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Órganos autónomos: claves para su renovación

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+ Principios constitucionales, el eje fundamental

 

Dentro de unos días, o semanas, ocurrirá la renovación de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca. La elección del nuevo Defensor implica no sólo un paso más en el cumplimiento de la reforma constitucional de abril de 2011, sino que es, además, una prueba fundamental para la democracia, la independencia y la congruencia que, se supone, debe imperar en el Congreso del Estado. Para entender todo este proceso, es necesario tomar en consideración ciertas claves que bajo ninguna circunstancia podemos dejar de lado los oaxaqueños interesados en la vida pública de nuestro estado.

  1. La Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca, sustituyó a la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos de Oaxaca, a partir de la reforma del 11 de abril de 2011 a la Constitución Política del Estado. El replanteamiento de ese, y todos los demás órganos autónomos, tuvo como punto de partida el ánimo del actual régimen por “borrar” las instituciones de los gobiernos priistas. Desde el primer momento descalificaron, a priori, los órganos autónomos existentes, por tacharlos de antidemocráticos, de simuladores y de encubridores del gobernante en turno, y decretaron reformas a las instituciones, que en realidad enmascaraban la sola determinación de remover a sus titulares.
  2. Tanto el Gobierno de Gabino Cué Monteagudo, como la LXI Legislatura, dijeron a los oaxaqueños que la razón de la reforma constitucional era la renovación de las instituciones, para reforzar la vida democrática. En prácticamente todos los casos, las reformas fueron casi demagógicas, pues instituyeron nuevos mecanismos democráticos, de rendición de cuentas y de control en la actuación de las autoridades frente a los gobernados; pero en la mayoría de los casos dejaron en el rango de “casi inalcanzables” —e inaccesibles e inoperantes— la gran mayoría de esos nuevos mecanismos. Uno de los “grandes avances” que la Constitución le dio a la Defensoría, fue el establecimiento de un juicio para la protección de las garantías fundamentales, que judicializa la tutela de las mismas, y que en buena medida menoscaba la finalidad del control político de los órganos defensores de los Derechos Humanos.
  3. Una vez realizada la reforma, inició el proceso de renovación de los órganos autónomos, aunque con resultados democráticos bastante cuestionables. Se supone que uno de los grandes fundamentos democráticos de la modificación constitucional, radicó en la necesidad de generar una apertura real a la sociedad en la integración de esas instituciones (los órganos autónomos), que se erigen hoy como el contrapeso y el vigilante de la actuación de los Tres Poderes del Estado. Si la reforma ocurrió porque se consideraba que los titulares de los órganos autónomos eran “orgánicos”, o agentes del Estado incrustados en los espacios de autonomía y control, lo menos que pudo esperarse es una apertura real y total. Eso, sin embargo, no ocurrió.
  4. Los antecedentes inmediatos de todo eso, son las respectivas renovaciones del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana, del Tribunal Estatal Electoral, y de la Auditoría Superior del Estado. Independientemente del grado de estruendo y polémica que generó la reintegración de esos órganos, en todos los casos quedó siempre bien claro que la razón determinante en todo esto fue el interés oficial, y que en todos —a través del convencimiento, la manipulación o la compra del voto— se eligió a quien fue el favorecido con la “línea gubernamental” y no a quien garantizara las mejores condiciones de funcionamiento, independencia y profesionalismo para esos órganos.

 

ANTECEDENTES DIRECTOS

La elección del nuevo Defensor ocurre en circunstancias específicas, tanto para el Gobierno del Estado, como para el Congreso, e incluso para quienes se encuentran interesados en la defensa de los derechos fundamentales. En cada uno de esos ámbitos, hay claves específicas que también deben ser atendidas.

  1. Respecto al Gobierno del Estado. Éste parece tener cierto “compromiso moral” con algunas organizaciones de lucha social, que por mera coincidencia y accidente, desde hace años acompañaron al actual régimen como grupo opositor, y que paralelamente a ellos llevaron a cabo sus propias acciones para contrarrestar las acciones del gobierno de Ulises Ruiz. La gran mayoría de ellas, fueron organizaciones que participaron, con amplios destellos de radicalismo en el movimiento magisterial de 2006; y son las que ahora reclaman como suya la Defensoría, cuando queda claro que esa institución tiene fines mucho más complejos que la de la sola institucionalización de la lucha social en nombre de los derechos fundamentales.
  2. El Congreso también tiene su escenario específico. La LXI Legislatura enfrenta un fuerte descrédito por su proclividad a la simulación democrática, y por ceder siempre a las pretensiones del Ejecutivo. Fue vergonzante la actuación de los diputados, en casos como la renovación del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana, en los que emisarios del gobierno estatal, abiertamente se apersonaron en el Recinto Legislativo para negociar directamente con cada diputado el sentido de su voto, a cambio de fuertes sumas de dinero, de toneladas de cemento o de vehículos de lujo. Queda claro que si la LXI Legislatura de verdad pretende pasar a la historia con antecedentes positivos, debe ser por hechos que apenas están por ocurrir. Antecedentes como esos impiden por completo que, hasta hoy, esa Legislatura se diga democrática y congruente con los principios de la reforma constitucional que ellos mismos realizaron.
  3. Incluso, la Defensoría también exige cambios sustanciales. El nuevo Defensor debe ser una persona de verdad comprometida con las mejores causas constitucionales de nuestro estado, y no un auténtico burócrata, tibio, titubeante y orgánico, como es el actual titular de la Defensoría. Queda claro que una Defensoría de membrete, como la que existe actualmente, es lo que no debe replicarse en un escenario estatal en el que han sido los propios ciudadanos los que han empujado y exigido instituciones auténticamente democráticas, aunque sus representantes populares no han estado a la altura de las circunstancias.

 

LA DEFENSORÍA

El proceso de renovación de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca tiene su escenario específico. Ello requiere un análisis más detallado, que abordaremos en nuestra entrega de mañana.

Campañas: nada se oferta en Oaxaca

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+ Partidos: de nuevo, al todo por nada

 

El viernes iniciaron formalmente las campañas proselitistas, y con ello arranca también un auténtico vía crucis de promesas irrealizables, y de constatación del trabajo no hecho por los partidos políticos en Oaxaca, desde y frente al poder. Cualquiera que sea el contenido publicitario de las campañas, de todos modos resulta brutal una evaluación no respecto a las promesas, sino a los resultados de las principales fuerzas políticas estatales en los últimos 20 meses en la entidad. Nadie se salva de la inoperancia, ni de la demagogia.

En Oaxaca ocurre un raro desentendimiento de las responsabilidades políticas. Ha quedado claro que desde el cambio de administración, el único que asumió obligadamente el cargo, los derechos y las responsabilidades, fue el gobernador Gabino Cué Monteagudo. Fuera de él, nadie, ni los partidos oficialistas, ni los opositores, e incluso tampoco el suyo propio, asumieron los roles que les correspondían, y sus militantes se desentendieron también de los roles que, respectivamente, le tocaba jugar a cada uno de ellos. Por eso, en estos tiempos de campaña, nadie tiene calidad ni capacidad para asumir lo hecho previamente como una bandera real para atraer el voto de la ciudadanía.

En este sentido, por un momento los oaxaqueños debiéramos dejar de pensar en que esta es una campaña electoral presidencial, y debíamos voltear los ojos a los cargos que, no por ser menos elevados, son menos importantes no sólo para la República, sino para nosotros. Junto con las campañas presidenciales, iniciaron también su labor todos aquellos que aspiran al Senado de la República, y casi en conjunto quienes desean ser diputados federales. Todos ellos, son esenciales para la vida pública de nuestro estado, pero reciben las encomiendas como si fueran sendos cheques en blanco.

