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Oaxaca: lleno de problemas sin solución pronta

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+ Promesas de cambio: tropiezo de nuevos mesías

 

Aunque parezca una afirmación fatalista, es claro que Oaxaca enfrenta una serie enorme de problemas que, aunque la autoridad diga lo contrario, no tendrán una solución pronta ni sencilla. Desde cuestiones tan básicas como los baches y hoyancos que abundan en nuestras calles y carreteras, hasta asuntos tan complejos como los asuntos agrarios, el control de las organizaciones sociales, e incluso buena parte de los problemas de gobernabilidad que tiene la entidad, simplemente no se ve solución, ni solucionador, cercano o posible.

En efecto, es claro que ante el panorama tan complejo que presenta una entidad como la nuestra, las promesas de cambio resultan ser no sólo atractivas, sino también políticamente rentables para quien las esgrime. El problema es que, hacer ofrecimientos sobre mejoras sustanciales ante condiciones difíciles, es siempre un elemento retórico de fácil utilización pero de muy difícil cumplimiento. Y queda claro que, en el caso nuestro, eso es justamente lo que ocurre con este gobierno. Veamos si no.

En campaña, por ejemplo, el año pasado a los actuales integrantes del gobierno municipal de Oaxaca de Juárez no les alcanzaba el tiempo, la voz y las palabras, para criticar la desatención de la administración del edil José Antonio Hernández Fraguas, por la grave desatención que tenía en rubros como la seguridad pública o, curiosamente, la atención a las vialidades.

Decían, con razón, que esa era una muestra de un gobierno insensible, ineficaz y desatento a las necesidades de la ciudadanía, y aprovechaban la ocasión para asegurar que con la llegada de un cambio de partido en el gobierno municipal, traería como consecuencia la solución a esos asuntos, a través de la búsqueda de soluciones inteligentes, extraídas de experiencias exitosas de otros gobiernos de alternancia, en condiciones similares a las de Oaxaca.

El problema es que el tiempo pasó, y las mismas condiciones del año pasado se reeditaron en el actual. Ante ese panorama, queda claro que ni los funcionarios de la anterior gestión tienen calidad moral para criticar a los actuales, y mucho menos éstos a aquéllos. La razón es que, antes y después de ellos, el problema sigue ahí. Y sigue ahí porque la contrariedad rebasa por mucho a la capacidad de acción de cada uno de ellos.

¿Esa situación los excluye de responsabilidad? Queda claro que no. Porque una de dos: o no eran conscientes de la magnitud de las promesas que cada uno de ellos hizo en su momento a la ciudadanía para obtener su voto; o por desconocimiento prometieron hacer cosas que en realidad eran imposibles de lograr en un periodo tan corto de tiempo como un trienio… o incluso un sexenio.

El problema es que, sólo la capital de Oaxaca, enfrenta una serie importante de problemas que tienen esas características. Se encuentran en esa lista, por ejemplo, los asuntos de seguridad pública, el mantenimiento en buen estado de las vialidades, el control de los vendedores ambulantes, las dobles filas, la basura, las condiciones de seguridad en los mercados y plazas públicas… y una cantidad enorme de temas sobre los cuales, independientemente de cualquier aseveración de los gobernantes en turno, no les veremos solución definitiva en los tiempos cercanos.

 

SOLUCIONES INEXISTENTES

Esa misma lista podríamos trasladarla a cualquier otro ámbito, y veríamos que independientemente de las variaciones naturales, el contenido sería exactamente el mismo. El mismo gobierno estatal, hoy en día, se encuentra lleno de diagnósticos sobre una serie inmensa de problemas que tiene, que son de su competencia, y que deben atender. Sin embargo, aún cuando abundan en esa primera cuestión, es claro que tienen una carencia enorme de verdaderas soluciones posibles para esos asuntos.

La cuestión, más allá de las soluciones en particular, es gravísima. Porque no sólo se trata de administraciones gubernamentales que adolecen de ideas claras sobre cómo abordar los problemas que tienen enfrente, sino sobre todo se trata de grupos, facciones o partidos que lucran con la conciencia y la buena fe de la ciudadanía, y que basados en ello hacen creer que podrán resolver asuntos sobre los cuales en realidad ni siquiera tienen problema de sus alcances.

La cuestión no es sólo de Oaxaca. Hoy en día, cuando se supone que nuestra sociedad tiene un mayor grado de experiencia y madurez que nunca, queda claro que ni es lo suficientemente experimentada y tampoco es lo necesariamente madura como para saber identificar a quienes prometen lo que no pueden cumplir. Pareciera que, en ese sentido, es constante que periódicamente lleguen personajes de esas características que deliberadamente incurren en la misma práctica, aprovechándose de nuestra ingenuidad como ciudadanos, pero también de la falta de mecanismos para castigar sus incumplimientos o mal desempeño.

¿Podremos tener una idea de, por ejemplo, cuándo se solucionará el problema de los baches? Porque dado el hecho de que la ciudad entera —prácticamente todas sus vialidades— están afectadas por ese problema, y que el gobierno municipal tiene un presupuesto ínfimo para atender el rubro, ni aún invirtiendo todos sus recursos de gasto corriente para un ejercicio anual completo (lo cual implicaría desatender todos los demás rubros), podría solucionar este asunto.

Por eso es tan grave que los aspirantes a cargos públicos sigan prometiendo en despoblado para luego decir que los problemas son demasiado complicados para ser resueltos en un periodo relativamente corto de tiempo, como también lo es que nosotros los ciudadanos creamos esas promesas sin siquiera preguntar, a cambio, si los prometientes tienen a la mano alguna solución de verdad efectiva, y comprobada como eficaz.

Lo más lamentable, es que en el fondo la reincidencia de esta práctica lo que hace es socavar irremediablemente la imagen que tenemos de la democracia, y de la efectividad del Estado como rector de todas las actividades que implican el bienestar general.

 

¿NIGNUNA SIMPATÍA?

Conforme avances los meses, iremos viendo cómo en Oaxaca, como en todas las entidades de la República, comienzan a desfilar los aspirantes presidenciales y a cargos públicos de los diferentes partidos políticos, para los comicios del próximo año. ¿Podrá el gobierno estatal mantenerse al margen de esa efervescencia? Ahí vendrá una primera prueba importante de la solidez política de un gobierno de coalición que, como el nuestro, optó por estar al mismo tiempo con melón y con sandía. Veremos.

Alianza fracasada: nadie se hace responsable

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+ Todos privilegian intereses, no agenda común

 

Nadie debía escandalizarse por el reconocimiento hecho por el diputado Flavio Sosa Villavicencio del fracaso de la alianza legislativa que, hace un año, hicieron las fracciones de los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, del Trabajo y Convergencia, en el Congreso del Estado.

Nadie debía sorprenderse, porque ante la falta de voluntad política real, de una práctica legislativa de avanzada, y de una verdadera agenda de temas comunes, lo único que quedaba es que los partidos representados defendieran sus intereses particulares, y reiteraran sus prácticas tradicionales (y corruptas) de negociación de sus conciencias y votos. Ninguna alianza medianamente civilizada y comprometida, puede conducirse —o incluso sostenerse— cuando ésta se pretende construir sobre las bases podridas del pasado, del que también ellos fueron parte.

Uno de los lugares comunes con los que los partidos de oposición critican al otrora oficialismo del PRI en el Poder Legislativo, es porque, dicen, los diputados priistas en los tiempos del partido hegemónico estaban reducidos a simples “levantadedos” que obedecían sin reparos las órdenes del Jefe Político en turno. Critican, hasta ahora, la falta de voluntad propia en que siempre incurrieron, y la sumisión al poder que nunca quisieron cambiar.

No obstante, esa crítica aguda —y, sin duda, cierta— al priismo del pasado, que gobernó en los tres poderes del Estado, y en los tres órdenes de gobierno, nunca ha pasado por un proceso similar de autocrítica sobre lo que fueron no las grandes bancadas de oposición habidas en ciertas Legislaturas locales o federales de otros tiempos, sino los antecedentes inmediatos —es decir, los diputados de las últimas legislaturas previas a la actual— de quienes prometieron democratizar el ejercicio de la política, pero hoy están reconociendo sus incapacidades y fracasos.

