Con la ley de LIPEO se va un buen escenario para la coalición

Alianza

+ Adiós a candidaturas comunes, que eran “coalición selectiva”


El pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación invalidó completamente la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales de Oaxaca (LIPEO), que contenía una serie de disposiciones claramente convenientes para los partidos políticos que acostumbran a conformar alianzas para ir a los procesos electorales. Una de las figuras que incorporaba esa ley —declarada inconstitucional por el desaseo en el procedimiento legislativo— era la de las coaliciones, frentes, fusiones y candidaturas comunes. Al anular la ley se dejó fuera esa figura, y con ello habrá un quebranto para la ingeniería electoral de varios partidos el año próximo.

En efecto, es necesario revisar los efectos de la declaratoria de inconstitucionalidad realizada por la Suprema Corte más allá de los asuntos que fueron inicialmente ruidosos. Una de las cuestiones que había llamado la atención de esta norma, fue la incorporación de varias figuras que permitían “coaliciones light” de las cuales podían beneficiarse todos los partidos selectivamente, según la geografía política, y las fortalezas y debilidades de cada partido según sus estructuras electorales y de movilización. Esas figuras son las que a continuación señalaremos.

Las candidaturas comunes. Si bien la Ley General de Partidos Políticos contempla las fusiones, coaliciones y frentes, deja abierta la puerta para que los congresos locales legislaran otras figuras de participación o asociación de partidos políticos con el fin de postular candidatos. En el caso de Oaxaca, la figura alterna que utilizó el Congreso local en la LIPEO, fue la de las candidaturas comunes.

Acaso, la figura más parecida a ésta última que existe en la legislación nacional, es la de las coaliciones totales, parciales y flexibles, en las que dos o más partidos se comprometen a postular a la totalidad de sus candidatos en un mismo proceso electoral local o federal bajo esa figura, o a hacerlo —en el caso de las coaliciones parciales— en un 50 por ciento; o en un 25 % en el caso de las flexibles. No obstante, las candidaturas comunes contempladas en la ley electoral local daban aún más margen a los partidos políticos para postular candidatos comunes o en solitario, según fueran sus conveniencias.

Según el numeral 1 del artículo 299 de la inconstitucional LIPEO oaxaqueña, Las candidaturas comunes constituyen una forma de participación y asociación de los partidos políticos con el fin de postular candidatos en las elecciones a Gobernador, a diputados por el principio de mayoría relativa y a Presidentes Municipales; según el numeral 2 del mismo artículo, “se entiende por candidatura común cuando dos o más Partidos Políticos, registren al mismo candidato, fórmula o planilla de candidatos, en la elección de que se trate”. ¿Dónde estaba el truco?

En que esa figura de las candidaturas comunes dejaba al total albedrío de los partidos políticos fijar a sus candidatos según su propia geografía política, sin necesidad de poner en riesgo otros distritos. Según esta disposición no había más límite para la postulación de una candidatura común que el candidato estuviera de acuerdo, y que se fijaran ciertas condiciones de gastos de campaña y de plataforma política de los partidos postulantes, pero sin establecer ninguna condición sobre en cuántos distritos o ayuntamientos podría hacerse, ni el porcentaje respecto al total de distritos o ayuntamientos en juego que debieran cubrirse.

Incluso, el numeral 5 del apartado 3 de ese artículo 299, señalaba lo siguiente: “No será motivo de negación de la candidatura común el que los partidos participen en coaliciones en otros puestos de elección popular, salvo lo dispuesto en el artículo 88 numeral 3 y 4 en la Ley General de Partidos Políticos”.

GOLPE A LA INGENIERÍA ELECTORAL

¿Por qué esto es un duro golpe a los partidos que acostumbran coaligarse? Porque todo aquel que sepa de ingeniería o alquimia electoral, debe entender que cada partido tiene repartidas sus fuerzas y sus capacidades según la geografía del Estado, y que esa es una de las razones fundamentales por las que en cada proceso electoral define qué distritos o municipios son sus prioridades y a ellos enfila sus “esfuerzos” para ganar.

Esos “esfuerzos” bien pueden ser trabajo político genuino, pero también mecanismos de compra o coacción del voto. Y las candidaturas comunes eran la oportunidad perfecta para afianzar las fortalezas de cada partido, y minimizar sus pérdidas donde son débiles, con el añadido de que esto también generaría un impacto fuerte en comicios donde al mismo se definen la gubernatura, las diputaciones locales y las alcaldías.

Pongamos un ejemplo. En los últimos procesos electorales el PAN ha ganado siempre distritos como el de Ejutla, y el PRD era siempre de sus más cercanos competidores. Separados dividían su votación, pero, ahí, juntos la potenciarían. En las elecciones estatales no se han conformado coaliciones totales, porque no se juegan intereses superiores como los de la gubernatura.

A todo esto, la salida perfecta eran las candidaturas comunes porque constituían una forma de “coalición selectiva” en la que en cada distrito o ayuntamiento habría una definición propia sobre ir juntos, o por separado, según fueran sus posibilidades de triunfo frente a los adversarios naturales. En Oaxaca PAN, PRD y buena parte de los partidos minoritarios pueden aliarse; y el enemigo natural es el PRI.

Esto era magnífico para los partidos aliancistas porque les permitiría potenciar sus posiciones e incrementar sus márgenes de votación sin comprometerse en coaliciones totales, parciales o flexibles, al utilizar ese mecanismo de coalición selectiva. Así, se unirían donde les conviniera, y no lo harían donde de todos modos son bastiones de sus adversarios naturales, y esto multiplicaría la capacidad captadora de votos de esos partidos en el supuesto de tener un candidato a Gobernador postulado por una coalición de esos mismos partidos, al no haber en la entidad una cultura fuerte del voto diferenciado.

ADÍOS “DÍA DE CAMPO”

Esta es una de las figuras que cayó como parte de la LIPEO. Era un mecanismo muy útil, que siempre tuvieron escondido ciertos partidos, para utilizarlo en los tiempos precisos. Ahora tendrán que ir a coaliciones en las que tendrán que comprometer algo más que la voluntad del candidato. Esto quitará margen de acción a los que ya pensaban que, por figuras como éstas, 2016 sería un día de campo para su futuro político.