Por eso, lo primero que tendríamos que ver con detenimiento, es qué ofrece cada uno de los partidos políticos en Oaxaca al verdadero interés de la colectividad. Es lamentable el hecho de que todos asuman las campañas políticas como periódicos “borrones y cuenta nueva” frente a los electores, y que pidan el voto en base a propaganda, publicidad y dádivas de cooptación, pero sin si quiera preocuparse porque sus propuestas tuviesen algo de contenido, y también tomando en consideración el trabajo previo hecho aquí mismo, como para suponer que de nuevo merecen tener el voto y la confianza de los ciudadanos al momento de votar.

En ese punto, todos los partidos se ubican en un verdadero brete. ¿Por qué? Porque todos asumen que su única obligación es la de “hechizar” a los electores para que les regalen su voto. Sí, hechizarlos o hipnotizarlos para que se los ofrenden sin ningún tipo de remordimiento o cuestionamiento.

Y es que si un regalo se da incondicionalmente (es decir, a cambio de nada), los partidos y sus candidatos quieren siempre que los ciudadanos les concedan su voto, pero sin llevar a cabo un verdadero proceso de evaluación de lo hecho (desde el poder o como oposición) en favor de la colectividad, y sin hacer tampoco planteamientos específicos sobre lo que pretenden hacer si es que de nuevamente consiguen llegar a los cargos a los que aspiran. Ese es el problema de siempre.

Ese es uno de los graves problemas de nuestra democracia doméstica. Pero es también un riesgo enorme, porque en gran medida de las definiciones que se den hoy, dependerán las que se ocurran dentro de uno o varios años, cuando se renueve el Congreso del Estado, la representación de Oaxaca en la Cámara baja federal y, en el punto cúspide, la gubernatura del Estado en 2016. ¿Ya se vio esa perspectiva? ¿Y se entiende, desde ahí, por qué decir que es tan importante que el voto se otorgue a cambio de algo más que la incondicionalidad?

 

CANDIDATOS DETERMINANTES

Los ciudadanos debiéramos exigir cuentas, por ejemplo, a Eviel Pérez Magaña, no sólo como militante y ex dirigente de un partido, sino también como servidor público, e incluso como oaxaqueño. ¿Por qué? Porque es claramente visible su intención de llegar al Senado de la República como un trampolín para luego colocarse en la ruta de volver a ser candidato a Gobernador del Estado por su partido.

Ante ello, los ciudadanos conscientes debiéramos preguntarnos: ¿Y por qué votar por él? ¿Por su imagen? ¿Por su desempeño como servidor público (en el cual nunca lució como alguien digno de ser diferenciado positivamente)? ¿Por su buen desempeño como candidato (si hizo lo que hacen todos: tratar de hipnotizar al electorado)? ¿Por el papel que hizo como líder del PRI durante más de un año (valiosísimo año perdido para el PRI como oposición en Oaxaca)?

Algo similar debiéramos hacer con Ángel Benjamín Robles Montoya, porque su intención es exactamente la misma que la de Pérez Magaña: llegar al Senado como parte de la ruta política necesaria para luego aspirar a la Gubernatura del Estado. Y, bueno, en este caso, lo primero que debiéramos cuestionar a Robles es el hecho de que ni siquiera es oaxaqueño, y que su paso por la vida pública de la entidad no ha sido ni el más destacado ni el más coherente ni tampoco el más confesable.

E incluso, al hacer cuestionamientos como esos a nuestros flamantes candidatos, antes debiéramos hacer otro, que nadie hace: ¿Exactamente para qué, quieren llegar al Senado de la República? Pues queda claro que ellos ven la Cámara alta federal como un trampolín para otras aspiraciones. Pero más allá de la corta visión que tienen en realidad, la importancia que tienen los Senadores de la República tanto para el régimen federal, como para las entidades federativas en específico, es fundamental.

Sin embargo, hasta el momento no se responde ni la pregunta de en qué resultados o aportaciones a la vida pública fundamentan sus aspiraciones, ni para qué quieren llegar al Senado. No lo contestan, primero porque no saben, y segundo porque esperan convencer al electorado para que les dé un cheque en blanco con su voto, y para que a partir de ello puedan usar su escaño como un trampolín, como una baranda o como una tabla de salvación, que les dé movilidad y que les permita seguir haciendo “grilla” en Oaxaca.

 

TODO POR NADA

Todo eso es verdaderamente lamentable, en una entidad que tiene tantas necesidades de liderazgo, tantos problemas que bien debieran ser abordados por los representantes populares, y tantas carencias que bien podrían ser atendidas por los altos niveles del poder, como el Senado de la República.

Policías estatales infiltradas: “grieta” del federalismo

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+ Federación no abona a desarrollo similar de policías

 

Ayer, un alto funcionario del Gobierno de Estados Unidos de Norteamérica declaró a la prensa internacional que “las policías estatales y municipales de México están seriamente infiltradas por el crimen organizado”. Esto lo aseguró el subsecretario de Estado para el narcotráfico internacional, William Brownfield. Lamentablemente, no dijo algo nuevo, pero tampoco dijo algo que en realidad le preocupe a los poderes federales, que hacen muy poco por remediar esta situación.

El contexto no podía ser peor. Estas declaraciones se generaron a partir de la preocupación del gobierno estadounidense, luego de que las autoridades de Ciudad Juárez, Chihuahua ordenaran que dos mil 500 policías de la ciudad se hospedaran en hoteles en febrero después que pistoleros emboscaron y eliminaron a cinco policías. Al día siguiente aparecieron mensajes firmados por el nuevo Cartel de Juárez por toda la ciudad, que decían que iban a matar a un agente por día si el jefe de policía no renunciaba.

Ante esto, el Subsecretario dijo: “México eventualmente tiene que decidir cómo va a resolver el problema. Ya sea con el modelo colombiano, gastan mucho dinero en guardaespaldas”. Esto lo aseguró Brownfield tras precisar que la Policía Nacional colombiana destina cerca de 10 mil agentes —entre el 8 y 9% de su presupuesto total— a labores de custodia.

La nota, publicada por el periódico Excélsior, dice que “Brownfield señaló que las policías estatales y locales dan la percepción de que son parte del problema y no de la solución, aunque aclaró que a nivel de ‘las fuerzas federales han superado eso’. ¿Construirán comunidades separadas para policías, fiscales y jueces para que puedan darle protección dentro de las comunidades? ¿Harán (con los agentes estatales y locales) como hacen actualmente con los federales, que los rotan cada tres o seis meses para que no puedan ser identificados o atacados?”, planteó el funcionario.

Y, en otra parte de la información, señalaba lo siguiente: “Al ser una federación, igual que en Estados Unidos, el 90% de los fiscales y cortes en México corresponden a las instancias estatal y local. La infiltración es un problema muy serio, pero en las instituciones federales es actualmente menor que en las estatales y locales”, señaló.

Todo esto debemos verlo en una perspectiva más cercana de lo que parece. Porque lo que dice el Gobierno de Estados Unidos es tan cierto como los problemas que todos los días tenemos en todo el país: Las Policías Estatales, y las Municipales, en todo el país, no reciben el monto de inversión que, proporcionalmente, debiera corresponderles en relación a la cantidad de dinero que destina el gobierno federal para su policía.

Pero también debiera haber más atención, desde todos los frentes, para que todo lo que se encuentra alrededor de la persecución del delito fuera también modernizado y puesto acorde a las necesidades que tiene el país en materia de seguridad pública. Sin esos elementos, lo único que puede esperarse es mayor rezago y mayor impunidad en todo lo que respecta a la justicia.

 

ESTADOS, OLVIDADOS

Uno de los elementos clave del federalismo radica en el desarrollo igualitario y proporcional de todas las partes integrantes. Se supone, pues, que Estados independientes se unen en una Federación para proporcionarse mayores posibilidades de bienestar. ¿Qué tiene que ver eso con el tema que hoy nos ocupa? Si el federalismo mexicano fuera real, entonces, sin necesidad de haber una policía nacional, sí habría corporaciones policiacas independientes, eficaces, confiables y, sobre todo, capaces de cumplir con las tareas que le encomiendan la Constitución y las leyes.