Los diputados de oposición, todos, hoy chocan con una realidad en la que ya no pueden responsabilizar al priismo autoritario del pasado. No lo pueden culpar, porque nadie puede responsabilizar a otros de sus propios vicios, desviaciones y prácticas indebidas.

Y es que los diputados tradicionalmente de oposición (varios de ellos, hoy parte de la llamada “Coalición legislativa”) se acostumbraron a hacer de su cargo y su posición, un negocio de rentables ganancias. Hicieron práctica común la de negociar e intercambiar por algo (casi siempre material o económico, y casi nunca confesable) el sentido de su voto y su criterio. Se acostumbraron a criticar hasta lo más simple cuando era conveniente, y a dejar pasar —e incluso convalidar— las decisiones más abominables, cuando había cierto interés o conveniencia, particular o de grupo, involucrado en ellas.

Confundieron también el diálogo político o el intercambio parlamentario, con groseras y poco claras negociaciones, en las que la concertación se mimetizaba con la connivencia, y en las que se perdía el límite entre lo legal y legítimamente posible, y lo que ya rayaba en prácticas nocivas para la democracia.

Seguramente hoy todos los diputados integrantes de esa Coalición legislativa, dirán que lo antes relatado no era parte de la dinámica común de las fracciones opositoras, en los tiempos del partido hegemónico gobernante. Seguramente se darán baños de pureza. Pero, sin duda, en esas prácticas de antaño —que en muchos casos no se han extinguido—, se encuentra buena parte de la explicación sobre el fracaso de los acuerdos actuales entre los partidos coaligados.

No antepusieron a todos sus intereses la defensa del interés general; no existe la agenda común, que era requisito indispensable para el funcionamiento de su alianza; no establecieron criterios comunes para hacer frente a los intentos de desbordamiento del poder; parecen incluso no haber establecido esos acuerdos con su par, el Ejecutivo del Estado, para trabajar juntos a favor de Oaxaca. En esas condiciones, ¿cómo querían que su coalición fructificara?

 

ERRORES ACTUALES

Algo gravísimo que ocurre entre la administración estatal y las fracciones integrantes de la coalición legislativa en el Congreso local, es que no existe comunicación ni convencimiento sobre el trabajo conjunto. El conjunto de fracciones parlamentarias no ha servido para corregir y mejorar el rumbo del gobierno, sino únicamente para convalidar sus decisiones, independientemente del contenido, posibles errores y alcances de ellas.

Del mismo modo, el Gobierno del Estado no ha buscado un verdadero consenso o convencimiento respecto de las fracciones parlamentarias, para que éstas voten apoyando las iniciativas oficiales, verdaderamente convencidas de que la decisión tomada es la correcta.

Lejos de eso, dese la administración estatal han continuado con la vieja práctica de utilizar “cañonazos”, avasallamiento, o exigir demostraciones de incondicionalidad a los diputados (y éstos lo han aceptado). Y aunque todas éstas prácticas logran el objetivo de tener una votación mayoritaria en un sentido previamente definido, queda claro que esas no son formas de un gobierno —o de un Congreso— que se jacte de ser verdaderamente democrático.

Por si algo más faltara, tampoco existió una verdadera agenda de temas comunes que los partidos aliados propusieran a la Legislatura, y que se encargaran de llevar hasta sus últimas consecuencias. Prueba de ello, es que la aparente gran muestra de voluntad que se dio con la reforma constitucional aprobada desde el mes de abril pasado, aún no ha sido articulada a través de las varias docenas de leyes ordinarias que necesitan ser reformadas para verdaderamente poder ejercer el conjunto de nuevos derechos establecidos en la modificación constitucional.

Por todo eso, lejos del estruendo y la consternación hipócrita por las declaraciones del diputado Sosa Villavicencio, muchos en el Congreso debían estar revisando sus prácticas, su eficiencia, su efectividad, y el grado de compromiso (pero el de a de veras, no la demagogia de las palabras con las que siempre se justifican) que han demostrado hacia Oaxaca.

 

MUSEO DEL PELIGRO

¿Quiere echar a perder su vehículo en menos de dos kilómetros? Visite el museo de las parrillas rotas, en la carretera al fraccionamiento El Rosario. Ahí su adrenalina subirá al límite, conduciendo entre hoyancos, fosas y trampas para su vehículo. Si la suspensión del auto sobrevive, cuídela y reconózcala. Será muestra de que en verdad es muy resistente.

Educación y ACE: ¿la Sección 22 tiene propuesta?

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+ Oaxaca, con oportunidad para replantear Acuerdo

 

Si de verdad tienen algún compromiso con la educación, y si de verdad pretenden no tener una relación tensa e improductiva, tanto el Gobierno del Estado como la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación deberían ponerse a trabajar en la elaboración de su llamado “plan alterno” a la Alianza por la Calidad en la Educación. Juntos, tienen una enorme oportunidad, que se puede convertir en otro monumental fracaso, si deciden seguir por la ruta de la confrontación, y no en la de la construcción seria de alternativas.

En las últimas semanas hemos visto cómo el “magisterio democrático” de la Sección 22, abrió un enorme frente de conflicto con el gobierno estatal, debido al contenido de un anexo técnico, a través del cual se otorgarían recursos para llevar a cabo la regularización de mentores que hoy no tienen plaza de trabajo. Una de las condiciones puestas en dicho anexo, es que éstos se regirían por las condiciones y reglas actuales de la Secretaría de Educación Pública, y no bajo los criterios tradicionales —y discrecionales— del IEEPO y la Sección 22 de Oaxaca.

La inconformidad visible de la Sección 22 alrededor de esto, radicó en que éstos tarde se dieron cuenta que la aceptación de las reglas y normas de la SEP, conllevaba implícitamente su adhesión a criterios establecidos en la ACE. Aunque la firma de dicho acuerdo fue expresa por parte de los “democráticos”, al darse cuenta éstos se desdijeron de sus compromisos y acusaron a los gobiernos estatal y federal de querer timarlos, engañándolos con una adhesión oculta a la Alianza.

Así, ante la inconformidad de la Sección 22, y su determinación de no observar lo establecido en el Anexo Técnico, el director del IEEPO, Bernardo Vásquez Guzmán, aseguró hace unos días que entonces esos recursos económicos se perderían, por la resistencia magisterial a los procesos de evaluación.

El problema, en todo esto, es que la Sección 22 es una de las organizaciones que sí tiene capacidad de generar un problema social por un asunto meramente laboral y político. De ahí que en los últimos días, las posiciones comenzaran a suavizarse, y se estableciera cierto criterio relacionado con la aplicación de ciertas normas para retener los recursos (60 millones de pesos) que estarían en riesgo de perderse, pero bajo el compromiso de que esto no implicaría la adhesión a la ACE de los profesores oaxaqueños.

Todo esto parece razonable, aunque en realidad es una mentira. La Sección 22 sabe perfectamente que la aceptación de las nuevas normas de la SEP, tarde o temprano será irremediable. Del mismo modo, el gobierno estatal ablandó sus posiciones, sólo como una forma de no entrar en conflicto con la 22, pero porque esté convencida de que puede alejarse, así porque sí, de los términos que fija el gobierno federal.

Finalmente, en el fondo todos saben que quien aporta el dinero para la educación es el gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación Pública. Y que independientemente de que sea hoy, mañana, pasado, o el año venidero, ésta irá incrementando el nivel de presión para que todos los maestros e instancias del país se adhieran al modelo educativo, independientemente de que estén de acuerdo o no.

La palanca de presión, para lograr eso, es bastante simple: tendrán más recursos y beneficios económicos aquellos que cumplan con las normas. Quienes no lo hagan verán reducidos sus presupuestos. Y así es como, en los años siguientes, irán cerrando la pinza frente a resistencias como la de la Sección 22 de Oaxaca.

