Vivimos dos realidades: la que vemos y la que aparentamos

Pope Francis passes Mexico's flag as he arrives to lead general audience in St. Peter's Square at Vatican

+ ¿Por qué persistir en negar lo evidente y cubriendo lo real?


 

Uno de los señalamientos que casi cualquier extranjero nos hace a los mexicanos, es que en lo excesivamente ceremoniosos que estamos acostumbrados a ser en nuestro trato cotidiano, solemos esconder muchas de las cuestiones que deberían aflorar en realidad al margen de tanto escarceo. Parece que eso mismo nos ocurre en el ámbito público: el gobierno todo el tiempo habla de avances y logros, pero no puede explicar por qué razón persisten los mismos flagelos sociales de siempre. Y al contrario: nos pide austeridad, solidaridad y entendimiento, pero no explica por qué seguimos teniendo una clase política tan llena de privilegios. Este es un problema que rebasa por mucho lo anecdótico. Y debiéramos reparar más en él.

En efecto, hace un mes que vino el papa Francisco a México, el gobierno y algunos sectores de la población católica se esmeraron en presentarle al Pontífice una realidad que en México no existe, y que aunque no engañaba a nadie, todos prefirieron ocultarla u omitirla. ¿De qué hablamos? De que, por ejemplo, el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto cabildeó hasta el final para que el Papa evitara referirse a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, o se abstuviera de visitar alguno de los municipios de Guerrero o Michoacán que representan la verdadera situación del Estado fallido en México.

¿Qué buscaba el gobierno federal? Ocultarse —porque no se lo escondían al Papa, que conoce perfectamente la situación del país— una realidad que ellos quieren evadir pero que, como no pueden, prefieren omitir para que no les represente el trauma que debiera ser para un gobierno que no puede hacer ni lo mínimo por mantener el vigor que la soberanía y el Estado de Derecho debieran dictarle. Algo muy similar pasó con los migrantes, con la pobreza, con la exclusión de los indígenas y hasta con la intención de que el Papa no tuviera ni el más mínimo acercamiento con la población. Aislándolo, el gobierno pensó que podía cambiar la realidad. Al final, no hizo sino —una vez más— engañarse a sí mismo.

Algo similar pasó con los sectores de la grey católica que querían una visita excepcional del Papa a México. ¿Qué hicieron? Organizaron —mal— todo tipo de eventos para llevar, como borregos, a sus feligreses a ellos. Nunca consideraron que la mejor forma de acercar a la población al Jefe de la Iglesia Católica era concientizando e invitando, no “movilizando”. Por eso, todos los que quisieron eso, vieron como un fracaso que el zócalo de la capital del país no estuviera a reventar cuando el Papa fue a Palacio Nacional.

En ese momento, quizá los organizadores extrañaron las estrategias de movilización de los partidos políticos mexicanos, que logran atiborrar de gente cualquier evento independientemente de su contenido o finalidad. Así, como la intención era demostrar una apariencia, y no convencer, su resultado fue doblemente fallido porque ni pudieron conseguir lo que buscaban, y también generaron conciencia en la población en general para que acudiera libremente a presenciar alguna de las actividades en las que participaría el papa Francisco.

Acaso ello representa la parte menos grave del problema que enfrentamos los mexicanos al estar excesivamente preocupados por las apariencias. En el fondo, eso mismo parece mantenernos en un complejo estado de pasmo frente a circunstancias que para otra sociedad, más despierta, serían inadmisibles.

CLAROS Y OSCUROS

Por ejemplo: el gobierno en Oaxaca afirma diariamente que concreta acciones para vivir mejor, aunque en realidad todos resienten un complejo problema de inmovilidad económica que se resiente hasta en el gobierno. Ahora mismo, por ejemplo, hay cientos de trabajadores en todas las dependencias estatales que no han cobrado un peso por concepto de salario desde el mes de diciembre pasado.

Esa situación, evidentemente, es apenas un pequeño botón de muestra de los miles de proveedores, de todos los niveles, que se quejan por la falta de pago, por los retrasos, por el desconocimiento de deudas y por lo que ellos creen que es ineficiencia de la Secretaría de Finanzas, que parece no saber qué hacer con esta situación. ¿Eso es muestra de desarrollo? Y lógicamente, la realidad frente a las interrogantes no alcanza para una posible respuesta afirmativa.

Algo muy similar ocurre cuando el gobierno llama o advierte la austeridad. Reiteradamente, el gobierno a todos los niveles le pide a la población que entienda diversas situaciones: una de ellas, general, es la presión histórica a la que han sometido al salario mínimo en México que, de verdad, no alcanza ni para lo indispensable y aún así el gobierno dice que es lo que nos conviene para mantener la estabilidad. Otra es la verdadera estrategia de terrorismo que soterradamente ha mantenido la autoridad fiscal del país en contra de los mismos contribuyentes cautivos que siempre pagan impuestos y a los que cada año se les cobra más. Hacienda ha sido muy eficaz para cobrarle a los mismos a pesar de que alrededor de la mitad de la población sigue en la informalidad y al margen de cualquier forma del pago de impuestos.

¿Qué hay frente a eso? Una clase política que asume que las cosas van muy bien y que entonces merecen séquitos interminables de colaboradores, lujos de todos tipos pagados a través de los gastos de representación; libertad total para realizar todo tipo de negocios al amparo de sus responsabilidades públicas, y hasta tolerancia para un trato diferenciado cuando se trata de perseguir las responsabilidades y los posibles actos de corrupción. Oaxaca no es excepción. Pero lamentablemente este es un problema nacional que, aunque está ahí, a la mayoría de nosotros ya nos parece tan normal que entonces lo tomamos con relativa calma y no con la importancia que debiera corresponder.

Al final los mexicanos deberíamos dejar de ser tan ceremoniosos y evasivos con nuestra propia realidad, y dedicarnos un poco más a lo que nos corresponde. Parte esencial de esa correspondencia debiera estar en dejar de mirar hacia otro lado frente a los problemas, y abordarlos de frente, como lo hacen quienes de verdad quieren cambiar la situación en la que viven.

DIVISIÓN

Ahora en la UABJO hay dos consejos universitarios y sólo va a faltar que haya dos procesos electorales paralelos. ¿Ese es el control que presume el Rector, y que le ayudan a cuidar hasta con la policía? Más bien, las señales de agotamiento, siguen subiendo. Mucha precaución.