Y es que, en efecto, tal parece que buena parte de las policías estatales y municipales son más parte del problema que de la solución, en los temas de seguridad que agobian a nuestro país. Para el gobierno federal siempre es muy fácil descalificar a las policías estatales y tildarlas de no confiables, de corruptas y de poco eficaces. Pero en realidad, habría que ver cuántos recursos le destinan los tres ámbitos de gobierno a sus corporaciones, y qué grado de responsabilidad tienen con este tema en general.

En ese sentido, debemos entender que si la de la seguridad pública es una facultad constitucionalmente concurrente entre los tres ámbitos de gobierno, es justamente porque es uno de los temas que implica mayor sensibilidad y atención por parte de todas las autoridades, y porque es un imperativo que la ciudadanía exige siempre, en todo momento, a todas sus autoridades. Si esto es así, entonces la inversión debiera ser también concurrente y los avances en todos los rubros debieran tener ese mismo destino.

El problema es que no es así. Porque mientras las entidades federativas invierten cada año varios puntos porcentuales en sus corporaciones de seguridad, el gobierno federal apenas si invierte uno o dos puntos al millar, para atender las corporaciones policiacas estatales y municipales. La falta de inversión, en todo esto, es lo que genera que los policías estatales y municipales no ganen lo suficiente; que no tengan la suficiente infraestructura y armamento, y que todo eso los convierta en presa fácil de los criminales organizados que, o los cooptan para ponerlos a su servicio, o los matan con toda facilidad.

Por eso el gobierno de Estados Unidos no se equivoca cuando dice que estas corporaciones son parte del problema y no de la solución de la inseguridad y la violencia. Pero tampoco lo hace cuando señala que todo lo demás del aparato de procuración de justicia también tiene serios rezagos. Los fiscales (ministerios públicos) y los jueces locales también corren ese mismo problema, derivado de las mismas deficiencias: bajos salarios, bajos niveles de control, nulas pruebas de confiabilidad y excesiva vulnerabilidad a las tentaciones o a la violencia criminal que es impune.

 

PROMOVER IMPUNIDAD

¿Cómo pensar en que de verdad se protege a los ciudadanos con esas deficiencias, que son estructurales? Por eso esto es un círculo vicioso: porque el gobierno federal descalifica a las corporaciones estatales y municipales, pero hace poco para rescatarlas. Éstas quieren hacer más de lo que pueden, pero no tienen dinero para mejorar sus condiciones. Y el gobierno estadounidense, como buen fiscal de todo, ofrece menuda ayuda exhibiendo estos problemas que ya debieran estar atendiendo los tres niveles de gobierno. Pero no lo hacen.

Oaxaca: aquí victoria política es huérfana

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+ Ningún grupo se responsabiliza del poder

 

Dice la sabiduría popular, que en política la victoria tiene muchos padres, pero que la derrota es huérfana, porque nadie se hace responsable de ella. En Oaxaca, con el régimen de la alternancia, la victoria electoral tuvo muchos padres que, sin embargo, hoy no se hacen responsables de ese poder y, al contrario, lo desconocen para continuar medrando con las redituables banderas de la oposición iracunda.

Este caso raro lo vemos ahora, en un ambiente inédito de supuesta transición democrática y cogobierno de un grupo mayoritario de fuerzas políticas, pero que contrasta con una cada vez más desbordada gobernabilidad que se va de las manos de quienes tienen en sus manos la responsabilidad del gobierno.

Si se supone que el Gobierno del Estado se encuentra integrado por una administración de coalición; si se supone también que en el Congreso el conjunto mayoritario de fuerzas son las mismas que integran el gobierno; y si se supone que los principales grupos que en otros tiempos fueron oposición, son los que colonizaron los partidos para acceder al poder, ¿entonces por qué crece todos los días la percepción de que el Gobernador se encuentra solo, en medio de un mar plagado de enemigos reales, pero también de aliados que hacen más daño que los propios adversarios?

Esta situación es ampliamente perceptible: la administración del gobernador Gabino Cué asumió el mando estatal respaldado no sólo por la fuerza de los votos, sino también de un amplísimo movimiento ciudadano que se manifestó a su favor quizá no tanto asumiendo su proyecto, sino como una forma de repudiar a los regímenes anteriores. Sólo así puede explicarse el amplio margen de ventaja, y las inmejorables condiciones de aceptación y credibilidad ciudadana en las que asumió el poder.

Sin embargo, queda claro que el problema no ha sido ese —e incluso tampoco sus adversarios— sino más bien el control de sus propios aliados. Por una razón de mera atracción natural, en los largos años en que el ahora Gobernador del Estado creó las condiciones de su candidatura, se rodeó de otros adversarios naturales de los regímenes priistas.

Por eso, más por coincidencia que por convicción, unos y otros se convirtieron en aliados y llegaron juntos a una batalla electoral formidable, en la que se tuvieron que valer de todos los medios (legales e ilegales) posibles para ganarle a adversarios priistas que usaban bien esos mismos métodos. Hoy puede verse, sin embargo, que los aliados electorales no tenían los intereses genuinos por el gobierno, que sí tenía el ahora Gobernador, en relación no a los beneficios sino a las responsabilidades.

Quedó claro que la gran mayoría de los grupos que apoyaron en campaña al Gobernador, lo hicieron viendo el triunfo electoral como el fin, y no como el medio para abonar la democratización de la sociedad oaxaqueña. Al ver la victoria electoral como meta, inmediatamente después decidieron comenzar a cobrar los dividendos de un gobierno que ni siquiera conocían, y al que tampoco querían.

Fue por eso que los aliados paulatinamente pasaron a ser un lastre, para finalmente convertirse en el dolor de cabeza del Gobernador del Estado. Éste, a pesar de todo, se encuentra efectivamente solo; y hoy ni siquiera parece posible que dentro del gabinete de gobierno tenga muchos aliados. Cuando mucho son dos o tres, pero todos los demás se encuentran, como los demás grupos que se convirtieron en satélite de los beneficios de las arcas y las potestades gubernamentales.

 

EL PODER ES HUÉRFANO

Cuando mucho, son dos grupos bien definidos los que se pelean el control del poder estatal en Oaxaca. Uno de ellos, es el llamado Grupo Oaxaca, y el otro es el de los “aliados” más recientes del Gobernador, quienes aún pujan dentro del mismo gobierno por adquirir más espacios de administración o gobierno, o de arrebatar a sus contrapartes los cotos que unos y otros conservan.

Sin embargo, fuera de ellos nadie parece preocupado por el poder… pero todos se encuentran ávidos por medrar con el presupuesto, por seguir obteniendo espacios de impunidad, o simplemente porque el gobierno no se meta con los feudos territoriales o sectoriales que ellos han creado. Tal parece, pues, que en Oaxaca el poder sí es huérfano, y que todos pretenden seguir apadrinando la oposición y la derrota.

Y es que no se necesita ser un gran conocedor, para poder darse cuenta que en Oaxaca ahí radica buena parte de todos los conflictos que enfrenta el gobierno con sus propios aliados. La gran mayoría de éstos, salieron justamente de la lucha social, gremial, política o de choque. La gran mayoría de ellos conseguía que el gobierno les hiciera caso sólo a través de la vía radical. Y hoy, cuando tienen el poder, se dieron cuenta que la vía institucional es, económicamente, mucho menos redituable que sus vías “tradicionales” de lucha.

