Matrimonio en Oaxaca: la incongruencia partidista se consolida

Matrimonio gay

+ Resolución trascendental de SCJN, evidencia falta de convicción


El pasado viernes, el pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación mandó a publicar —para darle obligatoriedad en todo el país— una jurisprudencia en la que señala que la ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad del matrimonio es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional. Esto, en congruencia con una larga serie de amparos que ha venido concediendo desde hace varios años a personas del mismo sexo que pretendían contraer matrimonio civil y eran impedidos por las leyes estatales. Ante esta determinación, vale la pena reconsiderar el conjunto de incongruencias que tiene este asunto en entidades como la nuestra.

En efecto, en la jurisprudencia antes señalada la Corte precisó que la finalidad constitucional del matrimonio es la protección de la familia, por lo que calificaron como “no idóneo” que algunas legislaciones limiten su función a la procreación. El Alto Tribunal calificó también de discriminatorio vincular los requisitos del matrimonio a las preferencias sexuales, ya que éstas no constituyen un aspecto relevante en cuanto a la protección de la familia.

En cuanto a las legislaciones que definen al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer —como es el caso de Oaxaca, según la actual redacción del artículo 143 del Código Civil del Estado—, la jurisprudencia estableció que se trata de una “enunciación discriminatoria en su mera expresión”. El texto jurisprudencial que está próximo a ser publicado en el Semanario Judicial de la Federación, señala que “Bajo ninguna circunstancia se puede negar o restringir a nadie un derecho con base en su orientación sexual”.

Y es que resulta que en Oaxaca, el Código Civil establece que el matrimonio es un contrato civil celebrado entre un solo hombre y una sola mujer, que se unen para perpetuar la especie y proporcionarse ayuda mutua en la vida. La ley civil continúa teniendo esa redacción, a pesar de que desde hace varias Legislaturas locales, las fuerzas de izquierda han tenido una representación importante, y que al menos en los últimos años ha tenido una presencia legislativa determinante, que bien podría haber empujado ya una reforma que —viéndolo desde una perspectiva garantista y no atávica— impulsara a Oaxaca no específicamente como una entidad “gay-friendly” (amigable con los gays), sino más bien como un estado en el que se reconocen y garantizan los derechos “tradicionales”, pero también los de las minorías, que ya se encuentran tutelados por la Constitución de la República —y los tratados internacionales en materia de derechos humanos, firmados y ratificados por México, que también son ley suprema del país—, y que por ende debieran ser refrendados por las normas jurídicas estatales.

El problema es que en Oaxaca un tema como éste también trae aparejada otra discusión que tiene que ver con las supuestas convicciones políticas de los partidos que gobiernan y que conviven en el Congreso. Resulta que hay incongruencias por todos lados, y de las supuestas posiciones liberales o progresistas, todos resultan evidenciados. ¿Por qué?

Porque resulta que, por un lado, fue la fracción parlamentaria del PRI en la LIX Legislatura la que impulsó una reforma al artículo 12 de la Constitución local para establecer el llamado “derecho a la vida”, que no es sino una de las reformas más conservadoras que hayan podido haber ocurrido en el país, y que tuvo por objeto disponer que en Oaxaca se protege la vida desde el momento de la concepción.

En aquel momento, el PRI de Oaxaca —aún siendo Ulises Ruiz gobernador— impulsó esa reforma como una suerte de concesión para apaciguar al PAN y lo apoyara en la consolidación de otras reformas que eran de interés para la administración estatal. Lo incongruente es que apenas meses después en Oaxaca ganó los comicios —y el gobierno, y la mayoría en el Congreso— una coalición que se decía progresista. Esa alianza, sin embargo, no ha movido un solo dedo para cambiar el estado de cosas sobre este tema, que se supone que en otras entidades del país fueron impulsadas por la izquierda, y que de hecho son uno de sus mayores orgullos y muestra de “progresismo”.

¿Y EL PROGRESISMO?

Una vez que la tesis jurisprudencial antes aludida sea publicada en el Semanario Judicial de la Federación, tendrá fuerza vinculante para todas las autoridades del país, que se verán más obligadas a comenzar a cambiar sus atavismos en respeto a los derechos fundamentales de las personas.

En esa lógica, sería ampliamente edificante que el gobierno de Gabino Cué tuviera la convicción de ser un gobierno de izquierda pero no sólo en lo partidista, sino también en lo social y hasta lo ideológico. Si este es un régimen identificado con aquella ideología, debía también llevar a los hechos las convicciones progresistas que hasta ahora han estado guardadas. En hechos tangibles, debería entonces transformar su política social; debía también promover cambios profundos a la administración pública, e incluso debía poner en la mesa de la discusión, y favorecer con su fuerza de gobierno, temas que hoy son hasta tabú en la entidad oaxaqueña, pero que bien podrían comenzar ya a ser discutidos.

Por ejemplo, si hay convicción por la izquierda, el gobierno de Oaxaca debía dar contenido a sus decisiones proponiendo una revisión profunda de las leyes civiles, penales y relativas a derechos humanos, para que éstas, en todos los niveles, estuvieran acordes a los tiempos actuales, se identificaran con las causas más avanzadas en esos temas, y proveyeran de la máxima protección y tutela de derechos a las personas.

Hasta hoy en Oaxaca la discusión de temas como el de los matrimonios entre personas del mismo sexo, el aborto —y muchos otros que en otras entidades no sólo ya no son tabúes, sino que están convertido en ley—, están inhibidos por completo. Es un contraste enorme que, por ejemplo, se declare a un gobierno como de izquierda, pero que al mismo tiempo haya combatido con todo denuedo el intento de personas del mismo sexo, por contraer matrimonio bajo la tutela de las atrasadas leyes locales. Esa es una muestra entre la enorme brecha entre el decir y el hacer.

ESO NO IMPORTA

La semana pasada, el líder de la supuesta izquierda en México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que el tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo, no es importante. Ya con eso podemos entender por qué tanto silencio en el frondoso progresismo oaxaqueño.