 

OPORTUNIDAD IMPORTANTE

No obstante lo anterior, hoy la 22 y el Gobierno del Estado tienen una oportunidad que ojalá no dejen pasar: aunque parezca increíble, hoy existe una comunidad de voluntades a favor de que los profesores oaxaqueños presenten un verdadero plan alternativo de educación, que sea una opción frente a la ACE, y que pueda ser reconocido por todas las autoridades e instancias educativas y presupuestales del país. Es una oportunidad, según parece, inmejorable.

Queda claro que existen fuertes razones políticas para que la Sección 22 no acepte la ACE. Independientemente de su contenido, ésta es una creación de dos de sus principales adversarios políticos: la profesora Elba Esther Gordillo desde el Comité Ejecutivo Nacional del SNTE, y el gobierno panista del presidente Felipe Calderón. Esto da pauta para que prever que, independientemente del contenido de la Alianza, ésta sería rechazada por los “democráticos” de Oaxaca.

No obstante, la beligerancia de la 22 logró que el gobierno federal manifestara su voluntad de aceptar la revisión de un plan alterno; y el gobierno de Oaxaca se mostró en la misma postura. El reto, ahora, es construir ese plan, hacerlo conforme a los cánones actuales de la educación, de los derechos humanos, de la transparencia y de la rendición de cuentas, y no bajo los atavismos trasnochados que recurrentemente defiende la Sección 22, como si fueran elementos determinantes de una educación que, también ilusamente, pretenden presentar como “revolucionaria”.

La cuestión no parece sencilla. Para conseguir ese Plan Alterno, la 22 tiene que articular esfuerzos con los dos ámbitos de gobierno, y debe hacer un trabajo serio. Queda claro que la construcción de ese Plan no pasa ni por los sombrerazos ni por el cierre de calles o la presión social, sino más bien a partir de la demostración del verdadero conocimiento y voluntad por generar ese proyecto que sería una especie de “Plan B” frente a la Alianza por la Calidad en la Educación.

El reto no parece menor. La Sección 22 no ha demostrado mucho en cuanto a la capacidad para ponerse de acuerdo, y profesar verdadera tolerancia a sus adversarios, cuando se trata de obtener beneficios comunes.

 

¿HABRÁ CONSENSO?

El asunto no es menor. En un lapso de menos de seis meses, deberán tener ya listo un bosquejo general, y serio, para que pueda ser revisado y potencialmente aprobado tanto por el gobierno federal, como por Oaxaca. Ojalá que en esa labor, la 22 tenga verdadera capacidad para tener visión de futuro, y para convertir la adversidad en oportunidades. No sólo se trata de ellos, sino de la educación, que hoy está por los suelos, y de la estabilidad social de la entidad que, para variar, hoy pende de hilos.

México: ¿por qué nuestra nación sigue varada?

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+ Ciudadanía no significa sólo votar en comicios

 

Hoy que celebramos en México el CCI Aniversario del inicio de la Guerra de Independencia, debiéramos preguntarnos con algo de detenimiento, si es impulso, voluntad o sensibilidad lo que nos hace falta como nación, para poder avanzar. Mientras vemos el inminente inicio de las campañas presidenciales, y de nuevas avalanchas de propuestas y promesas, vemos también que el país sigue prácticamente detenido: que no mejora ninguna de las condiciones que nosotros los ciudadanos percibimos; que los representantes en los Poderes Públicos siguen manifestando desdén sobre el contenido del mandato popular. Y que mientras, el país sigue andando sobre los rieles del “pudo haber sido peor”, como una especie de bálsamo (amargo y nocivo) para dizque remediar nuestra realidad. Veamos si no.

Aseguramos que, según nuestra percepción, ninguna de las condiciones mejora. Para la clase política, por ejemplo, es un argumento de justificación el decir, por ejemplo, que la economía de los mexicanos es estable, y que no se aprecian signos de riesgo para la población. Incluso, han llegado a asegurar que, contrario a lo que nosotros creemos, nuestra moneda ha ganado poder adquisitivo y hoy podemos hacer “más” con el salario que ganamos.

Esto es a todas luces engañoso. Sí es cierto que la economía mexicana goza de cierta estabilidad frente a las condiciones del mundo; pero también lo es que esa estabilidad ha sido lograda en buena medida gracias al sacrificio de la clase trabajadora; que desde hace años el gobierno federal reprime diversos indicadores para no reconocer que, por ejemplo, la pobreza es mayor de lo que se diagnostica; que la inflación alcanza niveles mayores al cuatro por ciento que, en promedio, dice el gobierno federal que se da anualmente; o que, del mismo modo el “deslizamiento” (hacia arriba) del precio de los combustibles, de ningún modo impacta en el bolsillo de la mayoría de la población, ni genera encarecimiento al precio de los productos que se venden directamente al consumidor.

Frente a esa disparidad, el gobierno federal puede decir misa si así quiere, aunque lo cierto es que la gran mayoría de los mexicanos ni le cree, ni percibe la supuesta mejoría, ni mucho menos se siente satisfecho con lo que el sector público hace por él. Aunque aún no se manifiesta en un sentido importante, queda claro que esa disparidad entre lo que se dice y lo que se percibe, en cualquier momento puede llevar a la población a una auténtica situación de enojo social, que no podrá disimular el gobierno maquillando cifras o negando lo que es evidente.

Vayamos al segundo de los puntos: la clase política, contrario a la población (que está urgida de acciones y respuestas concretas), no parece tener prisa alguna por resolver algunos de los grandes temas nacionales. Mientras el país está lleno de preguntas y cuestionamientos por la falta de respuestas, los diputados, senadores, gobernadores, altos funcionarios de los tres órdenes de gobierno, y el mismo Presidente de la República, siguen inmersos en la perniciosa necesidad de calcular sus tiempos políticos, y manejar los asuntos de la nación en relación a ellos. ¿A poco no?

México sigue esperando todas sus reformas importantes. En la última década, el gobierno federal ha sido incapaz de articular un solo proyecto fundamental para la vida pública; en la última década, el Poder Legislativo ha sido asimismo incapaz de articular acuerdos verdaderos para sacar adelante temas que interesan a todos.

Incluso, los gobiernos estatales han demostrado que en el marco de libertades que han gozado en este último periodo, lo único que han hecho de sus presupuestos, sus gastos y sus gobiernos, han sido verdaderos dispendios, administraciones anárquicas y de caos, que no tienen ahora (por si algo faltara) una posibilidad factible de ser resueltos en el corto plazo.

Qué decir del tercero de nuestros argumentos: pareciera que nuestra sociedad debe conformarse con no estar peor de lo que ya está. ¿No es eso cierto? Nos “venden” la lucha anticrimen, y sus efectos, bajo el argumento de que “de no haber actuado, estaríamos peor”. Del mismo modo, con eso pretenden que justifiquemos la precaria situación económica: “A pesar de las difíciles condiciones del mundo, México tiene condiciones de estabilidad ganadas gracias a la disciplina fiscal”. Es decir, que no importa que nos sigan deprimiendo con tal de no estar tan mal, como sí podríamos estar.

 

¿Y LOS CIUDADANOS?

Los mexicanos, por eso, debíamos comenzar a pensar más en lo que nos asumimos hasta ahora como ciudadanos, y en lo que deberíamos comenzar a ser. Quizá debiéramos dejar de pensar en el viejo concepto, legalista, de que ser ciudadano implica únicamente tener 18 años de edad y un modo honesto de vivir, para pasar a una definición más moral y sobre todo más comprometida con nuestro entorno.

¿A poco es buen ciudadano todo aquel que cumple con esos dos requisitos? Eso, sin duda, le permite tener tal calidad, pero no es por sí mismo un valor suficiente de lo que debe ser alguien verdaderamente comprometido con su país y con la sociedad en que se desenvuelve. Alguien con esas características, debía tener un compromiso personal, firme, con ciertos valores como la honestidad, el trabajo, la autoexigencia y también de la exigencia con los demás.