Sólo así se puede entender que hoy el gobierno se cuide más de sus aliados que de sus enemigos. Los aliados se convirtieron en ellos, hermanados en una lucha en la que no les quedaba de otra. Mientras tanto (y afortunadamente para el gobierno, que tiene menos conflictos, y para Oaxaca que enfrenta menos calamidades), los supuestos adversarios (la oposición priista) no terminan siquiera de organizarse para asumirse como una oposición y tratar de luchar por el poder.

El resultado de todo esto, es que de todos modos no hay certidumbre en la gobernabilidad. Tampoco la hay en quiénes son los aliados reales del Gobernador, que sí buscan abonar a la gobernabilidad y a la paz social de la entidad. Mucho menos se tiene claro quién puede tener la convicción partidista para asumir posiciones claras. Y no parece haber forma de atajar la posibilidad de que sean los mismos funcionarios estatales, o sus enviados, los que sigan enloqueciendo a esta triste sociedad, que pareciera que por creer en “el cambio”, ahora por culpa de un mal entendimiento de la alianza y la responsabilidad, está pagando consecuencias nefastas de ello.

 

BOMBA DE TIEMPO

Las autoridades estatales y federales se resisten a reconocer que el Hospital Civil “doctor Aurelio Valdivieso” es una auténtica bomba de tiempo. El temblor del pasado 20 de marzo le provocó daños importantes a su estructura, que ahora se minimizan. ¿Y a poco, por ejemplo, nadie ha visto las gravísimas deficiencias que presenta en cuanto a salidas de emergencia y demás medidas de protección civil? ¿Esperarán a una tragedia para reconocer lo evidente? Aguas.

Complejos administrativos. ¿Qué justicia es posible?

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+ Gobierno está hecho bolas; bandazos lo demuestran

 

Ya no le queda a la secretaria de la Contraloría y Transparencia Gubernamental, Perla Woolrich Fernández, el papel de “fiscal de hierro”. Hasta ahora no ha podido honrar su supuesta imagen de dura persecutora de los corruptos y rateros tanto del gobierno actual como del anterior. Y si pretende que abordando el tema de los complejos administrativos puede sacar algún dividendo positivo, lo único que revela con sus declaraciones es que, para variar, también desconoce el fondo real de ese gran fraude para Oaxaca y que, como opción, prefiere la vía demagógica.

Y es que, en efecto, el temblor del pasado 20 de marzo reveló que los complejos denominados Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial, no son tan resistentes y modernos como aseguraron sus constructores. Edificios que realmente cuentan con esas características, no crujirían con un sismo de magnitudes previsibles (pues todos sabemos que un temblor de 7.8 grados en la Escala de Richter, aquí no es raro) en una zona sísmica como la nuestra. Sin embargo, este motivo es perfecto para un verdadero acto de justicia y transparencia, y no para que unos cuántos traten de sacar ventaja política de un asunto que en realidad desconocen.

Primero veamos por qué este puede ser, si no un acto de justicia resarcitorio, al menos sí reconstituyente en el ámbito moral. La respuesta a esto es bastante sencilla: lo primero que los oaxaqueños queremos saber —incluso antes de enterarnos de los ruidosos nombres de los ex funcionarios involucrados— es cómo ocurrió la contratación del crédito; qué empresa fue la verdaderamente encargada de la construcción; quiénes fueron los beneficiarios de las ganancias económicas, y cuánto costará no sólo tomando los montos financiables, sino las cantidades reales que pagarán las arcas oaxaqueñas con todo e intereses a lo largo de los 15 años que tienen vigencia los respectivos Contratos de Prestación de Servicios a través de los cuales se construyeron Ciudad Administrativa y Ciudad Judicial.

Ese sería un primer acto de justicia, porque independientemente de las responsabilidades administrativas o penales que pudieran derivarse de ello, los oaxaqueños al menos estaríamos en posibilidades de saber quién fue “el padre” de esas dos creaturas que hoy sangran la economía pública de la entidad.

El primer problema al que nos enfrentamos todos los oaxaqueños —no sólo los funcionarios, que parecen poco interesados en saber, o en dar a conocer esa historia—, es que ni siquiera sabemos cómo ocurrió todo. Por eso mismo, no estamos en condiciones de al menos sospechar de las responsabilidades. Y mucho menos de señalar, con bases irrefutables, a los posibles autores de tan infame negocio a costa de todo.

Ahora bien, el segundo problema es no menos importante: El Gobierno del Estado debiera estar preocupado por clarificar perfectamente todo ese asunto, para primero ir por lo urgente, sin dejar de atender lo importante. Es decir, que primero deben conocer todos los entresijos de la transacción, para saber a quién cobrarle los daños ocasionados por el sismo en los complejos administrativos, y después determinar si hubo una responsabilidad en algún sector del funcionariado del gobierno anterior, e ir tras de ellos.

El problema es que, en realidad, el Gobierno del Estado, a través de la Secretaria de la Contraloría, optan por la vía demagógica y prometen lo que no van a cumplir. No lo harán porque no saben la vía. Porque pretenden cobrar una afrenta política, cuando en realidad este es un asunto que presenta aristas de responsabilidad por otras vías. ¿Serán capaces de culpar a los ex funcionarios de Obras, por un asunto que en realidad está relacionado con otras instancias? Según lo visto, sí son capaces…

 

¿QUIÉN CONSTRUYÓ?

Los gobiernos implementan los Contratos de Prestación de Servicios a Largo Plazo, cuando necesitan hacer inversiones en infraestructura de grandes magnitudes y no disponen de todos los recursos económicos para hacer la inversión total en un periodo relativamente corto de tiempo.

A través de ese esquema comparten responsabilidades con un particular dispuesto a invertir. Éste último es quien pone la inversión y el desarrollo del proyecto, y después el gobierno le paga una especie de “arrendamiento” de la obra construida por un periodo determinado de tiempo, para que el particular recupere su inversión y obtenga sus ganancias. Pero durante el tiempo que dura la prestación del servicio por parte del particular, éste es responsable del funcionamiento y operación de lo desarrollado, y sólo cuando termina el contrato éste transmite toda la responsabilidad y la propiedad del mismo al gobierno.

Eso fue lo que pasó con el Gobierno de Oaxaca y las empresas que invirtieron en la construcción y administración de Ciudad Administrativa y Judicial. Por eso mismo, si hoy el gobierno de Gabino Cué Monteagudo tiene intención de ir contra algún ex funcionario, a los primeros que deben voltear a ver son a aquellos que contrataron la obra y la recibieron en las evidentes condiciones de riesgo que demostraron tener en el reciente movimiento sísmico.

Para desgracia de quienes ven todo con ojos de afrenta política, la obra no fue construida, ni autorizada ni nada por ex funcionarios como Eviel Pérez Magaña. A él deben esculcarlo, si es que de verdad quieren perseguirlo, por otros temas. Pero en el caso de Ciudad Administrativa, en realidad, a quienes tienen que voltear a ver es a todos los involucrados en los esquemas financieros y quienes, en nombre del gobierno, contrataron responsabilidades que, además de ser excesivas, generaron ganancias a mismos ex funcionarios que ahora mismo gozan de cabal impunidad.

Finalmente, lo primero que deben considerar es la clarificación total de qué pasó con los complejos, para luego buscar la forma de hacer justicia con sus intereses políticos. No hay otro modo de abordar este asunto.

 

OPACIDAD

Clarificando totalmente este asunto, también honrarían la “transparencia gubernamental”, que al menos en este caso no ha operado. A ese principio, el Gobierno del Estado tampoco le ha hecho mucho caso. Haría mucho más la secretaria Woolrich asumiendo esta promesa de campaña, que lanzando advertencias que, más que temor, revelan su grado de fanfarronería. Y sus resultados, hasta hoy, no le ayudan.

