México: este, país donde todo puede estar al revés

+ Gobierno enseña cómo tomar las peores decisiones


 

No dejan de sorprender ciertas decisiones que toman nuestros gobernantes, no sólo en contra de lo que la ciudadanía demanda, sino también en contra de lo que se supone que dicta el sentido común. Cuestiones como mantener en el cargo a un funcionario corrupto, es reiterar una decisión que de antemano se sabe que es equivocada. Lo raro es que eso pasa casi todos los días este país de surrealismos políticos cotidianos.

En efecto, aquello es tan común de ver, como lo es el permitir que sea el hígado y no la cabeza de los gobernantes, la que decida el rumbo de la nación, son cuestiones que sólo pueden pasar en nuestro país. Hoy, cuando otro año está a punto de terminar, queda claro que, de nuevo, tenemos que hacer el recuento no de los éxitos, sino de ciertas decisiones inexplicables que se tomaron quién sabe pensando en qué, pero que por sí mismas revelan la ingenuidad o el enojo del gobierno, y la forma en cómo éste puede provocar crisis entre sus ciudadanos.

¿Cómo poder comprender, por ejemplo, que en los últimos ocho o diez, años la ciudadanía en México ha exigido de manera permanente al gobierno federal que retire al Ejército de las calles, y cambie la estrategia que lleva a cabo para el control del crimen organizado, y que éste lejos de hacer cierto caso a la ciudadanía, se ha dedicado a machacarle que, porque él dice, su estrategia es correcta, y que aún en contra de todo y de todos, ésta seguirá indefectiblemente adelante?

¿Cómo entender, en ese mismo sentido, que luego de una década en que la ciudadanía ha exigido que el Congreso se ponga de acuerdo para poder normar las actividades de las fuerzas armadas en el control de la criminalidad y la seguridad pública, y que los diputados y senadores de todas las fracciones parlamentarias, sigan —a la vista de todos— anteponiendo sus intereses y cálculos políticos, a cualquier posibilidad de encontrar de verdad una salida a esta cuestión que, nos guste o no, e independientemente de la forma en que sea acordada, urge que sea emitida y puesta en práctica?

Esos asuntos, que por momentos pudieran parecernos algo lejanos, en realidad están ahí y dan cuenta precisa de la falta de sensibilidad y tacto que tienen tanto el gobierno como la clase política en los partidos y el Poder Legislativo, para escuchar y hacer eco a los reclamos de la ciudadanía. El problema, en todo esto, es que nosotros seguimos pasando por alto estos contrasentidos, y más bien seguimos abonando —con nuestro silencio y aceptación tácita— a la posibilidad de que las fuerzas políticas del país sigan llevando la ruta que hasta ahora siguen, sin hacer un solo cambio que genere mejores condiciones de vida para la población.

De ahí que aún cuando se asegure que los mexicanos no tenemos memoria, que somos un pueblo desmemoriado y sumiso, y hasta nos enojemos y neguemos tajantemente esas afirmaciones, tal parece que quienes lo afirman tienen razón: independientemente de las decisiones, decidimos acatarlas y olvidar poco tiempo después qué fue lo que se prometió y qué fue lo que exigió la ciudadanía. De ahí que terminemos siempre aceptando los términos que se nos imponen, y que en muchas ocasiones, terminemos haciendo justamente lo que no queríamos hacer, o soportando exactamente lo que no queríamos que nos ocurrieran.

UN GOBIERNO EN CONTRASENTIDO

No es nuevo el señalamiento. ¿Podríamos creer que en un país con una sociedad madura y un gobierno consciente de su responsabilidad, se pudiera sostener un Presidente al que se le comprobó su responsabilidad en un evidente asunto de conflicto de interés?

Esto es exactamente lo que no pasó con el presidente Enrique Peña Nieto, cuando en noviembre del año pasado se reveló todo lo relacionado con la residencia particular que ocupa con su familia, la cual había sido construida por un contratista favorecido por su gobierno cuando fue Mandatario del Estado de México, y que tenía millonarios contratos vigentes con el gobierno federal ahora que Peña Nieto era presidente de la República. Evidentemente, el conflicto de interés surgió por eso.

¿Pero qué hizo el Presidente? Negó la situación; la enfrentó exhibiendo la iracunda imagen de su esposa ofreciéndole al país una explicación que según ella no tenía que dar; y sometiéndose a una investigación nada menos que encabezada por un subordinado suyo en la Secretaría de la Función Pública. Con esos antecedentes el resultado de la investigación era previsible; luego de meses de “investigación”, la Función Pública declaró inocente al Presidente, a su jefe, del posible conflicto de interés en que podría haber incurrido al pedirle a uno de los constructores del gobierno, que le construyera una mansión, a crédito, con una tasa de interés preferencial, y con una inversión cercana a los ochenta millones de pesos pagaderos como si fuera beneficencia pública.

Algo similar ha pasado con el Secretario de Gobernación, a quien no lo ha podido mover ni el disparo de la inseguridad en el país, ni la fuga del Chapo Guzmán, ni las claras evidencias de que funcionarios subordinados a su mando fueron los que estimularon que ocurriera la fuga. De hecho, cuando en junio pasado ocurrió aquel “incidente” lo primero que se esperaba es que el titular de la Secretaría de Gobernación tomara las riendas, desde el primer momento, de lo que ocurría. Pero resultó que Osorio Chong se encontraba ya en París, esperando a que su jefe, el presidente Peña Nieto, llegara para encabezar los festejos de la independencia francesa. Por eso cuando ocurrió la fuga hubo un vacío de más de ocho horas en las que al capo se le permitió una fuga tranquila, y lo más curioso es que contrario a todo lo que pudiera suponerse, al Secretario de Gobernación no sólo nadie lo tocó sino que ahora aparece, por el evidente impulso federal, como un aspirante presidencial.

¿No son esas muestras suficientes de que vivimos en un país donde todo está al revés?

FELIZ NAVIDAD

El autor de este espacio, desea a todos sus amigos y amables lectores, unas fiestas navideñas inundadas de paz y armonía entre sus familias. Estos son momentos de reencuentro, de conciliación y de hacerse uno con los suyos para recibir las bendiciones del Niño Jesús, a quien hoy festejamos por su nacimiento. Ojalá que este momento pudiera extenderse al año entero, y que la disposición que hoy mostramos hacia los nuestros se hiciera patente durante todo el año que viene. Un abrazo fuerte. ¡Felicidades!