En ese sentido, los ciudadanos debemos dejar de pensar que todo lo malo que ocurre es culpa de alguien más (en ese caso, el gobierno es el culpable favorito), y que nosotros por no haber intervenido somos incólumes, y por tanto estamos libres de toda culpa. ¿De verdad eso es así?

Pongamos un ejemplo. Nos quejamos siempre de la corrupción en ciertas áreas del gobierno. Pero nosotros como ciudadanos, ¿de verdad nunca nos hemos prestado a la tradicional “mordida” que se le da a los agentes de tránsito, a empleados públicos por algún trámite, o para obtener un beneficio mayor al merecido? ¿De verdad no?

 

HACER CIUDADANÍA

En estas fechas patrias debíamos pensar en hacernos más responsables como ciudadanos. No podemos seguir instalados, todos, en los maniqueísmos que siempre hacen responsable de todo al de enfrente. Debíamos asumir con seriedad nuestro papel en la sociedad, y pensar que lo que no hagamos hoy por México lo pagaremos siempre. Exijamos. Pero exijamos bien. Y pensemos en construir, antes que seguir carcomiendo esta nación… que a pesar de todo, tan buena nos ha salido.

URO: Engañoso fantasma de “tiempos de cambio”

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+ Su mala imagen, lleva a que todos tropiecen con él

 

Uno de los villanos favoritos de los tiempos actuales en México, se llama Ulises Ruiz. Él, que fue Gobernador de Oaxaca hasta el mes de diciembre pasado, es el prototipo del ejemplo a no seguir en la política mexicana. Su rentabilidad negativa, sin embargo, hoy hace que todos recurran a él para posicionarse política o electoralmente… pero que también todos, al valerse de su imagen, corran el peligro de tropezar fácilmente con sus propias palabras. Veamos si no.

Para propios y extraños en la política mexicana, el ex gobernador Ruiz es un ejemplo de lo que no se debe hacer. Su figura es ubicada como la de un representante tardío de la época jurásica del priismo, como un cacique, como un autoritario, como un represor, como un corrupto, como un abusivo, y como un saqueador de las arcas públicas, entre muchos otros calificativos.

En ciertos momentos, y por distintas circunstancias, representantes de todos los partidos, y de prácticamente todos los rincones del país, se han referido a él como un paradigma de lo que se debe desterrar de la política y del gobierno en México. Sólo que, hasta ahora, ese personaje goza de cabal libertad, y amplia capacidad de acción política para seguir presente en Oaxaca y en el país. ¿Por qué esa disparidad?

Todo esto habría que corroborarlo a la luz no sólo de lo que se dice de él, sino también de lo que se ha probado en su contra. Porque queda claro que mientras en el primero de los ámbitos, todo aquel que desee, o a quien le convenga acusarlo por algo, tendrá amplio margen de acción para conseguirlo eficazmente (es decir, utiliza la lógica de que siempre se creerá que el ex gobernador Ruiz es todo aquello negativo que se pueda decir de él, y más), todos tropiezan en el segundo de los casos. Es decir, todos se topan con el hecho de que el ex Mandatario oaxaqueño sigue libre, que sigue haciendo política, y que irremediablemente (y quizá gracias a su mala fama) seguirá contando con un espacio en esta pintoresca política mexicana.

El ejemplo relativo al manejo del gasto público durante su gestión, es el mejor ejemplo de ello. Reiteradamente, la administración del gobernador Gabino Cué se ha referido al hecho de que se han descubierto multimillonarios desfalcos de cuando menos una treintena de sus funcionarios; a otro lo tienen en prisión por presuntamente traficar 9 mil concesiones; y aseguran que a varios más los busca la Policía Internacional por haberse fugado del país antes de responder por los quebrantos presupuestales en los que se les involucra.

Algo similar ocurre con la élite del gobierno federal que ahora pretende ir a la campaña presidencial a través del ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero Arroyo. Éste, sin ningún rubor, ha dicho reiteradamente que Acción Nacional no permitirá el regreso al poder presidencial de personajes indeseables de la política mexicana, entre los que menciona al ex gobernador Ruiz.

En ese sentido, queda claro que el ex gobernador Ruiz y el ex secretario Cordero pueden no sólo no ser enemigos, sino que incluso pueden tener una relación personal relativamente cordial, e incluso en el pasado pudieron haber tenido también ciertos arreglos en el ámbito de lo político para dar viabilidad a algunos proyectos en los que tenían intereses comunes.

No obstante, hoy Cordero recurre a él para descalificarlo públicamente, y ubicarlo entre lo peor y más retardatario del priismo, porque la figura del ex Gobernador de Oaxaca es una especie de “camino fácil” para lograr credibilidad entre los electores… pero no porque en realidad esté seguro de todas sus palabras.

 

TROPIEZOS EN OAXACA

En el Gobierno del Estado debían comenzar a ser más cuidadosos en cuanto al lenguaje que ocupan para posicionarse frente a la ciudadanía oaxaqueña —que está integrada por potenciales electores. Por ejemplo, debían revisar con una visión más honesta y escrupulosa (así fuere en privado y en secreto, si es que llegara a hacerse) la posibilidad de que tendrán de corroborar que, en efecto, los 32 funcionarios de la administración anterior a los que señalaron como saqueadores “confabulados” de las arcas estatales, fueron responsables de haberse robado los más de tres mil millones de pesos que se acusa.

Del mismo modo, con esa misma visión debía revisarse si, en efecto, Gonzalo Ruiz Cerón podrá ser llevado hasta el punto de una sentencia condenatoria (y lograr una sentencia de muchos años de prisión), por los delitos que se le achacan. Aunque auténticamente le echaron encima varios camiones de tierra con todos los procesos que le iniciaron, lo cierto es que en el gobierno estatal nadie tiene certeza de que todas las acusaciones judiciales enderezadas en su contra, puedan tener el sustento suficiente como para soportar un fallo condenatorio, y luego para pasar por las instancias jurisdiccionales revisoras.

Incluso, el Gobierno de Oaxaca debía ver con mayor detenimiento la posibilidad de revisar, de verdad, los crímenes cometidos durante la revuelta magisterial y popular ocurrida en 2006. Sería fantástico, a todas luces, que eso ocurriera. De hecho, es lo que tendría necesariamente que pasar en una sociedad democrática, en la que de verdad impera el Estado de Derecho.

Sin embargo, el Gobierno del Estado debe reconocer con honestidad si su instancia de procuración de justicia tiene la capacidad para iniciar tal empresa. Esto se desprende sólo de ver que el gobierno estatal tiene una Procuraduría agobiada por los problemas urgentes, y rebasada por la desatención a los asuntos importantes. En esas condiciones, ¿de verdad podrán hacer una revisión de los hechos del pasado, que pueda llegar a las conclusiones que la ciudadanía espera?

 

EFECTO BÚMERANG

Ese es el riesgo de recurrir a un personaje como el ex gobernador Ruiz: su aversión es tanta, que la expectativa rebasará lo que jurídicamente se puede probar de él. Por eso mismo, su imagen provoca siempre un efecto boomerang para quien recurre a él como instrumento de legitimación, o de descalificación de sus adversarios. Y él, de hecho, será siempre mucho más de lo que se pueda decir en su contra, y por eso mismo ni falta le hace que alguien lo defienda (y, de hecho, ni sus mismos ex colaboradores se atreven a hacerlo). Sólo que quienes pretenden tomarlo como blanco fácil, según queda claro, tienen amplias posibilidades de terminar con los ojos morados. Eso ocurrirá si sus recurrentes, finalmente no pueden probar todo lo que dicen de él.

PRI: ¿candidaturas al Senado ya están dadas?