Grupos armados: 2012 es un año importante

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+ Ciclos históricos: los sexenales son de realce

 

En dos meses se cumplen cinco años de la detención-desaparición de los militantes del Ejército Popular Revolucionario, Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya. Desde entonces, el eje común de los movimientos armados en México ha sido el del silencio prolongado, la denuncia reiterada, y ciertas manifestaciones de reagrupamiento. Sin embargo, como tal estrategia no es eterna, ni el país es estático, entonces no se debe perder de vista la posible modificación de sus formas de lucha.

Grupos armados como el EPR hicieron su última aparición ofensiva desde el 2006. En aquel año, tuvieron una participación determinante dentro del movimiento magisterial y popular de 2006 en Oaxaca, y buscaron influir —y de hecho lo hicieron— desde esa trinchera en las definiciones políticas que ocurrían paralelamente en la contienda presidencial. La crisis magisterial de aquel año hizo que, al menos en Oaxaca (un tradicional bastión de votos para el PRI) los partidos de izquierda arrasaran no sólo al priismo tradicional, sino también al panismo que buscaba tener cierta influencia dentro de los estados del sur de la República Mexicana.

No obstante, una vez concluido el proceso electoral, y el movimiento magisterial y popular en nuestro estado, de nueva cuenta el EPR se replegó y centró sus objetivos en comenzar a denunciar los efectos devastadores que tendría la lucra contra el crimen organizado (que entonces se preparaba a emprender el gobierno federal), no sólo contra la paz y la gobernabilidad de distintas regiones del país, sino también contra la estabilidad y las libertades de los grupos que, desde los distintos niveles de la oposición, buscaban cambios de fondo para el país.

Esa era la fase en que se encontraban los grupos armados más importantes del país, cuando en mayo de 2007 ocurrió la detención-desaparición de Reyes Amaya y Cruz Sánchez. ¿Qué pasó? Que según manifestaciones del propio EPR, esos y otros milicianos eperristas participaban en el movimiento magisterial, y las secuelas de éste, en su calidad de luchadores sociales. Denunciaban, junto con ello, que el gobierno de Ulises Ruiz los había detenido y que posiblemente los había entregado al Ejército, para que éste los torturara y los obligara a proporcionar datos vitales sobre la organización de sus estructuras paramilitares.

Este hecho modificó por completo el esquema que se tenía hasta entonces. El EPR dejó de lado sus objetivos previamente trazados, y luego de hacer una especie de “pase de lista” de las células eperristas de todo el país (a través de sendos comunicados enviados a su Comandancia General, desde todos los estados de la República donde tienen presencia), comenzaron a realizar importantes acciones de sabotaje en instalaciones estratégicas de Petróleos Mexicanos, con el objeto de exigir tanto al gobierno federal, como al de Oaxaca, la presentación con vida de sus compañeros desaparecidos.

Luego de varias acciones llevadas a cabo con eficiencia y éxito, en septiembre de ese mismo año ellos mismos decretaron un alto unilateral al fuego, y desde entonces han venido exigiendo, a través de la vía de la denuncia, el cumplimiento de su demanda relacionada con los desaparecidos, pero también haciendo una suerte de “preparación” del escenario para iniciar otro proceso de denuncia ante instancias internacionales, por los casos de desaparición forzada de personas que han dejado de ser investigadas en nuestro país.

 

VISITA PAPAL

Fue justamente en el marco de la visita a México del papa Benedicto XVI que el EPR volvió a hacer acto de presencia, aunque por naturaleza marginal, en el escenario nacional. En el presente año ha emitido al menos cuatro comunicados, aunque en 2011 tuvo un silencio de alrededor de cinco meses continuos, luego de una etapa de gran actividad comunicativa.

En sus últimos escritos de comunicación, el eperrismo ha venido manifestando que el tiempo de la tregua no es eterno. Y en este último comunicado, hace referencia específica a un posible cambio de forma de lucha, que bien podría ocurrir en el marco de los tiempos trascendentales que vive nuestro país en estos cuatro meses que están por venir.

Y es que en este último comunicado, fechado ahí mismo en Guanajuato el pasado 23 de marzo, el EPR manifiesta que “El PAN y todos los grupos económicos y políticos ultraconservadores buscan con la visita de Joseph Ratzinger recibir las bendiciones papales para explotar y oprimir sin remordimiento moral alguno; legitimar los crímenes de lesa humanidad cometidos contra el pueblo; convalidar una historia de violencia institucionalizada contra los trabajadores desde los tiempos de la colonia; fortalecer el andamiaje de la enajenación y alienación de los trabajadores para que acepten sumisamente la sobreexplotación económica y la opresión política; y, seguir criminalizando desde el poder político y económico a la mujer negándole sus derechos más elementales, en donde ésta no es sujeto social, sino objeto de uso.

“Calderón y su gobierno espurio buscan la bendición y anuencia del Vaticano de su guerra contra el pueblo en nombre la protección de la ciudadanía, el falso combate al narcotráfico sólo ha significado una masacre permanente contra el pueblo…”

No obstante, luego de denunciar el posible nexo de complicidad entre los grupos criminales y el Estado que se manifiesta en el “alto al fuego” decretado esos días en la región que visitó el Papa, la Comandancia de Zona de Guanajuato es enfática en señalar que “estas tierras también se forjan voluntades y conciencias de rebeldía e insurgencia popular” y que “al mismo tiempo dejamos de manifiesto ante la opinión pública y la militancia de nuestro partido el respaldo a nuestra dirección nacional en torno a la táctica de lucha en la presente etapa.”

 

CAMBIO DE FORMAS

¿Qué significan esas últimas palabras? Por un lado, que se refrenda la estrategia de la denuncia que vienen haciendo desde hace casi cinco años, pero también la posibilidad latente que ha manifestado la Comandancia General, de que puede ocurrir el final de la tregua decretada, para dar paso a nuevos actos de sabotaje, o a otras formas de lucha hasta ahora no exploradas. El largo tiempo que han pasado en la reorganización y el silencio, dan cuenta de un posible reagrupamiento táctico. Y todo podría pasar en un país tan sexenalmente crispado, como el nuestro en estos momentos.

Ciudad Administrativa: los daños estaban anunciados

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+ El “gran negocio”, ahora resultó el “gran fraude”

 

Sólo quien no conoce los detalles de la construcción de Ciudad Administrativa, se traga el cuento de que, con el sismo del pasado 20 de marzo, simplemente “aparecieron” las cuarteaduras que hoy tienen fuera de funcionamiento cuatro de los ocho edificios que integran ese complejo gubernamental en Oaxaca. Esos daños estaban anunciados desde el principio. Y si sus constructores pecaron de pillos al esconder las fallas, los funcionarios actuales han pecado de ingenuos al no hacer revisión real de las edificaciones; al creer, además, que esta es una circunstancia fortuita; y que antes del temblor los edificios se encontraban en perfectas condiciones.

En efecto, seguramente es una desproporción pensar que los edificios tengan daños estructurales. Hoy, hasta las construcciones más sencillas, en una zona sísmica como Oaxaca, son construidos bajo ciertos estándares de ingeniería que minimizan los riesgos de colapso, o daño estructural, en las edificaciones. Esto explica por qué los daños ocasionados por el sismo del pasado martes sólo ocurrieron en zonas semi urbanas o, de plano, en poblaciones rurales; pero por qué prácticamente ninguna edificación en la capital oaxaqueña tuvo afectaciones considerables.

Esa razón sencilla nos permite prever que los edificios de Ciudad Administrativa difícilmente puedan tener daño estructural. Sin embargo, lo cierto es que el movimiento telúrico sí provocó daños considerables a los falsos plafones, cristales, pisos y paredes cuando menos en cinco de los ocho edificios. Esos daños, pueden explicarse perfectamente sólo recordando el proyecto original de Ciudad Administrativa, los fallos en su construcción, y los parches que le pusieron tanto para esconder lo mal hecho, como también para encarecer deliberadamente el costo de la obra, y obtener mayores ganancias económicas de ella.

