UABJO: asolada por el menguante poder de la ‘familia real’

 

Familia Real

+ EBM, en medio del fuego cruzado por el control universitario


En el mensaje pronunciado por el rector de la UABJO, Eduardo Bautista Martínez con motivo de su primer informe de gestión, llamó a los universitarios a tener escuelas y facultades sólidas y unidas, y no fragmentadas por conflictos entre grupos ni por antiguos resentimientos. El primero que debiera acusar recibo de tal llamado, es justamente quien ha causado las mayores divisiones dentro de la Universidad con tal de preservar sus espacios de poder: Abraham Martínez Alavés y su llamada ‘familia real’, que hoy va contra todo, y contra todos, con tal de mantener lo que les queda de poder.

En efecto, habría que entender dos cuestiones importantes que relacionan directamente la inestabilidad actual de la UABJO con el engolosinamiento por el poder que hoy reboza a los Martínez. La primera de ellas, es la forma en la que Abraham, el viejo cacique universitario, construyó y ha mantenido vivas sus redes políticas dentro de la Universidad hasta los tiempos actuales; y la segunda, cómo su misma incapacidad de hacer sostenible en el mediano plazo su poder, lo está llevando a dividir, confrontar, enconar y quizá hasta incendiar a la UABJO.

¿De qué hablamos? De que, en sus largos antecedentes dentro de la Universidad, Abraham Martínez ya había logrado imponer a un rector incluso antes de su era de mayor poder en la actualidad. Su primera creación fue Miguel Ángel Concha Viloria, a quien él dejó como Rector una vez que terminó su periodo. Intentó, desde entonces, controlar a los rectores desde la oscuridad de su liderazgo. Sin embargo, en aquellos años, el pacto entre Concha y Nahúm Carreño Mendoza atajaron la posibilidad que finalmente concretó Abraham Martínez en los tiempos de Francisco Martínez Neri como rector.

De hecho, Abraham Martínez hoy repudia todas las banderas con las que logró controlar a la Universidad. En los tiempos de Leticia Mendoza Toro como rectora, Martínez salió al paso esgrimiendo la defensa de la academia como un eje político de un grupo opositor que luego crearía un sindicato, y alcanzaría la Rectoría de la Universidad. En el año 2002, Abraham logró el reconocimiento del SUMA como una agrupación sindical que aglutinaba a quienes coincidían con la defensa de la educación de calidad, y desde ahí impulsaron a Martínez Neri como candidato a la rectoría, aunque disimulando los métodos clientelares y el control político que los Martínez establecieron para garantizar la lealtad —condicionada y amenazada— de trabajadores, profesores y alumnado, todos vistos como votantes y no como universitarios.

Así, Abraham Martínez, ya con su estilo de cacique, y con las viejas prácticas de cooptación y porriles, ganó control de los diversos grupos de poder al interior universitario. A Martínez Neri lo tomó como candidato a partir de su perfil académico y político, ya que eso le permitiría el consenso con los demás grupos, cuestión que logra y lleva a Neri a la rectoría. Ya ahí, por desconfianza con el nuevo Rector, Abraham le nombra como secretario particular a su hijo, Eduardo Martínez Helmes, quien se convierte en un rector de facto.

Una vez que eso ocurre, Martínez Neri empieza a tomar distancia de Abraham, y su primera decisión para lograrlo pasa por la remoción del Secretario Particular de la Rectoría. Abraham le manda un mensaje claro con los sindicatos y algunos directores, de que era más probable mover al Rector que al Secretario Particular. Éste entiende el mensaje y desiste.

Sin embargo, cuando ya se aproximaban los tiempos de la sucesión Martínez Neri pretende poner a su candidato (Ángel Pérez Ruiz) pero Abraham con mayor experiencia y habilidad le gana la partida, pues ya había comprado las voluntades de directores y líderes, e imponen a Rafael Torres Valdés.

Así, cambia el Rector, pero no cambia el Secretario Particular, que sigue siendo Eduardo Martínez Helmes. Luego, en una historia más o menos similar a la de Neri, Rafael Torres se distancia de Abraham Martínez e impulsa como su sucesora a Josefina Aranda Bezauri. Sin embargo, nuevamente se cruzan los Martínez, que deciden impulsar al propio Eduardo gracias al afinado control político que ya tenían de la Universidad. Fue la máxima demostración de poder de Abraham, de poner a su hijo como rector, pero sacándolo no de un instituto académico o de una facultad, sino de la Secretaría Particular de la Rectoría.

FALSO DISCURSO

Por algún tiempo, Abraham Martínez logró engañar a la parte más pensante de la Universidad, a partir del discurso de la defensa de la academia y de ciertos tintazos de izquierda ideológica. Así se ganó la legitimidad que tuvo para imponer a tres rectores al hilo. Pero a estas alturas, es claro que ese discurso está totalmente confrontado por una realidad que más bien indica que en los años de reinado de los Martínez, la Universidad no sólo no ha progresado sino que hoy está sumida en la más profunda de sus crisis tanto en lo académico, como en lo político y hasta en lo financiero.

Por eso, Abraham Martínez ya dejó el discurso académico para pasar a los métodos violentos para mantener su poder. Su último intento de mostrar sensibilidad académica, fue el impulso a Eduardo Bautista Martínez como rector, que hoy se encuentra en medio del fuego cruzado entre Abraham y su cúmulo de adversarios. La Universidad padece un grave problema de confrontación y división gracias a que Abraham Martínez en realidad sabe que el contenido académico se le agotó, y hoy sólo le queda pelear por la fuerza lo que ya perdió en la credibilidad.

Por eso el empecinamiento de mantener la división en facultades como la de Derecho y Contaduría. Abraham intentó seguir controlando esas facultades pero ahora a base de porrismo. Los directores de ambas facultades son muestra clara de ello. Por eso existe un rechazo natural de la comunidad universitaria a esas decisiones.

Y por esa razón los conflictos parecen irresolubles mientras los Martínez insistan en que el porrismo es la única vía para mantener el control de sus espacios de poder. Por eso las alianzas actuales de los Martínez ya no son con grupos sino con porros: con el “chiquilín” en Derecho; con el “samuelón” en Contaduría, y con el “chewis”, el “chente”, o con los pandilleros de Cinco Señores. Ellos son algunos de los que diariamente rodean al pequeño vehículo desde donde opera Abraham Martínez, y que estaciona en alguna de las esquinas de Cinco Señores para dar desde ahí audiencia e indicaciones a quienes pretenden hablar con él.

INCENDIAR LA UNIVERSIDAD

Queda claro que, a estas alturas, a Abraham Martínez no le importaría incendiar a la Universidad con tal de no perder su poder. Es lo que está haciendo lentamente con la Facultad de Derecho, que se le deshace entre las manos por su insistencia en mantener a Miguel Ángel Vásquez —un egregio porro universitario— no sólo como su operador y lugarteniente, sino como el Director de la misma. Está también distanciado de su propio hijo, el ex rector Eduardo Martínez Helmes, que ahora vive en la orfandad política porque también es repudiado por todos los enemigos que creó su propio padre dentro y fuera de la Universidad. Y el rector Eduardo Bautista Martínez, toma cada vez más distancia de todos ellos por el riesgo que implica la contaminación del grupo de los Martínez, que ahora quieren brincar a la política fuera de la universidad, sin reparar en el caudal de desastre que están dejando tras ellos.