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+ Equidad de género será un “dolor de cabeza”

 

En la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional, son dos las únicas certezas que tienen: la primera, que el otorgamiento de las candidaturas al Senado de la República garantizarán la permanencia del grupo del ex gobernador Ulises Ruiz, que aún controla a la dirigencia estatal; y la segunda, que no habrá cambio de dirigencia hasta que se llegue al momento del otorgamiento de las candidaturas. Por eso, tanto el dirigente Eviel Pérez Magaña, y todos los priistas, no tienen preocupación por modificar los esquemas y rumbos respectivos que han establecido. Pero, ¿qué pasaría si hubiera por ahí algún elemento determinante que no hubieren tomado en cuenta respecto a sus aspiraciones, ambiciones personales y proyectos de grupo?

El asunto no es menor. En la dirigencia del Revolucionario Institucional, y en el grupo que aún mantiene cierta cercanía con el ex gobernador Ruiz, pero que a su vez tiene calidad para asumir el papel de interlocutor válido con el gobierno estatal, se tiene la certeza de que, finalmente, el Comité Ejecutivo Nacional de ese partido habrá de determinar el otorgamiento de las candidaturas en base a los criterios hasta el momento establecidos, y que los beneficiarios de ellas serán los personajes que desde ahora ya se perfilan.

Para ellos, si todo sale según el esquema actual, seguramente la fórmula de candidatos al Senado de la República por nuestra entidad estaría compuesta por el actual dirigente, Eviel Pérez Magaña, y por el coordinador de los diputados federales del PRI por Oaxaca, Héctor Pablo Ramírez Leyva, independientemente de quién de ellos encabezara la fórmula de candidatos. Reconocen que independientemente de los esfuerzos que pudieran hacer cualquiera de los demás aspirantes a los dos escaños en la Cámara alta, sólo ellos tendrían las posibilidades y el respaldo político necesario para poder asumirse como abanderados.

Sin embargo, ¿qué pasaría si ese esquema no estuviera tan resuelto como hasta ahora parece? Que, en una primera posibilidad, quedara fehacientemente demostrado, con datos duros, que uno u otro no tuvieran la competitividad o la aceptación ciudadana suficiente como para poder ser un “candidato ganador”; que, posiblemente, un acuerdo cupular nacional impulsara a una posible tercera vía; o que el Comité Ejecutivo Nacional decidiera respetar la paridad de género que se contempla al respecto en los estatutos, o que buscara con esto romper de alguna forma la concentración o los “cacicazgos” que siempre han existido al interior del priismo.

Ésta última, es una posibilidad latente. Porque más allá de las posiciones particulares de cada una de las facciones priistas, e incluso del grupo que cree ciegamente que sólo entre ellos serán repartidas las candidaturas, se establece tanto la necesidad de diversificación de las posiciones electorales en disputa, como la necesidad —incluso sólo por decoro político— de no dejar de lado los asuntos de género que luego le generan cuestionamientos fuertes al tricolor.

Lo que hasta hoy queda claro es que no existen candidaturas amarradas. Esto, a quienes más les debe preocupar es a los diputados federales Pérez Magaña y Ramírez Leyva, que respectivamente se sienten ya con medio cuerpo dentro de las candidaturas. A cualquiera de los dos se les podría caer la postulación.

Y lo más grave, para ellos, es que eso no necesariamente tendría que significar que la postulación se entregara a alguien más de su grupo. Más allá de los diputados locales y federales, de los sectores y organizaciones adherentes al PRI en la entidad, existen otras mujeres sobre quienes posiblemente podría recaer la postulación. ¿No puede haber un acuerdo entre cúpulas para el establecimiento de la fórmula de candidatos? ¿No meterá la mano el CEN, ni buscará éste los equilibrios? Desde luego que sí.

Por eso, todos aquellos que pudieran sentir que tienen amarrada la candidatura, deberán redoblar esfuerzos. Ahí no habrá espacio para senadoras “Juanitas”, que sean electas para luego pedir licencia, ni mucho menos para candidatas de comparsa o relleno, como ha sido manejada la paridad de género hasta el momento. ¿Apuestan?

 

¿GARANTÍAS DE UNIDAD?

Del mismo modo, habrá que observar con detenimiento hasta dónde es cierta la supuesta garantía de unidad que dan todos los priistas respecto a sus procesos internos venideros. Si este es el momento en el que nadie puede asegurar que medianamente existe consenso con lo que se está haciendo, mucho menos pueden asegurar que habrá conformidad y disciplina luego de las definiciones.

El problema es que todos quieren todo. Hoy, al interior del priismo oaxaqueño se libra una lucha feroz por ganar, o arrebatar, las candidaturas que aún ni siquiera entran en juego. Desde diversas trincheras se pretende acceder a las postulaciones a diputaciones federales; la gran mayoría de los federales aspira, y se dice con los méritos suficientes, como para ser Senador de la República. Y lo grave es que, de todo ese cúmulo de aspiraciones y ambiciones, no existe una sola figura que pueda erigirse como un interlocutor válido entre todos los grupos, y/o como un verdadero conciliador de todos los intereses encontrados… que son todos.

¿Qué rumbo le espera a un partido en esas condiciones? Objetivamente, podríamos suponer que el fracaso. Sin embargo, todos los grupos habrán de empujar con toda fuerza pero sólo para obtener las candidaturas. Todos, en el fondo, consideran que la fuerza de la campaña presidencial arrastrará a todos los candidatos a todos los cargos de elección popular, y que esto hará más cómoda la posibilidad de hacer proselitismo con miras a ganar.

Todos están confiados en la ola priista, y por eso se dan el lujo de pelear. Saben que el trabajo fuerte no lo harán ellos. Aunque tampoco piensan que las elecciones verdaderamente evaluadoras del desempeño tanto de la oposición como del gobierno, vendrá en 2013. Nadie piensa en eso. Nadie quiere hacerlo. Ni quieren pesadillas ni quieren tampoco asimilar que el momento de la verdadera evaluación por parte del pueblo, no está muy lejos.

 

TRÁNSITO, ACÉFALO

Si se atontan, la Dirección de Tránsito del Estado cumplirá un año sin titular. Si tanto interés tienen por el control de confianza y el concurso de aptitudes, ¿por qué no someter a eso todos los cargos, comenzando por el del Secretario de Seguridad Pública? Ojalá que dicho proceso sea provechoso, y no sea otro más de los burdos intentos por legitimar imposiciones (Remember ASE, IEEPC, etcétera).

S-22 y ACE: Resistencia a evaluación tendrá costo

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+ SNTE rebasó a los democráticos “por la izquierda”

 

Conforme pasa el tiempo, la resistencia de la Sección 22 del SNTE al reconocimiento de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE), se va quedando sin sustancia. Con la manifestación de rechazo a un anexo técnico, a través del cual, dicen, los gobiernos estatal y federal daban ciertas pautas para la implementación de la ACE en la entidad, la Sección 22 da nuevos pasos para sostener su resistencia a las políticas educativas del gobierno federal, pero también está abriendo frentes al parecer irremediables en cuanto a la propia estabilidad salarial de una buena parte de sus trabajadores. ¿De verdad sabrán todos los profesores oaxaqueños, el costo que les implica a ellos mismos su resistencia a la ACE?

Este asunto no tiene que ver ni con la privatización de la educación, ni con la lucha de clases —dos justificaciones siempre esgrimidas por parte de la 22. Independientemente de quién la propone y qué fin político-partidista pudiera proponerse, en el ámbito estrictamente educativo la Alianza por la Calidad en la Educación busca poder medir el impacto que tiene la educación en la niñez y juventud mexicana, y el grado de eficacia que tienen los educadores en el desempeño de sus funciones. Lo curioso del asunto, es que es justamente a esos dos tópicos a los que más se resiste el magisterio de nuestra entidad.

En ese sentido, fundamentalmente la Sección 22 argumenta que la implementación de la ACE en Oaxaca equivale a iniciar el proceso de privatización educativa, lo cual afecta a sus derechos laborales, y lesiona la estabilidad y el desarrollo educativo de los alumnos.

Dicen también que la ACE no toma en cuenta las características particulares de una entidad como la nuestra (con un alto grado de pobreza, marginación, los aspectos culturales particulares de las comunidades indígenas, etcétera), y que por tanto cualquier medición que se intente hacer del impacto educativo, estará viciada de origen.