En efecto, tal y como lo dimos a conocer en este espacio desde el mes de octubre de 2007, Ciudad Administrativa originalmente era un proyecto noble, económico y funcional. Quienes idearon el primer proyecto (mismo que prevaleció, pero con docenas de parches) lo hicieron bajo un concepto arquitectónico denominado “brutalismo”, el cual implica bajísimos costos y austeridad total en acabados, privilegiando con ello la inversión para cuestiones de funcionalidad y seguridad.

De hecho, en el proyecto original de Ciudad Administrativa no estaba nada de lo que resultó dañado con el sismo de la semana pasada. Es decir, no se contemplaban ni los falsos plafones, ni los pisos de loseta, ni las divisiones de cristal o tablaroca. ¿Por qué? Porque la idea era construir edificios con pisos únicamente con acabados en cemento firme, divisiones mínimas, sin aire acondicionado, sin lujos, y sin ocultar todo lo que finalmente quedó bajo los pisos de loseta y los techos cubiertos con plafones. Eso es lo que implica el brutalismo.

Sin embargo, dos factores fueron determinantes para que todo eso fuera finalmente incluido en la construcción de los edificios. Uno fue el económico, y otro, el de cubrir las fallas que presentaba la construcción de ciudad administrativa, incluso antes de ser entregada al Gobierno del Estado para su uso. Veamos primero el factor económico.

A la empresa que finalmente construyó los edificios, le convenía encarecer la obra. Esto porque, a mayor inversión, mayor crédito generaba con el Gobierno del Estado, y con ello habría más intereses a favor y más ganancias para los “inversionistas” (que eran socios de los más connotados integrantes del entonces grupo gobernante).

Por eso, para poner pisos de loseta a los más de 48 mil metros cuadrados construidos que implican los ocho edificios, se tuvo que hacer una inversión extraordinaria, que rondó los 25 millones de pesos (suponiendo que el m2 de piso marca Intercerámic, como el que tienen todos los edificios, valga unos $500.00, instalado). Esa misma extensión tuvo que ponerse de falsos plafones, los cuales tienen un costo por m2 de unos 500 ó 600 pesos, instalado. Es decir, que sólo para cubrir ese “lujo” (que no estaba considerado en el proyecto original) se necesitaron unos 50 millones de pesos adicionales al ya de por sí elevado costo de la obra.

 

DAÑOS CONOCIDOS

En este y otros espacios lo señalamos desde hace años. Y la cita, que es textual, explica los daños que hoy tiene con pánico a miles de trabajadores que ocupan los edificios dañados de Ciudad Administrativa. Dijimos desde octubre de 2007: “Conforme fue avanzando la construcción de la obra, aparecieron errores notables. Uno, es que los edificios se inundan. Otro, que al no respetarse los lineamientos de la construcción de las lozas de concreto que sirven como pisos y techos de los edificios, ya presentan cuarteaduras. Y quizá el más notable, que a pesar de los retrasos y la constante modificación del proyecto original, la infraestructura de la edificación presenta deficiencias estructurales que no serán sencillas de subsanar, y que en su momento evidenciaran la falta de previsión social en el proyecto.

“Para remediar las inundaciones, señalan, es necesario replantear —y reconstruir— todo el sistema hidráulico de la obra. Detalle que, comentan quienes conocen la obra, no ha sido revisado estructuralmente. Las cuarteaduras, lejos de ser subsanadas, fueron escondidas con la colocación de falsos plafones y pisos de loseta (…) Lo anterior, más otros defectos técnicos, ha venido representando incrementos en el costo final de la obra. De ello nació el planteamiento de la empresa constructora encabezada por (Neftalí) García Arango, de aumentar el monto del crédito en 185 millones de pesos más. De algún lugar tenía que salir el dinero para costear los añadidos y las reparaciones que presentaba desde su construcción la Ciudad Administrativa.”

 

FRAUDE EVIDENTE

Es claro que los plafones y los pisos sólo evidenciaron grietas que ya existían. Es también evidente que los muros de tablaroca y los cristales crujieron, porque no son parte original, sino meros parches, de un proyecto que no estaba planteado con esos elementos. Más que lamentarse por los daños, lo que habría que agradecerle al sismo es que puso al descubierto las pillerías de quienes construyeron Ciudad Administrativa, y la ingenuidad de quienes recibieron el complejo ya no digamos sin revisar el estado real de los edificios, sino sin siquiera leer lo que en la prensa ya se decía sobre los daños al mismo. Todo está al descubierto. No hay crimen perfecto.

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Conago: un organismo con pocas ambiciones

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+ Fortalecer el Federalismo… ¿pero cuándo?

 

Los integrantes de la Conferencia Nacional de Gobernadores debieran estar insatisfechos, y hasta preocupados, por lo que hasta hoy ha realizado ese organismo en México. Aunque la unión de Mandatarios estatales fue en sí un signo claro de los nuevos tiempos de la democracia a principios de la década pasada, hoy un organismo como la Conago debiera buscar nuevos derroteros y, sobre todo, nuevas metas respecto a los temas en los que se involucra, los resultados que arroja, y las causas del federalismo que pretende fortalecer. Lo que hace es muy poco, frente a lo que necesita el país.

Es claro que de nada sirve que los Gobernadores tengan reuniones periódicas; que viajen y gasten recursos en encuentros onerosos (que más se parecen a reuniones diplomáticas que a encuentros de trabajo), para terminar concluyendo que todo sigue tan mal como siempre, que hay muchos retos por delante, y que aprovechen la ocasión para vacacionar por las distintas entidades de la República. Eso, en buena medida, es a lo que se resume hoy la Conago.

Y es que, aunque en su presentación, se señala que la Conago es “un foro permanente, el cual busca fortalecer el federalismo mediante mecanismos democráticos, manteniendo pleno respeto de las instituciones de México” y que “La Conago funciona como un espacio institucional permanente para lograr un mayor equilibrio y mejor distribución de las potestades que corresponden a los órdenes de gobierno federal y estatal”, en realidad los resultados objetivos que ha obtenido la Conferencia son menores a los que debieran alcanzarse en un país como el nuestro.

En ese sentido, debemos tomar en consideración que México no sólo es un país geográfica y socialmente plural e inmenso, sino que el tipo de problemas que hoy enfrenta son directamente proporcionales a su pluralidad y extensión, y en buena medida esos problemas tienen su origen y agravamiento, en la prolongada falta de relaciones de coordinación y respeto entre los distintos ámbitos de gobierno para abordar no sólo los asuntos urgentes sino, sobre todo, los importantes.

Lo grave es que ese descuido trajo ha traído como consecuencia el agravamiento acelerado de una serie de problemas que hoy son auténticas calamidades para la sociedad mexicana. Esos temas no sólo tienen que ver con las disparidades en el fomento al desarrollo, o en la atención social que la Federación da a las entidades federativas de forma diferenciada —incluso, esos problemas rebasan los solos temas de reparto presupuestal equitativo— para convertirse en verdaderas para la gobernabilidad, para el Estado de Derecho, y para las potestades fundamentales del Estado.

Por citar un caso específico, hoy la discusión sobre la seguridad pública se encuentra dominada por completo por el discurso federal, frente a unas entidades federativas que si bien se ven superadas por sus insuficiencias presupuestales, también es cierto que se resisten a entrar a discutir con, seriedad y propuestas, las posibles medidas alternativas a los modelos y exigencias que pone la Federación para atender ese rubro, que constitucionalmente se encuentra establecida como una facultad concurrente para los tres ámbitos de gobierno.

Si bien es cierto que el de la seguridad pública es un ejemplo actual y específico, es claro que existen una serie de asuntos que son torales para la gobernabilidad y para el desarrollo nacional, que están lejos de poder ser discutidos en un foro de grandes alcances, como el de la Conago. El problema es que los Gobernadores no le han dado la importancia a esa organización, y tampoco han querido poner sobre la mesa los temas del federalismo que no sólo comprometen o involucran a la Federación, sino que también los obliga a ellos.

