Por los sismos, y por la crisis que ya existía, es indispensable la reactivación de la imagen de Oaxaca

Es cierto que los sismos del pasado mes de septiembre metieron a Oaxaca en una dinámica que, en el mediano y largo plazo, cambiará todos los planes de desarrollo preestablecidos. También lo es, que Oaxaca ya tenía problemas sociales y políticos que bien podían catalogarse como críticos, y que ellos no son consecuencia directa de hechos o decisiones recientes. Sin embargo, aún con todo eso, es importante que el gobierno de Oaxaca busque los mecanismos necesarios para remontar cuanto antes la crisis por los sismos, y los problemas que ya existían antes de esa contingencia.

En efecto, los sismos de septiembre cambiarán en gran medida las prioridades que pudiera tener preestablecidas el gobierno oaxaqueño. La dimensión de los daños ocasionados por los sismos, y las necesidades actuales de atención e inversión pública, rebasan por mucho cualquier posible planeación o protocolo —que no existían— para una situación de esa naturaleza. Toda una región de la entidad quedó devastada por el siniestro, y pasará mucho tiempo antes de que distintas áreas del gobierno puedan ocuparse de cualquier otro tema que no sea la atención a los damnificados, a la reconstrucción y a la vigilancia de que las inversiones para dichas labores se lleven a cabo correctamente.

Sin embargo, de manera concomitante a ello, es evidente que Oaxaca mantendrá su dinámica en todos los demás problemas que ya existían. Temas como la atención del conflicto magisterial, a las organizaciones sociales, a los conflictos agrarios y de autoridades municipales, además del proceso electoral federal que ya se desarrolla, seguirán su curso; y, además, tendrá que haber también atención institucional a las regiones que no resultaron tan afectadas por los sismos, pero que ya habían sido lastimadas por otras situaciones de índole social.

En esa lógica, el refuerzo a la imagen y al potencial que tiene la entidad, será determinante si es que de verdad se tienen coordenadas claras de qué más se debe hacer aparte de la atención a los damnificados por el sismo, ya que ese no es el único ni el más añejo problema que enfrenta la entidad.

¿De qué hablamos? De que, en temas que tienen que ver con la actividad económica y turística de la entidad, deben procurarse las señales de preocupación debidas para que no parezca que los espacios potencialmente más importantes se encuentran abandonados. Por ejemplo, la capital oaxaqueña sufrió mermas menores en cuestión de ocupación hotelera y arribo de turistas luego del sismo, y sería muy importante que con coordinación institucional se reforzaran las condiciones de atracción hacia Oaxaca.

Lamentablemente, esa no ha sido una constante en el gobierno en los últimos meses. Por ejemplo, el año pasado a La Carrera Panamericana se le atravesó el enfrentamiento de Nochixtlán, en junio, y la larga resistencia magisterial —que cerró durante semanas el paso de la súper carretera Oaxaca-Cuacnopalan, por donde se desarrolla buena parte de la competencia en la ruta de Oaxaca a la ciudad de Puebla—, por cuya contingencia se tuvo que cancelar su paso por Oaxaca.

La situación, frente a las circunstancias, fue ampliamente comprendida; y por esa razón se lamentó la cancelación de la sede en Oaxaca, pero realmente nadie cuestionó la decisión tomada por los organizadores. Lo que no se termina de comprender es por qué en 2017, La Carrera Panamericana nuevamente decidió no pasar por Oaxaca,

En su trigésima edición, La Carrera Panamericana se desarrolla de Querétaro a Durango, pasando por Puebla, la Ciudad de México, Morelia, Guanajuato, San Luis Potosí y Zacatecas. Por segunda ocasión consecutiva, excluyeron a todo el sureste del país, ya que en diversas ocasiones la competencia había iniciado o en Tuxtla Gutiérrez, el Puerto de Veracruz, la capital oaxaqueña o en Bahías de Huatulco.

SIN EXPLICACIONES

Cuando en febrero pasado, desde la cuenta oficial de Facebook de La Carrera Panamericana, se dio a conocer el itinerario oficial en que se confirmó que Oaxaca estaba nuevamente excluido de la competencia, innumerables fanáticos de la competencia oriundos de Chiapas y nuestra entidad, cuestionaron duramente la decisión de los organizadores.

Éstos, cortésmente contestaban a quienes pedían una explicación por la exclusión de Oaxaca y Chiapas en la edición de 30 aniversario de la competencia, que “se deben alinear los factores para tener una gran carrera en todos los aspectos”; que había “factores ajenos al Comité Organizador de la Carrera”; y que “la planeación de la ruta requiere de muchos elementos”, entre otras respuestas que, aunque decían poco, dejaban ver mucho.

¿Qué dejaban ver? Primero, que a nivel nacional se seguía teniendo una percepción negativa de la entidad, como un territorio dominado por el conflicto magisterial, y por la inestabilidad social que inhibe la certidumbre sobre algo tan básico como la posibilidad de que las carreteras estén abiertas y disponibles en un periodo en específico —y siempre. Esta percepción, sigue sin tener un contrapeso real a través de acciones gubernamentales y civiles para revertir dicha imagen. Parece, pues, que a nadie le importa la imagen socialmente violenta y de inestabilidad de Oaxaca.

Pero, en segundo término, esas respuestas lacónicas de los organizadores de la Panamericana, también dejaban ver que o no hubo la suficiente concertación y apoyo de los representantes gubernamentales para lograr la reinserción de la entidad dentro del mapa de la competencia; o que, aún habiéndolos, de todos modos los organizadores de la competencia no le tomaron la suficiente seriedad a sus interlocutores del gobierno estatal, y de ahí la decisión de dejar de todos modos fuera a la entidad. Todo esto, a pesar de que durante prácticamente todo el año, no se presentaron bloqueos importantes de vías carreteras en la entidad; y de que incluso la agenda magisterial tampoco ha tenido exabruptos importantes a lo largo de todo el año.

En cualquier caso, lo que queda claro con esta nueva exclusión de Oaxaca de la ruta de La Carrera Panamericana, es que hay quienes no están haciendo su trabajo. Y no se trata de pensar que la Panamericana es el único o el mayor evento del año del que dependa la economía o el turismo local; pero tampoco es aceptable la posibilidad de que las dependencias estatales desestimen la importancia significativa y simbólica, de que Oaxaca aparezca al menos en alguno de los eventos deportivos que tienen eco nacional e internacional por su tradición, por sus participantes, o por el entusiasmo que despierta en los aficionados de todo el país.

RESCATAR LA MARCA OAXACA

Por eso sería muy importante considerar que, además del sismo, es fundamental rescatar la imagen y la marca Oaxaca, como un motor de recuperación en el corto y mediano plazo. La agenda gubernamental, evidentemente, no puede quedar supeditada a un solo tema. Por eso, en la diversificación y en la revalorización de algunos asuntos, podrían obtenerse importantes ganancias para todos los oaxaqueños.