Y como ése resultado no será legítimo, señalan, entonces tampoco existe posibilidad de que a los profesores oaxaqueños se les premie o castigue en función de ello. Y del mismo modo, han llegado a asegurar que la ACE sería algo así como un tipo de plan homogeneizador de la educación, y que lo que haría sería socavar los aspectos culturales particulares de las comunidades que contextualmente no se encuentran dentro del entorno desarrollado de las zonas no rurales.

Esencialmente, esas son las justificaciones que ha encontrado la Sección 22 para desarrollar su llamado “plan educativo alterno”, y para exigir que tanto el gobierno estatal, como el federal, se los reconozcan como válido. Esos mismos argumentos les han servido para rechazar la ACE, aunque en el fondo esa aversión tiene mucho que ver con la distancia que marcan de cualquier iniciativa, cualquiera, que presente el Comité Ejecutivo Nacional de su sindicato, por ser ellos disidentes.

El problema es que su resistencia, focalizada en Oaxaca, no es suficiente para lograr ni el freno a la implementación de la Alianza por la Calidad de la Educación, ni para el reconocimiento del plan alterno que ellos dicen tener, pero que en el fondo no llega a ser sino un mero bosquejo de lo que ellos quisieran que fuera un verdadero plan educativo.

Y el problema contante y sonante es que, más allá de las posiciones partidistas, ideológicas, de política sindical e incluso en relación a los ámbitos de gobierno, los nuevos esquemas de estabilidad y desarrollo laboral están determinados por las reformas educativas recientes, ocurridas en el ámbito nacional. Ahí es donde la situación deja de ser tan romántica y determinada por la fuerza de la Sección 22, y se inscribe en el ámbito de un asunto que pronto impactará a miles de profesores… en sus bolsillos.

 

ARGUMENTOS AGOTADOS

Quienes conocen los documentos base de la ACE, aseguran que en el planteamiento de fondo ésta no dista de los posibles planteamientos “alternos” que pudieran proponer cualquier sección magisterial o grupo disidente. Esto es, que la Alianza por la Calidad en la Educación sí reconoce que la educación de debe impartirse en un ámbito de respeto y reconocimiento a la pluriculturalidad y diversidad que tiene nuestro país; que cada entorno sí debe ser considerado particularmente. Y que los profesores deben adecuarse a las circunstancias particulares de la sociedad en que se desenvuelven para lograr el cumplimiento de los objetivos propuestos. ¿Para qué?

Para que de ese modo los ámbitos de gobierno puedan determinar los programas de mejora salarial de los profesores. Particularmente, el programa de Carrera Magisterial también fue reformado en el ámbito nacional, y éste estipula que los profesores inscritos, o que se inscriban a ese programa, deberán cumplir de manera indispensable con programas de evaluación anuales, bianuales o trianuales, y que será sólo a través de ese mecanismo como podrán ir incrementando su nivel salarial.

El quid de todo esto, sin embargo, no está en ese punto. Sino que el programa de Carrera Magisterial a nivel nacional —regla que incluye a Oaxaca, aunque la Sección 22 insista en desconocer la ACE— establece que todos aquellos trabajadores docentes que ya estaban inscritos en el esquema anterior, y que deseen no sólo incrementar, sino conservar el nivel salarial y de reconocimiento a la Carrera Magisterial que ya habían alcanzado, necesariamente deberán también hacerse parte de ese proceso de evaluación.

Pocos lo saben, pero los nuevos lineamientos de la Carrera, establecen que de no haber procesos periódicos de evaluación, esos profesores que ya tienen niveles importantes de salario podrán no sólo perder el estatus actual, sino incluso llegar de nuevo a la plaza básica con la que iniciaron su desempeño como docentes.

¿Cómo subsanarán eso en Oaxaca, si hay maestros en la entidad que, con motivo del rechazo a la ACE, llevan ya varios años sin evaluación de Carrera Magisterial? ¿Qué hará la Sección 22 cuando inicie el trabajo de guillotina a esos jugosos salarios?

 

TIC, TAC, TIC, TAC

Ese no es un asunto local. Y por sus resistencias políticas e ideológicas, podrían perjudicar a la élite magisterial (muchos de ellos parte de la dirigencia, aunque muchos otros verdaderos educadores que se esforzaron por prepararse e incrementar su nivel de Carrera Magisterial) que podrían ver fuertemente mermados sus ingresos. Un asunto que no ventilan. Pero que está amenazante, como una bomba de tiempo.

Oaxaca: ¿dónde está la ciudadanía?

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+ Que el cambio sea más que palabras

 

En Oaxaca sólo ha cambiado la trinchera de donde emerge la queja, pero ésta sigue siendo exactamente la misma de siempre. Lo mismo ocurre con la justificación de quienes detentan las responsabilidades gubernamentales. El problema es que en medio de esos lamentos y excusas, no parece existir una verdadera ciudadanía con capacidad para conminar a que, unos y otros, lleven a cabo las tareas que les corresponden en pro de un auténtico bien común que va más allá de los intereses partidistas o políticos, que son los que dicen representarnos.

Hoy tendríamos que hacernos una pregunta aparentemente redundante, pero que adquiere actualidad a cada momento: ¿Nos hemos acostumbrado los oaxaqueños a vivir padeciendo exactamente los mismos problemas, independientemente del partido o grupo que se encuentre en el gobierno? La respuesta esperada será un rotundo “no”. Sin embargo, escarbando apenas un poco nos encontraremos con otras respuestas, a las que aún oponiendo resistencia, no podemos evadirnos.

Tal parece que, contrario a lo que creemos, los oaxaqueños sí nos hemos acostumbrado a vivir con los mismos problemas de siempre. Es decir, que también nos hemos acostumbrado a tolerar el desdén o la incapacidad de la autoridad para hacer el trabajo que le corresponde. Nos hemos acostumbrado, pues, al conformismo, a la resignación y a las molestias que provoca seguir lidiando con problemas tan cotidianos que, se supone, ya deberían estar resueltos. Veamos si no.

El año pasado, en esta misma temporada de lluvias, los oaxaqueños nos quejábamos amargamente por la incapacidad y el desdén mostrado por el gobierno respecto los problemas por baches y hoyancos en prácticamente todas las calles de la capital y los municipios conurbados. Aunque nos molestaba, y los daños que eso ocasionaba a nuestros vehículos nos costaban dinero, algunos tratábamos de entender.

Aunque nos asumíamos como inconformes, en el fondo pensábamos, por ejemplo, que era “comprensible” que la autoridad municipal y estatal y no hiciera nada para hacer labores de bacheo y repavimentación en las calles necesarias, porque como había perdido las elecciones el partido gobernante, y como ya era el fin de la gestión, entonces a éste no le interesaba más la opinión que tuviera de él la ciudadanía, ni haría más por “retribuir” en algo a un electorado ingrato que no les había dado su voto.

Aunque ninguna de esas es justificación (comenzando por el hecho de que el mandato popular les confirió una responsabilidad, y el electorado los favoreció cuando fueron electos, no al tratar de que volvieran a ganar sus correligionarios), muchos oaxaqueños decidimos armarnos de tolerancia para esperar un mejor momento. Al fin que el cambio prometido, traería más y mejores soluciones de las que hasta entonces teníamos a la mano.

El problema es que nada de lo verdaderamente importante parece haber cambiado. Sí, es cierto, cambió el partido en el poder, los poderes se renovaron, y hasta inició una cacería de ex funcionarios corruptos. Pero lo cierto es que el problema de los baches hoy, en Oaxaca, sigue siendo exactamente el mismo (y quizá agravado por la continuación del desdén de los gobiernos estatal y municipal), y nosotros como ciudadanos hemos de nuevo tomado una actitud que, por la razón que sea, pretende justificar esas fallas e incumplimientos que no afectan a nadie más que a nosotros. ¿A poco no?