 

¿CONFORMISMO?

De entrada, dos temas son interesantes: primero, que la Conago es un órgano de existencia meramente política, ya que no se encuentra establecida en disposición jurídica o reglamento alguno (y por ende tiene una capacidad meramente declarativa y política, pero no los alcances suficientes como para hacer valer sus determinaciones con la fuerza de la ley).

Y segundo, que quizá por esa razón, los Gobernadores se resisten a dejar la posición de comodidad que siempre los ubica como víctimas de una Federación voraz (que acapara todo y no reparte como debería), y no como partes integrantes de un gobierno nacional, en el que por esa sola razón, tienen capacidad de pedir lo que les corresponde, y posicionarse seriamente en los temas que les incumben.

En ese sentido, bien habrían hecho los Gobernadores al entablar sendas discusiones para unificar una serie de asuntos (que no sólo son de carácter tributario, sino que también tienen implicaciones incluso relacionadas con la seguridad pública), a partir de los cuales podrían comenzar a dar soluciones verdaderamente integrales y de fondo, a unos ciudadanos que no esperan menos de eso de su gobierno.

Un tema que seguramente sería provechoso, y que sería digno de un foro como el de la Conago, es el relativo a la unificación de los impuestos vehiculares y, sobre todo, del registro de vehículos que debe haber. Hoy, por el descuido de los Gobernadores (y por las decisiones recaudatorias o populistas, que llevaron a sostener o eliminar el impuesto sobre tenencia de vehículos de forma particularizada en cada entidad) convirtió el asunto del emplacamiento en un auténtico dolor de cabeza. Éste tiene que ver no sólo por la preferencia del “dónde pago”, sino sobre todo del tipo de registro que a partir de ahora se tiene de todos los vehículos de todo el país, y el grado de certeza real que éste ofrece.

Este, entre muchos otros, sería un tema extraordinario y útil para toda la sociedad, emanado de un foro legitimado como la Conago. Lamentablemente, quizá porque los Gobernadores mexicanos aún no asumen su posición política de primer nivel, prefieren seguir teniendo un organismo de bajo nivel, que estudia todo pero que no alcanza a proponer las soluciones que el país necesita con urgencia.

 

TEMBLOR

Ayer se registró el que, sin duda, es el movimiento sísmico más fuerte de la última década. Los oaxaqueños, ante la contingencia, demostramos cierto grado de civilidad y conocimiento sobre lo que debe hacerse en ese tipo de casos. Y, por fin, funcionó la alerta sísmica. El temblor de ayer pudo haber sido catastrófico. El que no lo fuera se debe a la experiencia acumulada y, raro en nosotros, al arraigo de nuestra cultura de la prevención en estos potenciales desastres.

La reedición del caos ya está aquí, en Oaxaca

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+ Gobierno, sometido por adversarios… y aliados

 

Echemos a andar la memoria, y regresemos a la situación que prevalecía en Oaxaca en julio de 2010. Lo que podamos recordar, confrontémoslo con lo que ocurre hoy aquí mismo. Podremos ver que esto que vemos, pareciera una dolorosa reedición del pasado, en la que de nuevo regresamos al peor de los escenarios.

¿Qué ocurría en ese momento en específico? Era el periodo inmediatamente posterior a los comicios estatales. El PRI había perdido la gubernatura del Estado a manos del candidato opositor, Gabino Cué Monteagudo. Producto de eso, el gobierno comenzaba a preparar el proceso de transmisión de poderes. El agonizante grupo que gobernaba entraba en una completa situación de caos, enmarcada aún por la soberbia y la falta de autocrítica.

Los ganadores de la contienda electoral comenzaban a hablar de la “transición” y del ajuste necesario de cuentas. Y mientras todo eso pasaba en las élites del poder, la gobernabilidad se desbordaba con marchas, bloqueos, actos de presión y afrentas directas por parte de los grupos de lucha social, que buscaban acomodo, o ganancias, de ese momento que parecía el más crítico para Oaxaca.

Hoy pareciera que estamos en una situación exactamente similar. Aunque ya no existen pugnas electorales inminentes, lo que parece es una auténtica situación de caos. Esto porque, por un lado, el Gobierno del Estado en momentos parece rebasado por la compleja situación de la gobernabilidad, pero también por la falta de operatividad y eficacia en diversas áreas que son clave para el control social, y que al fallar convierten en caóticos asuntos que inicialmente pareciera que son fácilmente controlables.

En el extremo opuesto, se encuentra un partido opositor que, si bien no ha encontrado el modo de autogobernarse, sí emprende intentos abundantes de poner en predicamentos al gobierno en turno. Las distintas manifestaciones regionales del PRI, hoy, saben que tienen nada que perder, y por eso se animan a azuzar todo tipo de expresiones de inconformidad por parte del gobierno en turno. Saben que los costos políticos que puedan pagar como oposición, son de antemano menores a los que ya pagaron como gobierno.

Y aunque pareciera que ese escenario está compuesto por esos dos factores, en realidad hoy Oaxaca tiene al menos otra ala determinante para la gobernabilidad del Estado, que si bien es sui géneris, sí debemos asumirla en su magnitud y también en los vicios y problemas que representa. Ésta es, el ala de los “aliados” del régimen.

En efecto, hoy, contrario a como ocurría tradicionalmente, no todos los integrantes del gobierno son aliados del mismo, y no todos los grupos sociales que se colaboraron para que el gobernador Cué llegara a su cargo actual, están dispuestos a ayudarlo, contribuyendo a mejorar la gobernabilidad.

Los “aliados”, actualmente, son los que en buena medida tienen de rodillas al Gobierno del Estado; son también los que todos los días cobran favores de impunidad y daños a la ciudadanía. Y son incluso los que más exigen “respeto” y retribución a los favores que le hicieron al ahora régimen gobernante durante los tiempos electorales, y que hoy los cobran a precio de oro.

Todo eso genera una combinación explosiva: el Gobierno se ve fácilmente rebasado por las circunstancias. Grupos ajenos y propios, se encargan todos los días de generar conflicto y caos. Todos se dicen aliados para medrar con los favores de la campaña. Y los verdaderos opositores se tiran a matar (la gobernabilidad, la paz, o lo que sea) porque saben que la posición que tienen es tan peligrosamente cómoda, que les puede permitir sacrificar casi todo su capital a sabiendas de que, si pierden, perderán poco, y que si ganan, ganarán mucho. Esto es hoy Oaxaca. Y esto, según podemos recordar, no es más que uno de esos augurios que aquí se hicieron cuando muchos se desbordaban en júbilo por los supuestos “tiempos de cambio” que estaban por llegar.

 

TIEMPOS DE CAOS

A propósito de los peligrosos tiempos de ingobernabilidad y caos para Oaxaca, hace 20 meses, el 25 de julio de 2010, apuntábamos en esta columna que “Si este nivel de crispación continúa —como bien podría ocurrir—, lo que viviremos en los meses próximos será una reedición del caos. La visión real de no pocos de quienes asumirán —o reasumirán— el poder a partir del 1 de diciembre, se centra en la persecución a ciertos personajes del actual régimen, en la legitimación popular a base de golpes judiciales espectaculares, y a la revisión escrupulosa que culmine con la persecución de funcionarios corruptos.

“Frente a ellos, la visión priista es mucho más pragmática, pero igualmente contundente: para ellos, la derrota del pasado 4 de julio es un descalabro relativo. Todos han declarado que van por el 2012 porque, efectivamente, ese es el punto en que pretenden centrar su venganza y persecución a quienes los apabullaron recientemente.”

