Audioescándalo de Córdova: de nuevo, que las instituciones paguen

Grabaciones

+ Conversaciones, nueva forma de descrédito a la autoridad electoral


No es una práctica nueva, que cuando existe en México un actor —personaje o institución— incómoda para ciertos grupos de poder, surjan filtraciones de conversaciones telefónicas reveladoras. Es lo que pasaba en el zedillismo respecto a Carlos Salinas de Gortari, y es una práctica tan común que los medios informativos y la misma sociedad dan por válidas ese tipo de prácticas. Ahora le tocó a Lorenzo Córdova, consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral, pero en un momento y en un contexto particular que, por su trascendencia, es necesario no incluir en las listas tradicionales de los llamados audioescándalos que hoy existen por montones.

En efecto, el martes fue subido a la página de videos Youtube, un audio en el que se escucha una conversación telefónica, obtenida ilegalmente, entre el Consejero Presidente y el secretario Ejecutivo del INE, Edmundo Jacobo Molina. La plática telefónica habría ocurrido luego de que Córdova saliera de un evento en el que encabezó una asesoría a los pueblos indígenas, por lo que llamó al secretario ejecutivo del órgano electoral, Edmundo Jacobo, para burlarse de uno de los jefes de las naciones originarias, Hipólito Arriaga Pote.

“Había uno, no mames, no te voy a mentir, te voy a decir cómo hablaba este cabrón”, dice Córdova, al imitar con voz grave y burlona: “Yo jefe, gran nación chichimeca, vengo Guanajuato. Yo decir aquí o diputados, para nosotros, yo no permitir tus elecciones”, y suelta la carcajada el consejero presidente del INE.

“No sé si sea cierto que hable así ese cabrón, pero no mames”, insiste Córdova en su carcajeo: “O vio mucho Llanero Solitario, con eso de toro cabrón, cabrón, no mames, sólo le faltó decir ‘yo gran jefe toro sentado, líder gran nación Chichimeca, no mames, no mames, está de pánico cabrón”. En la llamada, Córdova afirma que los talleres con los indígenas resultan más “dramáticos” que los encuentros que sostuvo con los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y añade que “habría que escribir crónicas marcianas del INE”. “Está de pánico, o acabamos muy divertidos o acabamos en el psiquiatra de aquí, cabrón”, añade casi al final de la grabación.

Por su contenido, este audioescándalo sale del contexto tradicional de la filtración de grabaciones telefónicas. ¿Por qué? Porque contrario a todas las que conocemos, no revela ningún tipo de relación indebida de Córdova Vianello con alguno de los dirigentes o representantes de los entes (los partidos políticos) que regula la institución que él encabeza, o con alguno de los proveedores de bienes y servicios del INE.

En realidad, la intención de dar a conocer la grabación es, en primera instancia, evidenciar las expresiones racistas y clasistas de un personaje que, en lo personal, siempre se ha jactado de ser democrático y progresista; pero en segunda instancia —y eso es lo verdaderamente grave— se intenta mostrar al INE como una institución en manos de alguien que en el fondo no cree en todo lo que ha afirmado, escrito y postulado como académico y como autoridad, y que por ende el Instituto Nacional Electoral no es una institución legitimada para mantener a salvo la democracia en el país.

INTENCIONES AVIESAS

El fondo de la grabación —es decir, las afirmaciones y burlas de Córdova— es inaceptable. Sin embargo, en México estamos también muy acostumbrados a que, cuando hacemos juicios, pasamos por alto la forma en que se obtiene una prueba. Y al menos en el derecho existe un término que podría ejemplificar a la perfección lo engañoso de una situación como ésta.

Esto se conoce como la doctrina del fruto del árbol envenenado. Dicha idea es muy simple: dice que toda prueba obtenida por un medio ilegal —como por ejemplo la tortura como medio de confesión, aunque aplica perfectamente para una grabación telefónica obtenida ilegalmente— corrompe todo lo que derive y se gane de ella. Eso explica, por ejemplo, por qué el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación declinó cualquier posibilidad de iniciar un expediente de queja en contra de Córdova. Argumentó que no puede hacerlo porque el origen de la afirmación ventilada es ilegal.

Pero más allá de eso hay más. Pues pareciera que el INE hoy sufre una nueva embestida de las muchas que han intentado los propios partidos políticos, para hacer pagar a la institución electoral por las desviaciones y errores que ellos mismos han cometido en los procesos electorales. Hoy en día existe un debate nacional intenso respecto a la sobrerregulación electoral que existe, y la completa incapacidad de los partidos y actores políticos por autorregularse. Desde que ocurrió la última reforma electoral —de las siete que ha habido en los últimos 25 años— todas las pifias se le cargaron al INE, y al él se le ha culpado de todo.

En ese contexto, también vemos que aún con las reformas, los candados y los refuerzos que le hicieron al antiguo Instituto Federal Electoral para convertirlo en la institución que hoy es (el INE), de nuevo hay voces, que apuntan a denunciar la existencia de un fraude inminente, pero que también ahora están intentando una nueva fase de presión al desacreditar abiertamente a los integrantes de la institución, con un tema particularmente sensible y muy políticamente incorrecto para los mexicanos (el de la discriminación a los indígenas), y en un contexto en el que ocurre una lucha feroz entre los partidos por ver quién se impone en estas elecciones intermedias.

Al final, el riesgo de fondo es que de nuevo —y por enésima ocasión— los mexicanos estamos presenciando un brutal descrédito en contra de las instituciones. Y eso es injusto, y también es riesgoso. Es injusto porque, en el último de los casos, las normas no son responsables de lo que no quieren o pueden hacer las personas que tienen en sus manos su aplicación.

Y es riesgoso porque eso puede instalar al país de nuevo en un escenario de potencial ruptura, o de quebranto del orden. Y esta ofensiva toma un matiz distinto cuando resulta que son los mismos partidos quienes quieren descarrillar a quien los regula, como un verdadero poder fáctico que lucha porque sobrevivan sus privilegios —y sus excesos— en un contexto que ya no soporta la hegemonía aviesa de la partidocracia.

REFORMA ANTICORRUPCIÓN

Si los diputados de la LXII Legislatura no pueden sacar la reforma educativa, ¿algún día harán algo a favor de la recién declarada constitucional, reforma anticorrupción?