Hoy escuchamos, en el discurso oficial, los “esfuerzos” que se hacen por terminar con los problemas; somos testigos de las justificaciones dadas, respecto al desastre administrativo que éstos hallaron de sus predecesores, y que eso imposibilita cumplir la palabra empeñada a los electores; escuchamos que “estamos a punto de lograrlo”, o que ya se está trabajando. El problema es que la respuesta que queremos, la efectiva que impacte en el cumplimiento, simplemente no llega. Y los ciudadanos, lejos de exigir, seguimos justificando.

 

CONFLICTOS ¿ETERNOS?

¿Cuánto tiempo más pasará antes de que vuelva a hacer crisis el eterno conflicto entre los concesionarios del transporte público? ¿Será sólo cuestión de tiempo esperar al final de la temporada de lluvias, para volver a ser testigos del severo estiaje que azota a la ciudad? ¿Cuánto tiempo más pasará antes de que los verbeneros, los tianguistas, los chachacuales y/o los vendedores ambulantes, vuelvan a asolar a la capital oaxaqueña con sus negocios irregulares?

Del mismo modo, ¿tendremos que esperar mucho antes de volver a ver una nueva problemática relacionada con el tiradero de basura, y que por causa de ello la otrora Verde Antequera vuelva a convertirse en un auténtico museo de bolsas de basura que despiden olores nauseabundos? ¿En cuánto tiempo más veremos a las organizaciones sociales marchando para exigir recursos, en auténticos chantajes al gobierno estatal? ¿Cuántos días pasarán antes de que un nuevo conflicto agrario incremente la cifra de muertos y damnificados? ¿Es irremediable que los maestros hagan un nuevo paro y plantón en el mayo próximo?

Todos esos, además de muchos otros asuntos, constituyen una agenda de riesgos que en realidad nadie (ni la sociedad, ni el gobierno, ni los directamente involucrados) pretende asumir con responsabilidad. El asunto no es menor: la ciudadanía parece estar acostumbrada a sobrellevar siempre los mismos problemas, sin exigir que éstos sean solucionados. Por eso mismo, el gobierno siempre ofrece soluciones dilatorias (cuando verdaderamente tienen las características de ser remedio), o simplemente se encarga de “administrar” los conflictos hasta que llega el momento de heredárselos a sus sucesores en el cargo.

¿De verdad podemos creer que eso sea el reflejo real de un gobierno? Teóricamente no (pues estaríamos frente a la definición de una sociedad pre-estatal, en la que su gobierno no cuenta con un grupo especializado de funcionarios, que tiene la capacidad de cumplir eficazmente con las tareas que se encomiendan); pero en el fondo, eso es lo que tenemos. Y eso es muy grave, para un gobierno y un Estado, como el nuestro, que se dice democrático, pero que tiene serios problemas para constatarlo frente a sus ciudadanos.

 

TODOS, OMISOS

¿Por qué los gobiernos nunca piensan en eso? ¿Y por qué nosotros los ciudadanos estamos en esa misma situación? Tal parece que porque nadie quiere asumir la parte de responsabilidad que le corresponde. Y por eso mismo, seguiremos padeciendo los mismos problemas. Siempre.

Loret de Mola: ¿Sólo su privacidad nos importa?

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+ Límites: el periodismo ¿no acepta la autocrítica?

 

Esta semana, la revista Tv Notas publicó en su portada un par de fotos: eran, respectivamente, una imagen del periodista Carlos Loret de Mola, y otra de una ex conductora del noticiero matutino —que él conduce en el canal 2 de Televisa— conocida como Laura G. Ambos fueron captados saliendo, no juntos, de una misma cabaña presuntamente ubicada en la zona de La Marquesa, en el Estado de México. La nota sugería un posible encuentro amoroso entre ambos, y de inmediato provocó un escándalo morboso, muy poco digno de unos medios y una sociedad que, como la mexicana, se dicen “maduros” y “democráticos”.

Quienes vieron el asunto desde el lado del morbo, tuvieron pensamientos más o menos como los siguientes: pensaron que el escándalo radicaba en el hecho de que un hombre casado tuviera relaciones sentimentales (o sólo sexuales) con una chica, ciertamente guapa y de menor edad que él, contraviniendo con ello la figura tradicional de familia que, según subsiste en México. Otros habrán pensado que este escándalo es sólo una extensión de aquel otro por el que, hace apenas unas semanas, esa y otra presentadora fueron despedidas del noticiero matutino. Algunos más lo habrán visto como una revelación que en cierto sentido podría abonar al “periodismo del corazón” que malamente dicen hacer algunas publicaciones en nuestro país.

Había, sin embargo, mucho de fondo en esto: dicho escándalo nuevamente demostró que algunos medios siguen dispuestos a sacar lo peor de sí, y torcer los principios éticos que los rigen, con tal de vender revistas o periódicos, o simplemente por llamar la atención. Ni Tv Notas, ni el periódico Reforma (que al día siguiente refrió el tema en su portada) asumió el principio básico de que hasta las personas públicas tienen vida privada, y que mientras ésta no trascienda el estricto interés público, nadie tiene derecho a meterse en ese ámbito que sólo se queda en sus acciones o pensamientos privados.

Quedó claro que ambos medios estuvieron dispuestos a llevar el estado de cosas al límite. Tv Notas, en primer término, porque ello corresponde a una de sus recurrentes prácticas “periodísticas” para tratar de ganar la nota y continuar en el ánimo del público que la compra. Pero Reforma, no declaradamente, sí trató de justificarse deslizando en las redes sociales el argumento de que de qué se quejaba Carlos Loret de Mola, si él ha destrozado la privacidad de muchas personas a través de las pantallas de la televisión en su noticiario.

Queda claro que así como no es justificante para ventilar cualquier cosa de la vida privada de una persona, el solo hecho de que éste sea considerado como un personaje público porque sale en la televisión, como tampoco lo es, mucho menos, el hecho de que se trate de justificar una intromisión de esa naturaleza a partir de que el personaje aludido en otras ocasiones ha hecho también lo mismo. Es inadmisible justificar una mentira con otra, como también lo es tratar de hacer pasar por válida una acción indebida que trata de vengar otra de la misma naturaleza.

Eso fue, sin embargo, justo lo que ocurrió. Y como bien puede preverse, las reacciones críticas de la misma prensa no se hicieron esperar.

 

MAL RECIBIMIENTO

En relación a esto, en su columna “Metamorfosis” del periódico Excelsior, José Cárdenas señalaba lo siguiente: “Que una revista de escándalos, vendedora de morbo disfrazado de noticia, saque ventaja, al develar la vida privada de dos personas adultas y famosas, es una vergüenza para el oficio. Que uno de los principales diarios del país haga, de tal violación a la intimidad, un refrito, obliga a repensar a dónde va el periodismo y dónde estamos parados los periodistas.

“Entre el chisme y la cosa pública reina la confusión. Se borraron las fronteras. La vida pública se empobrece. El deterioro se puede medir por días, y hasta por horas (…) Es momento de pensar en límites. De ubicar el espacio que pisamos. Es eso o fingir que en este oficio nada importa en aras de ganar “la nota”, y toda la “lana”.

“En nombre de la transparencia y el derecho a saber, algunos periodistas y editores parecen convencidos de rendirle culto a los excusados, por aquello de que ‘es importante lo que  transportan’. Es su decisión. Pero entonces que no venga Reforma a dar clases de ética periodística. Y menos cuando rellena sus espacios con refritos apestosos.”