Y advertíamos: “Ninguna de esas dos visiones pasa por la prudencia. Al contrario. Mientras ocurre uno u otro escenario, lo que quedará en medio es Oaxaca, con todos los problemas que unos y otros se fabriquen para llenarse de piedras el camino. Lo más seguro es que veamos un gobierno con importantes tintes de persecución, y a una oposición priista recalcitrantemente vengativa, provocadora de conflictos, y capaz de bloquear cualquier acuerdo o avance importante en el Congreso del Estado.

“Como ninguno de los dos grupos está indefenso, ambos harán todo, y se valdrán de todo, para atacarse. El problema es que en su riña, le subirán el tono a los problemas de la entidad. Y eso, en global, dejará ver el verdadero rostro de los partidos y sus integrantes, así como lo engañosas que habrían sido aquellas promesas tanto de transformación, como de paz y progreso.”

 

EL DESENGAÑO

Hoy, lamentablemente, estamos viendo esos rostros verdaderos: el de un gobierno que no tiene capacidad para cumplir ni siquiera las promesas más básicas que hizo como grupo opositor que buscaba el poder. Pero también vemos a una oposición irresponsable, que con tal de tener ganancias pone en jaque no sólo al gobierno, sino a toda la sociedad, y que tampoco ha cumplido sus promesas democráticas de responsabilidad y compromiso con la ciudadanía. La cereza, en todo esto, la ponen los “aliados” que menuda ayuda le dan al gobierno alimentando todos los días el caos. Eso es Oaxaca. Para mal de todos.

PRD: ciudadanización de candidaturas, simulada

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+ Engaño a la ciudadanía, su “apertura a sociedad”

 

Si en política existe algo peor que el autoritarismo y la imposición, eso seguramente es la simulación y el autoengaño sobre el supuesto ejercicio de la democracia. Eso es lo que le ocurre en Oaxaca a los partidos que integran las llamadas “fuerzas de izquierda”, que no sólo están haciendo todo tipo de arreglos cupulares para imponer a sus intereses, sino que también están simulando apertura a la ciudadanía y democracia en los procesos internos, a través de los cuales están tratando de dirimir las postulaciones al Senado y las diputaciones federales.

En efecto, si desde el primer momento hubo sospechas de que tanto el Partido de la Revolución Democrática, como el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano, estaban jugando a la democracia para luego legitimar la satisfacción de los intereses de los grupos y tribus que los integran, la carta hecha pública este sábado por el doctor Hugo Sarmiento, precandidato ciudadano a diputado federal por el distrito 08 de Oaxaca, no deja lugar a dudas.

En la misiva, publicada en la página 13 de TIEMPO, en su edición del pasado 17 de marzo, el doctor Sarmiento establece que decidió inscribirse como precandidato a diputado federal por Movimiento Ciudadano y el PRD, motivado por grupos de la sociedad e integrantes del gremio que él encabeza (la Sección de trabajadores del IMSS en Oaxaca), y por contar con un proyecto social definido. Sin embargo, el motivo de la carta es presentar su renuncia como precandidato por dichos partidos, aduciendo la falta de democracia en Oaxaca “en donde priva la manipulación política, de encuestas y voluntades, además de un desaseo político”.

¿A qué se refiere el doctor Sarmiento? A algo que muchos sospechábamos; algo con lo que también las dirigencias de los tres partidos han querido engañar a la sociedad; e incluso  con lo que algunos, sí se fueron con la finta. Es decir, con el hecho de que el supuesto “proceso democrático” para elegir a sus candidatos era una mera simulación (con todo lo que eso implica), y que finalmente todo habría de ser decidido como es su costumbre: imponiendo, repartiendo según los grupos y las cuotas; y pasando por encima, sin ningún pudor, de quienes sí exigen democracia en esos partidos.

Y es que, desde lejos podía verse —casi desde el primer momento—, que independientemente de las promesas de equidad y democracia en el proceso interno por las fuerzas de izquierda en Oaxaca, de todos modos era muy alta la posibilidad de que todo terminara definiéndose según sus viejas tradiciones de reparto y acaparamiento, y no de democracia.

Señales claras de esta última práctica —sin duda nociva para la democracia—, fueron los aspirantes que surgieron de la nada, prometiendo todo, y asumiéndose como “ciudadanos”, pero presumiendo al mismo tiempo apoyos tanto de la cúpula de esos partidos, de sus tribus, de sus parientes o parejas sentimentales que tienen cargos de dirigencia en ellos, e incluso de altos funcionarios y grupos políticos del Gobierno del Estado.

Todo eso se contraponía claramente con la supuesta democracia y equidad que privaría en la contienda, las cuales fueron motivación clara para que algunos ciudadanos auténticos, emanados de gremios o de la sociedad civil, se inscribieran para tratar de competir de forma democrática, someterse a muestreos específicos y tratar de conseguir una postulación a los cargos que estarán en juego en el proceso electoral federal del presente año.

 

DAÑO A LA DEMOCRACIA

Con todo esto queda claro que si hay algo peor que la antidemocracia, esto es la simulación de la democracia. ¿Por qué? Porque el autoritarismo, la imposición y el acaparamiento, cuando menos alientan a luchar por revertirlos, e incluso se convierten en la bandera de quienes sí quieren la democracia. Pero, ¿qué pasa con quienes prometen honrarla, y para ello hasta demuestran sus convicciones confeccionando procesos democráticos, reglas, equidad y competencia, pero que al final terminan traicionando todo para resolver la competencia según sus viejas y viciadas tradiciones partidarias?

El resultado de ello, sin duda, es el descrédito total a la democracia. Pues eso lleva a que tal práctica sea vista como un mero mecanismo de legitimación para los intereses de los actores determinantes, y también —y eso es lo más riesgoso— como una forma potencial de engañar a la sociedad de que ellos sí están siendo democráticos, cuando realmente están distorsionando todas sus promesas con tal de dar no lo que dice la mayoría, sino exactamente lo que quieren sus dirigentes.

En el caso específico del PRD y los partidos satélite que lo ronda, el intento no sólo es cuestionable sino también deficiente. Cuestionable por el hecho del engaño que realiza a quienes sí creyeron en su supuesta apertura interna a la democracia y a las expresiones ciudadanas, y decidieron participar de esos actos que finalmente lo único que han hecho es coronar la simulación. Y deficiente porque, según es su costumbre, para decidir los perredistas ni siquiera estuvieron dispuestos a guardar las formas mínimas que debieran seguir aquellos que pretenden imponer pero sin provocar rupturas y descontentos.

No lo hicieron así. Ellos prefirieron manipular, como dice el doctor Sarmiento, las encuestas y las voluntades, no para ayudar al aspirante más idóneo a conseguir la candidatura, sino para cumplir, de la forma más burda y desaseada, los caprichos e intereses específicos de sus cúpulas, y del gobierno al que siempre han servido. Qué lamentable es todo esto no para el PRD (o para el doctor Sarmiento, y para todos aquellos que invirtieron tiempo, ánimo, esfuerzos, dinero y capital político por creer en la promesa perredista), sino para la democracia.

 

MUCHOS RIESGOS

Finalmente, eso demuestra que partidos como esos, en estados como Oaxaca, son doblemente peligrosos. Son un riesgo para la sociedad por la impúdica antidemocracia que ejercen, pues no les da vergüenza siempre terminar postulando a personajes ligados a sus cúpulas de siempre, al margen de cualquier proceso democrático o de demostración de la aceptación o fuerza ciudadana que dicen tener. Pero también son un riesgo, porque según se puede ver, ellos no tienen temor, ni pudor, ni vergüenza, en asegurar públicamente que harán algo, y terminar traicionándolo también a la vista de todos. Su “proceso democrático” para elegir a sus candidatos a diputados federales en Oaxaca, así lo demuestra. Dios nos libre de esa “democracia”.