trabajo sucio de la administración estatal. Lo único cierto en todo esto es que, independientemente de cuáles sean las versiones reales y las inventadas para asustar e intrigar, Jorge Franco Vargas es un traidor.

¿Quién, en su sano juicio, podría creer que Franco es un demócrata? Su única valía indiscutible, es la de ser un eficaz operador electoral. Pero eso, la operación electoral, en sí misma, es contrario a la democracia. ¿No los operadores se encargan de asegurar votos a favor, a través de todos los métodos de coacción y trampa conocidos?

Pero además, si alguien tuvo un crecimiento meteórico en la política estatal gracias a la antidemocracia y verticalismos del priismo, ese fue Franco Vargas. ¿A poco el pueblo de Oaxaca lo eligió para ser el vicegobernador del Estado el sexenio pasado? ¿A poco la ciudadanía lo eligió para ser dos veces diputado federal? ¿A poco fue la verdadera militancia la que decidió que él fuera líder estatal? ¿A poco el electorado lo legitimó para que en la pasada campaña electoral traicionara trabajando a favor de la derrota priista?

Algo es claro: alguien no se convierte en demócrata sólo por ser disidente. Y en sus verdaderos antecedentes como político, Franco no cuenta con luchas democráticas ni postulados ni ideal alguno; todas las suyas fueron simples alianzas y circunstancias favorables para ejercer el poder. Pero nada más.

LÍDER LEGITIMADO

Es indudable que el PRI debe pasar por un verdadero proceso de renovación y legitimación democrática. Eviel Pérez y su dirigencia tienen un mar de cuestionamientos. Pero ello no significa que el mejor cuadro para cuestionarlo sea alguien de tan antidemocráticos antecedentes como Jorge Franco. Ambos son hijos del mismo padre político, y producto de la misma circunstancia. Por eso, ellos menos que nadie tienen calidad moral para hablar de democracia.

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