Un día antes, en un sentido igualmente crítico, y luego de dar cuenta del contenido (nulo) informativo del “reportaje” de Tv Notas, el periodista Ciro Gómez Leyva decía lo siguiente: “La nota de Reforma es un refrito de lo publicado por la revista, combinado con el testimonio de un mesero y la recuperación de tweets, como éste: “Cabaña acogedora en La Marquesa, 800 pesos, condones Trojan 40 pesos, Viagra, 90 pesos, que Loret y Laura G sean trending topic… priceless”. Y éste: “¿Qué hiciste Loret? Te la cog…?” (Reforma es un diario ajeno a las vulgaridades, por eso cambia “te la cogiste” por tres puntos suspensivos)…”

“No hay más información. Con el pretexto de que la nota “inundó las redes sociales”, Reforma va al bote de la basura, saca carne podrida y vende la vida privada de un periodista de Televisa como platillo gourmet. No parece haber más objetivo. Y está bien, cada quien sus criterios editoriales. Pero que no vengan después a dar lecciones de ética periodística, ética pública. Está bien, pero que quede registro de cómo cubrieron esta historia. Periodismo carroñero. Ganas de lastimar.”

Otro que, en palabras mucho más resumidas, pareció decirlo todo, fue el periodista Marco Levario, director de la revista etcétera, quien en su cuenta de Facebook simplemente escribió: “Sobre Carlos Loret: a mí me vale madre si un periodista o quien sea se queda con alguien en la Marquesa para hacer lo que sea.”

 

AUTOCRÍTICA, URGENTE

A los mismos medios nos hace falta no sólo discutir, sino también poder llevar a los hechos, ese tipo de discusiones. A pesar de que siempre anhelamos cambiar, ese tipo de discusiones y hechos nos marcan para seguir justamente donde estamos. Pareciera que no podemos entender que los límites periodísticos se marcan a partir de la responsabilidad, y que debemos rescatar el verdadero sentido público, y no confundirlo, nunca, con lo que corresponde a la estricta esfera de lo privado. Ojalá ésta no sea una más de las discusiones de dos días, que luego se olvidan, hasta que todo vuelva a pasar.

¿Por qué no pensar en el Metrobús?

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+ Concesionarios: dan nada a cambio…

 

Sería una desgracia que por intereses minoritarios y retardatarios, otro proyecto urbano más en Oaxaca se quedara en eso: en buena intención de un gobierno, y en un simple proyecto. El asunto no es menor. Porque paradójicamente, en vano la capital oaxaqueña ha esperado un proceso de modernización urbana o de infraestructura —que se supone que es inaplazable—, aunque al mismo tiempo sus tradicionales grupos de presión se han opuesto a ella, y lo han conseguido. Ese no debía ser el destino del Metrobús.

El pasado martes, la capital oaxaqueña sintió, por algunas horas, el “músculo” de ese sector decidido a sostener su privilegio a costa de todo, y a costa de todos: diversas organizaciones de transportistas, tanto de la capital como de municipios conurbados, salieron a las calles a protestar en contra del Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, por no haberlos tomado en cuenta en la confección del proyecto del nuevo sistema urbano. Como si tuvieran la calidad moral suficiente, se dijeron lesionados en sus derechos y en su economía, y exigieron frenar cualquier intento de construcción del Metrobús.

Desde otras trincheras, no pocos ciudadanos y organizaciones se mostraron también escépticos a la construcción del Metrobús, aunque por razones diversas. Fundamentalmente, lo que tiene molesta a la sociedad oaxaqueña en general, es el hecho de que, como cada año, la presente temporada de lluvias tiene semidestruidas las principales arterias viales y accesos a la capital oaxaqueña. Si el Ayuntamiento citadino, dicen, no tiene capacidad ni para tapar los baches, mucho menos la tendrá para emprender la nada fácil labor de planear y construir todo un sistema de transporte colectivo.

Quienes dicen eso, parcialmente podrían tener razón: por simple naturaleza, todos aquellos que verían lesionados sus derechos o economía —principalmente— con la instalación de un sistema de ese tipo, habrán de protestar y oponerse a la decisión. Del mismo modo, es posible comprender a quienes señalan las incompetencias actuales del gobierno municipal, y auguran por eso un mal destino para el Metrobús.

Sin embargo, más allá de las posiciones personales habría que preguntarse qué le haría bien a la ciudadanía, cómo se podría mejorar sustancialmente el sistema de transporte colectivo y, sobre todo, también pensar, por una sola ocasión, qué es lo que más le conviene a los usuarios.

Habría que ver esta cuestión desde tal perspectiva. Porque sin duda, los oaxaqueños —sociedad y autoridades— estamos acostumbrados a ver estos asuntos sólo a la luz de lo que los grupos de presión nos “invitan” a pensar que es lo correcto o lo más conveniente —es decir, nos manipulan—, pero casi nunca nos dejan ver que es tanto o más nocivo que eso, el hecho de que nosotros los defendamos a cambio de nada, y les continuemos dando un cheque en blanco que finalmente han utilizado a sus anchas para menoscabar nuestros mínimos derechos.

En este sentido, la autoridad siempre ha incurrido en dos errores garrafales: por un lado, se ha dejado chantajear abiertamente por los grupos de presión, para finalmente terminar haciendo lo que éstos quieren (para preservar sus intereses), mientras la autoridad pondera la posibilidad de dejar de hacer lo que a unos cuántos no les conviene, para también dejar de pagar los “costos políticos” correspondientes por esas protestas.

Y por si fuera poco, la autoridad al mismo tiempo que el anterior, ha cometido también otro error insuperable: ésta, nunca ha tenido la capacidad —porque esa es una cuestión esencialmente de talento y tacto político— para sensibilizar a las verdaderas mayorías, respecto a por qué sus proyectos son realmente los más viables para el entorno, y por qué sí la ciudadanía debe aceptarlos y respaldarlos a pesar de la oposición que presenten algunas organizaciones.

 

LA CIUDADANÍA PIERDE

En efecto, la ciudadanía pierde. Porque ante cada posibilidad de que el gobierno y los grupos de presión pacten respecto a un no hacer (aquel no impulsar proyectos de modernización y desarrollo, a cambio de que éstos no ahoguen la ciudad con prestas), lo único que queda en el fondo es la consolidación de privilegios indebidos mutuos, que finalmente quien los paga y padece es la ciudadanía.

El caso del transporte público es paradigmático: todos los medios de transporte público existentes en la entidad oaxaqueña no sólo son malos, sino que son lo que sigue de eso (es decir, pésimos, deprimentes, riesgosos, inseguros, anárquicos y, por si fuera poco, tolerados). Por su parte, la autoridad, que permanentemente promete regulación estricta y aplicación de la ley sin distingos, siempre termina siendo comparsa de los transportistas, quienes la tratan como si fuera su subordinada y no su reguladora. ¿Y qué hacemos los ciudadanos ante todo eso? Como tal parece que no nos queda de otra, aguantamos… y les seguimos pagando.

Con esos antecedentes, los transportistas menos que nadie tienen la calidad moral para exigir a la autoridad municipal que no construya un Metrobús. No la tienen porque ellos, los concesionarios, son el reflejo vivo de ese fracaso y corrupción galopantes que dominan al sector. Y la autoridad estatal —que de autoridad sólo tiene el nombre— sólo sigue prometiendo lo que de antemano (por sus mismos compromisos económicos o políticos con el gremio) sabe que no podrá o querrá cumplir.

Así, ¿en base a qué los taxistas y demás concesionarios exigirán que no se construya el Metrobús? ¿Exigirán su no construcción a cambio no de comprometerse, sino de ejecutar un verdadero cambio profundo en la forma en que presta su servicio? ¿O serán tan desvergonzados que dirán que no quieren el Metrobús, porque eso les significará competidor que no tienen, y que tampoco quieren, y que eso les mermaría las ganancias económicas que hoy pagamos los oaxaqueños por esa suerte de oligopolio anárquico del transporte público?

 

SIN CALIDAD MORAL

¿Queremos seguir sumidos en el atraso? ¿Queremos seguir viviendo en esa ciudad anclada al pasado, y que por eso mismo no permite dar paso al presente? ¿Queremos seguir siendo rehenes de esos grupos de presión que sólo defienden sus intereses? Los transportistas debían comenzar a legitimar sus exigencias con acciones. ¿A poco están dispuestos a cambiar radicalmente el servicio caro y malo que todos los días ofrecen a la ciudadanía? Para exigir, hagan. ¿Qué dan a cambio de su “no” al Metrobús?