¿Las ambiciones poblanas nublarían el proyecto sucesorio oaxaqueño?

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+ Disyuntiva: detener a Diódoro o dejarlo operar comicios en adversidad


En memoria de mi padre, don

 Ismael Humberto Ortiz Romero.

Puebla sigue resonando en Oaxaca, y si no detienen la crisis que generó el gobernador Rafael Moreno Valle con la ruptura de la alianza PAN-PRD, la gangrena de esa desastrosa operación política sí podría llegar hasta territorio oaxaqueño. En Puebla, las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle rompieron la alianza que le permitiría heredar el gobierno a uno de su grupo. Y aunque tal no es el caso de Oaxaca, los efectos poblanos sí podrían llegar a contaminar la versión oaxaqueña de la alianza PAN-PRD al grado de cancelarla.

En efecto, en Puebla siempre fueron conocidas las ambiciones presidenciales del gobernador Moreno Valle. Todo su gobierno, de hecho, giró en torno a la construcción de una candidatura presidencial. En el PAN, el Mandatario poblano creó su feudo y trató de manejarlo a tal grado de generar fricciones con la dirigencia nacional de ese partido, y también con el Partido de la Revolución Democrática. Finalmente, ese manejo desmedido de su menguante fuerza y capital político, de cara a líderes nacionales nuevos en ambos partidos (Ricardo Anaya y Agustín Basave), rompieron toda posibilidad de una coalición electoral.

Tal parece que ni Anaya y mucho menos Basave, estuvieron dispuestos a aguantarle al gobernador Moreno Valle su intención de dominar completamente a las dirigencias panista y perredista de su entidad, de hacer entrar a su juego a consejeros nacionales de ambos partidos, y de que fuera el poblano quien estableciera la agenda político electoral de las dirigencias nacionales panista y perredista.

Pareciera que Moreno Valle —con la operación política del ex gobernador de Oaxaca, Diódoro Carrasco— quiso montarse sobre esos partidos para tratar de ubicarse como uno de sus capataces nacionales. Esas fueron algunas de las razones por las que Agustín Basave anunció que aceptaba la ruptura de la coalición PAN-PRD en Puebla, y por las que Anaya tampoco hizo nada para evitarlo. Así, en Puebla no habrá coalición y seguramente Moreno Valle no tendrá seguro dejar a un sucesor de su grupo en la gubernatura.

Ahora bien, ¿qué pasa en Oaxaca? Aquí, el gobernador Gabino Cué Monteagudo sí ha manejado su relación tanto con el PAN como con el PRD, con la ortodoxia que marcan los cánones mejor aceptados de la práctica política. Desde el inicio de su gobierno, y durante todo su mandato, ha respetado las parcelas políticas que le entregó a cada uno de los partidos, y ha tratado de no confrontarse con las dirigencias nacionales de ambos partidos. Él sabe que la prioridad de todo su proyecto político es que se consolide la alianza electoral, y que logre heredarle el cargo a un sucesor afín que continúe con el proyecto político sin conflictos.

De hecho, esa parece ser la razón por la que, incluso, cuando asaltó la dirigencia estatal del PRD para imponer como dirigente a Carol Antonio Altamirano, lo hizo con el consenso de la dirigencia nacional perredista, que nunca puso en tela de juicio el proceso, y tampoco metió las manos para involucrarse en un asunto que, según pareció, no les correspondía porque era tema del régimen gobernante local.

Así, ni en aquel momento, y en ninguno, ha pensado en romper los equilibrios por una ambición, e incluso por eso ha sido tan cuidadoso en el impulso que el propio Mandatario le está dando hoy en día al diputado federal José Antonio Estefan Garfias, para que se convierta en su sucesor.

El problema, como suele ocurrir, radica en el hecho de que el mismo diodorismo que echó a perder la coalición en Puebla y Tlaxcala, es quien seguramente va a venir a encabezar los trabajos electorales en la entidad. Y si no se tienen los cuidados adecuados entonces ese podría ser el principio de una crisis generada por los resabios de Puebla.

AMBICIONES DESMEDIDAS

Hay diferencias sustanciales entre la figura política de Rafael Moreno Valle, y la del gobernador de Oaxaca. El primero hizo su gestión soñando en convertirse en candidato presidencial, mientras que el segundo ha venido sorteando todo tipo de crisis y problemas públicos que nunca le permitieron la vanidad de sentirse como un posible integrante del escaparate de candidatos presidenciales. Eso, sumado a la ortodoxia con la que Cué manejó siempre su relación con los partidos, explica por qué en Oaxaca sí habrá coalición y en Puebla, no.

El problema que, sin embargo, sigue viniendo de Puebla, radica en la cancelación de la alianza electoral, y la incertidumbre que podría generar un trabajo poco profesional en el manejo de la coalición de partidos en Oaxaca. Sectores del panismo no ven con buenos ojos la maniobra del PRD para evitar la alianza sólo para cobrarle la afrenta al gobernador Moreno Valle, y se siguen preguntando si no ahora ellos le deben pagar con la misma moneda al gobernador Cué, con su alianza en nuestra entidad.

La diferencia entre Oaxaca y Puebla, es que allá están tratando de evitar que un gobernador embriagado de poder continúe en su idea de aspirar a la Presidencia incluso lastimando a los partidos por los que quiere competir, y aquí en Oaxaca lo que estaría en riesgo es una alianza construida con pragmatismo político y con una visión simple de no perder el poder. Ahí, por eso, buena parte del manejo tendrá que pasar por no darle demasiados elementos de decisión a los mismos personajes que en Puebla contribuyeron a romper la alianza.

Al final, esta será una cuestión de tacto y de inteligencia para sobrellevar una situación en la que hay identidad de personajes. Varios de quienes soñaron con ver a Moreno Valle como candidato presidencial del PAN, son los mismos que en Oaxaca pretenden encabezar el proyecto sucesorio de Gabino Cué. De él, y de quien resulte candidato de la coalición PAN PRD, dependerá que las fricciones poblanas no causen daño de más en la ruta que tienen trazada para tratar de retener el poder.

¿QUÉ SIGUE?

Sin restarle trabajo y méritos al senador Benjamín Robles Montoya, parece que por la sola coyuntura política la posibilidad de que se convierta en candidato de la coalición, se aleja. Lo que llama la atención es que él siga convencido de la ruta perredista y que haya claudicado en su vieja promesa de “aparecer en la boleta electoral”, sea como sea. ¿Qué negoció? ¿Cómo lo convencieron de ir a una competencia que, por lo que parece, no tiene posibilidades de ganar?